El amor cura

El amor cura

 

El famoso cardiólogo ruso Vladimir Almazov tenía en su consulta un corazón humano en un frasco de alcohol.

Muchos se preguntaban por qué.

Pero él se lo explicó a sus alumnos utilizando una vieja foto -dos personas, jóvenes, enamoradas, en su boda- y contó una historia real que combina medicina y humanidad de forma conmovedora.

En los años 50, cuando Almazov aún estudiaba medicina en San Petersburgo, una joven llamada Marina ingresó en el hospital con un diagnóstico de endocarditis bacteriana subaguda. El pronóstico: desesperanzador. Su corazón estaba debilitado, su fiebre era incesante. Nadie creía que pudiera salvarse.

Pero había un joven médico en formación, Sergej, tranquilo, trabajador y comprometido. No pudo curar su enfermedad. Pero se enamoró de ella.

Día tras día, acudía a su cabecera, le hablaba, le llevaba flores. Y en algún momento, el corazón de Marina empezó a flaquear. Sus valores mejoraron, recuperó las fuerzas y se recuperó por completo en contra de todas las expectativas médicas.

Poco después se casaron. La famosa foto fue tomada el día de su boda, con Almazov como invitado. Formaron una familia y vivieron juntos durante muchos años.

Décadas más tarde, Marina, ya anciana y gravemente enferma, agonizaba. Sus últimas palabras a los médicos fueron:

"Me gustaría legar mi corazón a la facultad de medicina de San Petersburgo. Como recuerdo de que un corazón enfermo puede ser curado por un corazón amoroso".

Y fue precisamente este corazón el que permaneció en el despacho de Almasov. No como un espécimen médico, sino como un símbolo de lo que ni la ciencia ni la tecnología pueden sustituir: El A m o r



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