Mujeres que rompen estereotipos
Cancillería de Rusia
Estas mujeres defienden los intereses de Rusia en el escenario mundial: contamos sobre la bella parte de nuestros diplomáticos.
El Día Internacional de la Mujer, el diario Komsomolskaya Pravda pide que las empleadas del Ministerio de Exteriores ruso cuenten sobre su profesión.
Por alguna razón, la diplomacia se considera a menudo un campo de actividad puramente masculino. Y precisamente las mujeres son diplomáticas por su naturaleza: son exactamente ellas quienes tienen que buscar fórmulas de la paz y la prosperidad en la familia, establecer alianzas con los vecinos y el comité de padres en escuelas, vetar gastos innecesarios, denunciar acuerdos con las ayudantes del hogar y a veces reprobar las acciones de sus maridos despistados.
En Rusia contemporánea hay muchas mujeres-diplomáticas: la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, la Directora del Departamento de Información y Prensa, María Zajárova, la Embajadora de nuestro país en Indonesia, Liudmila Vorobiova, la Representante Permanente Adjunta de Rusia ante la ONU, Anna Yevstignéeva.
En vísperas del Día Internacional de la Mujer, el diario KP.RU hizo preguntas (y, claro, envió sus felicitaciones) a las diplomáticas que trabajan en el edificio famoso en la Plaza Smolénskaya y misiones diplomáticas de nuestro país en el extranjero.

🇷🇺🇸🇪 En Göteborg (Suecia) el Consulado General de Rusia está encabezado por Anastasía Fiódorova, diplomática profesional y esposa de un diplomático (el marido de Anastasía Fiódorova, Vladímir Yukálov, trabaja en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia también).
“Una de las mayores ventajas del sistema del Ministerio de Exteriores es la posibilidad de elegir el ámbito en que uno quiere realizarse; de la política y la economía al Derecho Internacional e interacción en el sector de la cultura, de las actividades consulares y trabajo con los compatriotas que viven en el extranjero al frente de información y sumersión en el mundo histórico-documental del servicio diplomático ruso. Un aspecto importante de nuestro trabajo es ayudar a los compatriotas para que no se sientan arrancados de la patria, organizar actividades para niños y adolescentes con el propósito de aprender o mantener el nivel de su dominio del idioma ruso, iniciarlos en la riquísima cultura de nuestro país. Pero, por desgracia, en febrero del año pasado, los dirigentes suecos de diferente nivel prácticamente en un instante interrumpieron la cooperación en casi todos los ámbitos de la interacción bilateral desarrollada durante mucho tiempo por numerosas generaciones de diplomáticos. Espero que es una cosa temporal y que los suecos tengan la sabiduría y comprensión de que se puede seguir estableciendo y mejorando el mundo contemporáneo solamente juntos.”
En lo que se refiere al posible carácter específico de la diplomacia femenina y masculina, Fiódorova está segura de que no existe tal cosa.
Opina lo siguiente: “en ciertos países, en particular, Suecia, donde trabajo ahora, la ex ministra de Asuntos Exteriores, Ann Linde, proclamó feminista la diplomacia sueca. Para mí, por ejemplo, no es bastante claro cuáles son los objetivos del servicio de política exterior conforme a esta actitud. Si los propósitos del Ministerio de Asuntos Exteriores de cualquier país son crear las condiciones externas más favorables para el desarrollo interno, promover valores políticos, económicos, humanitarios y culturales en plataformas internacionales, entonces, parece que los actores principales deben ser profesionales que gozan de conocimientos, competencias y habilidades necesarios y que pueden realizar estos objetivos. Como muestra la práctica, el género no tiene nada que ver con la eficacia del cumplimiento de las tareas asignadas. Y en el siglo XXI en muchos países, casi ha dejado de existir la división condicional en profesiones masculinas y femeninas.”

🇷🇺🇰🇷 La Cónsul General de Rusia en Busan (Corea del Sur), Oksana Dúdnik, contó que, tras su graduación del Instituto de Países Asiáticos y Africanos de la Universidad Estatal de Moscú, decidió que podría no solamente aplicar los conocimientos adquiridos de una manera digna, sino expandirlos precisamente en el Ministerio de Exteriores.
Ahora tiene un gran equipo de subordinados. Al mismo tiempo, la misma Dúdnik no piensa que hay diferencias entre la diplomacia masculina y la femenina.
“En nuestro trabajo no hay división en partes masculinas o femeninas. Por ejemplo, en mi colectivo actual hay múltiples mujeres-diplomáticas y ellas cumplen las mismas tareas que los hombres”, dice la Cónsul y admite que, en el servicio consular, las situaciones que requieren rápidas decisiones, a veces no estándares, suceden frecuentemente.
Oksana Dúdnik está segura de que las cualidades más importantes que debe poseer cualquier diplomático son el profesionalismo y el deseo de perfeccionar sus habilidades (un conocimiento bueno de lenguas extranjeras, política, historia, cultura, legislación de su país y el país de estancia, situación mundial), la entereza, la resistencia al estrés, la capacidad de analizar situaciones y tomar decisiones, habilidades sociales y la capacidad de presentar su punto de vista al interlocutor.
“Quisiera decir a todos los deseosos de vincular su destino con el servicio diplomático que es una de las profesiones más interesantes que ofrece la oportunidad de trabajar en distintos países y conocer a personas eminentes, mostrar sus capacidades de liderazgo. Al mismo tiempo, hay que estar dispuestos para trabajar intensamente con un horario irregular y largas comisiones de servicio al extranjero, esfuerzos emocionales e incluso físicos. Pero lo más importante, hay que siempre recordar que el objetivo principal de un diplomático es representar dignamente a su país y defender sus intereses.”

La Jefa de la Sección de Serbia, Macedonia del Norte, Montenegro y el arreglo en Kósovo del 4º Departamento Europeo del Ministerio de Exteriores ruso, Aliona Kudriávtseva, tampoco acepta la división de la diplomacia en la masculina y la femenina:
“Uno de mis primeros jefes me decía que en nuestra profesión no hay mujeres, hay diplomáticas. En el sector balcánico no hay diferencias entre la diplomacia masculina y la femenina, siempre ha parecido inaceptable esconderse tras las espaldas de los colegas por motivos del género. Mis colegas-hombres son no solamente profesionales de categoría superior, sino también verdaderos caballeros que siempre tratan de arrimar el hombro. Aunque, probablemente, sí que hay una sutileza: las mujeres-diplomáticas también deben encontrar un equilibrio razonable entre el trabajo y la familia. Pero cualquiera mujer trabajadora vive así.”

La Vicedirectora del Departamento de los países de la Comunidad de Estados Independientes, Victoria Malkóva, ha roto el estereotipo que dice que sólo entran en el Ministerio los graduados de las universidades capitalinas.
En mis últimos años de universidad me interesé en serio por la profesión diplomática, por eso entré en la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad Estatal de Nizhni Nóvgorod. Dado que no era moscovita, me parecía que trabajar en la plaza Smolénskaya sería algo como ciencia ficción, un sueño difícil de alcanzar. En todo caso pensaba que los conocimientos que había ido recibiendo en la facultad, es decir, lenguas extranjeras, Historia, protocolo y demás me serían útiles en todo caso. Durante las prácticas de presentación y anterior a la graduación que hicimos en el Ministerio, me di cuenta de que podría con aquel trabajo y que estaba realmente interesada en conseguirlo. Lo demás fue meramente técnico: hice con éxito los exámenes y las pruebas y pasé a formar parte del personal del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, nos revela sus secretos la diplomática. La mayor parte de mi carrera la dediqué a la integración económica euroasiática, participé personalmente en la creación de la Unión Económica Euroasiática (UEEA) y ahora me encargo del tema en cuestión en el marco del Departamento de los países de la CEI. La UEEA es una de las prioridades incuestionables de la política exterior rusa, la labor es llevada a cabo con mucha intensidad y por ello el proceso resulta tan interesante para mí y mis compañeros. Todos nosotros estamos orientados a obtener resultados positivos, a fomentar una cooperación económica más activa tanto en el marco de la mencionada asociación como con terceros países. No tenemos tareas para hombres y para mujeres, todo depende del grado de preparación y profesionalidad. Posiblemente, en ciertas situaciones las mujeres se habrían comportado de una manera distinta que los hombres, porque no son sólo empleadas, sino madres y esposas. Al mismo tiempo, el objetivo de nuestro trabajo es buscar fórmulas de compromiso y establecer una interacción constructiva con terceros países. Y en este sentido las mujeres en absoluto no se desempeñan peor que los hombres.

La Vicedirectora del Departamento de América Latina de la Cancillería rusa, Elena Kudriávtseva, considera que los diplomáticos y las diplomáticas únicamente defieren en la percepción y la evaluación de los acontecimientos.
Sin embargo, estoy convencida de que la diplomacia no supone ninguna característica especial de género, señala. Un papel importante en la diplomacia es desempeñado por la “química personal”. Un diplomático debe, además de dominar bien las lenguas extranjeras, conocer la cultura, la Historia, las tradiciones y las costumbres del país de estancia. Además, nunca viene mal hacerse una idea de los gustos y las preferencias del interlocutor que tiene uno. Ello permite llegar al entendimiento con mayor facilidad y de ganarse la simpatía de la contraparte. A mi modo de ver, las mujeres son más atentas a estos detalles. Las mujeres, igual que los hombres, pueden mantener de manera exitosa las conversaciones y las negociaciones, traducir, conceder entrevistas y hablar en público ante personas extranjeras, preparar materiales analíticos y hacer muchas otras cosas. Si alguien siente el deseo de recibir la profesión de diplomático y de dedicar su vida a la promoción de los intereses de su Patria, eso se deja notar enseguida. Dicho sea de paso, ahora vienen muchas jóvenes a hacer prácticas anteriores a la graduación en el segmento latinoamericano del Ministerio de Exteriores y en general en el Ministerio. Lo que más preguntan es ¿Cómo hacer carrera y compaginarla con la vida privada, ir en comisión de servicio y tener tiempo de cuidar de la familia? Todo eso, por supuesto, no es fácil, pero tampoco imposible. Hace falta trabajar duro, cultivar la autodisciplina y saber llegar a fórmulas de compromiso. Una debe creer en sus fuerzas y ser fiel al camino escogido. Y entonces, todo saldrá bien.

María Jodýnskaya-Golenísheva es Vicedirectora del Departamento de Planificación de Política Exterior. Desde el colegio se sintió atraída por la Historia y las relaciones internacionales, estando muy pendiente de la política global. Se preparó para entrar en la Universidad de Relaciones Internacionales de Moscú, sabiendo que iba a elegir el árabe como lengua extranjera. Dicho idioma, además de tener un valor meramente lingüístico, representa la “llave” estratégica que abre la región del Oriente Próximo y el norte de África, ayuda a entender una de las principales religiones del mundo, el Islam.
Nunca me he arrepentido de mi elección. El Departamento de planificación de la política exterior, en el que desempeño mis funciones, se encuentra en el filo de la reflexión sobre los asuntos conceptuales de la geopolítica, del análisis y la previsión de los procesos internacionales. Es un trabajo interesante y absorbente, no pasa ni un día sin que enriquezca mi vida y aporte algo a mi desarrollo. ¿En qué consiste la diferencia entre un diplomático y una diplomática? Hay una diferencia entre un empleado bueno y uno malo, entre uno inteligente y uno tonto, entre uno apasionado y uno indiferente. Para mí, no existen otras diferencias.

La Vicedirectora del Departamento de la Cooperación Humanitaria Multilateral y Vínculos Culturales, Tatiana Dovgalenko, lleva ya 27 años trabajando en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. Hace literalmente algunos días volvió de una comisión de servicio y procedió a incorporarse al recién creado Departamento de la “fuerza blanda”.
Cuando era niña y tenía como 10 años, decidí convertirme en diplomático. Escuché por primera vez esta palabra de mi madre que estuvo hablando con su amiga de la futura carrera de su hija adulta. Y mi madre dijo que no conocía a nadie quien estudiara en la Universidad de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO). Este centro docente ni siquiera figuraba en los folletos para los graduados de los colegios. Le pregunté qué universidad era y me respondió “Forma a diplomáticos”. Me explicó, tal y como entendía, en qué consistía esta profesión. Se me daban bien el inglés, la geografía y la Historia y tenía ganas de ver el mundo. Fue cuando hice una “declaración política”: “Seré diplomática. Ya conoces a una persona que estudiará en el MGIMO”. Todos se pusieron a reír. Más tarde, en mis últimos años de colegio, mis padres se dieron cuenta de que iba en serio. No intentaron disuadirme, todo lo contrario, me apoyaron y se lo agradezco enormemente. Donde se intentó disuadirme, fue cuando presenté los documentos para entrar en la Universidad MGIMO. Era la época soviética y me dijeron: “Una chica en la Facultad de Relaciones Internacionales, ¿para qué?. Mejor el periodismo, más posibilidades hay”. No lograron convencerme. A decir verdad, dudé mucho tarde más, al hacer prácticas en el Ministerio de Asuntos Exteriores a mediados de los 90. Entonces se estaban abriendo los horizontes, mis compañeros de estudios elegían opciones más prometedoras que ser funcionario público. Y fue cuando mis padres, me recordaron que uno nunca debía traicionar su sueño, recuerda. En la diplomacia, al igual que en cualquier otra cosa seria, lo que importa, es el resultado. En los acuerdos firmados o alcanzados deben plasmarse lo más plenamente posible, los intereses de la Federación de Rusia, estos documentos deben beneficiarle a nuestro país. Y no importa demasiado, si fueron alcanzados por un hombre o una mujer. Otra cosa es que, si no recuerdo mal el curso del arreglo de los conflictos, la participación de las mujeres en el proceso de las negociaciones eleva en un 35% las posibilidades de lograr una solución sostenible, es decir, una que satisfaga los intereses de las partes durante un largo período de tiempo. El principal reto de mi profesión y al mismo tiempo lo que más me atrae de ella es la “polivalencia” de los diplomáticos, la disponibilidad a trabajar en las más variadas circunstancias, geográficas, temáticas, funcionales. Ello supone unos conocimientos extensos y un constante trabajo en uno mismo y en sus errores. Nuestro servicio no es simple burocracia, aunque también. En el extranjero uno no representa a sí mismo, sino a su país y no puede defraudarle. Por ello los mejores son quienes literalmente viven por su trabajo, sienten que la diplomacia es su vocación.
Fuente: https://www.kp.ru/daily/27475/4730755/