El Cuarto Mono
44. Porter. Día 2 – 6:53
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Porter
Día 2 – 6:53
Cuando Porter llegó a la sala de operaciones, Nash, Clair y Watson se encontraban de pie alrededor de una de las mesas, mirando la pantalla de un ordenador. Nash levantó la vista y le hizo un gesto para que se acercase.
—¿Has dormido algo?
—No he podido. ¿Y tú?
Por los ojos rojos e hinchados, Porter supo que ninguno de ellos lo había hecho. Dejó el abrigo en su mesa y se aproximó.
—¿Tenemos algo?
—Ya te digo si lo tenemos. Unos cuantos «algos». La novia de Eisley ha cumplido, para empezar. Mira esto.
Le dio la vuelta al ordenador portátil para dirigirlo hacia Porter.
—¿Qué es eso, una cabeza del museo de cera de Madame Tussauds?
Watson señaló la imagen.
—Ha hervido el cráneo, ha aplicado unos separadores para simular la profundidad de los músculos y demás tejidos, en veintiún puntos concretos, y después ha utilizado barro para rellenar la masa corporal. Había oído hablar de antropólogos forenses que realizaban reconstrucciones faciales así, pero nunca lo había visto. Es impresionante. Y hacerlo con tanta rapidez… Eisley ha dicho que no empezó hasta anoche.
Porter frunció el ceño.
—Un momento, ¿este es el CM?
Watson prosiguió, como quien no quiere la cosa.
—La novia de Eisley ya tenía el pelo del hombre, porque no quedó ni mucho menos tan dañado como la cara. Incluso aguantó la dentadura, así que eso también lo tenía. El color de los ojos ya lo conocía… No creo que sea muy diferente de esto. He comprobado su página web, y suele trabajar con cráneos de nativos norteamericanos hallados en excavaciones arqueológicas, con muchas más incógnitas y muchas más conjeturas. Con esto es posible que haya ido de un tirón.
—Creo que a Watson se le acaba de poner dura con la novia de Eisley —dijo Nash.
Watson le lanzó una mirada de soslayo.
—Me limito a señalar que creo que se trata de una representación precisa del Cuarto Mono, generada en un tiempo récord, eso es todo. La maestría y destreza en su arte son increíbles. No se puede obtener este nivel de detalle con un renderizado en 3D por ordenador. Este tipo de precisión requiere de una mano especial.
—Pues a mí me pone un mal cuerpo de cojones —respondió Nash—. Es como si te estuviera mirando. Como esos cuadros en que los ojos te van siguiendo por toda la habitación. Repulsivo.
—Clair, quiero que le saques unas fotos a esto y que te pases por todos los centros de tratamiento del cáncer sobre los que hablamos ayer. Entre los medicamentos y esta imagen, quizá seamos capaces de identificarlo —dijo Porter.
—Ah, tenemos más, grandullón —le dijo Clair—. Mientras tú te quedabas durmiendo hasta las tantas, los demás hemos estado trabajando.
Porter miró su reloj.
—Ni siquiera son las siete.
—Joder, ya has desperdiciado casi la mitad del día.
Porter puso los ojos en blanco.
—¿Qué más habéis encontrado?
—¿Nuestra víctima del edificio de Ediciones Mulifax? Era Gunther Herbert, director financiero de la Corporación Talbot, entre cuyos negocios se incluyen la promotora inmobiliaria Talbot, la urbanización de Moorings y otra docena de empresas. Su mujer denunció su desaparición hace cinco días. Se marchó a trabajar y ni siquiera llegó a su destino. Eisley lo ha identificado hace una hora. También ha situado la muerte hace unos cinco días, así que lo más probable es que lo secuestraran cuando iba camino de la oficina.
—¿Se lo habéis contado ya al capitán?
—Hay más, Sam —dijo Nash—. Cuéntaselo tú, mamá osa.
Clair sonrió de oreja a oreja.
—¿Los zapatos que llevaba puestos el muerto número uno cuando se dio de morros contra el autobús? Las huellas que sacó Nash han vuelto del laboratorio con una coincidencia.
—¿Quién?
Nash hizo un redoble con los dedos en el filo de la mesa.
—Arthur Talbot.
—¿Me has llamado «mamá osa»?
Porter silenció a Nash antes de que pudiera responder.
—¿Los zapatos pertenecen a Talbot?
—Parece el tipo de tío que se compraría unos zapatos de mil quinientos dólares, ¿no?
—¿Y por qué iba a llevar puestos los zapatos de Talbot el CM?
—Por el mismo motivo por el que se llevó a su hija. Ese hombre hizo algo malo, y el CM quiere que lo sepamos. No quiere que demos ningún traspié, así que nos lo está poniendo todo en bandeja, bien colocadito y ordenado —dijo Nash—. No sé cómo, pero le mangó los zapatos a Talbot, los rellenó con papel de periódico para que no le bailasen los piececitos y se los puso antes de tirarse delante del autobús.
—Clair, intenta que Hosman te coja el teléfono. Averigua por dónde va con el tema económico. Tenemos que acelerar esto —le indicó Porter.
Clair cogió su móvil de la mesa y se dirigió al rincón mientras marcaba el número.
Porter se volvió hacia Watson.
—¿Algo sobre el reloj?
Watson hizo un gesto negativo con la cabeza.
—Le he enseñado una foto a mi tío, pero me ha dicho que tiene que ver el objeto real para poder ser de verdadera ayuda. He intentado sacar el reloj del almacén de pruebas, pero solo se lo darán a usted o a Nash.
Porter elevó la mirada al techo. Lo último que necesitaba ahora era que le ralentizaran las directrices del departamento.
—Cuando acabemos aquí, iré para allá contigo.
—Una última cosa —dijo Nash—. Los federales quieren meter las narices en este caso; han estado llamando toda la noche desde la oficina de la delegación local. Emory es mayor de doce años, y no hay pruebas de que se haya producido ningún traslado interestatal, así que la decisión es nuestra.
—Veamos por dónde va Hosman. Quizá nos podrían ayudar con los libros de Talbot. ¿Algo más sobre Moorings o Mulifax desde la última vez que hablamos?
Nash negó con la cabeza.
—Se han recorrido todas las casas, han encontrado el rastro de un par de okupas, pero nada más. Si el CM la tenía allí, ya no está. Todavía están peinando los túneles, pero hay kilómetros, por toda la ciudad. No la vamos a encontrar ahí abajo a base de dar palos de ciego. Necesitamos algo que nos oriente. Aparte del cadáver, Mulifax no era nada.
—El CM nos condujo allí. Hay un motivo. Es probable que esté…
—Sí, en sus negocios, ya lo pillo —le interrumpió Nash—. Los federales, Hosman y los negocios: ya lo tengo asumido.
—¿Porter? ¿Puedo hablar contigo un segundo?
El capitán Henry Dalton estaba en la puerta. Nadie lo había visto llegar. Llevaba el pelo peinado hacia atrás, con sus entradas, todavía húmedo de la ducha, el traje limpio y bien planchado.
Porter lanzó una rápida mirada a Nash y a Clair.
—Disculpadme.
El capitán le puso la mano en el hombro y lo sacó al pasillo. Miró en ambas direcciones y, una vez confirmado que estaban a solas, habló en voz baja.
—Escúchame, los chicos de la Cincuenta y uno cogieron anoche a un chaval en un intento de robo. Intentaba atracar un 7-Eleven en el East Side con un treinta y ocho. Dio la casualidad de que había en la tienda un agente fuera de servicio que pudo con él y lo redujo sin un solo disparo. Han analizado el arma, y coincide con la de, bueno…, con el arma de lo de Heather.
A Porter se le retorció el estómago con un dolor tan fuerte que creyó que se iba a doblar allí mismo. Respiró hondo e intentó combatirlo. Sintió el peso de su propia pistola bajo el brazo, el arma que se suponía que no debía llevar en ese instante. En teoría, seguía estando de baja. No le permitirían llevar un arma hasta que superase una evaluación y el loquero le firmase el visto bueno, hasta que lo considerasen preparado. De no haber surgido de nuevo el caso del CM, seguiría en casa esperando noticias, cualquier noticia, algo que lo ayudase a pasar el día. Pero el caso había vuelto a surgir, y le habían llamado. Y él había agradecido la distracción, cualquier cosa mejor que tanta espera; que tanta espera y tanta soledad.
Deslizó la mano en el bolsillo y rodeó el teléfono con los dedos. Quería llamarla. Quería oír su voz.
Te has puesto en contacto con Heather Porter. Como esto es el buzón de voz, lo más probable es que haya visto que eras tú quien llamaba y haya decidido que no quiero…
—Tengo que ir para allá —anunció Porter.
Su voz sonó como la de un niño pequeño. La que él tenía cuando era niño, la voz de cuando no había ningún mal, solo la vida y cosas buenas por delante.
—Lo sé —dijo el capitán Dalton—. Ya les he dicho que cuenten con verte por allí.
A Porter se le formó una lágrima en uno de los ojos, y la apartó rápidamente, antes de volver a meterse en el bolsillo la mano temblorosa.
Dalton se percató y le ofreció una sonrisa de preocupación.
—Quizá debería llevarte alguien.
Porter abrió la boca para discutírselo, pero se lo pensó mejor. No quería apartar del caso a Nash ni a Clair, no en aquel momento.
—Haré que Watson me lleve.
El capitán Dalton miró al interior de la habitación y asintió.
—Lo cazaron anoche en pleno intento de robo, pero nadie le ha dicho al detenido que tienen una coincidencia con el arma. Les he explicado tu situación y han accedido a esperar hasta que llegues allí como observador. Les he prometido que eso es todo cuanto vas a hacer: observar. Hazte a un lado y déjales hacer su trabajo. Le sacarán una confesión al chaval.
—Sí, señor.
Dalton le puso la mano en el hombro.
—Siento mucho que estés pasando por esto, de verdad.
—Gracias, señor.
Dalton tomó aire, asintió y se dirigió hacia la puerta de la sala de operaciones.
—¡Nash! ¿Dónde coño está tu último informe? Tengo una docena de periodistas acampados a las puertas de mi despacho. Tengo que echarles algunas sobras a esos perros.
Nash se encogió de hombros.
—Nos dijo que nos fuésemos a casa a descansar…; no hubo tiempo para el papeleo. Puede pasar y sentarse si quiere mientras asignamos las tareas.
Dalton se detuvo en la puerta y se dio la vuelta.
—Ah, Porter.
—¿Sí?
—Deja la de repuesto en el coche. No quiero una notificación que diga que vas armado. Querrían dejar constancia de ella en la rueda de reconocimiento.
Porter asintió.
—Sí, señor.
Clair colgó el teléfono y se acercó.
—Hosman podría tener algo; quiere que subamos.
—Ve con Nash, yo tengo que ocuparme de algo en la Cincuenta y uno. Y me llevo a Watson conmigo.
—¿Me vas a dejar sola con ese neandertal?
A Porter se le humedecieron los ojos. Se dio la vuelta. Clair miró al capitán.
—Ah —murmuró en voz baja—. Vale, solo… solo llámame si necesitas algo.
Porter forzó una sonrisa y asintió.
—Gracias, mamá osa.
La detective le dio un puñetazo en el hombro.
—No empieces tú también. Vaya par de gilipollas estáis hechos los dos.
Porter le guiñó un ojo y asomó de nuevo la cabeza por la sala de operaciones.
—¿Watson? Vámonos a ver lo de ese reloj.
TABLÓN DE PRUEBAS
Víctimas
1. Calli Tremell, 20 años, 15 de marzo de 2009
2. Elle Borton, 23 años, 2 de abril de 2010
3. Missy Lumax, 18 años, 24 de junio de 2011
4. Susan Devoro, 26 años, 3 de mayo de 2012
5. Barbara McInley, 17 años, 18 de abril de 2013 (única rubia)
6. Allison Crammer, 19 años, 9 de noviembre de 2013
7. Jodi Blumington, 22 años, 13 de mayo de 2014
Emory Connors, 15 años, 3 de noviembre de 2014
Salió a correr a las 18:03 de ayer
TYLER MATHERS
Novio de Emory
ARTHUR TALBOT
¿Negocios?
Cadáver hallado en el edificio de Ediciones Mulifax (propiedad de Talbot) identificado como Gunther Herbert, director financiero de la Corporación Talbot
Algo turbio en la urbanización de Moorings (propiedad de Talbot)
N. BURROW
¿Criada? ¿Niñera? Un poco de ambas Institutriz
OBJETOS HALLADOS EN EL CM
Zapatos caros: John Lobb/1.500 $ el par; son del 45: el sujeto desconocido calza un 43 – tienen las huellas de Talbot
Traje barato
Fedora
75 centavos en distintas monedas (dos de 25, dos de 10 y una de 5)
Reloj de bolsillo
Recibo de la tintorería (resguardo 54873); Kloz – filtrar los establecimientos
Cáncer de estómago terminal – medicación: octreótido, trastuzumab, oxicodona, lorazepam
Tatuaje, cara interna muñeca derecha, reciente – ¿Un ocho? ¿Infinito?
Libro de cálculo – dejado por el CM – conduce a:
NAVE DE EDICIONES MULIFAX
Huella parcial hallada en una vagoneta en la boca del túnel. Utilizada probablemente para trasladar el cuerpo
Deja oreja, ojos y lengua en cajas (de Gunther Herbert) – folleto en el cadáver y cajitas conducen a:
URBANIZACIÓN MOORINGS LAKESIDE
Búsqueda exhaustiva – no hallamos nada
Grabación en vídeo – parece que el CM se suicida, no hay una imagen clara del rostro
Información que necesitamos
– Antecedentes relacionados con la madre de Emory
– Reconstrucción facial – Hecha
Asignación de tareas
– Nash y Clair van a ver a Hosman
– Clair – organizar una ronda por los centros de tratamiento contra el cáncer con la imagen del sujeto desconocido
– Kloz: investigar el resguardo de la tintorería
– Watson: ver a su tío por el reloj, con Porter