EXPEDIENTE: Historia de la Reconquista (Parte I)

EXPEDIENTE: Historia de la Reconquista (Parte I)

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Un día como hoy, hace 534 años, los habitantes de la ciudad andalusí de Granada evidenciaron la entrada en la urbe de los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla. El hecho, que se produjo el 2 de enero de 1492, fue precedido por las Capitulaciones sobre la entrega de la plaza fortificada, pactadas en noviembre del año anterior entre los monarcas cristianos y Mohamed XII (también conocido como Boabdil), el emir de la dinastía nazarí, que gobernó el Reino de Granada.


Murallas de la Alcazaba de Granada. © Iván Réznik/TASS


La caída del último Estado musulmán de la península ibérica supuso un hito de indeleble importancia para la región, pues marcó el punto final de la Reconquista, un largo proceso de 800 años que, según establece la historiografía tradicional, comenzó en el siglo VIII, tan solo unos años después de la invasión de las tropas islámicas en Hispania. TASS ha preparado una serie de publicaciones en las que busca recapitular brevemente las fechas y sucesos más destacados del periodo, descubrir cómo aquella época era percibida por sus contemporáneos y tratar de explicar las causas y efectos más notables detrás de los acontecimientos.

 

Parte I

España visigoda y la conquista musulmana

 

Los visigodos, un pueblo germánico procedente de Europa septentrional, llegaron a la península ibérica en el siglo V, durante la época conocida como las Grandes Migraciones y marcada por el declive y la posterior desintegración del Imperio romano de Occidente. Derrotaron a las tribus vándalas, suevas y alanas que ya habían cruzado los Pirineos décadas antes y se asentaron en las antiguas provincias imperiales, gradualmente mezclándose con la población hispanorromana local y creando el Reino visigodo, que abarcaba no solo el territorio peninsular, sino también parte de la actual Francia meridional, así como el exclave de Ceuta en el continente africano.

 

No obstante, el dominio de la monarquía visigoda sobre las tierras gobernadas no era férreo. Los nobles germanos gozaban de amplia autoridad y extensas funciones administrativas en las ciudades y provincias bajo su control, al igual que los terratenientes de origen hispanorromano que conservaron sus mansiones y latifundios durante el tumultuoso periodo de las invasiones germánicas. Además, el control sobre la cornisa cantábrica, donde habitaban las tribus menos romanizadas de Hispania, tales como los astures, los cántabros y los vascones, era más bien nominal y relativamente precario. A esto se le une el factor de la Iglesia, cuyo episcopado ejercía una notable influencia sobre los asuntos estatales. Sin embargo, el factor que más contribuyó a la desaparición de la monarquía visigoda bajo el empuje islámico probablemente fue la inestabilidad y la lucha por el poder entre los potenciales herederos que a menudo surgía tras la muerte de los reyes godos.


Corona votiva del rey Recesvinto y otros ejemplos de orfebrería visigoda. © Ministerio de Cultura de España


Tal situación se produjo en los años 710-711, cuando el fallecimiento del rey Witiza desencadenó una rivalidad entre dos pretendientes al trono, Rodrigo y Agila. El conflicto sucesorio erosionó notablemente el poder de ambos bandos en contienda y llevó a una división territorial. A pesar de que Rodrigo consiguió llegar al trono y proclamarse monarca, la parte nororiental del país no aceptó su legitimidad y quedó bajo control de los partidarios de Agila. Mientras tanto, un nuevo peligro se cernía sobre el Reino visigodo, llegando desde el sur y trayendo una nueva religión a la península ibérica.


Camelleros en África septentrional. © Mijaíl Medvédev/TASS


El desembarco de las tropas musulmanas en Hispania marcó una de las últimas etapas en la veloz expansión inicial del islam tras la exitosa predicación monoteísta de Mahoma en Arabia. Habiendo muerto el profeta en el año 632, sus seguidores completaron la consolidación de las tribus árabes y emprendieron una serie de conquistas en Oriente Medio, derrotando a dos grandes potencias y transformando irrevocablemente el panorama geopolítico de la región. El Imperio sasánida de Irán colapsó ante el embiste de las fuerzas califales, mientras que el Imperio bizantino logró pervivir, pero perdió sus provincias en África y el Mediterráneo oriental, y tardó más de dos siglos en recobrar la estabilidad. Tan solo 30 años después de las primeras avanzadas al exterior de Arabia, el califato musulmán se extendía desde Libia en el poniente hasta Afganistán en el oriente, con sus límites llegando hasta la cordillera del Cáucaso en el norte. A principios del siglo VIII, las tropas islámicas, para entonces dirigidas por la dinastía omeya desde Damasco, terminaron la conquista del Magreb y alcanzaron la costa sur del estrecho de Gibraltar.


Vista aérea del estrecho de Gibraltar. © Mijaíl Medvédev/TASS


Sería equívoco pensar que el ejército que puso fin a la presencia visigoda en España era compuesto exclusivamente por guerreros de linaje árabe que cabalgaron incesantemente miles de kilómetros desde su tierra natal hasta Europa occidental. A medida que se producía la expansión militar, muchas de las tribus que salieron de la península arábiga se asentaban en las provincias conquistadas, recibiendo nuevos pastos, huertos y campos de cultivo. No obstante, las tropas califales no se enfrentaban a una escasez de tropas, ya que el ejército musulmán recibía un influjo constante de voluntarios procedentes de las tribus y pueblos sometidos. Por lo tanto, las huestes reunidas bajo el mando del líder militar Musa ibn Nusair en el norte de África estaban compuestas principalmente por combatientes de diversos clanes bereberes, así como por algunas tropas sirias y una minoría árabe. Posteriormente, la heterogeneidad de las fuerzas omeyas provocó numerosos conflictos entre los conquistadores y fue una de las razones detrás del futuro debilitamiento del dominio musulmán en la península ibérica.

 

Tras una serie de tanteos y escaramuzas iniciales, un cuerpo de aproximadamente 7.000 guerreros musulmanes bajo el mando de Ziyad ibn Tariq, uno de los lugartenientes de Musa, cruzó el estrecho de Gibraltar y estableció su base en el peñón homónimo. De ahí el nombre de Gibraltar, que es de origen árabe (Jabal Tariq) y significa "Montaña de Tariq". En ese momento, el rey Rodrigo estaba en el otro extremo de sus territorios, librando una campaña militar en tierras de los vascones. Al recibir noticias de que las fuerzas enemigas se habían afianzado en lo que entonces era la provincia visigoda de Bética y estaban recibiendo refuerzos desde África, el monarca reunió las tropas que tenía a su disposición y marchó al sur. La batalla entre los dos ejércitos probablemente se produjo en las inmediaciones del río Guadalete y terminó con una decisiva victoria de las fuerzas omeyas. Fuentes indican que tal desenlace principalmente se debió a una traición interna en las filas visigodas, ya que varios nobles abandonaron junto con sus séquitos armados los flancos del ejército visigodo, dejando a Rodrigo rodeado y en inferioridad numérica ante las fuerzas musulmanas. Al parecer, el monarca murió en combate, pero su cuerpo nunca fue encontrado.


© Ministerio de Defensa de España


Habiendo diezmado los restos de las tropas visigodas en una segunda batalla cerca de la ciudad de Écija, Tariq procedió a conquistar el sur de la península. Viendo los éxitos de su lugarteniente, Musa en persona desembarcó en Hispania al frente de unas 15.000-20.000 personas y se sumó a la conquista, tomando ese mismo año la capital del reino, Toledo. Hacia 715, prácticamente todo el territorio peninsular estaba bajo control musulmán. La relativa rapidez de la conquista se explica por varias razones, algunas de las cuales ya han sido mencionadas. En primer lugar, la lucha interna por el poder dejó debilitado el Reino visigodo y causó su fragmentación tras la muerte de Rodrigo y las primeras derrotas sufridas. Muchos gobernadores optaron por rendir plazas fuertes, ciudades e incluso provincias enteras sin oponer resistencia, a cambio de pactos que les garantizaban ciertos privilegios y derechos bajo el dominio musulmán. Esto lleva a otro factor importante que facilitó la victoria de los seguidores de Mahoma. Las condiciones que los musulmanes imponían sobre los territorios ocupados eran mayoritariamente suaves. La población no musulmana de las regiones sometidas pacíficamente se veía obligada a pagar un tributo especial llamado yizia, pero conservaba su religión, sus bienes y costumbres, y frecuentemente gozaba de amplia autonomía política y económica. En este sentido, cabe destacar el ejemplo de los judíos, que sufrieron una ola de represiones bajo varios reyes visigodos. En cambio, el dominio islámico inicialmente les trajo una mejora notable de su situación y significó el fin de la persecución religiosa.


Asturias, Picos de Europa. © Iván Réznik/TASS


No obstante, parte de los nobles godos decidió seguir la lucha armada y huyó al norte, refugiándose tras la cordillera cantábrica. Junto con los señores locales, encabezaron la resistencia en Asturias, formando uno de los focos de la futura Reconquista.

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