El mentiroso
Agradecimientos
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Agradecimientos
Esta novela se ambienta en una zona de Bizkaia conocida como Urdaibai, un lugar fantástico que conozco y amo desde niño. Hay escenas que ocurren en sitios reales como Gernika o Bermeo. Sin embargo, en honor a la diversión y a la eficacia de la historia, me he permitido el lujo de inventarme unas cuantas cosas. Carreteras, pueblos, barrios y montañas… aparecen mezclados, traídos de otras partes (como el monte Kukulumendi, que pertenece al municipio de Loiu) o simplemente sacados de la chistera. De modo que —frikis de la geografía— no intentéis buscar Illumbe o Punta Margúa en los mapas, ya que no los encontraréis. Así como tampoco a las personas o empresas que se mencionan en el libro (aunque algún nombre pueda coincidir «por puro accidente»). Es todo parte de la gran mentira de la ficción.
Esta historia va de mentiras y secretos inconfesables, y yo también quiero confesar algo: fui un niño bastante mentiroso. No era algo que hiciera por maldad sino, supongo, que por remediar un caso grave de exceso de imaginación. Recuerdo que una vez aterroricé a mis compañeros de colegio con la historia de un muñeco que hablaba cuando nadie más estaba delante (creo que alguno de ellos lo recordará aún). En otra ocasión, les conté una historia fantástica sobre mi padre, reconvertido a espía y vendedor de armas en el extranjero. Hubo una llamada telefónica de mi tutor, incluso una cita con un psicólogo. Pero el diagnostico no debió de ser demasiado preocupante porque tuve una infancia de lo más normal.
El caso es que después aprendí a utilizar esta capacidad para algo decente: escribir historias y entretener a la gente con ellas. Y en este viaje he contado desde siempre con el apoyo y la confianza de mucha gente, comenzando por mi editora Carmen Romero, que ya lleva unas cuantas novelas caminando a mi lado, y Bernat Fiol, mi agente en SalmaiaLit.
La sección de agradecimientos siempre debe comenzar con mi hermano, Javi Santiago, que es de los primeros en leerse mis borradores, discutir ideas y darme mil y una referencias de libros y películas que «debo ver y leer» cuando estoy escribiendo una historia.
Mi amigo lector y escritor Juan Fraile hizo un extenso trabajo de corrección de pruebas y aportó grandes comentarios sobre la relación entre Alex y su madre, así como otro montón de buenísimas notas (incluida la mención friki a Andy Dufresne) y correcciones para el libro.
Borja Orizaola ayudó con los aspectos del protocolo policial y sacó unos cuantos fallos técnicos al borrador inicial. Posiblemente haya metido algún que otro patadón al diccionario de procedimientos de la Ertzaintza, pero eso será solo culpa mía.
Digo lo mismo de las recomendaciones y consejos de Pedro Varela, que aportó su gran experiencia como médico en la sección de dudas sobre heridas, golpes, amnesias e intoxicaciones varias.
Un especial agradecimiento a Maya Granero por las correcciones de tiempos, horas, detalles, calendarios lunares y tablas de mareas. Ha conseguido que la novela funcione como un reloj suizo.
Ainhoa, mi lectora número uno, consultora, psicóloga y la que más difícil me lo pone (a parte de yo mismo), ha tenido que bregar con una neurosis especialmente intensa durante las últimas etapas de la corrección. El confinamiento por el coronavirus no ayudó precisamente a la estabilidad emocional de este escritor. Gracias por aguantar mis momentos «Resplandor». Sé que escondiste un cuchillo por si hacía falta. Pues bien, ya no hace falta. Devuélvelo.
Y a vosotros queridos lectores y lectoras. Mi última novela se publicó en 2018 y ya habrán pasado dos años desde entonces. En todo este tiempo vuestra compañía ha sido fundamental para seguir adelante: me leéis, me recomendáis, venís a mis presentaciones y me escribís mensajes preciosos por las redes o a través de mi página. Sois la sal y la pimienta en los días solitarios de un escritor. No dejéis de hacerlo.
Lo cual me recuerda, lectores digitales, que nada más pasar esta última página tendréis la oportunidad de dejar una reseña. ¿Podéis hacerme todavía un poquito más feliz?
GRACIAS.
… Y antes de terminar, un último agradecimiento muy especial. Uno de esos que te estrujan la garganta…
Una de las personas más importantes de mi vida se marchó mientras escribía este libro. Se llamaba Begoña Garaikoetxea y era mi madre. Ella es la «sonrisa mágica» y la imagen de valentía y elegancia que impregna el personaje de Begoña Garaikoa en la novela. Ella, en realidad, es muchas cosas que sigo haciendo en mi vida, como contar historias y perseguir mi sueños, por difíciles que sean. Por todo ello, unas simples gracias se quedan muy cortas, pero las palabras, a veces, se quedan cortas incluso para un juntaletras como yo. Va por ti, ama. Gracias de corazón, ama.
Y espero veros a todos en la siguiente historia.
MIKEL SANTIAGO
Bilbao, 27 de marzo de 2020
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