Editorial | Ser demócratas es ser anti-fascistas.

Editorial | Ser demócratas es ser anti-fascistas.

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El mundo enfrenta una enorme amenaza: el auge de los populismos de derechas, con claros tintes capitalistas, neoliberales y fascistas supone un retroceso brutal de los avances democráticos conseguidos durante las últimas décadas.

Como personas de izquierdas, e incluso quienes no se consideran de izquierdas pero asumen la democracia y sus postulados como el mejor sistema político y social en el que podemos desarrollarnos, tenemos que asumir la lucha activa contra los movimientos de ultraderecha que ya se están haciendo con el poder, no solo político, sino también con el relato, las ideas y los pensamientos. En todo el mundo la libertad de las mujeres, las diversidades sexuales y de género, los derechos de los trabajadores y las iniciativas populares democráticas están fuertemente amenazadas por la extrema derecha que propone una vuelta a un pasado oscuro que ya creíamos superado.

Si nos consideramos demócratas, hay que tener claro que combatir el fascismo, el nazismo y el totalitarismo neoliberal impuesto por la casta oligárquica es una obligación absoluta.

Y no podemos hacerlo desde una socialdemocracia que ha abandonado las calles y reemplazado la lucha popular por la resolución de cuestiones cosméticas que no le son incomodas al poder. Hay que ser radicales en todo el sentido de la palabra porque la oligarquía que promueve a los nuevos fascistas no entiende por la vía amable.

Lo que representan VOX en España, Milei en Argentina, Le Pen en Francia, el Partido Ley y Justicia en Polonia, AfD en Alemania o Bolsonaro en Brasil es la versión más bestia del modelo opresor en el que vivimos que se resiste a los cambios y ataca a quienes buscamos una alternativa a las injusticias que padece la humanidad.

La extrema derecha es una de las tantas grietas del modelo, que ha adquirido enormes dimensiones, y que solo una población consciente del valor de la democracia puede detener antes de que sea tarde.

Aunque la superación del capitalismo, el patriarcado y el imperialismo sigue siendo una cuestión vital, la nueva amenaza es una combinación de todo esto en un solo recipiente: propone ajustes neoliberales que condenan a la miseria a los pueblos (véase el caso de Argentina), reniegan de la violencia de género y la libertad sexual (caso de VOX en España) y promueven un imperialismo empresarial que desplaza las posibilidades de progreso de los pequeños productores.

Está claro el daño que causan a la sociedad al desplazar los marcos temáticos hacia sus postulados conspiracionistas, negacionistas y totalitarios, pero no estamos sabiendo responder a ello de manera adecuada porque nos concentramos en hacer activismo en la basura de Twitter mientras a nuestro alrededor la gente la pasa mal por sus políticas.

El llamado es a tomar las calles, levantar las barricadas y organizar la resistencia porque en pleno siglo XXI los nazis desfilan por nuestras ciudades y los fascistas abrazan el Gobierno.

No podemos esperar un momento más porque cuando eso suceda, las consecuencias serán desvastadoras.

La izquierda y los demócratas debemos despertar a las masas y luchar con todas nuestras fuerzas contra estos enemigos de la libertad y autoproclamados antisistema que en realidad son la cara más mortal del sistema mismo.

¿Cuántas mujeres deben ver peligrar sus derechos y libertad antes de que hagamos algo? ¿Cuántos rusos más deben ser encarcelados por el régimen ultraderechista de Putin? ¿Cuántos argentinos deben morir de hambre por los "ajustes" de Mileil? ¿Cuántos Trump hacen falta para que abramos los ojos? Por supuesto que, desde mi punto de vista, ninguno.

¡Ahora o nunca!

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