El Cuarto Mono

El Cuarto Mono


30. Porter. Día 1 – 16:49

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Porter

Día 1 – 16:49

—Es antiguo. Descatalogado. —Watson estaba leyendo la minúscula pantalla de su iPhone mientras rondaba el libro sobre la mesa de Emory, con Porter y Nash—. El cálculo en la edad moderna, de Winston Gilbert, Thomas Brothington y Carmel Thorton. Se editó por primera vez en 1923, y parece que la última edición se agotó en 1987.

Se inclinó hacia la maleta negra Pelican que tenía a su lado y se incorporó con una pequeña brocha y polvos para las huellas dactilares. Metió la brocha en los polvos y comenzó a pasar las cerdas por encima del libro de texto, describiendo movimientos circulares con la mano para extender los polvos oscuros de manera uniforme por la cubierta.

—Buena suerte al devolverlo a la biblioteca. —Nash frunció el ceño.

Watson no le hizo el menor caso.

Volvió a meter la mano en la bolsa y sacó una linterna grande, la encendió y otra vez se inclinó sobre el libro.

—¿Es la reglamentaria? —preguntó Porter.

Watson lo negó con la cabeza.

—Es una Fenix 750. Tiene una matriz de luces led capaz de dar dos mil novecientos lúmenes, casi el doble que las que nos dan los de Suministros. También tiene infrarrojos y función estroboscópica.

Nash soltó un silbido.

—Cómo mola la puta linternita. Supongo que los policías le pedimos a Papá Noel una pipa nueva por Navidad, y vosotros le pedís linternas. Me parece de lo más lógico.

—¿Hay algo? —preguntó Porter.

Watson se inclinó un poco más.

—Solo veo un conjunto de huellas, las de Burrow, probablemente. Necesitaré una muestra para descartarla. Y miren el lomo. —Señaló el borde del libro—. No tiene una sola marca. Yo diría que este libro nunca lo han usado. Está en magníficas condiciones.

—No quiero sonar en plan conspiranoico, pero ¿crees que podría estar manipulado? —preguntó Nash.

Porter frunció el ceño.

—¿Manipulado?

—Sí, con una bomba o algo así. ¿Hueco por dentro, a lo mejor?

Watson empezó a abrir la cubierta.

—¡No, no lo…! —gritó Nash antes de apartarse hacia la pared.

La cubierta tocó la mesa con un golpecito seco y suave. Nash cerró los ojos con fuerza.

Porter leyó la primera página.

—No es más que un libro. Nada de bombas.

—Me voy a por agua —dijo Nash antes de desaparecer por el pasillo camino de la cocina.

Porter hojeó el libro. Watson tenía razón: para ser un libro que dejó de publicarse en 1987, parecía nuevo. Las páginas, brillantes y pegadas las unas con las otras. Aún despedía ese olor a libro nuevo que le traía recuerdos de la clase de lengua de tercero, la única ocasión en que recibió un libro de texto a estrenar.

—Si el CM ha colocado esto aquí, ¿qué crees que significa?

Watson suspiró.

—No lo sé. ¿Alguna vez ha dejado alguna pista?

—Ni una.

—Está intentando decirles algo, está claro. ¿Por qué se iba a molestar, si no?

—¿De dónde crees que lo ha sacado?

Watson fue pasando las páginas con el pulgar.

—Chicago tiene muchas tiendas de libros antiguos, pero no conozco ninguna que se dedique a los libros de texto.

—¿Quién iba a querer un libro viejo de matemáticas?

—¿Un profesor de matemáticas?

—¿Crees que procede de un colegio?

Watson reflexionó sobre aquello un instante y, acto seguido, negó con la cabeza.

—Si este libro hubiera pasado alguna vez por el sistema educativo, no estaría en estas condiciones. Los libros de texto no son para tenerlos guardados. Lo que se hace con ellos es uso y abuso.

—Vale, ¿qué me dices de algún proveedor?

Watson volvió a pasar las páginas hasta el principio. Pasó la vista por un texto en la segunda página, le dio unos golpecitos con el dedo y giró el libro para que Porter pudiese verlo.

—Se imprimió aquí, en Chicago. Esa dirección está a menos de cinco kilómetros de aquí; en Fulton.

Porter frunció el ceño.

—¿Has doblado tú la esquina de esa página?

—No, señor.

Alguien lo había hecho. La esquina de la página estaba ligeramente doblada, de forma apenas visible, pero aun así allí estaba la marca. El CM quería que la encontraran.

Porter sacó el teléfono, marcó el número de Kloz y le leyó la dirección. Colgó un instante después.

—Esa dirección corresponde a una nave declarada en ruinas que van a demoler pasado mañana.

Porter y Nash comprendieron la relevancia que tenía. El Cuarto Mono había dejado el cuerpo de su tercera víctima, Missy Lumax, debajo de una lona en el centro de una nave industrial abandonada. También estaba programada su demolición. Y también se encontraba en el distrito de Fulton River.

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