El Cuarto Mono
63. Clair. Día 2 – 15:56
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Clair
Día 2 – 15:56
Clair aplastó una lata vacía de Pepsi y la tiró a la papelera que había junto Nash.
—¿Cuánto ha pasado?
—¿Desde que entró, o desde la última vez que me lo has preguntado? —respondió Kloz.
Clair hizo un gesto negativo con la cabeza.
—Ninguna de las dos…, no, las dos… Yo qué sé. ¿Por qué están tardando tanto?
—Doce minutos desde la última vez que me lo preguntaste. Tres horas y media desde que llegó al hospital. Tres horas y doce minutos desde que se lo llevaron al quirófano.
—Esto es culpa mía —dijo Nash a nadie en particular—. Di por sentado que el chaval era de criminalística. Estaba fotografiando la escena; tenía todas las credenciales en regla. Había otra docena de técnicos danzando por allí, y nadie lo señaló como un impostor de ninguna clase.
—No era un impostor —repuso Kloz—. Sobre el papel, por lo menos, lo tenía todo en orden. Lo he comprobado con su supervisor. En el registro de recursos humanos figura como trasladado desde Tucson hace dos meses. Nadie verificó el traslado por teléfono, se fiaron de la documentación electrónica.
—Que era falsa, ¿no?
Kloz asintió.
—Uno de los mejores hackeos que he visto. Según su teniente, Watson…, quiero decir, Bishop… ha trabajado en una docena de casos o más desde que llegó. La mitad de su unidad jura que es una especie de supercriminalista. Ha resuelto dos asesinatos con un simple vistazo de las salpicaduras de sangre. Joder, de haber seguido, lo más probable es que estuviera al mando del departamento en un par de años.
Clair parecía confundida.
—Pero has dicho que sus huellas han dado como resultado un nombre distinto. ¿Cómo es que tú lo has cazado y el Laboratorio de Criminalística y recursos humanos no?
—Sus huellas han aparecido en dos personas distintas. Una de ellas respaldaba la identidad de Paul Watson, pero ha salido una ficha de menores correspondiente a Anson Bishop. Yo pienso que hackeó el registro y creó la ficha del adulto para pasar las comprobaciones de antecedentes. En esas comprobaciones no tienen acceso a los ficheros de menores.
—Pero tú sí.
Kloz puso los ojos en blanco.
—A ver, oficialmente no. El fichero de menores estaba sellado. Solo tienes que saber dónde mirar. Olvídate de cómo lo he conseguido. La cuestión es que no puedes ver el nombre de una ficha de menores hasta que la abres, así que probablemente pensaron que esa ficha correspondía a Paul Watson. El código que figuraba era de un hurto en una tienda, nada lo bastante serio para impedirle la entrada en el Laboratorio de Criminalística, de modo que quienquiera que revisara su ficha en un principio pasó por alto aquellos cargos y siguió adelante. Y eso suponiendo que pudieran ver el registro, que ya es mucho suponer. Dudo sinceramente que nadie escarbase tan hondo, sobre todo si vino con los papeles del traslado.
—¿Qué sabemos de Anson Bishop? —preguntó Clair.
Kloz soltó un bufido.
—No sabemos una mierda. Llamé a Porter en cuanto averigüé esto. —Respiró hondo—. Qué mierda, ¿creéis que esto es culpa mía? Quiero decir que, si no le hubiese llamado, aún estarían por ahí siguiendo pistas. Bishop no habría tenido ninguna razón para hacerle daño. Joder, he sido yo.
La habitación se quedó en silencio.
Kloz echó un vistazo a sus caras.
—Venga ya, tíos, se supone que tenéis que decir que no es culpa mía, que algo así habría pasado de todas formas.
Nash le pegó un puñetazo en el hombro.
Kloz dio un respingo y se frotó la zona con la mano.
—¿Qué cojones haces?
—Si Porter se muere, te tragas los putos dientes —gruñó Nash.
—Deja ya de hacer el neandertal —espetó Clair. Se volvió hacia Kloz y añadió—: Por supuesto que no es culpa tuya. Intentaste avisarle. Cualquiera de nosotros habría hecho lo mismo.
Un médico con gafas de montura metálica fina y el cabello oscuro entró en la sala desde el pasillo que había a la espalda del grupo, dedicó una peculiar mirada a los dos hombres y se volvió hacia Clair.
—¿Detective Norton?
Clair se levantó.
—¿Sí?
—Su amigo ha salido del quirófano sin mayores contratiempos. Es un hombre muy afortunado. Tenía el cuchillo a menos de tres milímetros de una de las principales arterias. Con la más leve desviación de la trayectoria, se habría desangrado en menos de un minuto. Tal y como está, sin embargo, la herida es bastante superficial: poco más que el tejido dañado. Seguramente lo dejaremos aquí esta noche, pero no veo razón para que se quede más tiempo.
Clair rodeó al hombre con los brazos y casi le tira al suelo el portapapeles que llevaba en la mano.
—¿Podemos verlo? —preguntó Nash.
El médico, incómodo, se apartó de Clair y asintió.
—Se acaba de despertar, y ha estado preguntando por ustedes. En condiciones normales, nunca permitiría visitas tan pronto después de una intervención quirúrgica, pero ha dejado muy claro que se encuentran en plena investigación y que vendría él hasta ustedes si no los hacía pasar a todos. No puedo tenerlo dándose paseos por el hospital, así que haré una excepción. Por favor, intenten ser breves. Tiene que descansar. —Les hizo un gesto hacia el pasillo—. Vengan conmigo.
La habitación 307 era compartida, y la cama más próxima a la puerta estaba vacía. Clair sintió que le daba un vuelco el corazón al doblar la esquina y ver a Porter, en la segunda cama, conectado a un monitor del ritmo cardíaco y con una vía intravenosa en la muñeca. Giró la cabeza hacia ellos cuando entraron en la habitación, con una mirada distante y vidriosa en los ojos.
—Diez minutos —dijo el médico antes de dar media vuelta y regresar hacia el mostrador de enfermería.
Clair se acercó a la cama y le cogió la mano a Porter.
—¿Cómo te encuentras, Sam?
—Como si alguien me hubiese apuñalado en la pierna con mi propio cuchillo de cocina —respondió. Su voz sonaba ronca, congestionada.
—Vamos a cogerle —señaló Nash.
Kloz se aproximó vacilante, con la cabeza baja.
—Lo siento, Sam.
—No es culpa tuya —aclaró Porter—. Tendría que haber visto los indicios. Había algo raro en él.
—No había nada raro en él —dijo Nash—. Nos ha engañado a todos.
—¿Qué sabemos de él?
Kloz le habló de las huellas y del fichero de menores.
—Aparte de eso, no tenemos nada. Hemos sacado su foto de la identificación y se la hemos pasado a los medios. La están emitiendo a cada oportunidad que se les presenta. El capitán ha dado ya tres ruedas de prensa, y tiene otra programada para las noticias de las seis.
Vibró el móvil de Clair, y esta miró la pantalla.
—Tyler Mathers está en la Central Judicial. Lo van a retener todo el tiempo que puedan, pero lo más probable es que esté en la calle en unas horas. Insiste en que no sabe nada más que lo que ya nos ha contado. Le han mostrado la foto de Bishop, pero no lo ha reconocido.
—¿Tyler Mathers? —Porter frunció el ceño—. ¿Cómo encaja en todo esto?
Clair le contó lo que habían averiguado: que Kittner recibió dinero por quitarse la vida y que Tyler se había llevado los zapatos de Talbot y había colocado pistas.
—Watson es el CM —murmuró Nash en voz baja—. O Bishop, o quien sea. Ese cabroncete lo ha estado orquestando todo delante de nuestras narices.
Porter trató de asimilarlo todo, su cabeza luchaba contra el goteo de los analgésicos.
—Ya sé que queréis quedaros aquí, pero os necesito de vuelta en la comisaría investigando a ese tío. —Cambió el peso del cuerpo hacia la derecha—. Aún tiene a Emory, y ahora que su tapadera ha saltado por los aires, me imagino que acelerará sus planes. A Emory se le acaba el tiempo. A nosotros se nos acaba el tiempo. ¿Indicó alguna dirección en su papeleo con recursos humanos?
Kloz asintió.
—Sí, pero corresponde al domicilio de Kittner.
Porter se retorció en la cama e hizo una mueca de dolor al instante.
—Con cuidado, Sam. No querrás que empeore esa herida —balbuceó Nash, preocupado.
—Ese malnacido sabía exactamente cómo apuñalarme. Ha bastado con siete puntos para volver a cerrar la herida. Eso sí, cómo duele la hija de puta.
—Si hubiera querido matarte, lo habría hecho. Solo quería ralentizarte —expuso Kloz.
Porter volvió a cambiar el apoyo del cuerpo.
—Tenía que haberme llevado a uno de vosotros. Lo he pasado mal con todo esto, y no tengo muy claro aún con qué temas de conversación me siento cómodo. Supongo que llevarme al chaval a la Cincuenta y uno era la salida fácil.
Clair le cogió la mano.
—Somos una familia, Sam. Puedes hablar con cualquiera de nosotros o con ninguno. Basta que sepas que estaremos todos aquí cuando estés listo.
—Lo han cogido —dijo Porter—, al tío que le disparó. Lo pillaron en otro atraco, y el cajero de nuestra tienda lo ha identificado. Se acabó.
Clair le apretó la mano.
—Ya nos imaginábamos que te habías bajado para allá por algo así. Si necesitas algo, solo tienes que pedirlo. ¿Vale?
Porter aceptó.
—Volvamos a centrarnos y a repasar lo que sabemos.
—¿Seguro que estás listo para hacerlo? —preguntó Nash.
—Sigo un pelín grogui por la anestesia, y me están metiendo unos analgésicos maravillosos. Supongo que eso me atonta hasta vuestro nivel, y vosotros no tenéis mayores problemas.
—Lo bastante listos para no dejarnos apuñalar.
Porter le hizo un gesto de desdén con la mano.
—Clair, ¿podrías repasar el tablón de pruebas desde aquí?
La detective asintió y sostuvo el móvil en alto.
—Aquí lo tengo todo. —Pulsó el móvil un instante y abrió la aplicación de notas—. Muy bien, nuestro hombre del depósito no es el Cuarto Mono. En cambio, tenemos al escurridizo Anson Bishop. —Se volvió hacia Kloz—. Quiero que vuelvas a la comisaría y lo indagues todo sobre él, absolutamente todo lo que puedas, en especial sus movimientos por la ciudad. Podríamos tener suerte y dar con Emory gracias a los datos del GPS de su móvil. Conseguiré una orden.
—Es probable que haya usado un desechable —señaló Kloz.
—Quizá sí, o quizá no. No esperaba que averiguásemos quién era, todavía no, por lo menos. Tal vez deberías escarbar también en la identidad de Paul Watson. Ahí podría haber algo.
—Tenemos que comprobar el registro de entrada —dijo Porter.
Clair frunció el ceño.
—¿Qué registro de entrada?
—Tuvimos que registrarnos al entrar en la Cincuenta y uno. Eso significa que dio un teléfono de contacto y una dirección.
Nash sacó su móvil y comenzó a marcar.
—Ya estoy en ello.
Clair prosiguió:
—Sabemos que los zapatos que llevaba Kittner fueron cosa de Bishop. Quería que muriese con ellos puestos para que siguiéramos el rastro hasta Talbot. Eso significa que todos los demás objetos que llevaba encima son posibles pistas.
—Unas monedas, el resguardo de una tintorería, un sombrero de ala ancha, un reloj de bolsillo… ¿Qué significa todo eso?
—Resuélvelo —masculló Porter.
—¿Qué?
Porter hizo un gesto negativo con la cabeza.
—No es más que una expresión que utiliza varias veces en el diario. ¿Te importa dármelo? Lo tenía en el bolsillo de los pantalones cuando me ingresaron.
Clair miró por la habitación y localizó los objetos personales de Porter en una bolsa de plástico sellada sobre un estante del armario a la derecha del cuarto de baño. Sacó el diario y se lo entregó.
—Ya que me tengo que quedar aquí, me lo terminaré. No me falta mucho.
Nash colgó el teléfono y regresó junto a la cama de Porter.
—Indicó una dirección en LaSalle…, no la de Kittner, sino un sitio nuevo: Apartamentos Berwyn.
—Vale, eso tiene que significar algo. Que Espinosa se reúna allí con Clair y contigo —ordenó Porter.
—¿Cuál crees que es su objetivo final? —preguntó Nash—. Tenemos mucha información sobre Talbot, pero ni una puñetera cosa que baste para acusarlo de algo serio. Me imagino que eso significa que Bishop no ha terminado aún. Nos sigue faltando algo.
—Talbot necesita a Emory viva para terminar su proyecto urbanístico a orillas del lago —dijo Clair.
—¿Cómo es eso? —preguntó Porter.
Clair le habló sobre su entrevista con Talbot.
—Eso no significa que Bishop la necesite viva —contrarrestó Nash—. Si acaso, la mataría con tal de tumbar el proyecto.
Porter reflexionó sobre aquello durante un minuto.
—Estoy de acuerdo con Nash. El CM siempre mata al ser querido de la persona que ha delinquido. No creo que Emory le importe un pimiento mientras él pueda acabar con Talbot. Yo diría que se marchó de mi casa y se fue directo a donde sea que la tenga retenida. Quiere rematar esto. Para él, creo yo, todo acaba con ella.
TABLÓN DE PRUEBAS
CM = PAUL WATSON = ANSON BISHOP
Víctimas
1. Calli Tremell, 20 años, 15 de marzo de 2009
2. Elle Borton, 23 años, 2 de abril de 2010
3. Missy Lumax, 18 años, 24 de junio de 2011
4. Susan Devoro, 26 años, 3 de mayo de 2012
5. Barbara McInley, 17 años, 18 de abril de 2013 (única rubia)
6. Allison Crammer, 19 años, 9 de noviembre de 2013
7. Jodi Blumington, 22 años, 13 de mayo de 2014
Emory Connors, 15 años, 3 de noviembre de 2014
Salió a correr a las 18:03 de ayer
TYLER MATHERS
Novio de Emory – sobrino de -
JACOB KITTNER – hombre atropellado por el bus
ARTHUR TALBOT
¿Negocios?
Cadáver hallado en el edificio de Ediciones Mulifax (propiedad de Talbot) identificado como Gunther Herbert, director financiero de la Corporación Talbot
Algo turbio en la urbanización de Moorings (propiedad de Talbot)
Emory: propietaria del terreno en urbanización Moorings
N. BURROW
¿Criada? ¿Niñera? Un poco de ambas Institutriz
OBJETOS HALLADOS EN EL CM – KITTNER
Zapatos caros: John Lobb/1.500 $ el par; son del 45: el sujeto desconocido calza un 43 – tienen las huellas de Talbot
Traje barato
Fedora
75 centavos en distintas monedas (dos de 25, dos de 10 y una de 5)
Reloj de bolsillo
Recibo de la tintorería (resguardo 54873); Kloz – filtrar los establecimientos
Cáncer de estómago terminal – medicación: octreótido, trastuzumab, oxicodona, lorazepam
Tatuaje, cara interna muñeca derecha, reciente – ¿Un ocho? ¿Infinito?
Libro de cálculo – dejado por el CM – conduce a:
NAVE DE EDICIONES MULIFAX
Huella parcial hallada en una vagoneta en la boca del túnel. Utilizada probablemente para trasladar el cuerpo. Huella = Watson/Bishop/CM
Deja oreja, ojos y lengua en cajas (de Gunther Herbert) – folleto en el cadáver y cajitas conducen a:
URBANIZACIÓN MOORINGS LAKESIDE
Búsqueda exhaustiva – no hallamos nada
Grabación en vídeo – parece que el CM se suicida, no hay una imagen clara del rostro
Asignación de tareas
– Nash y Clair van a ir a la dirección en LaSalle (apartamento de CM/Bishop)
– Kloz: investigar a Watson/Bishop/CM
– Porter: terminar el diario