«El palco»

«El palco»




El arte de Ignacio Zuloaga testimonia las muy diversas posturas de los pintores de la época interesados en la idea como gestora del arte, pero también la reafirmación de una visión histórica y escrutadora del universo español, durante el período de cambio entre los siglos XIX y XX. Su estilo se había permeado de diferentes movimientos y tendencias surgidas en París a fines de siglo, pero derivó hacia una base realista muy cruda, quizás inspirada en artistas hispanos de la llamada «veta brava», como habían sido Juan de Valdés Leal en el siglo XVII o Francisco de Goya en el XVIII. Las jóvenes, situadas en un palco de teatro, una con mantilla y la otra con mantón de Manila, recuerdan a las del cuadro de Goya titulado «Majas al balcón», obra que se convirtió en un modelo pictórico al que acudieron muchos pintores del siglo XIX, entre ellos Édouard Manet, para crear variantes temáticas.

En torno al segundo lustro de la década de 1910, la pintura de Zuloaga perdió un poco la sencillez compositiva de los grandes planos de color, propios de su obra anterior, para hacerse más intensa plásticamente. En algunos cuadros de este período –entre los cuales se encuentra «El palco»– el pintor cubre todos los espacios de la tela con figuraciones, como si se tratara de un tapiz. La gruesa capa pictórica de aspecto esmaltado recuerda la apariencia del damasquinado, una técnica artesanal reinventada en Éibar por la familia Zuloaga a mediados del siglo XIX, que había sobrevivido a través de otra forma artística: las obras cerámicas elaboradas por Daniel, tío de Ignacio. Las líneas curvas, el atuendo tradicional de las jóvenes y el gusto por la descripción del fondo están en función de una intención aparentemente decorativa, pero una cierta falta de profundidad en la representación hace pensar en una condición de atemporalidad y permanencia, quizás presentadas por el artista con la intensión de hacer pensar lo español en el proceso de cambio que atravesaba la nación.

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