El Lago Dilolo
Por René Rodríguez Rivera
Este mes se cumplen 45 años de la Operacion Carlota. El dia 28 de Noviembre de 1975 partí para Angola como médico de un batallon,en realidad era una Compañia Especial de 289 hombres.Ya he hecho varios relatos en SC pero creo que este no.
El dia 5 de enero partimos hombres y técnica de combate por el ferrocarril de Benguela rumbo al este, desde el pueblo de Texeira de Souza, en la frontera con el Congo. Un día antes se había destruido el puente sobre el rio Kassai pues el enemigo amenazaba con mercenarios desde la provincia de Katanga, en el Congo Kinshasa, desde la otra orilla.
La operacion se realizó lo mas rápido posible porque había que montar en el tren tanques y artilleria reactiva. Avanzamos lentamente y unas dos horas después llagamos a un pueblito llamado Luacano. Yo me encontraba solo con dos sanitarios y por eso le habia solicitado al Comandante Valles Lazo, Jefe de las tropas, un médico cirujano y un anestesista, ya que las distancias eran enormes y quizas habría heridos con los que tendría que tomarse una conducta quirurgica antes de poder evacuarlos.
En Luacano puse el puesto médico al lado de la pequeña estación del ferrocarril, en una vivienda. Las tropas avanzaron unos 500 metros y establecieron una linea de defensa a ambos lados de la linea ferrea. La tarde y la noche transcurrieron tranquilas e invertimos el tiempo en ordenarlo todo. A media mañana del siguiente dia llegó el Oficial Segundo al Mando de la Retaguardia, que se llamaba Daniel Sibori; era un cubano típico, con muchas ocurrencias. Me dijo que había un problema en el pueblo porque los pocos comercios estaban cerrados debido a que los portugueses, dueños de los mismos, se habian marchado. Sibori vino acompañado del Político de las FAPLA en el pueblito.
´´Mira --me dijo--, queremos que tú vengas con nosotros para tratar de convencer a los comerciantes que regresen; esán en unas casas que tienen en el lago Dilolo, como a dos horas de camino de aqui´´.
Le respondí que yo no podía moverme sin autorizacion de los Comandantes Valles o Colas, que era mi jefe directo. El Político de las FAPLA me dijo que era muy importante que yo fuera, por si tenían enfermos y que él hablaría con los Comandantes. Me quede´esperando los resultados de la gestión.

Ya en la tarde regresaron y me dijeron que el Comandante Colas habia autorizado mi viaje y que hablaría conmigo. En la noche Colas se me acercó y me dijo que podia ir a ese viaje, porque al sitio donde iríamos no había llegado ni la guerra, pero que de todos modos enviaría una escolta con nosotros.
Sobre las 7am. del siguiente día partimos en un Land Rover todo terreno, seguidos por otro jeep con varios combatientes cubanos y angolanos --si mal no recuerdo eran cinco--.
Nuestros vehículos se adentraron en un llano interminable, por lo que parecía ser un camino. Había árboles, pero distantes de nuestra ruta. En la distancia vimos alguna gacelas que huyeron ante nuestra presencia.Unas dos horas despues se ofrecio´ a mi vista la bella imagen del lago Dilolo: grande, azul y de aguas tranquilas. Al doblar, por una elevación, vimos en una de sus orillas un pequeño número de viviendas y un muelle con varios botes amarrados.
Nos dirigimos directamente al pequeño caserío. A recibirnos salieron varios hombres blancos. Bernardo, el Político de las FAPLA, nos dijo:
“Esos son los portugueses”.
Al llegar y descender de los vehículos, los portugueses se adelantaron. Uno dijo: “Uds. son cubanos”. Respondimos que sí y le extendimos las manos que estrecharon.“Ya sabíamos que estaban en Luacano”, señalo´ otro más joven.
Sibori se adelanto´ y les dijo que veníamos a conversar con ellos para que regresaran al pueblo y abrieran sus comercios, pues la poblacion sufría. Un hombre viejo y delgado que estaba más atrás, señáló: “La UNITA llego´ al pueblo, nos amenazó y robó, por eso vinimos para acá”.
Bernardo les aclaró que el pueblo estaba ya en manos de las FAPLA y las tropas cubanas. El que parecía llevar la voz cantante dijo: “Vengan, vamos a conversar sobre este asunto” y nos llevó hacia una de las casas cercanas. Nos reunimos en la vivienda los seis u ocho portugueses, Sibori, Bernardo y yo. La escolta quedó afuera, en el portal de la vivienda.
El dueño de la casa trajo una garrafa de vino portugués e hicimos un brindis. Uno de los comerciantes tomó la palabra y dijo que ellos regrsarían a Luacano, siempre y cuando les garantizaran la propiedad y seguridad de sus comercios. Añadió sin muchos miramientos que el sabía que “los comunistas no querían negocios particulares” y que en el pueblo estaban los cubanos. esto lo dijo en muy buen portuñol.
Sibori hizo un ademán de hablar pero me le adelante´ y dije: “Señor, los cubanos hemos venido a luchar contra los surafricanos para ayudar a los angolanos, nosotros no hacemos leyes en Angola ni nos llevaremos nada cuando regresemos a nustro país, pueden estar tranquilos”. Hubo un silencio y después tomo´ la palabra el Politico de las FAPLA quien “disparó” una larga perorata en portugues. Nunca pensé verme metido en asuntos políticos pues mi razon de ser allí era atender heridos y enfermos, pero a veces la vida te lleva a situaciones como esas.
Mientras seguían discutiendo, atendí a varios pacientes en el portal de la vivienda, entre ellos varios portugueses y familiares. Se habia corrido la “bola” de que había llegado un médico; también repartí algunas medicinas.
Unas dos horas despues regresabamos con la promesa de un pronto retorno de los comerciantes a Luacano. Los mismos portugueses nos señalaron otro camino para regresar, porque segun dijeron por el que habíamos venido se habia visto movimiento de tropas de la UNITA.
Debo decir que sentí mucho no poder estar mas tiempo en aquel sitio tan bello y haberme bañado en las aguas del lago. Al atardecer ya habíamos llegado a Luacano. Al día siguiente volvimos a avanzar por el ferrocarril hacia otro pueblo llamado Caifuche. Allí, dos días después, nos llegó la noticia de que los portugueses habían regresado.
A nosotros nos esperaba un largo camino de cientos de kilómetros hasta la frontera con la República de Zambia, pero esa es otra historia.
(Publicado en Segunda Cita el 12 de noviembre de 2020: https://segundacita.blogspot.com/2020/11/el-lago-dilolo.html?m=1 )