El fin de la OTAN está en Ucrania y en el dólar

El fin de la OTAN está en Ucrania y en el dólar

@vakulinchuk


Después de dos años y medio de conflicto abierto entre la OTAN y la Federación Rusa debería quedar claro que se trata de un combate en el que no cabe un resultado de tablas.

Por un lado, la OTAN decidió utilizar Ucrania para debilitar a Rusia y por tanto, al mundo posthegemónico anglosajón personificado en los BRICS y la larga lista de aspirantes a formar parte de este nuevo orden más justo y democrático.

En esta pugna entre el viejo mundo y el nuevo que se abre inexorablemente paso, el régimen nacido en Kiev tras el golpe de Estado occidental ni siquiera tiene un papel secundario.

En primer lugar hay unas causas subjetivas, y es que millones de desplazados y sobretodo, millones de ucranianos que decidieron encontrar refugio en Rusia, no tienen la mínima intención de volver a Ucrania, al menos en las condiciones actuales. Y aunque lo hicieran, no tienen garantía alguna de que su opinión sea tenida en cuenta. De hecho, desde 2013, la opinión de los ucranianos importa muy poco en Bankova.

En cuanto a las razones objetivas que sostienen la anterior afirmación, hay que decir que para que Ucrania recupere su soberanía, en primer lugar, ésta tiene que garantizar su propia subsistencia como Estado, y garantizar el control sobre el territorio que comprende. Ninguna de estas cuestiones está definida: el país está sumido en la deuda, sus activos se han vendido y los que quedan, están a la venta. Y mientras Occidente siga guerreando contra Rusia en su territorio, obviamente no se podrá definir dónde empieza y dónde termina Ucrania.

De otra parte, los países europeos de la OTAN no arden en deseos de que un país en guerra forme parte de su organización y, en base al tratado firmado, les obligue a participar directamente con tropas contra Rusia. Como nos han repetido hasta la saciedad, la guerra contra Rusia durará "hasta el último ucraniano", pero no hasta el último británico, francés o alemán.

No obstante lo anterior, se va preparando a la opinión pública europea sobre la vuelta al servicio militar obligatorio. Se aporrean los tambores, pero los que mueren son fundamentalmente eslavos ucranianos.

En este contexto, lo que digan las marionetas en Kiev no será más que la voz de su amo y por supuesto no lo harán en favor de los intereses de una población que está en paradero desconocido en una Europa occidental que se ha cansado de mantenerla a mesa y mantel, o está escondida y a la defensiva contra el aparato no ya represor, sino de martirio de (lo que queda) de Estado, o está en Rusia. Es decir, la mayoría de los ucranianos hace tiempo que dejaron de creer en Ucrania. El país ha implosionado, o para ser justos, hay que decir que ha sido una voladura provocada por la OTAN.

Por tanto, cualquier afirmación en el sentido de afirmar que "Ucrania" quiere esto o aquello, es simplemente una falacia. No hay elecciones, no hay votantes, no hay partidos, no hay opciones. Sólo hay imposición de la OTAN.


Volviendo a la cuestión principal, la OTAN, el occidente colectivo liderado por EEUU y su principal vasallo británico, se la juega en Ucrania. La derrota en Ucrania contra la Federación Rusa se gestiona a largo plazo. Si los acuerdos de Minsk sirvieron para ganar tiempo y armar el frente ucraniano, la derrota del régimen de Kiev sirve para que la OTAN gane tiempo y prepare nuevos y cada vez más desesperados ataques contra Rusia. Mientras el púgil siga en el cuadrilátero, hay velada. Pero por más que suministren calmantes a su boxeador, la locomotora económica de la otredad multipolar sigue a toda máquina, aumentando de velocidad. Mientras EEUU lanza papeles verdes a la chimenea, los BRICS echan leña de encina y roble. Y esta es la cuestión principal sobre la supervivencia o no de la OTAN y de la hegemonía occidental: mantener la guerra para mantener una divisa hiper inflacionada para poder mantener la guerra. O como suelen decir los italianos: "Lavorare per comprare la macchina, per andare a lavorare per pagare la macchina.", pero a nivel macroeconómico y civilizatorio.

En este sentido la pregunta es: qué será antes, ¿la caída del brazo político o del brazo militar? En mi opinión, el imperio occidental está obligado a pelear hasta el último aliento, porque tras la crisis del 2008 no se tomaron medidas para detener este viaje a ninguna parte, y antes de que eso ocurra, y con los peligros que para la Humanidad misma conlleva, hace falta una debacle económica.

El frente económico es más bélico que el propio frente militar y esta es la urgencia y la obligación moral de los BRICS (y de cualquier país que quiera sobrevivir a un verdadero holocausto).

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