El mito de la educación

El mito de la educación


Notas

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Notas

[1] Harris, 1995. <<

[2] Samuel Johnson, 1777. Algo de ello ha sido publicado: Harris, Shaw & Bates, 1979; Harris, Shaw & Altom, 1985. <<

[3] Wairing, 1996, p. 76. <<

[1] Morton, 1998, p. 48.<<

[2] Clinton, 1996.<<

[3] La Tempestad (1611-1612), Acto IV, Escena 1. Un uso anterior: citado en Gray, 1994, p. 49.<<

[4] Spock, 1968, p. 375 (primera edición publicada en 1946).<<

[5] Watson, 1924, p. 104.<<

[6] Recomendaciones a los padres: Watson, 1928.<<

[7] Reforzar las respuestas: Skinner, 1938.<<

[8] Sobre las consecuencias negativas de las recompensas: Deci, 1971; Lepper, Greene & Nisbert, 1973. Recompensas sin consecuencias negativas: Eisenberg & Cameron, 1996.<<

[9] Goodenough, 1945, p. 656 (primera edición publicada en 1934).<<

[10] Kellogg & Kellogg, 1933.<<

[11] Gesell, 1940; Gesell &Ilg, 1943.<<

[12] Maccoby, 1992, p. 1.008. (El párrafo contiene algunas alusiones entre paréntesis que yo he suprimido.)<<

[13] Glyn, 1970, p. 128.<<

[14] Fraiberg, 1959, p. 135.<<

[15] Martini, 1994.<<

[1] Taubes, 1995.<<

[2] Dishion, Duncan, Eddy, Fagot & Fetrow, 1994.<<

[3] Parke, Cassidy, Burkes, Carson & Boyum, 1992, p. 114.<<

[4] Maccoby & Martin, 1983, p. 82.<<

[5] Freedman, 1958; Scott & Fuller, 1965.<<

[6] Péruse, Neale, Heath & Eaves, 1994.<<

[7] Para una buena introducción a los métodos de la genética conductista, véase Plomin, 1990.<<

[8] Bouchard, 1994; Plomin & Daniels, 1987; Tellegen, Lykken, Bouchard, Wilcox, Segal & Rich, 1988. Más concretamente, la herencia cuenta sobre el 50% de la variación fiable en los rasgos de personalidad medidos. La variación fiable es la que queda después de haber deducido los errores de medición (la cual asciende a 0,20 en los tests de personalidad). La estimación de los rasgos de personalidad debidos a la herencia es a menudo más próxima al 0,40 que al 0,50, porque en los análisis de genética conductista todas las variaciones debidas a los errores de medición se colocan en el otro lado, en la estimación de las influencias del entorno. Los errores de medición para los tests de coeficiente intelectual (cerca de 0,10) son menores; esa es la razón por la que el cálculo de la posibilidad de heredar el coeficiente intelectual es más alto que el de los rasgos de personalidad.<<

[9] Plomin & Daniels, 1987; Scarr, 1993.<<

[10] Bettelheim, 1959,1967. Una madre ataca a Bettelheim: Gold, 1997. Nacido así: Plomin, Owen & McGufin, 1994.<<

[11] Rowe, 1981.<<

[12] Plomin, McCleam, Pedersen, Nesselroade & Bergeman, 1988; Hur & Bouchard, 1995.<<

[13] Langlois, Ritter, Casey & Sawin, 1995, p. 464.<<

[14] Stavish, 1994.<<

[15] Kagan, 1989; Fox, 1989.<<

[16] Bugental & Goodnow, 1998.<<

[1] Bajak, 1986; Lykken, McGue, Tellegen & Bouchard, 1992; Wright, 1995.<<

[2] Plomin & Daniels, 1987. Tellegen, Lykken, Bouchard, Wilcox, Segal & Rich, 1988.<<

[3] Lykken y otros, 1992.<<

[4] Loehlin & Nichols, 1976.<<

[5] Plomin & Daniels, 1987.<<

[6] Smetana, 1994, p. 21.<<

[7] Plomin & Daniels, 1987. Correlaciones de coeficiente intelectual: Plomin, Chipuer & Neiderhiser, 1994; Plomin, Fulker, Corley & DeFries, I997<<

[8] Forward, 1989. Sus supuestos efectos: Myers, 1998, p. 112.<<

[9] Maccoby & Martin, 1983, p. 82.<<

[10] Adler, 1927.<<

[11] Dunn & Plomin, 1990, p. 85.<<

[12] Ernst & Angst, 1983, p. x.<<

[13] El tamaño de la familia y el estatus socioeconómico pueden prejuzgar los resultados. Por ejemplo, los primogénitos adquieren relevancia con mayor frecuencia no porque hayan nacido en primer lugar, sino porque es más probable que procedan de familias reducidas de clase alta. Las familias reducidas tienen pocos hijos, por lo que un benjamín escogido al azar entre la población es más probable que pertenezca a una familia numerosa, lo cual significa que un primogénito es más probable que proceda de una familia reducida. Las familias reducidas son, por lo general, poseedoras de un estatus socioeconómico mayor que las familias numerosas.<<

[14] Ernst & Angst, 1983, p. 284.<<

[15] Sulloway, 1996.<<

[16] Sulloway, 1996, p. 90; Dunn & Plomin, 1990, p. 63,74-75; McHale, Crouter, McGuire & Updegraff, 1995.<<

[17] Ernst & Angst, 1983, p. xi.<<

[18] Harris & Liebert, 1991, pp. 322-325. Al menos no me lo he tragado entero, sino que señalo algunos de los problemas de ese tipo de investigaciones.<<

[19] Baumrind, 1967; Baumrind & Black, 1967.<<

[20] Diferente para los chicos y para las chicas: Baumrind, 1989. Hallado solo para chicos blancos: Darling & Steinberg, 1993.<<

[21] Estilo de crianza de los chinoamericanos: Chao, 1994. Estilo de crianza de los asiaticoamericanos y características de los niños: Dornbusch, Ritter, Leiderman, Roberts & Fraleigh, 1987; Steinberg, Dornbusch & Brown, 1992. Estilo de crianza de los afroamericanos y características de los niños: Deater-Deckard, Dodge, Bates & Pettit, 1996.<<

[22] Weisner, 1986.<<

[23] Flaks, Ficher, Masterpasqua & Joseph, 1995; Gottman, 1990; Patterson, 1992,1994.<<

[24] Los genes tienen un papel en la orientación sexual: Bailey & Pillard, 1991; Bailey, Pillard, Neale & Agyei, 1993; Friedman & Downey, 1994.<<

[25] Embarazos no deseados: Gottlieb, 1995. Niños concebidos con tecnologías de reproducción asistida: Golombok, Cook, Bish & Murray, 1995.<<

[26] Chan, Raboy & Patterson, 1998.<<

[27] Chen & Goldsmith, 1991; Falbo & Polit, 1986; Falbo & Poston, 1993; Meredith, Abbot & Ming, 1993; Veenhoven & Verkuyten, 1989; Yang, Ollendick, Dong, Xia & Lin, 1995. Restrinjo la comparación a las familias reducidas porque hay otras diferencias, incluidas las socioeconómicas, entre las familias reducidas y las numerosas.<<

[28] Rowe, 1994.<<

[29] Bouchard, 1994, p. 1.701.<<

[1] Gruenberg, 1942, p. 181.<<

[2] Coontz, 1992.<<

[3] Thigpen & Cleckley, 1954.<<

[4] James, 1890, p. 294.<<

[5] Carson, 1989.<<

[6] James, 1890, p. 488.<<

[7] Detterman, 1993.<<

[8] Estos experimentos están resumidos en Rovee-Collier, 1993.<<

[9] Kopp, 1989.<<

[10] Garvey, 1990.<<

[11] Piaget, 1962.<<

[12] Fein & Fryer, 1995a, p. 367. Deshazte de ellos o intenta cambiarles: Fein & Fryer, 1995b, pp. 401,402.<<

[13] Peláez-Nogueras, Field, Cigales, González & Clasky, 1994, p. 358. Véase también Zimmerman & McDonald, 1995.<<

[14] Las descripciones de los padres no coinciden con las de las otras personas que cuidan de los niños: Fagot, 1995; Goldsmith, 1996, p. 230.<<

[15] Abramovitch, Corter, Pepler & Stanhope, 1986, p. 228.<<

[16] Stocker & Dunn, 1990, p. 239.<<

[17] Relaciones iguales y desiguales: Bugental & Goodnow, 1998. Las relaciones entre hermanos suelen provocar conflictos: Volling, Youngblade & Belsky, 1997.<<

[18] Sulloway, 1996.<<

[19] Ernst & Angst, 1983, pp. 167-171.<<

[20] Rydell, Dahl & Sundelin, 1995.<<

[21] Dishion, Duncan, Eddy, Fagot & Fetrow, 1994.<<

[22] Bouchard, 1994; Plomin & Daniels, 1987; Van den Oord, Boomsma & Veerhulst, 1994.<<

[23] Saudino, 1997.<<

[24] Burns & Farina, 1992.<<

[25] Caspi, Elder & Bern, 1987.<<

[26] Pinker, 1994.<<

[27] Los niños angloparlantes en Montreal: Baron, 1992, p. 183. Los niños suecoparlantes en Finlandia: P. Pollesello (1996,5 de marzo). ¿Qué es una lengua nativa? (correo electrónico en Internet: alt.usage.english.sci.lang).<<

[28] Winitz, Gillespie & Starcev, 1995.<<

[29] Kolers, 1975, pp. 195,190 (publicado originalmente en 1968).<<

[30] A. Fletcher (1996,31 de diciembre). Una palabra mal dicha (correo en Internet: rec.humor.funny).<<

[31] Levin & Garrett, 1990; Levin & Novak, 1991.<<

[32] Eich Macaulay, Loewenstein «& Dihle, 1997; Putnam, 1989.<<

[33] Roth, 1967, p. 107.<<

[34] Los padres hablan en coreano: Lee, 1995, p. 167. Los padres hablan yiddish: Meyerhoff, 1978, p. 43.<<

[35] Mar, 1995, p. 50.<<

[36] Sastry, 1996, p. AA5.<<

[37] Aprender la lengua es la labor de los nifios: Snow, 1991. Las madres no les hablan a los niños prelingüísticos: Pinker, 1994, p. 40. Retrasos en el desarrollo del lenguaje en niños de dos años: Kagan, 1978.<<

[38] Herodoto, Libro 2.<<

[39] Lenneberg, 1972. Les parece una pregunta ofensiva: Preston, 1994.<<

[40] Jugar a las casitas: Garvey, 1990, pp. 88,91. La chica cuya madre era médico: Maccoby & Jackjlin, 1974, p. 364.<<

[41] Opie & Opie, 1969, p. 305.<<

[42] Barry, 1996.<<

[43] Hartshorne & May, 1928.<<

[44] Council, 1993, p. 31.<<

[45] Si se observa a los niños fuera de casa, tales discrepancias quedan a veces profundamente enterradas en el conjunto de datos. Consideremos, por ejemplo, un informe hecho por dos prominentes investigadores (Hetherington & Clingemped, 1992) sobre los efectos en los niños del divorcio y nuevo casamiento de los padres. Casi todos los efectos perniciosos fueron comunicados por los padres, los padrastros o los propios niños en entrevistas realizadas en su propia casa. Cuando se les pidió a los profesores que informaran de la conducta de los niños en la escuela, en tres casos ellos informaron de que no había diferencias entre los niños cuyos padres se habían divorciado y vuelto a casar, y aquellos cuyos padres seguían juntos (p. 60). Aquellos cuyos padres se habían divorciado y no se habían vuelto a casar eran, según un único informe de los profesores, los que manifestaban más indicios de problemas de conducta. Sin embargo, otro informe de los profesores no podía señalar ninguna diferencia, y el tercer informe de los profesores se perdió entre el cúmulo de datos (p. 58).<<

[46] Las cuestiones sobre cómo los padres tratan a sus hijos pueden ser incluidas en el mismo cuestionario en el que se les pide a los adolescentes que describan su propia conducta. Véase, por ejemplo, Steinberg, Dornbusch & Brown, 1992, p. 725.<<

[47] Patterson & Yoerger, 1991.<<

[48] Brody & Stoneman, 1994; Stocker, Dunn & Plomin, 1989. Pueden durar toda una vida: Bedford, 1992.<<

[1] El destino: Mintum & Hitchcock, 1963, p. 288. Ansiedad sin objeto: p. 317.<<

[2] Dencik, 1989, pp. 155-156.<<

[3] Dencik, 1989; Fine, 1981.<<

[4] Jacobs & Davies, 1991.<<

[5] Rybczynski, 1986.<<

[6] Anders & Taylor, 1994.<<

[7] Morelli, Rogoff, Oppenheim & Goldsmith, 1992, p. 608.<<

[8] Schor, 1992, p. 92.<<

[9] Jacobs & Davies, 1991. Más niños supervivientes: Hareven, 1985.<<

[10] Schütze, 1987. '<<

[11] Citado en Moran & Vinovskis, 1985, p. 26.<<

[12] Comidas espartanas para los niños británicos: Glyn, 1970. El libro de Holt: citado en Hulbert, 1996. Benjamin estaba esqueléticamente delgado: Hulbert, 1996, p. 84.<<

[13] Lewald, 1871, citado en Schütze, 1987, p. 51.<<

[14] Amor de madre: Schütze, 1987, p. 52. Tirano de la casa: Müller, 1922, citado en Schütze, p. 52.<<

[15] Watson, 1928, pp. 81-82.<<

[16] Watson fue el primero: Schütze, 1987, p. 56. La madre puede rendirse por agotamiento: p. 61.<<

[17] Ambert, 1994; Sommerfeld, 1989.<<

[18] Neifert, 1991, p. 77 (cursiva en el original).<<

[19] Klaus & Kennell, 1976.<<

[20] Schütze, 1987, p. 73.<<

[21] Jolly, 1978, citado en Eyer, 1992, pp. 42-43.<<

[22] Eyer, 1992, pp. 3-4.<<

[23] Klopfer, 1971.<<

[24] Crossette, 1996.<<

[25] Trevathan, 1993.<<

[26] Morelli, Winn & Tronick, 1987, p. 16.<<

[27] Sommerfeld, 1989.<<

[28] Le Vine & Le Vine, 1963, p. 141.<<

[29] Le Vine & Le Vine, 1988.<<

[30] Eibl-Eibesfeldt, 1989, p. 194; Pinker, 1997, pp. 443-444.<<

[31] Eibl-Eibesfeldt, 1989, p. 194; Le Vine & Le Vine, 1963; Whiting & Edwards, 1988.<<

[32] Youniss, 1992.<<

[33] Eibl-Eibesfeldt, 1989, pp. 600-601.<<

[34] Sus amigos estaban esperando: Maretzki & Maretzki, 1963. Los más pequeños se pegan al grupo: Le Vine & Le Vine, 1963.<<

[35] Las madres prefieren a las niñas como niñeras: Whiting & Edwards, 1988. El chico que rescató a su hermano bebé: Goodall, 1986, p. 282.<<

[36] Whiting & Edwards, 1988.<<

[37] Edwards, 1992.<<

[38] Turok, 1972, citado en Greenfield & Childs, 1991, p. 150.<<

[39] Rogoff, Mistry, Göncü & Mosier, 1993.<<

[1] Kellogg, 1933, pp. 69,149.<<

[2] Kellogg & Kellogg, 1933.<<

[3] De Waal, 1989, p. 36.<<

[4] Fenson, Dale, Reznick, Bates, Thal & Pethick, 1994.<<

[5] Astington, 1993; Leslie, 1994; Perner, 1991; Wellman, 1990. Fueron-Premack & Woodruf quienes inventaron ese término, que utilizaron para despertar ciertas cuestiones interesantes acerca de la cognición de los chimpancés.<<

[6] Klinnert, 1984; Sorce, Emde, Campos & Klinnert, 1985. Reacción a un extraño; Eibl-Eibesfeldt, 1995.<<

[7] Señalar entre los humanos: Baron-Cohen, Campbell, Karmiloff-Smith, Grant & Walker, 1995. En los monos: Tomasello, 1995.<<

[8] Reacción de un mono ante un objeto: Terrace, 1985, p. 1.002. Terrace llega a la conclusión de que los chimpancés pueden aprender a usar signos lingüísticos, palabras, pero que no pueden producir genuinos mensajes lingüísticos, frases.<<

[9] Adivinaciones: Baron-Cohen y otros, 1995. Ceguera mental: Baron-Cohen, 1995.<<

[10] Karmiloff-Smith, Klima, Bellugi, Grant & Baron-Cohen, 1995.<<

[11] Goodall, 1986.<<

[12] El vencedor garantiza el perdón: De Waal, 1989. Los machos pueden intentar monopolizar a una hembra: Wrangham & Peterson, 1996. Los machos van por turno: Goodall, 1986, p. 443.<<

[13] Goodall, 1988, p. 222. Goodall dice: «Hugo y yo nos acercamos al lisiado. Para nuestro alivio, el macho expuesto se dio media vuelta». (Hugo van Lawick era el fotógrafo que hizo las magníficas fotos del libro de Goodall.)<<

[14] «Nosotros» contra «ellos» en los chimpancés: Russell, 1993. No completamente extraños: Goodall, 1986, p. 331.<<

[15] Goodall, 1986, p. 506.<<

[16] Josué, 6, pp. 22-25.<<

[17] Montagu, 1976, p. 59. Él cita a Julien Huxley sobre la palabra instinto: Pinker, 1994.<<

[18] Goodall, 1986, p. 531.<<

[19] Darwin, 1871, p. 480.<<

[20] Las pruebas paleontológicas de la guerra: Keely, 1996. Nuestra herencia prehumana: Diamond, 1992b, p. 297.<<

[21] Wrangham & Peterson, 1996.<<

[22] Diamond, 1992b, p. 294.<<

[23] Darwin, 1871, p. 481.<<

[24] Según la teoría del parentesco, sí que tiene sentido que un hombre sacrifique su vida si con ese acto puede salvar a dos de sus hijos o hermanos (con los que comparte el 50% de sus genes) o a más de ocho de sus primos (con los que comparte un 12,5%). Véase Pinker, 1997, pp. 398-402.<<

[25] Dawkins, 1976, p. 3.<<

[26] La evolución de los detectores de engaños: Cosmides & Tooby, 1992; Pinker, 1997, pp. 403-405.<<

[27] Goodall, 1986, p. 531.<<

[28] El arco temporal ofrecido aquí es bastante aproximado y se basa en mis lecturas paleoantropológicas. Cuando digo «seis millones de años», por ejemplo, lo que quiero decir es «seis millones de años, dos millones arriba, dos millones abajo». La teoría de la evolución homínida recontada aquí es aquella que, a mi juicio, mejor encaja en los datos de que disponemos.<<

[29] Diamond, 1992b.<<

[30] Holden, 1995.<<

[31] El gran salto adelante: Diamond, 1992b, p. 32. El despegue cultural: M. Harris, 1989, p. 64.<<

[32] Citado en De Waal, 1989, p. 247.<<

[33] Josué, 10, pp. 24-26.<<

[34] Eibl-Eibesfeldt, 1989, p. 323.<<

[35] Eibl-Eibesfeldt, 1995, p. 256.<<

[36] Gould, 1980.<<

[37] Parker, 1996.<<

[38] Eibl-Eibesfeldt, 1995, p. 260-261.<<

[39] Diamond, 1992b, p. 43.<<

[40] Josué, 8, pp. 1-29.<<

[41] Dunbar, 1993.<<

[42] Josué, 5, p. 13.<<

[43] Goodall, 1986, p. 579.<<

[44] De Waal, 1989, p. 43.<<

[45] Povinelli & Eddy, 1996.<<

[46] Caporael, 1986.<<

[47] Preston, 1994.<<

[48] Rowe, 1994.<<

[49] Chagnon, 1992, p. 177.<<

[50] Trivers, 1985, p. 159.<<

[51] El alcatraz de pies azules: Sulloway, 1996, p. 61.<<

[52] Los chimpancés hermanos: Goodall, 1986, pp. 176-177.<<

[1] Golding, 1954.<<

[2] Whiting & Edwards, 1988.<<

[3] Puntos de vista antibelicistas: Montagu, 1976. Un grupo de niños británicos: Golding, 1954, p. 242.<<

[4] Darwin, 1871, pp. 480-481. (Cursivas añadidas.)<<

[5] Sherif, Harvey, White, Hood & Sherif, 1961.<<

[6] Sherif y otros, 1961, p. 78.<<

[7] Tajfel, 1970, p. 96.<<

[8] Sherif y otros, 1961, p. 76.<<

[9] Golding, 1954, p. 18.<<

[10] Glyn, 1970; Hibbert, 1987.<<

[11] Sherif y otros, 1961, p. 104.<<

[12] Hayakawa, 1964, p. 216.<<

[13] Las ventajas de la categorización: Pinker, 1997. Los peligros de la categorización: Hayakawa, 1964, p. 220<<

[14] Pinker, 1994; Rosch, 1978.<<

[15] Roitblat & Von Fersen, 1992; Wasserman, 1993.<<

[16] Los bebés de tres meses pueden clasificar en categorías: Eimas & Quinn, 1994. Los bebés pueden formarse conceptos: Mandler, 1992. Un subestimador de los bebés: Piaget, 1952.<<

[17] Las habilidades categorizadoras de los bebés: Eimas & Quinn, 1994; Mandler & McDonough, 1993; Levy & Haaf, 1994; Leinbach & Fagot, 1993. Las diferencias faciales entre adultos y niños: Bigelow, MacLean, Wood & Smith, 1990; Brooks & Lewis, 1976.<<

[18] Fiske, 1992.<<

[19] Hayakawa, 1964, p. 217.<<

[20] Krueger, 1992; Krueger & Clement, 1994.<<

[21] Wilder, 1986.<<

[22] Fine, 1986.<<

[23] Sherif y otros, 1961, p. 106.<<

[24] El clavo que despunta; WuDunn, 1996. Los adolescentes no se sienten empujados a conformarse al grupo: Lightfoot, 1992.<<

[25] Asch, 1987, pp. 462,464 (originalmente publicado en 1952).<<

[26] Stone & Church, 1957, p. 207.<<

[27] Sherif y otros, 1961, p. 78. El mote «nudista», p. 92.<<

[28] Diamond, 1992a, p. 107.<<

[29] «El esfuerzo baldío por reintroducir los loros de pico grueso en Arizona», 1995.<<

[30] Turner, 1987.<<

[31] Tbrner, 1987.<<

[32] Dawkins, 1976.<<

[33] Pfennig & Sherman, 1995.<<

[34] Bem, 1996.<<

[35] Diamond, 1992b, p. 102; O’Leary & Smith, 1991.<<

[36] Segal, 1993.<<

[37] Goodall, 1988.<<

[38] Turner, 1987.<<

[39] Turner (1987) no ha resuelto completamente el problema, porque su respuesta no explica por qué dividimos a la gente en las categorías sociales particulares que son relevantes para nosotros. ¿Por qué no la gente con pecas frente a los que no las tienen? ¿O gentes de nombre largo contra las de nombre corto? Teóricamente son inacabables los modos como podemos clasificar a los demás y a nosotros mismos. Pinker (1994, pp. 416-417) ha discutido este problema fijándose en la «semejanza» y ha llegado a la conclusión de que nuestro sentido de la semejanza debe ser innato. Lo mismo debe ser verdad de las categorías sociales: nos sentimos inclinados a clasificar a las personas de ciertas maneras, especialmente por la edad y el sexo.<<

[40] El grupo como referencia: Shibutani, 1955. El grupo psicológico: Turner, 1987, pp. 1-2.<<

[41] De Waal, 1989, p. 267.<<

[42] De Waal, 1989, p. 267.<<

[43] Eibl-Eibesfeldt, 1989, p. 596.<<

[44] Wilder, 1971 (originalmente publicado en 1935).<<

[45] Turner, 1987, pp. 1-2.<<

[46] Einstein, 1991, p. 40 (originalmente publicado en 1950).<<

[1] Edwards, 1992; Fagen, 1993; Goodall, 1986; Kellogg & Kellogg, 1933; Napier & Napier, 1985.<<

[2] Eckerman & Didow, 1988.<<

[3] Ainsworth, 1977, p. 59.<<

[4] Goodall, 1986, p. 275.<<

[5] Eibl-Eibesfeldt, 1995.<<

[6] Goodall, 1986, p. 166. Entre los humanos: Leach, 1972; McGrew, 1972.<<

[7] Ainsworth, 1977; Ainsworth, Blehar, Waters & Wall, 1978. Para un resumen reciente de la investigacón sobre la fijación, ver Rubin, Bukowski & Parker, 1998.<<

[8] Egeland & Sroufe, 1981.<<

[9] Ainsworth y otros, 1978; Belsky, Rovine & Taylor, 1984; Sroufe, 1985.<<

[10] Bowlby, 1969,1973. Véase también Bretherton, 1985; Main, Kaplan & Cassidy, 1985.<<

[11] Erickson, Sroufe & Egeland, 1985; LaFreniere & Sroufe, 1985; Pastor, 1981. Y problema resuelto: Matas, Arend & Sroufe, 1978. Resultados adversos: Howes, Matheson & Hamilton, 1994; Youngblade, Park & Belsky, 1993.<<

[12] Lamb & Nash, 1989, p. 240.<<

[13] Fox, Kimmerly & Schafer, 1991; Main & Weston, 1981: Goossens & Van Ijzendoorn, 1990.<<

[14] Ge y otros, 1996; Jacobson & Wille, 1986; Scarr & McCartney, 1983.<<

[15] Crecimiento del cerebro: Tanner, 1978. Desarrollo del sistema visual: Mitchell, 1980.<<

[16] Monos sin madre: Harlow & Harlow, 1962. Criados con compañeros: Harlow & Harlow, 1962; Suomi & Harlow, 1975. Criados sin compañeros: Harlow & Harlow, 1962, p. 146. Según Suomi (1997) hay algunas sutiles deficiencias de conducta en los monos criados con compañeros y sin madres; es decir, hay algunas diferencias estadísticas entre la conducta de esos monos y la de los monos criados normalmente. Lo importante, sin embargo, es que la conducta de esos monos cae dentro de los parámetros normales de la conducta simiesca.<<

[17] Niños de campos de concentración: Freud & Dann, 1967, pp. 497-500 (originalmente publicado en 1951).<<

[18] Hartup, 1983, pp. 157-158.<<

[19] Kaler & Freeman, 1994, p. 778. Véase también Dontas, Maratos, Fafoutís & Karangelis, 1985.<<

[20] Holden, 1996; Rutter, 1979.<<

[21] Wolff, Tesfai, Egasso & Aradom, 1995, p. 633.<<

[22] Maunders, 1994, pp. 393,399.<<

[23] Niños criados en granjas aisladas: Parker, Rubin, Price & DeRosier, 1995. Niños con trastornos físicos crónicos: Ireys, Werthamer-Larsson, Kolodner & Gross, 1994, p. 205; Pless & Nolan, 1991.<<

[24] Winner, 197.<<

[25] La historia de William James Sidis: Montour, 1977, p. 271; Primus IV, 1998, p. 80.<<

[26] Para la historia de Victor, véase Lañe, 1976; para la historia de Genie, véase Rymer, 1993.<<

[27] Gemelos aislados: Koluchová, 1972,1976. Sin síntomas patológicos: 1976, p. 182.<<

[28] Los bebés imitan a los bebés: Eckerman & Didow, 1996; Eckerman, Davis & Didow, 1989. El bebé imita al chimpancé: Kellogg & Kellogg, 1933.<<

[29] Desarrollo del juego a los dos años y medio: Eckerman & Didow, 1996. A los tres: Góncü & Kessel, 1988; Howes, 1985.<<

[30] Los niños prefieren a ciertos compañeros: Howes, 1987; Strayer & Santos, 1996; Rubin y otros, 1998. A compañeros de la misma edad: Bailey, McWilliam, Ware & Burchinal, 1993. A compañeros del mismo sexo: Maccoby & Jacklin, 1987; Strayer & Santos, 1996.<<

[31] Niños que no tienen compañeros de su edad: Edwards, 1992; Konner, 1972; Smith, 1988. Los mayores forman sus propios grupos: Edwards, 1992.<<

[32] Los mayores enseñan a los pequeños: Eibl-Eibesfeldt, 1989. Burlarse y ridiculizar: Martini, 1994; Nydegger & Nydegger, 1963. Las agresiones graves son poco comunes: Edwards, 1992; Konner, 1972; Martini, 1994. Los niños son menos agresivos cuando juegan solos: Lore & Schultz, 1993; Opie & Opie, 1969.<<

[33] Los niños de tres años comienzan a hablar: Kagan, 1978; Zukow, 1989. Compañeros de conversación: McDonald, Sigman, Espinosa & Neumann, 1994; Rogoff, Mistry, Góncü & Mosier, 1993.<<

[34] Maretzki & Maretzki, 1963; Youniss, 1992.<<

[35] Eibl-Eibesfeldt, 1989, p. 600.<<

[36] Los niños de Okinawa: Maretzki & Maretzki, 1963. Los niños de Chewong: Howell, 1988, pp. 160,162.<<

[37] Archer, 1992b, p. 77.<<

[38] La conducta social en dos grupos de chimpancés: Mitani, Hasegawa, Gros-Louis, Marler & Byme, 1992. En dos pueblos mexicanos: Fry, 1988, p. 1.016. «La Paz» y «San Andrés» no son los nombres reales de esos pueblos.<<

[39] Harris & Liebert, 1991, p. 95.<<

[40] Martini, 1994.<<

[41] Esposas trofeo: Chagnon, 1992.<<

[42] Imitación selectiva: Jacklin, 1989; Perry & Bussey, 1984. El niño que se negaba a hablar en alemán: T. A. Kindermann, comunicación personal, 9 de agosto de 1995.<<

[43] Le Vine & Le Vine, 1963; Martini, 1994; Pan, 1994. En todas las sociedades, las niñas hacen pasteles de barro y fingen que son comida de verdad. Jugar a las casitas implica algo más: significa adoptar otra personalidad, hablar con una voz diferente, representar un papel en una fantasía compartida. Los pasteles de barro son universales, jugar a las casitas no.<<

[44] McLean, 1977.<<

[45] Donald imitaba a Gua: Kellogg & Kellogg, 1933. Los niños imitan a los hermanos mayores: Brody, Stoneman, MacKinnon & MacKinnon, 1985; Edwards, 1992; Zukow, 1989.<<

[46] Los niños pueden aprender mediante la imitación: Rogoff y otros, 1993. A los organismos se les ha de recompensar: Skinner, 1938. Los niños pueden aprender mediante la observación: Bandura & Walters, 1963.<<

[47] Birch, 1987.<<

[48] Barón, 1992, p. 181.<<

[49] Grupalidad: Tajfel, 1970. Algunas de sus características: Turner, 1987.<<

[50] Farah, 1992; Pinker, 1997; Rao, Rainer & Miller, 1997.<<

[51] Scott, 1987.<<

[52] Una niña de tres años sabe que es una niña: Ruble & Martin, 1998. La raza no importa: Stevenson & Stevenson, 1960.<<

[53] Teoría de la socialización a través del grupo: Harris, 1995. La «socialización» implica algo que se les hace a los niños: Corsaro, 1997.<<

[54] Adler, Kles & Adler, 1992; Readdick, Grise, Heitmeyer & Furst, 1996.<<

[55] Reich, 1986, p. 306.<<

[56] Eibl-Eibesfeldt, 1989.<<

[57] El grupo como un conjunto de personas frente al grupo como una categoría social: Merten, 1996b, p. 40. El grupo psicológico: Turner, 1987, p. 1.<<

[58] «Daja Meston ‘96», 1995, p. 5.<<

[59] Tener un amigo frente a la aceptación o el rechazo del grupo: Bagwell, Newcomb & Bukowski, 1998, p. 150. Tener un amigo en quinto curso tendría «solamente implicaciones predecibles para una relación más positiva con los miembros de la familia» (p. 150). Los dos factores parecen operar independientemente el uno del otro, como predice la teoría de la socialización a través del grupo.<<

[60] La amistad no es lo mismo que el estatus en el grupo de compañeros: Bukowski, Pizzamiglio, Newcomb & Hoza, 1996; Parker & Asher, 1993. Los amigos suelen ser miembros del mismo grupo: Hallinan, 1992.<<

[61] Edwards, 1992; Maccoby & Jacklin, 1987; Strayer & Santos, 1996.<<

[62] Alexander & Hiñes, 1994; Powlishta, 1995a.<<

[63] Las niñas pequeñas piensan que los niños solo saben jugar con pistolas: S. M. Bellovin (1989,18 de noviembre), Juguetes y estereotipos sexuales (correo en internet: misc.kids).<<

[64] Las madres no juegan a la rayuela: Maccoby & Jacklin, 1974, p. 363.<<

[65] Cómo actuar frente al sexo opuesto: Sroufe, Bennet, Englund & Urban, 1993; Thorne, 1993. Las niñas de once años explican los castigos: Maccoby & Jacklin, 1987, p. 245.<<

[66] Hallinan & Teixeira, 1987; Hartup, 1983.<<

[67] Schofield, 1981, p. 63.<<

[68] Dencik, 1989; Eisenberg, Fabes, Bernzweig, Karbon, Poulin & Hanish, 1993; Hubbard & Coie, 1994.<<

[69] Kerr, Lambert, Stattin & Klackenberg-Larsson, 1994.<<

[70] La coeducación conduce a un disgusto mutuo: Hayden-Thomson, Rubin & Hymel, 1987. Desprecian a todas las chicas de clase: Bigler, 1995, p. 1.083.<<

[71] Smart & Smart, 1978, pp. 198-200; Smith, Snow, Ironsmith & Poteat, 1993.<<

[72] Corsaro, 1993, p. 360.<<

[73] Avances cognitivos hacia los siete años: Piaget & Inhelder, 1969. Dejar el hogar hacia esa misma edad: Rybczynski, 1986; Schor, 1992.<<

[74] Revolotear entre el «nosotros» y el «yo»: Turner, 1987. Descubrir maneras de ser diferente: Tesser, 1988. Las personas de las culturas occidentales —culturas llamadas «individualistas» (Triandis, 1994)— tienden a permanecer más cerca del «yo» como final de la evolución que las personas de culturas más tradicionales.<<

[75] Adler, Kless & Adler, 1992; Maccoby & Jacklin, 1987; Maccoby, 1990; Tannen, 1990.<<

[76] Sherif y otros, 1961, p. 77.<<

[77] Lo que hace a un líder: Bennet & Derevensky, 1995; Masten, 1986; Hartup, 1983. Los niños agresivos son poco populares: Hayes, Gershman & Halteman, 1996; Newcomb, Bukowski & Pattee, 1993; Parker y otros, 1995. Los niños agresivos no siempre son impopulares: Bierman, Smoot & Aumiller, 1993; Farmer & Rodkin, 1996. Los que estallan y atacan hechos una furia: Caspi, Eider & Bem, 1987.<<

[78] Chance & Larsen, 1976; Hold, 1977.<<

[79] Eckert, citado en Tannen, 1990, p. 218.<<

[80] Los chicos más maduros tienen un estatus superior: Savin-Williams, 1979; Weisfeld & Billings, 1988. Esto es especialmente cierto para los chicos. Las chicas que maduran antes no siempre tienen un estatus superior entre sus compañeras de edad. La razón, creo yo, es que las niñas que maduran antes tienden a padecer sobrepeso (Frise, 1988) y nuestra cultura suele asignar un estatus inferior a la gente obesa. Si los investigadores se fijasen en chicas que no padecieran de sobrepeso, yo predigo que encontrarían la misma correlación entre madurez y estatus que entre los chicos.<<

[81] Los chimpancés jovencitos buscan a los mayores: Goodall, 1986. Los niños pequeños también buscan a los mayores: Whiting & Edwards, 1988.<<

[82] Los niños mayores tienen un estatus superior: Edwards, 1992. Los niños con estatus inferior tienen amigos más pequeños que ellos: Ladd, 1983.<<

[83] Bennet & Derevensky, 1995; Parker y otros, 1995.<<

[84] Hartup, 1983; Parker & Asher, 1987.<<

[85] Brooks-Gunn & Warren, 1988; Jones & Bayley, 1950; Richman, Gordon, Tegtmeyer, Crouthamel & Post, 1986; Stabler, Clopper, Siegel, Stoppani, Compton & Underwood, 1994; Young-Hyman, 1986.<<

[86] Jones, 1957. Véase también Dean, McTaggart, Fish & Friesen, 1986; Mitchell, Libber, Johanson, Plotnick, Joyce, Migeon & Blizzard, 1986.<<

[87] Coie & Cillessen, 1993; Parker y otros, 1995.<<

[88] Los niños en edad escolar se comparan con sus compañeros, los niños más jóvenes se sobrestiman: Harter, 1983; Newman & Ruble, 1988; Perry & Bussey, 1984; Stipek, 1992.<<

[89] Las comparaciones se hacen con otros de la misma categoría social: Stipek, 1992. El término «comparación social»: Festinger, 1954.<<

[90] Disgusto por la extrañeza entre los chimpancés: Goodall, 1988. Entre los niños: Diamond, LeFurgy & Blass, 1993; Hayes y otros, 1996.<<

[91] Los niños mayores se dividen en grupos más homogéneos: Hallinan & Teixeira, 1987; Hartup, 1983. Forman camarillas: Parker y otros, 1995. Los miembros de la camarilla se vuelven más parecidos: Cairas, Neckerman & Cairas, 1989; Kindermann, 1995<<

[92] Kindermann, 1993.<<

[93] Mateo, 13,12.<<

[1] Mead, 1959, p. vii<<

[2] Fry, 1988.<<

[3] Mead, 1963 p. 56 (originalmente publicado en 1935). Un grupo de caníbales: p. 164.<<

[4] Los arapesh se enfrascan en la guerra: Daly & Wilson, 1988. Las gentes amantes de la guerra son cariñosas con sus pequeños: Eibl-Eibesfeldt, 1989. Los yanomami: Chagnon, 1992.<<

[5] Ghodsian-Carpey & Baker, 1987; Gottesman, Goldsmsith & Carey, 1997; Van den Oord, Boomsma & Verhulst, 1994.<<

[6] El doble de niños: Chagnon, 1988. Criar sistemáticamente guerreros: Cairas, Gariépy & Hood, 1990, informan que es posible criar una raza de ratones que difiera mucho en cuanto a la agresividad en solo cuatro o cinco generaciones de crianza selectiva.<<

[7] Chagnon, 1992, p. 86.<<

[8] Devolver el golpe: Eibl-Eibesfeldt, 1989. Se desalienta jugar a pelear: Fry, 1988.<<

[9] Parks, 1995, pp. 15,175.<<

[10] LaFromboise, Coleman & Gerton, 1993.<<

[11] Ungar, 1995, p. 49.<<

[12] Ferreira, 1996.<<

[13] Hayakawa, 1964, p. 217.<<

[14] Polgar, 1960, citado en LaFromboise y otros, 1993.<<

[15] Schaller, 1991, p. 90.<<

[16] Schaller, 1991, p. 90.<<

[17] Para una visión positiva de la cultura de los sordos, véase Padden & Humphries, 1988. Para una visión negativa, véase Bertling, 1994.<<

[18] Umbel, Pearson, Fernández & Oller, 1992, p. 1.013.<<

[19] Veáse, por ejemplo, Sidransky, 1990, p. 63.<<

[20] Schaller, 1991, p. 191.<<

[21] Sacks, 1989.<<

[22] Para una explicación del milagro, véase Pinker, 1994.<<

[23] A. Senghas, 1995; Kegl, Senghas & Coppola, en prensa.<<

[24] A. Senghas, 1995, pp. 502-503.<<

[25] Bickerton, 1983.<<

[26] Génesis, 11,1-9<<

[27] Bickerton, 1983, p. 119.<<

[28] R. Senghas & Kegl, 1994.<<

[29] Esta analogía la inspiró el experimento clásico de Zimbardo, 1993 (originalmente publicado en 1972).<<

[30] La cultura del prisionero: Goffman, 1961, capítulo 1; Minton, 1971, pp. 31-32. Engañar a los vigilantes: Goffman, 1961, pp. 54-60.<<

[31] Corsaro, 1997, pp. 42,140.<<

[32] Corsaro, 1985.<<

[33] Le Vine & Le Vine, 1963.<<

[34] Opie&Opie, 1969, pp. 7,1,5-6.<<

[35] Sherif y otros, 1961. Véase el capítulo 7.<<

[36] DeMarrais, Nelson & Baker, 1994.<<

[37] Napier & Napier, 1985.<<

[38] Glyn, 1970, pp. 128,129,135,150.<<

[39] Schaller, 1991, p. 90.<<

[40] Golding, 1954.<<

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