Dulce maldad
Dulce maldad » 4. Asher
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No debí venir.
Es mi primer pensamiento mientras observo a los idiotas humanos divertirse. Hay un lago cerca con una gran fogata rodeándonos. La canción revienta en los altavoces, los adolescentes hormonales bailan muy juntos, comparten bebidas, besos húmedos y ríen como si fueran animales salvajes.
Pero no lo son.
Yo, en cambio, soy el hijo raro del alcalde que todos temen en el pueblo. Estoy constantemente en el ojo de la tormenta.
¿Quién es Asher Karlsson?
El tipo que las personas prefieren tenerlo a millones de kilómetros de distancia. Nadie me considera lo suficientemente bueno para ser su amigo. Las chicas me aman en secreto cuando me encargo de darles los mejores orgasmos de sus vidas. ¿Qué sucede después? Fingen que nada sucedió y me evitan.
Julianne es mi única amiga. Gracias a ella y a mis hermanos no me siento tan solo en este pueblo de mierda. Estoy cansado de los rumores sin sentido y que me acusen de cualquier delito que ocurre. Cometí errores el año pasado y desde entonces me he convertido en el villano de New Hope. El malo de la historia.
—Ahí estás, tonto. —Julianne se acerca entusiasmada—. ¿Por qué te escondes otra vez? Ven conmigo, la fiesta es entretenida.
La botella de cerveza cruje en mi mano cuando lo aprieto con fuerza.
No entiendo por qué sigo aquí, no encajo y me siento patético. Una parte de mí aún asiste a estas ridículas fiestas con la esperanza de que algún día lograré encontrarla.
Sí, soy ridículo.
—Me iré —le aviso a Julianne—. No le agrado a tus amigos.
Me pasa un brazo por el hombro para darme un torpe abrazo. Julianne es una chica grandiosa y hermosa, no comprendo por qué insiste en mezclarme con su grupo de amigos cuando no me soportan. Ella, en cambio, se lleva bien con todos.
Luce mejor que una modelo de revista con el largo cabello rubio, cuerpo atlético y sonrisa deslumbrante con brillantes dientes blancos. Es seductora, amable e inteligente. ¿Qué busca de mí? Soy terrible socializando, ni siquiera encuentro un tema decente de conversación cuando alguien quiere hablarme. Sería mejor si Axel o Andrew estuvieran aquí. Ashton es otro idiota asocial y antipático.
—Deberías darles una oportunidad. —Julianne me arrebata la cerveza y bebe—. Son chicos grandiosos que les encanta divertirse y le gustas a Lily.
No tengo idea de quién es Lily.
—Las chicas humanas están fuera de mis límites —advierto—. No volveré a mezclarme con ellas.
Es una de mis reglas principales. Después de las horribles experiencias, prefiero evitarme otro mal rato. El año pasado fui apedreado, encarcelado y acusado injustamente de asesinatos que no cometí. Mi padre trabajó mucho para demostrar mi inocencia, aunque algunas personas aún me consideran culpable. Creen que los Karlsson compramos a la justicia.
—Si ellas no son de tu interés, yo sí. —Julianne curva los labios en una sonrisa coqueta—. Podemos regresar a los viejos tiempos dónde me encargaba de hacerte sentir muy bien.
Mete las manos dentro de mis pantalones, pero me aparto con una mueca de disgusto. Acostarme con ella fue una gran estupidez, no debí hacerlo sabiendo lo que siente por mí. Sé que Julianne me ama.
Las reglas de los clanes prohíben que nos relacionemos de esta forma, pero ella y yo decidimos romperlas. Desde ese día las cosas han estado incómodas entre nosotros. Alimenté sus ilusiones, la motivé a pensar que podemos tener algo más que una amistad.
—Julianne, no. —Doy un paso atrás—. No puede volver a suceder.
No oculta la decepción en su rostro.
—¿Qué? Fue alucinante. —Me toca el pecho—. Yo no olvidaré esa noche, Asher.
Mierda. No me gusta ver la esperanza brillar en sus ojos marrones; no estamos destinados. ¿Qué sucederá cuando uno de nuestros compañeros aparezca? ¿Olvidaremos cualquier tontería que haya pasado entre nosotros?
—Haz un esfuerzo. —Lanzo la lata de cerveza en un cesto de basura—. Jamás te veré como esperas.
Su rostro se enrojece y las lágrimas destellan en sus ojos.
—No hablas en serio.
Le echo un vistazo a nuestro entorno para notar a varios curiosos mirándonos. Odio ser el centro de atención.
—Lo hago —insisto—. Te veo mañana.
—Asher…
Paso por su lado y hago caso omiso de los suaves sollozos que percibo. Maldita sea. ¿Hará un numerito siempre que la rechace? No es la primera vez que le digo cómo me siento. ¿Por qué no respeta mi decisión?
Papá tenía razón, Julianne no se conformará con menos.
La multitud se dispersa y tratan de no rozarme. Huelo sus miedos, oigo los comentarios que sueltan al respecto. Una chica no disimula su odio, nada nuevo.
—¿Qué hace este animal aquí?
—Debería estar en la cárcel.
—Es sexy, pero amo mucho mi vida.
—Sus víctimas merecen justicia.
Escucho más tonterías, pero las ignoro y camino hasta mi motocicleta que está estacionada debajo de un árbol. Intacta y sin ninguna raya. Soy capaz de perseguir a cualquiera que se atreva a tocarla. Es mi objeto más preciado.
—¿Otra vez huyendo, Karlsson? —Se burla una voz a mi espalda.
Me volteo para observar a Simon Persson. Es el imbécil que no supera la ridícula rivalidad que hay entre nuestras familias. ¿Por qué ser enemigos cuando juntos podemos hacer de New Hope un pueblo muy respetado? Es una lástima que ellos no lo vean de la misma forma.
—¿Tu vida es muy aburrida, Persson? —contesto en el mismo tono.
Le da una calada al cigarro y lanza una nube de humo al aire.
—¿La mía? Para nada. —Se ríe—. Los humanos no me desprecian como a ti. Tengo la libertad de follar a cualquier chica sin que me tachen de asesino. ¿Qué se siente ser odiado por todos cuando luchas desesperadamente para mantenerlos a salvo?
Frunzo los labios mientras diferentes emociones me golpean: rabia, indignación y cansancio. Estoy harto de él y su manada. Mi familia sospecha de su líder, papá está convencido de que Aulus cometió los crímenes que han sacudido al pueblo.
Si hay un monstruo en New Hope, ese es Aulus Persson.
Lamentablemente las autoridades no tienen pruebas suficientes para encerrarlo. Ese bastardo supo eliminar sus huellas y tampoco hay testigos que se atrevan a denunciarlo. Aulus es un tirano sin corazón. No recluta a mujeres en su manada y sus ideas son bastante conservadoras.
—Búrlate lo que quieras —encaro a Simon—. No tengo nada que temer, pero tú sí. Ambos sabemos que encubres al maldito asesino.
Las líneas de su mandíbula se pronuncian y una larga cicatriz que roza su ojo izquierdo.
—El único asesino aquí eres tú —escupe con rencor—. Sigues libre porque tu papi te respalda. Es lo que hace la gran familia Karlsson: abusar del poder que poseen, bolas de corruptos.
¿No es esto interesante? Nos desprecia porque su padre se ha postulado más de una vez como alcalde y jamás ganó las elecciones. No importan los chismes, el pueblo siempre elige a Aiden Karlsson.
—Piensa lo que quieras si te permite dormir en las noches. —Sonrío con arrogancia.
—Hijo de puta…
Da un paso, pero levanto un dedo y agito la cabeza. Nos enfrentamos en más de una ocasión e hice pedazos su cara. Es increíble que siga vivo a pesar de mis palizas.
—Si fuera tú me quedaría quieto —le advierto, mientras subo a mi motocicleta—. Buenas noches, Persson.
Arranco y me alejo a toda velocidad. No importa cuánto me involucre entre los humanos. No borrará lo que soy, no borrará la mancha que rodea mi pasado.

Detengo mi motocicleta en el garaje y contemplo la Fortaleza Karlsson. Está situada en el centro del bosque. En esta zona pasamos desapercibidos y cambiamos de forma sin correr el riesgo de que alguien nos vea liberar nuestro lado animal.
Estamos rodeados de árboles y una extensión de césped bien cuidado.
La mansión es monolítica con paredes de cristales y madera. Una contextura bastante moderna. Hay una fuente ovalada con una estatua que replica nuestro lobo interior: su cabeza gira hacia la luna en un aullido solitario.
Mi familia logró mantener en secreto nuestra verdadera naturaleza durante siglos. Aprendimos a mezclarnos con los humanos, para ellos somos criaturas que forman parte de historias fantásticas, mitologías y cuentos.
Serían capaces de quemarnos vivos como a nuestros antepasados si supieran de nuestra existencia. Los Karlsson somos licántropos, pero los humanos corrientes nos llaman hombres lobo. Es estúpido, lo sé. No siempre necesitamos la luna para cambiar.
Apenas ingreso soy recibido por un abrazo de mi madre. Besa mis mejillas y me mira con una sonrisa dulce. Ella aún me ve como su niño consentido, mis hermanos dicen que soy su hijo favorito.
No lo niego.
—¿Qué tal estuvo la fiesta? —pregunta, pero instantáneamente se responde a sí misma—. Ya veo que no te gustó.
Rodeo su cintura con un brazo y nos dirigimos al comedor. Es hora de la cena.
—Aburrida —admito—. Esta será la última vez que escucharé a Julianne, sus fiestas no me divierten. Sabes bien que trato de consentirla en lo que desee porque temo que se aleje como lo ha hecho el resto. No quiero perderla, es mi amistad más sincera.
—Oh, Asher…
—No importa cuánto tiempo pase. Ya todos sabemos que los humanos jamás dejarán de verme como un asesino.
Mamá me da palmaditas en el hombro a modo de consuelo.
—No lo veas así, tu padre está usando todos los medios posibles para encontrar al responsable.
Ruedo los ojos.
—Sabemos que es Aulus —afirmo.
—Las pruebas contra él no son suficientes.
Sí, eso no es ninguna novedad.
Nos dirigimos al comedor donde los demás ya están sentados y listos para disfrutar la cena que mamá se encarga de preparar. Papá se sienta en la cabecera y bebe un trago de vino tinto. Tiene puesta una simple camisa blanca que revela sus fuertes brazos, el cabello negro azabache es un rasgo que compartimos al igual que los ojos avellana. Soy una réplica exacta de él.
Ashton también heredó el mismo cabello negro, pero sus ojos son azules. Axel es rubio, mientras que Andrew tiene el cabello casi blanco como mamá. Debo admitir que resultamos ser una mezcla extraña.
—¿Julianne sigue siendo un grano en el culo? —pregunta Andrew.
Me siento a la izquierda de mi padre y recojo el tenedor. Hay un plato de bistec con ensaladas y sopa. Mamá cocina como si formáramos parte de la realeza. Le sugerí que contrate a alguien que haga las labores domésticas, pero ella se negó. No quiere a ningún humano cerca.
—No hables mal de ella —respondo.
Los labios de Axel se estiran en una sonrisa burlona.
—Eres un masoquista, hermano. —Mastica sus papas fritas—. Entiendo que tu reputación es una mierda y nadie te habla, pero preferiría estar solo antes que soportar a esa loca.
Andrew lo acompaña en el coro de risas, pero Ashton rueda los ojos en señal de fastidio.
—¿Por qué no te ocupas de tus propios asuntos? —inquiero.
—Te presentaré a mi grupo de amigos —dice Axel—. Ellos no te juzgarán y las chicas saltarán sobre ti con mucho gusto. Les atrae la idea de chico malo, sabes muy bien que no tienes que ser un perro arrastrado en busca de afecto con Julianne.
Mamá golpea a Axel con la servilleta y él hace una mueca.
—Más respeto, niño. Julianne es una dama.
Andrew se toca el pecho cuando se atraganta con el pan.
—¿Dama? Mi culo.
—Hey… —gruño, mientras veo que papá niega con la cabeza sin hacer comentarios.
Bueno, con esto es evidente que mis hermanos apenas toleran a Julianne. ¿Por qué? La consideran una psicópata obsesionada conmigo. Dicen que ella me hace mal en vez de bien.
—¿Podemos olvidar el asunto de Julianne y su enamoramiento con Asher? —Mi hermano Ashton suena aburrido—. Papá quiere decirnos algo muy importante.
Ahora todos ponemos atención a nuestro padre. Él se toma un momento para cortar su comida con calma y luego lleva un trozo de carne a su boca. Asiente en aprobación, se nota que mamá se luce cuando se trata del menú.
—Aparecieron dos cuerpos mutilados hace dos días —informa papá y se limpia los labios con una servilleta—. La autopsia indica que fue obra de un animal.
Me río sin un gramo de humor.
—¿Cuál es esta vez?
Papá apoya sus codos sobre la mesa.
—Un jabalí.
—La próxima vez dirán que fue un poni. —Bromea Andrew.
Miro a papá con las cejas enarcadas. Veo la tensión en su frente y el estrés, este hombre necesita vacaciones urgentemente.
—¿Cómo ha tomado el pueblo la noticia?
—Nada bien —dice papá—. Organizaron una protesta que se llevará a cabo mañana.
Pruebo un bocado de la ensalada en un intento de orientarme. En años anteriores el índice de muertes en New Hope era muy bajo, pero actualmente ha aumentado. El asesino es un desconsiderado que no le importa manchar con sangre las calles.
—Lo siento, papá —susurro.
—Sé que adoras a Julianne, pero prefiero que te mantengas al margen de sus amistades y tu perfil sea más discreto —pide papá en voz baja—. Eres mi hijo y te usarán como blanco para ensuciar mi imagen, la imagen de toda la familia.
Mi mandíbula cruje mientras mastico. Llevar el apellido Karlsson implica que traten de perjudicarte constantemente e inventen rumores; nos odian por deporte.
—De acuerdo —murmuro.
—Al fin —dice Axel—. O mejor, aléjate de ella.
—Vete a la mierda —contesto.
Mamá suspira.
—Por los dioses, dejen de comportarse como si tuvieran cinco años.
—Me ha llegado información de que Aulus sigue ausente en su manada —dice papá como si se tratara del noticiero del día.
—¿Es su forma de desviar la atención de él? —indago—. Quizás alguien más hace su sucio trabajo, no deberían permitirle salir del pueblo.
—Es muy listo —concuerda Ashton.
Papá mueve la copa de vino entre sus dedos.
—Si es el culpable, caerá tarde o temprano. Cometerá algún error que lo hundirá.
Yo estoy harto de permanecer quieto y escuchar cómo todos asumen que cometí tales crímenes. Mi nombre no se limpiará por arte de magia. Haré algo como sea.
—Si me disculpan, iré a descansar. —Empujo la silla y me pongo de pie—. Buenas noches.
—Descansa, cielo —dice mamá.
Nadie se opone mientras me retiro del comedor. No me quitarán de la cabeza que el clan Persson tiene mucho que ver en los asesinatos. Nos desprecian, acudirán a lo más vil si eso significa nuestra ruina.
Apenas ingreso a mi habitación, cierro la puerta con seguro y me quito la camiseta. Me transmite mucha paz estar solo. Cuando era adolescente disfrutaba de la compañía humana, pero con el transcurso del tiempo se volvió difícil adaptarme a ellos. Quizás porque una parte de ellos percibe que soy diferente.
Recibí educación en casa junto con mis hermanos, ya que éramos salvajes desde niños. Controlar a pequeños licántropos no fue una tarea fácil, y la vida adulta es aún más complicada. ¿Mi propósito? Empezar de nuevo en un lugar donde nadie me conozca.
Mi celular alerta un nuevo mensaje de Julianne que leo sin muchas ganas.
«Dime que todo está bien entre nosotros».
Apago el celular, me doy una ducha y me duermo sin responderle.