El placebo eres tú

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10Información para la transformación: la prueba de que el placebo eres tú

El objetivo de este libro es hacer que tu mente importe. Ahora entiendes que el placebo funciona porque aceptas y crees en un remedio conocido —pastillas, inyecciones o procedimientos falsos que sustituyen a los reales— y luego te abandonas al resultado sin analizar demasiado cómo sucederá. Se podría decir que asocias la experiencia futura de una determinada persona conocida (por ejemplo, un médico) o un elemento (una medicación o un procedimiento) en un momento y lugar en concreto del mundo exterior con un cambio en tu mundo interior y, al hacerlo, alteras tu estado del ser. Y después de varias experiencias constantes, esperas que tu futuro sea exactamente como tu pasado. En cuanto se crea este vínculo, el proceso se vuelve muy eficaz. No es más que un estímulo conocido produciendo automáticamente una respuesta conocida.

Lo esencial es lo siguiente: en el efecto placebo clásico, nuestra creencia reside en algo fuera de nosotros. Invertimos nuestro poder en el mundo material, donde nuestros sentidos definen la realidad. Pero ¿puede el placebo funcionar también si creamos esa posibilidad desconocida del mundo inmaterial de los pensamientos y la materializamos en una nueva realidad? Este sería un uso más prudente del modelo cuántico.

Las tres participantes de mi taller del capítulo anterior lograron esta hazaña. Decidieron creer en sí mismas más que en ninguna otra cosa. Cambiaron desde dentro y adquirieron el mismo estado del ser de alguien que hubiera tomado un placebo, sin ningún elemento material que causara el fenómeno. Es lo que muchos de mis alumnos siguen haciendo para mejorar. En cuanto saben cómo funciona realmente el placebo, aunque prescindan de las pastillas, las inyecciones o los procedimientos médicos, obtienen el mismo resultado.

Gracias a las investigaciones en las que se basan estos talleres y a los constantes testimonios que he escuchado de personas de todas partes del mundo, ahora sé que el placebo eres tú. Mis alumnos me han demostrado que en lugar de creer en lo conocido, pueden creer en lo desconocido y hacer que se transforme en conocido.

Piensa en ello por un momento. La idea de una curación verificable existe como una realidad potencial desconocida en el campo cuántico, hasta que es observada y conocida, y se materializa. Existe como una posibilidad en un campo infinito de información definido como nada físico, aunque sea todas las posibilidades materiales combinadas. El posible futuro de experimentar la remisión espontánea de una enfermedad existe por tanto como una posibilidad desconocida más allá del tiempo y el espacio, hasta que la experimentas personalmente y la conoces en este tiempo y espacio. En cuanto lo desconocido más allá de los sentidos se convierte en una experiencia conocida con tus sentidos, estás en camino de evolucionar.

Si logras experimentar la curación una y otra vez en el mundo interior de los pensamientos y sentimientos, con el paso del tiempo esta curación acabará manifestándose como una experiencia exterior. Y si consigues que un pensamiento sea tan real como la experiencia del mundo exterior, ¿acaso no se reflejará esto en tu cuerpo y en tu cerebro tarde o temprano? Es decir, si repasas mentalmente ese futuro desconocido con una intención clara y una emoción elevada, y lo haces una y otra vez, en este caso según lo que has aprendido, deberías experimentar cambios neuroplásticos en tu cerebro y cambios epigenéticos en tu cuerpo.

Y si sigues entrando en el nuevo estado del ser a diario recordándoselo a tu cerebro y condicionando a tu cuerpo a esa misma mente, deberías acabar experimentando los mismos cambios estructurales y funcionales que obtendrías si hubieras tomado un placebo. La figura 10.1 te muestra este proceso esquematizado.

FIGURA 10.1La mayoría de los cambios se inician con el simple proceso de algo fuera de ti cambiando algo dentro de ti. Si emprendes el viaje interior y empiezas a cambiar tu mundo interior de los pensamientos y sentimientos, esto te acabará creando un mayor bienestar. Y si sigues repitiendo el proceso en la meditación, con el paso del tiempo los cambios epigenéticos interiores se acabarán manifestando en una experiencia exterior y tú te convertirás en el placebo.

Así que, en lugar de poner tu fe (yo la defino como creer en un pensamiento más que en ninguna otra cosa) en algo conocido y creer en ello, ¿acaso no puedes poner tu atención en una posibilidad desconocida y, por tanto, según los principios de este libro, acabar conociendo esa realidad desconocida? Al aceptar emocionalmente la experiencia en tu mente las suficientes veces, pasas de lo inmaterial a lo material, del pensamiento a la realidad.

A estas alturas espero que entiendas que para curarte no necesitas pastillas falsas, altares sagrados, símbolos antiguos, hechiceros (tanto si se trata de los modernos como de los tradicionales), cirugías ficticias o parajes sagrados. Este capítulo te presenta las pruebas científicas mostrándote cómo nuestros alumnos lo consiguieron. Cambiaron su biología con sus pensamientos. Y no fue solo una experiencia mental, sino que se reflejó en su cerebro.

Todas las pruebas de este capítulo que lo respaldan son para inspirarte a ver, de primera mano, el poder de la meditación. Espero que en cuanto veas la prueba de lo que es posible, apliques los mismos principios a tu propia transformación personal y coseches los beneficios en todos los aspectos de tu vida. Después de leer estas historias, cuando llegues a la segunda parte del libro tu intención de emprender este viaje interior será más fuerte, porque le darás más importancia a lo que estás haciendo y, por tanto, obtendrás mejores resultados.

Del conocimiento a la experiencia

Al enseñar estos principios he aprendido algo muy importante: me he dado cuenta de que en el fondo todos creemos en nuestra propia grandeza. Cuando lo consigues, a algún nivel —tanto si eres el director ejecutivo de una empresa, el conserje de un colegio de primaria, una madre soltera con tres hijos o el recluso de una prisión—, crees en ti de manera natural.

Todos creemos en las posibilidades. Nos imaginamos un futuro mejor que la realidad que estamos viviendo. Por esta razón creí que si podía ofrecerles a las personas sinceras información científica fundamental y luego las instrucciones necesarias para aplicarla, vivirían una transformación personal en mayor o menor grado. Después de todo, la ciencia no es más que el lenguaje contemporáneo del misticismo. Trasciende la religión, la cultura y la tradición. Desmitifica lo místico y unifica a la comunidad. Lo he visto con mis propios ojos una y otra vez en los seminarios que he dado por todo el mundo.

En mis talleres avanzados donde mis colegas y yo evaluamos los cambios biológicos y epigenéticos de los alumnos, a nivel individual y grupal, uso varios principios descritos en este libro (y también muchos otros) para enseñarles el modelo científico de la transformación. Este modelo sigue progresando a medida que las habilidades de nuestros alumnos aumentan. A mí siempre me gusta incluir en mis talleres más material de física cuántica para ayudarles a entender las posibilidades. Y luego lo combino con la información más puntera de la neurociencia, la neuroendocrinología, la epigenética, la biología celular, la ciencia de las ondas cerebrales, la psicología energética y la psiconeuroinmunología. Vemos que al conocer información nueva se manifiestan posibilidades nuevas.

En cuanto nuestros alumnos conocen y aceptan esta información, pueden darle más significado a sus meditaciones y a sus prácticas contemplativas. Pero no basta con entender la información de manera intelectual o conceptual. También deben ser capaces de repetir lo aprendido. En cuanto entienden esta información que no cesa de progresar, este modelo científico que sigue evolucionando se grabará con más firmeza en su cerebro y entonces podrán instalar el hardware neurológico. Y al repetir lo que han aprendido las veces suficientes, crearán un programa de software en ellos. Aplicar esta información nueva correctamente les permitirá tener nuevas experiencias.

Es decir, en cuanto alinean su mente y su cuerpo, adquieren sabiduría de la experiencia novedosa al aceptar la nueva emoción que produce. Ahora empiezan a expresar la información adquirida porque le están enseñando químicamente a su cuerpo a entender emocionalmente lo que su mente entiende a nivel intelectual. En este punto empiezan a creer y conocer la verdad. Pero lo que yo deseo es que en lugar de experimentarla una sola vez, mis alumnos repitan la experiencia una y otra vez hasta que se convierta en una habilidad, un hábito o un estado del ser nuevos.

En cuanto logremos hacerlo con regularidad, estará a punto de surgir un paradigma científico nuevo, porque cualquier cosa que sea repetible es ciencia. Cuando tú y yo alcanzamos un nivel de competencia en el que podemos cambiar nuestro estado interior con los pensamientos y repetimos, observamos, evaluamos y documentamos esta experiencia, estamos a punto de crear una nueva ley científica. Significa que podemos aportar nuestros nuevos conocimientos sobre la naturaleza de la realidad al modelo científico actual para concienciar a más gente. Esta ha sido mi ambición durante años.

He hecho todo lo posible para enseñar a los participantes de mis talleres los detalles de cómo las prácticas interiores cambian biológicamente el cerebro y el cuerpo para que entiendan con claridad lo que están haciendo. Cuando dejamos atrás las conjeturas, los dogmas o las suposiciones, somos más sugestionables por las posibilidades cuánticas. Y los grandes progresos vienen de grandes esfuerzos. Sin embargo, los resultados dependen de las capacidades de uno.

En mis talleres los alumnos se aíslan de su vida durante tres, cuatro o cinco días para que les ayude a no seguir definiéndose por su realidad personal presente-pasada. Aprenden a cambiar su estado del ser con soltura. Al dejar de reafirmar los aspectos de su antigua personalidad que no corresponden a su futuro y hacer como si fueran otra persona —o al reinventarse una nueva personalidad—, se convierten en la persona nueva que se imaginan ser, con lo que acaban creando cambios epigenéticos como los de los ancianos del capítulo 4 que fingían ser veintidós años más jóvenes.

Deseo que los participantes de los retiros vayan en sus meditaciones más allá de sí mismos —y de sus identidades— para que experimenten el estado de sin cuerpo, sin yo, sin materia, sin espacio y sin tiempo, y se conviertan en pura conciencia. En cuanto esto les ocurre, he visto cómo les cambia el cerebro y el cuerpo, adelantándose a su entorno (su vida familiar) para que al volver a su vida cotidiana una vez finalizado el retiro, ya no sigan siendo víctimas de los condicionamientos inconscientes del mundo exterior. Esta es la esfera donde sucede lo inusual y lo milagroso.

Como quiero ofrecer a mis alumnos las instrucciones adecuadas y la oportunidad de aplicar toda la información nueva que están aprendiendo para que experimenten alguna dase de transformación personal, en el 2013 creé un nuevo tipo de taller. Si lo recuerdas, en el prefacio hablo de cómo fui dando cuerpo a esta idea. En este nuevo taller (impartido en febrero de ese mismo año en Carefree, Arizona, y más tarde en julio en Englewood, Colorado), quería evaluar la transformación de mis alumnos en tiempo real.

Mi intención era que una vez que obtuviera esos registros, los datos se convirtiesen en más información que podría usar para enseñar a los participantes más cosas sobre la transformación que acababan de vivir. Y con esa información podrían experimentar otra transformación que también se podría registrar, y así sucesivamente, hasta empezar a cerrar la brecha entre los dos mundos del conocimiento y la experiencia. Llamé a esos talleres «Información para la transformación», el tema que más me apasiona.

El registro de los cambios

Cuando empecé el viaje, tuve la suerte de conocer a Jeffrey Fannin, un brillante y talentoso neurocientífico que me ayudó desinteresadamente a registrar la actividad cerebral de los alumnos de los talleres. El doctor Fannin, fundador y director ejecutivo del Centro para la Potenciación Cognitiva en Glendale, Arizona, lleva trabajando en el campo de la neurociencia más de quince años y tiene una gran experiencia en el entrenamiento del cerebro para alcanzar un rendimiento óptimo. Se especializa en traumatismos craneales, embolias, dolor crónico, el trastorno por déficit de atención (TDA) y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), los trastornos por ansiedad, la depresión y la recuperación de traumas, y también en el entrenamiento de alto rendimiento, como los mapas mentales del deportista, la potenciación de las habilidades de liderazgo mediante el arrastre de las ondas cerebrales, la potenciación de la función cerebral, la potenciación de la destreza mental y emocional, y la transformación personal.

A lo largo de los años ha participado en investigaciones punteras usando la tecnología de la electroencefalografía (que registra la actividad eléctrica de las neuronas) para evaluar con precisión el grado de equilibrio energético de las ondas cerebrales, un registro que él llama el estado cerebral de conjunto de una persona. Sus investigaciones se centran en los patrones de las creencias subconscientes y en fusionar el éxito personal con un rendimiento cerebral equilibrado.

El doctor Fannin ha formado parte de un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Arizona que estudiaron la neurociencia y el liderazgo con los datos recabados en la Academia Militar Estadounidense de West Point. Esta investigación le permitió codesarrollar y coenseñar «La neurociencia del liderazgo», un curso único impartido en la Universidad Estatal de Arizona. También ejerció como profesor en la facultad de la Universidad de Walden, cerca de Phoenix, enseñando neurociencia cognitiva a nivel de máster y doctorado.

Invité al doctor Fannin y a su equipo a esos dos talleres, en los que registramos cualidades cerebrales en concreto y elementos como la coherencia frente a la incoherencia (el orden o el desorden de las ondas cerebrales, hablo de ello con más detalle en el siguiente capítulo), la amplitud (la energía de las ondas cerebrales), la organización de las fases (el grado en que las distintas partes del cerebro funcionan armoniosamente al unísono), el tiempo relativo que uno tarda en entrar en un estado de meditación profunda (cuánto se tarda en cambiar de ondas cerebrales y en entrar en un estado más sugestionable), la proporción zeta/alfa (el grado en que el cerebro funciona holísticamente y cómo los distintos compartimentos del cerebro se comunican entre ellos en todas las regiones: la parte frontal con la occipital, y la parte izquierda con la derecha), la proporción delta/zeta (la capacidad de regular y controlar la cháchara mental y los pensamientos intrusivos), y la sostenibilidad (la capacidad del cerebro de mantener constantemente un estado de meditación a lo largo del tiempo).

También creamos cuatro puestos equipados con electroencefalógrafos para registrar la actividad bioeléctrica del cerebro de los alumnos tanto antes como después del taller, lo cual nos permitía observar cómo cambiaban los patrones de sus ondas cerebrales. Escaneamos a más de cien participantes en cada uno de los dos talleres. También seleccioné al azar a cuatro participantes para escanear sus cerebros en tiempo real durante cada una de las tres sesiones de meditación diarias. En los dos talleres del 2013 reunimos en total 402 electroencefalogramas. La electroencefalografía es una técnica segura y no invasiva en la que se registran 20 puntos del cerebro mediante electrodos aplicados en el cuero cabelludo. Estos registros de las ondas cerebrales proporcionan un gran volumen de información relacionada con la capacidad en ese momento de rendimiento del cerebro.

Los electroencefalogramas se convirtieron luego en electroencefalogramas cuantitativos (EEGC), es decir, en análisis matemáticos y estadísticos de la actividad del EEG representada como un gráfico del mapeo cerebral. Este gráfico presenta una gradación de colores que indica la actividad cerebral registrada en el EEG comparada con la actividad cerebral normal. Los distintos colores y patrones representados a distintas frecuencias ofrecen una mayor información sobre cómo los patrones de ondas cerebrales afectan nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y conductas.

En cuanto a los principiantes, los datos que obtuvimos demostraron que al 91 por ciento de los alumnos escaneados les había mejorado la función cerebral. Al final de las sesiones de meditación transformacional la mayoría había pasado de un estado cerebral menos coherente (o menos ordenado) a uno más coherente. Además, más del 82 por ciento de los mapeos cerebrales de los EEG cuantitativos registrados en ambos talleres revelaron que la actividad cerebral de los alumnos era normal y sana.

Aprendí que cuando nuestro cerebro funciona adecuadamente, nosotros funcionamos adecuadamente. Cuando el cerebro es más coherente, somos más coherentes. Cuando el cerebro goza de mayor plenitud y equilibrio, nos sentimos más llenos y equilibrados. Cuando regulamos nuestros pensamientos negativos e intrusivos a diario, somos menos negativos e intrusivos. Y eso es exactamente lo que presenciamos en los alumnos de esos talleres.

El promedio nacional del tiempo que uno tarda en entrar en un estado meditativo y en mantenerlo es poco más de un minuto y medio[1]. Es decir, la mayoría de los sujetos tarda ese tiempo en cambiar de ondas cerebrales y entrar en un estado meditativo. En cambio nuestros alumnos tardaron solo cincuenta y nueve segundos en hacerlo en los 402 casos registrados. Menos de un minuto. Algunos incluso cambiaron sus ondas cerebrales (y su estado del ser) en solo cuatro, cinco y nueve segundos.

Quiero señalar que no me interesa convertirlo en una competición (ya que esto iría en contra de nuestro propósito). Sin embargo, estos datos ilustran dos puntos importantes. El primero es que ir más allá de la mente analítica de las ondas beta y entrar en un estado más sugestionable es una habilidad que se puede mejorar a base de práctica. Y el segundo, que los alumnos usan los métodos que enseñamos mis colegas y yo para ir más allá de su cerebro pensante y entrar en el sistema operativo del subconsciente con relativa facilidad.

Curiosamente, nuestras investigaciones también revelan un patrón perceptible y sistemático de cómo el cerebro de nuestros alumnos funciona holísticamente, ya que cuando una persona medita se aprecia una importante alternancia de los patrones de ondas alfa/reta (cómo los distintos compartimentos del cerebro se comunican entre ellos) en los lóbulos frontales. Significa que los dos hemisferios del cerebro se comunican de un modo más equilibrado y unificado. La proporción de patrones de ondas alfa/reta en los lóbulos frontales que observamos reiteradamente en nuestros alumnos por lo visto refleja la experiencia de un profundo agradecimiento y gratitud que aparece gráficamente una y otra vez como una rítmica oleada. Cuando los alumnos se encuentran en este intenso estado de gratitud durante el repaso mental, el registro sugiere que su experiencia interior es tan real que creen estar viviendo la situación deseada en tiempo real o que ya se ha materializado en su vida. Se sienten agradecidos porque así es como nos sentimos cuando nuestros deseos se cumplen.

En los meditadores experimentados también se apreció un aumento en la proporción de ondas zeta y alfa baja, lo cual significa que pueden mantener un estado alterado de conciencia durante un tiempo considerable. La mayor regulación de ondas lentas fue especialmente significativa, mientras se encontraban en estado zeta esos alumnos presentaron una coherencia o un orden de las ondas cerebrales más alto de lo normal entre la actividad de la parte frontal del cerebro y las regiones posteriores del mismo. Vimos cómo la región frontal izquierda, asociada a las emociones positivas, se activaba repetidamente, lo cual concuerda con un estado de gozo meditativo.

Es decir, cuando esos alumnos entran en meditación emiten ondas cerebrales más lentas y coherentes, lo cual sugiere que están en un profundo estado de relajación y de plena conciencia. Además, la unificación entre el hemisferio izquierdo y el derecho del cerebro indica que se sienten más felices y llenos.

Se me enciende la lucecita

Por fin, mientras observaba el mapeo cerebral en tiempo real de una alumna durante una meditación en el primer taller, entendí algo muy sorprendente. Al observar el escáner de su cerebro, vi que ella hacía un gran esfuerzo y que su cerebro iba abandonando cada vez más el equilibrio y los estados meditativos más profundos de alfa y zeta. Vi cómo se analizaba y juzgaba a sí misma y su vida, y la emoción que sentía en ese momento, como evidenciaban las ondas cerebrales más altas e incoherentes asociadas a un estado beta alto (indicando un alto grado de estrés, ansiedad, excitación y emergencia, así como un desequilibrio general).

Presencié cómo intentaba en vano usar su cerebro para cambiar el cerebro. Sabía que también estaba intentando cambiar su ego con el ego, sin que tampoco le funcionara. Al usar un programa para intentar cambiar otro, solo lo estaba respaldando en lugar de reprogramarlo. Como intentaba cambiar su subconsciente desde su mente consciente, no se encontraba en el sistema operativo, donde se dan los verdaderos cambios. Más tarde me acerqué a ella y cuando hablamos unos minutos admitió que las había pasado canutas durante la meditación. En ese momento se me encendió la lucecita y supe exactamente lo que tenía que enseñarles a mis alumnos a continuación.

Ella tenía que desapegarse e ir más allá de su cuerpo para cambiar el cuerpo, ir más allá del ego para cambiar el ego, ir más allá del programa para cambiar el programa, y trascender la mente consciente para cambiar el subconsciente. Debía convertirse en lo desconocido para crear lo desconocido. Convertirse en un pensamiento nuevo e inmaterial, en sin materia, para crear una nueva experiencia material. Ir más allá del tiempo y el espacio para cambiar el tiempo y el espacio.

Esa alumna tenía que convertirse en pura conciencia, ir más allá de sus asociaciones con una identidad ligada a su entorno conocido (su hogar, su trabajo, su pareja, sus hijos, sus problemas), más allá de su cuerpo (su cara, su sexo, su edad, su peso y su aspecto), y más allá del tiempo (el hábito previsible de vivir en el pasado o el futuro, perdiéndose siempre el momento presente). Tenía que ir más allá de su yo actual para crear un yo nuevo. Salir de su cotidianeidad para que le sucediera algo más importante.

Cuando somos materia intentando cambiar la materia, nunca nos funcionará. Cuando somos partícula intentando cambiar la partícula, no sucederá nada, porque al estar vibrando a la misma velocidad que la materia no podemos alterarla. Lo que la influye es nuestra conciencia (o pensamiento intencionado) y nuestra energía (o emoción elevada). Solo podemos cambiar nuestro cerebro, nuestro cuerpo y nuestra vida, y crear un nuevo futuro en el presente, cuando somos conscientes.

Y como la conciencia es lo que le da la forma a todas las cosas y lo que usa el cerebro y el cuerpo para producir distintos niveles mentales, en cuanto entras en el estado de ser pura conciencia, eres libre. Por eso empecé a dejar que mis alumnos pasaran más tiempo en meditación y entraran en el estado de sin yo, sin cuerpo, sin materia, sin espacio y sin tiempo, hasta que se sintieran cómodos en el campo infinito de posibilidades.

Quería que la conciencia subjetiva de mis alumnos se fusionara con la conciencia objetiva del campo durante unos espacios de tiempo más dilatados. Tenían que encontrar el delicioso instante del presente y volcar su energía y su atención en una vacuidad que no era en realidad un espacio vacío, sino lleno de una infinidad de posibilidades, hasta que se sintieran cómodos en lo desconocido. Solo podrían empezar a crear cuando estuvieran realmente presentes en ese poderoso lugar más allá del espacio y el tiempo, el lugar de donde surge todo lo material. Fue entonces cuando empezaron a ocurrir en el taller los verdaderos cambios.

Un rápido vistazo a los escáneres cerebrales

Me gustaría presentarte dos formas de interpretar los escáneres cerebrales para que veas y entiendas los cambios que estoy a punto de mostrarte. Los simplificaré. La primera dase de exploración que usamos registra los niveles de actividad entre las regiones cerebrales (véase la figura 10.2 que aparece con las otras de este capítulo en las páginas a todo color insertadas). Los escáneres muestran dos clases relativas de esta actividad. La hiperactividad (o sobrerregulación) está representada con líneas rojas que conectan distintos lugares del cerebro. Imagínate unas líneas telefónicas conectando un lugar con otro para que ambas áreas se puedan comunicar. Un exceso de líneas rojas indica demasiada actividad cerebral. La hipoactividad (o falta de regulación) está representada con líneas azules que indican que hay un mínimo intercambio de información entre las distintas regiones cerebrales.

El grosor de las líneas representa la desviación estándar o el grado de desregulación (o regulación anormal) existente entre los dos lugares conectados por la línea. Por ejemplo, las líneas rojas finas indican que el nivel de actividad entre esos lugares presenta 1,96 desviaciones estándares (DE) por encima de lo normal. Las líneas azules finas indican que el nivel de actividad entre esos lugares presenta 1,96 DE por debajo de lo normal. Las líneas de un grosor mediano reflejan 2,58 DE por encima (rojas) o por debajo (azules) de lo normal. Cuando en un escáner se aprecia un montón de líneas rojas gruesas, significa que el cerebro está trabajando demasiado. Y cuando aparecen un montón de líneas azules gruesas, sugiere que hay poca comunicación entre las distintas áreas del cerebro y que está por tanto hipoactivo. Considéralo de la siguiente manera: cuanto más gruesa es la línea roja, más elevada es la cantidad de información que el cerebro está procesando, y cuanto más gruesa es la línea azul, más baja es la cantidad de información que procesa.

La segunda dase de escáner que usamos procede del análisis de los EEC cuantitativos y se llama informe de la puntuación-Z. La puntuación-Z es una medida estadística que además de indicar si una puntuación está por encima o por debajo de la media, muestra lo alejada que se encuentra de la medida normal. La escala de este informe abarca de -3 a +3 DE. El azul más oscuro representa 3 o más DE por debajo de lo normal y el azul más claro de 2,5 a 1 DE por debajo de lo normal. El verde azulado representa de 0 a 1 DE por debajo de lo normal y el verde lo normal. El verde claro indica el límite de lo normal, pero de 0 a 1 DE se considera por encima de lo normal. El color amarillo y el naranja claro representan de 1 a 2 DE por encima de lo normal, el naranja más oscuro de 2 a 2,5 DE por encima de lo normal, y el rojo, de 3 o más DE por encima de lo normal. (Véase la figura 10.3.)

El informe de la puntuación-Z que usaremos se llama poder relativo y muestra la cantidad de energía que hay en el cerebro a distintas frecuencias. Como el color verde, según he explicado, indica lo normal, cuanto más color verde haya en un escáner, más está confirmando esa persona que la actividad de sus ondas cerebrales es normal. Cada círculo coloreado (se parece a una cabeza vista desde arriba) representa lo que el cerebro de esa persona está haciendo a cada frecuencia de ondas cerebrales. El círculo en la parte superior izquierda de cada escáner muestra la frecuencia más baja de ondas cerebrales (estado delta), y cada uno de los círculos que le siguen representa un estado de ondas cerebrales más alto, yendo progresivamente hasta las ondas cerebrales beta más altas en la parte inferior derecha. Un hercio, o Hz, equivale a un ciclo por segundo en la frecuencia de ondas cerebrales. Va progresando, de izquierda a derecha y de arriba abajo, de 1 a 4 ciclos por segundo (delta), de 4 a 8 ciclos por segundo (zeta), de 8 a 13 ciclos por segundo (alfa), y de 13 a 30 o más ciclos por segundo (beta media baja y beta alta). La actividad beta se puede dividir en distintas bandas de frecuencia, como de 12 a 15 hercios, de 15 a 18 hercios, de 18 a 25 hercios y de 25 a 30 hercios.

Los colores relativos de cada área muestran lo que sucede en cada uno de los distintos estados de ondas cerebrales. Por ejemplo, un montón de color azul en la mayor parte de un cerebro funcionando a 1 ciclo por segundo en delta sugiere que hay poca actividad en esta clase de ondas. Y si en el lóbulo frontal se aprecia un montón de color rojo a 14 hercios alfa, significa que en esta región del cerebro hay una elevada actividad alfa.

Ten en cuenta que estas medidas también se pueden interpretar de distinta forma, según lo que el sujeto esté haciendo durante la exploración cerebral. Por ejemplo, si 1 hercio delta aparece en azul, sugiere que la energía del cerebro a esta frecuencia es 3 DE por debajo de lo normal. En términos clínicos, se podría interpretar como anormalmente baja. Pero como se registró cuando el sujeto estaba meditando, esta exploración sugeriría en realidad que el 1 hercio delta ha abierto la puerta a una conexión más fuerte con el campo de energía consciente colectivo, es decir, al bajar la energía en la neocorteza, uno puede entrar más fácilmente al sistema nervioso autónomo. Dentro de poco verás varios ejemplos que te lo muestran con claridad. Por ahora echa de nuevo un vistazo a la figura 10.3. Te dará una visión general de lo que acabo de explicar.

La coherencia frente a la incoherencia

Observa ahora la figura 10.4. La imagen de la izquierda (etiquetada «antes de la meditación») representa un cerebro con un montón de cháchara interior. Está funcionando a un alto nivel de excitación (beta alta) y es bastante incoherente. El grosor de las líneas rojas muestra que funciona a 3 DE por encima de lo normal (cuanto más gruesa es la línea roja, más acelerado y desequilibrado está el cerebro). Al observar las líneas rojas se puede ver la excesiva actividad incoherente de todo el cerebro. La parte azul de delante del cerebro representa una hipoactividad (de 2 a 3 DE por debajo de lo normal) en los lóbulos frontales, revelando que están desactivados o apagados, por lo que no están frenando la hiperactividad del resto del cerebro.

Se trata de un cerebro con problemas de atención, está tan sobrecargado que no tiene un jefe que controle la cháchara interior. Es como una televisión por satélite con 50 canales a todo volumen cambiando a cada segundo. Como ocurren demasiados cambios rápidos de atención de un pensamiento a otro, el cerebro está demasiado vigilante, excitado, sobrecargado e hiperregulado. Nosotros lo llamamos un patrón cerebral incoherente porque las distintas partes del cerebro no funcionan al unísono.

Echemos un vistazo a la segunda imagen (etiquetada «después de la meditación»). No es necesario ser un neurocientífico para ver la diferencia entre la primera imagen y esta. Aquí apenas se ve ninguna línea roja o azul, lo cual demuestra una actividad cerebral normal con muy poca hiperactividad o hipoactividad. El parloteo interior ha cesado y el cerebro funciona de una manera más holística. Como el cerebro de esta persona está ahora equilibrado, se puede decir que muestra un patrón más coherente. (La actividad restante en azul y rojo, tal como indica la flecha, representa la actividad sensorial-motora, es decir, significa probablemente que la persona se mueve o parpadea, y se encuentra en un estado de movimiento ocular rápido, o MOR [también llamado REM], que suele darse en el sueño muy ligero.) Este cambio se apreció en uno de los alumnos del taller después de realizar una sola meditación.

Vamos a analizar ahora otros estudios procedentes de alumnos de los talleres. Te contaré un poco el pasado de cada uno para que te hagas una idea del estado en el que estaban cuando empezaron el taller, y luego describiré lo que revelaron los escáneres cerebrales y el nuevo estado del ser que cada uno creó.

Se cura del párkinson sin ningún placebo ni medicamento

La Michelle de antes: a esta mujer sexagenaria le diagnosticaron la enfermedad de Párkinson en el 2011, después de haber notado ella unos temblores progresivos e involuntarios en el brazo, la mano y el pie izquierdos. En noviembre del 2012 se convirtió en paciente del Instituto Neurológico Barrow de Phoenix. Su médico le dijo que probablemente ya hacía de diez a quince años que la padecía y que debía acostumbrarse a los síntomas, porque nunca desaparecerían. Michelle se mentalizó para sobrellevar las progresivas limitaciones físicas que iría sufriendo a medida que envejeciera. Empezó a tomar Azilect (rasagilina mesilato), una medicación para el párkinson que inhibe la respuesta de la dopamina en los sitios receptores para que se descomponga en el cuerpo con más lentitud. Pero el fármaco apenas le produjo cambios perceptibles.

Michelle decidió asistir a mis talleres en noviembre del 2012. El mes de diciembre fue extraordinario para ella. Su rutina diaria de meditación le dio una sensación de paz y gozo que empezó a reducir sus síntomas de manera perceptible. Estaba segura de que su forma de actuar la ayudaría a superar el párkinson.

Siguió experimentando sesiones de meditación increíbles hasta inicios de febrero del 2013. Pero a mediados de ese mes su madre ingresó en la unidad de cuidados intensivos en Sarasota, Florida, y Michelle tuvo que volar a aquel lugar para estar a su lado. El día en que regresó en avión a Arizona para asistir a nuestro taller de febrero del 2013, su madre acababa de ingresar en un centro de cuidados paliativos. El avión de Michelle aterrizó en Phoenix una hora y media antes de realizarle su primer escáner cerebral. Huelga decir que cuando se lo hicimos estaba agotada física y emocionalmente, y la exploración reveló el gran estrés que sufría.

Sin embargo, hacia el final del taller su estado del ser se había vuelto más sereno y positivo, y los síntomas del párkinson apenas se le notaban. Al concluir el taller, volvió a Florida para estar de nuevo con su madre. Aunque ella y su madre habían tenido siempre una relación difícil, gracias al trabajo interior que llevó a cabo en el taller, Michelle reunió la suficiente fuerza para apoyar y mimar a su madre, liberándose de cualquier rencor que pudiera haber interferido en el amor que sentía por ella.

Sin embargo, debido a la enfermedad y a la muerte de su madre, y también al infarto cerebral masivo que sufrió su hermana de Texas, se vio obligada a ir y venir en avión de Florida a Texas para ocuparse de sus problemas familiares. Su rutina se resintió mucho por ello y en junio Michelle dejó de practicar sus meditaciones. Los obstáculos se habían interpuesto en su camino y tenía demasiadas responsabilidades. Dejar sus meditaciones fue como dejar de tomar el placebo. Cuando advirtió que sus síntomas volvían, empezó a meditar de nuevo y realizó grandes progresos.

Los escáneres de Michelle: cómo vive cerca de la clínica del doctor Fannin en Arizona, pudimos seguir sus progresos durante más de cinco meses al realizarle una serie de seis escáneres cerebrales periódicos. Me gustaría explicar la evolución que experimentó durante aquel tiempo.

Observa la parte de «antes de la meditación» de la figura 10.5. Es el escáner realizado en el taller de febrero del 2013 después de llegar Michelle de Florida, estresada y agotada por la enfermedad de su madre. Las líneas rojas gruesas indican que su cerebro estaba funcionando en todas las áreas a 3 DE por encima de lo normal. Refleja una hiperactividad, hiperincoherencia y sobrerregulación cerebral. En la enfermedad de Parkinson esto es muy común. La falta de neurotransmisores adecuados (en concreto de dopamina) hace que las neuronas manifiesten un sistema de comunicación errático entre cada región cerebral en el que las redes neuronales se activan descontroladamente. Esta clase de activación neuronal espástica o hiperactiva afecta al cerebro y al cuerpo, por lo que las funciones motoras involuntarias impiden que uno se mueva con normalidad.

Échale ahora un vistazo a la parte de «después de la meditación» de la misma figura. Este es el cerebro de Michelle después de estar cambiando su estado del ser a lo largo de cuatro días durante la meditación. Es un cerebro casi normal, con muy poca hiperactividad, incoherencia o sobrerregulación. Al final del retiro los temblores involuntarios, los tics nerviosos o los problemas motores de Michelle habían desaparecido y su escáner cerebral confirma este cambio.

Volvamos ahora a la interpretación del EEGC de la figura 10.6 A, etiquetado «antes de la meditación». Si lo observas desde la mitad de la segunda hilera hasta la última —las imágenes azules—, verás que el cerebro de Michelle no está funcionando en estado alfa o beta. Recuerda que el color azul significa una baja actividad cerebral. En la enfermedad de Parkinson se suele representar por una reducida actividad cognitiva, una dificultad de aprendizaje y falta de implicación. En este escáner cerebral se aprecia que Michelle no puede consolidar ninguna información nueva. Le resulta imposible retener una imagen interior porque no está produciendo ondas alfa. Sus patrones de ondas beta muy bajas también muestran que tiene problemas para mantenerse atenta. Como toda su energía cerebral está volcada en afrontar su hiperincoherencia, es como una bombilla de 50 vatios emitiendo una luz de 10 vatios. Su energía cerebral es más baja de lo normal.

Si observas ahora la parte de «después de la meditación» del gráfico, verás un cerebro más coherente y equilibrado. Las zonas verdes de la mayoría de las imágenes señaladas con flechas representan una actividad cerebral normal y equilibrada. Ahora su cerebro puede funcionar en alfa y Michelle es capaz de entrar en estados interiores con más facilidad, manejar mejor el estrés y acceder al sistema operativo subconsciente para influir en las funciones autónomas. Incluso se ha normalizado su actividad beta (en verde), indicando que está más consciente, vigilante y atenta. Su actividad cerebral más equilibrada hace que ahora tenga muy pocos problemas motores.

Las zonas rojas rodeadas con un círculo de la parte interior funcionando en ondas beta altas indican ansiedad. Es la actitud que Michelle intenta dominar y cambiar a través de su trabajo interior. Casualmente, la ansiedad era lo que aumentaba sus síntomas parkinsonianos en el pasado. A medida que su ansiedad va disminuyendo, los síntomas del párkinson también se reducen. Ahora Michelle sabe que cuando tiene temblores significa que ha perdido el equilibrio en la vida. Y al regular sus estados interiores, es capaz de cambiar su realidad exterior.

Tres meses más tarde el doctor Fannin le hizo otro escáner cerebral en su consulta. El escáner del 9 de mayo del 2013 de la figura 10.6 B muestra que el cerebro de Michelle sigue mejorando, lo cual es exactamente lo que ella nos dijo. Michelle sigue progresando a pesar de las distintas situaciones estresantes de su vida. Al meditar a diario (considéralo como si se tomara un placebo cada día), está cambiando continuamente su cerebro y su cuerpo para trascender las condiciones de su entorno. El escáner revela que casi ha superado otra desviación estándar que aparecía en el escáner anterior en la parte inferior del gráfico. Se ve claramente que su ansiedad está disminuyendo, por lo que su enfermedad también ha mejorado. Estar menos ansiosa significa tener menos temblores. Ahora puede mantener y memorizar ese estado del ser durante más tiempo y su cerebro revela los cambios que esto le produce.

En el escáner cerebral de Michelle del 3 de junio del 2013, de la figura 10.6 C, se aprecia un ligero retroceso en su progreso, aunque sigue estando mejor que cuando empezó. En esa época había dejado de meditar (y por tanto de tomar el placebo), por eso su cerebro volvió a lo que estaba acostumbrado, empeorando un poco. El cerebro con la flecha en la zona azul de 13 hercios indica una hipoactividad en el área sensoriomotora, por lo que a Michelle le costaba más controlar sus temblores involuntarios. En este patrón de ondas cerebrales ella tiene menos energía para controlar su cuerpo. Las áreas rojas rodeadas con un círculo de la parte inferior del escáner indican su cerebro volviendo a funcionar en ondas beta más altas, lo cual refleja su ansiedad.

El escáner del 27 de junio del 2013 de la figura 10.6 D revela que Michelle ha vuelto a meditar a principios de ese mes, por eso se aprecia una gran mejoría en el funcionamiento de su cerebro. Tiene menos ansiedad en general, como lo demuestra en rojo la hilera de la parte inferior de 17 a 20 hercios. Compara ahora este escáner con el siguiente del 13 de julio del 2013, después de asistir ella a nuestro taller, de la figura 10.6 E. La parte roja ha disminuido incluso más aún y la azul del estado alfa que aparecía en su primer escáner de febrero (indica una hipoactividad) ha desaparecido por completo. Michelle sigue mejorando y sus cambios se están volviendo más sistemáticos.

La nueva Michelle: en la actualidad ya no experimenta prácticamente ninguno de los síntomas motores involuntarios de la enfermedad de Parkinson. Cuando a veces se estresa o se cansa demasiado, no sufre más que algún pequeño tic nervioso, y la mayor parte del tiempo su cerebro funciona de manera óptima y normal. Cuando Michelle se siente equilibrada y contenta, y medita a diario, tanto ella como su cerebro funcionan bien. Según lo que afirma Michelle —y los escáneres cerebrales que le seguimos realizando lo confirman—, sigue mejorando cada día más. Continúa meditando porque comprende que ella ha de ser su propio placebo a diario.

John mejora su traumatismo cerebraly su lesión medular por medio de sus pensamientos

El John de antes: en noviembre del 2006 se rompió el cuello por la séptima vértebra cervical y la primera vértebra torácica cuando el coche en el que viajaba como pasajero se salió de la carretera a toda velocidad y dio varias vueltas de campana. Debido al impacto también sufrió un grave traumatismo craneal. Los médicos le dieron enseguida el pronóstico: se quedaría tetrapléjico el resto de su vida. Nunca más volvería a caminar y a duras penas podría usar los brazos y las manos. Al habérsele dislocado la columna vertebral en un cien por cien, la médula espinal se había lesionado. Pero fue durante la operación cuando los médicos vieron el alcance de sus lesiones. Dos días más tarde los neurólogos le comunicaron a la esposa de John que pese a que la médula de su marido estaba de algún modo «intacta», esta clase de lesiones podía producir los mismos efectos que los de una médula espinal gravemente dañada. No les quedaba otra que esperar a ver cómo iría todo, como sucede con las lesiones medulares.

Cuando te encuentras atrapado en la realidad diaria de vivir en una unidad de cuidados intensivos y más tarde en un centro de rehabilitación, es muy difícil no dejarse llevar por los pensamientos negativos. Cuando John y su familia preguntaron si había alguna posibilidad de recuperación, los médicos respondieron que dada la naturaleza de la lesión, ya no volvería nunca más a ser el mismo de antes y que debían aceptar lo inevitable: John sería un discapacitado físico el resto de su vida. Los médicos les recalcaron este mensaje una y otra vez como parte necesaria del proceso de «seguir adelante». Pero de algún modo tanto John como su mujer se negaron a aceptarlo.

Conocí a John en el 2009, cuando iba en silla de ruedas, junto con su esposa, su familia y un asombroso fisioterapeuta experto en neuroplasticidad. Son una de las personas más llenas de energía y optimistas que he conocido en mi vida y empezamos con entusiasmo nuestro viaje juntos.

Los escáneres de John: échale un vistazo al escáner cerebral de John de «antes de la meditación» de la figura 10.7. Esta primera imagen refleja una considerable hipoactividad. Su cerebro funcionaba a más de 3 DE por debajo de lo normal. El registro de la coherencia cerebral de John, en el que aparecen estas significativas líneas gruesas azules, es lo opuesto de nuestro estudio de la enfermedad de Parkinson de Michelle, en el que aparecían unas gruesas líneas rojas. Este escáner revela en distintas regiones cerebrales una disminuida capacidad para funcionar adecuadamente al unísono. Su cerebro está inactivo, carece de energía y tiene una capacidad limitada para responder a algo sea cual sea el tiempo del que disponga. John no podía estar atento y su conciencia era limitada. Debido a su traumática lesión, su cerebro mostraba una estimulación bajísima y un nivel elevado de incoherencia.

Observa ahora su escáner cerebral después de cuatro días de meditación. En la primera imagen, en el margen de la parte superior izquierda, a 1 hercio delta, el color rojo indica una mayor actividad. En este caso es un buen signo porque en ambos hemisferios del cerebro se está dando una mayor coherencia en estado delta. John está empezando a mostrar un proceso cerebral dual más equilibrado. Como su traumatismo cerebral es más visible en delta y zeta, la hiperactividad en delta sugiere que su cerebro se está despertando. El resto de su cerebro funcionando en alfa y beta revela una actividad más equilibrada y una mejor función cognitiva. Esto indica que controla mejor su mente y su cuerpo.

Echa ahora un vistazo a la figura 10.8. El color azul que aparece en la mitad de la segunda hilera y que llega hasta el final de la hilera inferior, indica una ausencia de ondas alfa y beta. El color azul repartido por los campos alfa y beta en los hemisferios izquierdo y derecho sugiere que está vegetando y funcionando con recursos limitados. El color azul muestra una menor capacidad cognitiva y un reducido control físico. La mente de John está en otra parte.

Después de cuatro días de meditación, el 90 por ciento del cerebro de John vuelve a funcionar con normalidad, como indica la parte verde. ¡Es un gran avance! Todavía se aprecia una cierta hipoactividad en el hemisferio izquierdo, donde apuntan las flechas, indicando algunos problemas con las habilidades verbales y de autoexpresión, pero este escáner es pese a todo mucho mejor que el primero. John sigue haciendo sus meditaciones y la energía, el equilibrio y la coherencia de su cerebro continúan aumentando. John ha reactivado sus antiguas redes neuronales latentes. Su cerebro se despertó, se acordó de cómo funcionaba y ahora dispone de la energía para funcionar mejor.

El nuevo John: al final de nuestro taller de febrero del 2013 consiguió ponerse de pie. Y además recuperó el control de los intestinos y la vejiga. Ahora puede permanecer de pie en una postura más normal e integrada, y se mueve con una mayor coordinación. La frecuencia, la intensidad y la duración de sus temblores espásticos han disminuido considerablemente. Incluso realiza a diario una sesión de gimnasia gracias a la ayuda de su asombroso terapeuta, B. Jill Runnion (director del Centro-Sinapsis para la Neurorreactivación en Driggs, Idaho), que también estudia mi labor y tiene la prodigiosa habilidad y unos recursos mentales ilimitados para retar a John a superar las secuelas del traumatismo y establecer las condiciones adecuadas en su vida. Las sentadillas sin ayuda que John ejecuta han progresado de un ángulo de 10 grados a uno de 45.

Ahora es capaz de flexionar el cuerpo hasta adoptar la postura de sentado y de hacer un ejercicio de rehabilitación que consiste en tensar los músculos de las piernas y el torso para empujar un trineo con pesas. Además ha conseguido ponerse a gatas por sí solo estando tumbado boca abajo en el suelo y ahora está empezando a gatear.

Pocos meses después de participar en el taller, la función cognitiva de John mejoró notablemente, dejando sorprendido a su equipo médico. Sus progresos han superado los que cualquiera de sus especialistas presenció jamás en un paciente con lesiones medulares. Era como si John se estuviera por fin despertando y sus escáneres muestran que ahora puede acceder más a su cuerpo y a su cerebro. Al tener John en la actualidad una mayor capacidad para regular su organismo, sigue teniendo un mayor control sobre las zonas inactivas de su cerebro y su cuerpo.

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