Dulce maldad

Dulce maldad


Dulce maldad » 24. Asher

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Cuando llegamos a la Fortaleza, noto que me duele el pecho por el estrés y el agotamiento. Ha sido un día caótico como todos los demás de esta semana y quiero mandar al infierno a mi familia por ser los causantes.

Primero mamá le cuenta a Julianne que encontré a mi compañera y soporté las lágrimas de mi supuesta amiga por casi una hora. ¿No debería estar feliz por mí? Ella lloró hasta quedarse deshidratada, pero entendió que este momento iba a llegar tarde o temprano.

Bailar con Arianne y tocarla casi terminó con mi compostura. Me dolió saber cómo se sentía, pero agradezco que sea sincera. No me gusta que se guarde nada conmigo porque no soy su jodido enemigo. Soy su compañero y no me importará esperar el tiempo que sea necesario para que me acepte como tal. Por último, mis hermanos metiches tienen la costumbre de decir estupideces. ¿Qué les costaba callarse? No quiero que Arianne se sienta insegura respecto a Julianne.

Abro la puerta del auto y acuno a Arianne en mis brazos. Está dormida con la cabeza hundida en el hueco de mi cuello. Ella ha lidiado con demasiado en los pocos días que estuvo aquí y merece un descanso. Ojalá pudiera llevarla a un lugar donde esté a salvo y nadie la lastime.

—Esta será la última vez que mencionan a Julianne mientras Arianne está presente —exijo—. ¿He sido claro, imbéciles?

La risa de Axel resuena mientras nos acercamos a la Fortaleza. Es casi de madrugada y las luces están apagadas excepto la de la sala. Andrew se limpia los restos de labial en su cuello porque sabe cómo se pone mamá cuando huele una humana en él. Tenemos prohibido relacionarnos con ellos desde que Ashton nos salió con una sorpresa el año pasado.

—¿Acaso dijimos algo malo, hermano? —Se ríe Andrew—. No finjas que las acciones de Julianne son buenas. Da miedo.

Un gruñido bajo sale de mi pecho.

—Métete en tus putos asuntos.

Axel rueda los ojos.

—Cómo quieras, hombre. Si no le pones un alto a Julianne… —Se detiene y le echa un vistazo a Ari en mis brazos—. Tu relación con Arianne puede salir perjudicada. Sabemos que a tu amiga no le importa que la hayas encontrado. Seguirá intentando lo imposible con tal de tenerte.

Él y Andrew suben las escaleras mientras la ira nubla mi visión. No tolero que hablen mal de Julianne. Quizás su forma de demostrar cariño hacia mí no es la más adecuada, pero la aprecio a pesar de sus sentimientos.

Llevo a Arianne hasta su habitación y me aseguro de que esté cómoda en la cama. Le quito los botines y cubro su cuerpo con las sábanas. Luce tan frágil e indefensa. Ella es una pequeña luchadora que no se da por vencida y me encanta su fuerza.

Quiero estar a su lado cualquier instante y cualquier segundo porque nunca es suficiente. Estoy fascinado por la forma en que me observa con sus grandes ojos verdes, como si pudiera ver hasta el fondo de mi alma. Ella insiste que el lazo nos obliga a sentirnos así, pero incluso si no existiera, yo la miraría e intentaría conquistarla.

—¿Asher? —susurra, adormilada.

Le acaricio el cabello castaño.

—Shh… duerme.

—¿Puedes quedarte? —implora—. No quiero dormir sola esta noche.

La súplica en su voz no me hace dudar dos veces. Sé que tiene pesadillas porque la he oído sollozar noches atrás. Su mente la tortura incluso cuando está dormida.

—No iré a ninguna parte.

Me meto bajo las sábanas con ella y me acurruco al lado de su cuerpo caliente. Arianne no duda en aferrarse a mí y la rodeo con los brazos. Me da una sonrisa agradecida que aprieta mi corazón. Su belleza y delicadeza son de otro mundo. No soporto la idea de que alguien le haga daño.

—Gracias, lobito.

Una sonrisa se apodera de mis labios al oír la palabra. Es la segunda vez que lo menciona.

—Descansa.

Cuando abro mis ojos horas más tarde, la luz del sol ilumina la habitación. Arianne utiliza mi cuerpo como un colchón, pero no protesto. Pasar la noche con ella valió la pena. Me deleité con sus suaves ronquidos y sonrisas inconscientes. A mi lado encontró la calma.

Alguien toca la puerta y gimo en protesta. ¿Quién molesta tan temprano?

—Trae tu trasero al comedor, Asher. —Es mi padre—. Tenemos una reunión.

Bostezo.

—Ya voy, papá.

Miro a la chica durmiendo a mi lado y aparto el mechón de su cabello. Amaría estar encerrado con ella en esta misma habitación donde solo somos nosotros. Sin embargo, no olvido que existe un mundo ahí afuera.

Suena muy precipitado, pero cuando encuentras a tu compañera, los sentimientos son más intensos. Se convierten en tu nuevo motor para vivir y la única prioridad hasta el último día de tu vida. Sin ella te sientes vacío e incompleto. Me siento afortunado por haber encontrado a Arianne a esta edad. Algunos licántropos no tienen la misma fortuna. Puede demorar hasta siglos y la soledad trae consecuencias que ninguno está dispuesto a afrontar.

Aparto a Ari suavemente y me pongo de pie para estirar los brazos. Su murmullo de protesta me hace sonreír y miro sus profundos ojos verdes. Luce preciosa a pesar del cabello desordenado y el rímel manchando sus pálidas mejillas.

Sí, sueno como idiota.

—Hola —susurra con una perezosa sonrisa.

—Hola. ¿Te desperté?

Niega.

—No me gusta dormir hasta tarde. ¿Qué hora es?

—Ocho de la mañana —respondo—. ¿Quieres desayunar? Mamá prepara los mejores desayunos.

—¿Ella cocina esas comidas extravagantes? ¿Sola?

—A veces contratamos servicios de catering o compramos comida online. No quiere exponernos a los humanos. Prefiere hacerse cargo de las labores domésticas. Claro, mis hermanos ayudan cuando pueden.

—¿Y tú no?

—Ayudo con la limpieza y otras cosas —admito—. Pero la cocina está fuera de mis límites. Soy terrible con la gastronomía.

Me da una leve sonrisa a pesar del cansancio en sus ojos.

—Yo preparo los mejores panecillos y muffins del mundo. Algún día vas a probarlos.

Jódanme… Ella quiere cocinar para mí.

—Será un honor comer tus muffins.

Vuelven a gritar mi nombre y pongo los ojos en blanco. Agarro mi celular de la mesita e ignoro las notificaciones relacionadas con Julianne. Si antes era insistente, ahora lo es mucho más. Anoche miró a Arianne como si fuera una amenaza y me puso alerta.

Quizás mis hermanos no se equivocaron al decir que es peligrosa.

—¿Te veo en el comedor? —le pregunto a Ari.

—Claro.

Después de darme una breve ducha, me dirijo al comedor con mi familia. Papá bebe una taza de café mientras lee el periódico. Mis hermanos mastican hasta la última migaja de sus desayunos. Saco las bebidas de la nevera para ponerlas en la mesa cuando Arianne se une a nosotros.

Se ve hermosa con el cabello suelto y el vestido rosa. Al parecer también tuvo una ducha porque su rostro está libre de maquillaje y su piel desprende un adictivo aroma a jazmín. Me acerco a su lado y pongo un brazo en su cintura. Sus dientes se aferran a los labios húmedos que me tientan desde que la conozco. Ashton aparta la atención del celular para mirarla también.

Todos en la mesa la observamos.

—Pensé que podía unirme a ustedes —dice Ari.

—Ni siquiera lo dudes. —Me aclaro la garganta—. ¿Qué te gustaría comer?

Agita sus espesas pestañas.

—Un café estaría perfecto —responde tímidamente.

—Ven.

La siento a mi lado en la mesa mientras le sirvo una taza de café caliente. Mamá hace una mueca y sacude la cabeza. ¿Qué le pasa? Arianne es mi compañera y deberá acostumbrarse a la idea.

—Buenos días —musita Ari, sonando avergonzada.

—Buenos días —responden papá y mis hermanos. Mamá por su parte se mantiene en silencio.

Andrew está encantado con su presencia al igual que Axel. Anoche la hicieron sentir como una más de nosotros. Ashton es el único imbécil que no le presta atención, aunque no me sorprende. Siempre ha sido serio.

—Amo ver a una chica en casa además de mamá —dice Andrew—. Mis ojos aprecian la belleza juvenil.

—Mantén tus ojos para ti mismo —mascullo y le sirvo a Ari un poco de café—. ¿Con leche está bien para ti?

—Sí, gracias.

Le añado leche a su café y le tiendo su taza. Ella toma un sorbo y me sonríe.

—Es un gran café.

—Lo importamos de Colombia —habla mamá con arrogancia.

—Es exquisito —concede Ari—. ¿Hay alguna novedad de mi padre?

Papá dobla el periódico y la mira.

—Debería encontrarte estos días en Chicago.

Arianne asiente con una mirada vacía. La decepción se refleja en sus rasgos y quiero abrazarla. Más vale que Josh tenga una buena explicación. Nada lo excusa de ser un mal padre.

—¿Qué me dicen de los Persson? —me dirijo a papá—. ¿Debo ir a la comisaría para declarar? Aulus lanzó acusaciones muy graves.

Ashton se regocija desde su posición. Hay buenas noticias.

—No lo harán, menos ahora que su hijo Simón está involucrado —espeta—. Fue la última persona que estuvo con Alicia y hay testigos. Aulus no quiere la atención sobre él ahora.

Pincho el tenedor en los huevos revueltos y trago. Bueno, interesante giro de los acontecimientos.

—¿Cómo sabes eso? —inquiero.

Mi hermano curva una ceja oscura, Axel bosteza ruidosamente y mamá lo regaña. Alguien tuvo una noche loca.

—Te dije que descubriría sus más sucios secretos. También me enteré de que el entrenamiento, antes de que Arianne quemase la manada… —Hace una pausa con sus ojos en Ari—. En realidad, fue un enfrentamiento. Aulus no está feliz por las decisiones que tomó su hijo y pelearon hasta la muerte. Simón estaría bajo tierra si tu novia no interfería.

Estoy impresionado por las habilidades de Ashton. Es el Sherlock Holmes de la familia sin duda.

—¿Cuál fue el motivo de la pelea? —pregunto.

—Aún no lo sabemos —dice papá—. Quedaré a cargo ahora que partirán a Chicago. —Examina la hora en su reloj—. El viaje será dentro de dos horas. ¿Tu madre respondió las llamadas, Arianne?

Mi compañera niega.

—No —murmura. Su postura erguida en la silla.

Hay un silencio sepulcral en el comedor. Me asusta el rumbo que puede tener esta historia.

—No pierdan más tiempo —manifiesta mi padre—. Tienen que irse ya mismo.

ARIANNE

Mi conciencia me carcome a diario, ¿sabes? Siento que robé su vida cuando permití que guardaras el secreto. Si tan solo pudieras verla como yo lo hago. Ella es una llama difícil de apagar. Es un incendio. Sé que sobrevivirá a cualquier tormenta, lo hizo esa noche. También entenderá que todo lo que has sacrificado fue por ella.

El perdón nos permite avanzar, Aimeé.

Es una carta breve y memorizo las palabras. Miro la fecha para comprobar que fue enviada hace dos años. La última que mamá recibió.

El perdón.

Mi padre habla mucho sobre el perdón. ¿Se refiere a las telarañas de mentiras que construyó mi madre y que yo debería perdonar? La mayoría de las cartas son un consuelo que intenta convencerla de que lo hizo por mi bien, aunque no fue la manera correcta.

¿Qué hiciste, mamá?

Con los ojos fijos en la ventana, sostengo la carta contra mi pecho mientras Ashton conduce. Salimos de New Hope hace veinte minutos y estoy aliviada de que el viaje por carretera sea rápido. Apacigua mi angustia porque mamá no responde ninguna llamada.

Ni una sola.

—¿Qué lees? —Asher se inclina para darle un vistazo a la caja de cartas en mi regazo—. Estás muy callada.

Lo sabría si escuchara mis pensamientos, pero cumplió con su palabra desde anoche. No volvió a invadir mi privacidad y eso le ha sumado puntos para conquistarme.

—Mi padre le envió cartas a mamá durante años —explico—. Estoy leyendo todas.

Andrew le baja el volumen a la canción para hablar. Axel está muy entretenido mientras sube videos a su cuenta de TikTok y presume sus impresionantes pectorales sin pudor a las cámaras. El chico tiene buen porte y lo aman.

—¿Encontraste alguna pista? —pregunta Asher—. Puedes decirnos si quieres compartir.

Apoyo mi cabeza en la ventana del auto y observo el cielo que se ha oscurecido por la tormenta que se avecina. Gotas de lluvia salpican el parabrisas. Cuento los segundos para que lleguemos pronto junto a mamá. La desesperación me hace temblar.

—Las cartas mencionan cuánto la ama y la extraña. No hay ni una sola página donde no se lamente por haber perdido tiempo con nosotros. —Me encojo de hombros—. Eligió ese trabajo para protegernos y no está de acuerdo con las decisiones que tomó mamá al ocultarme tantos secretos sobre mis orígenes.

Ashton habla por primera vez desde que salimos del pueblo.

—Tienes dieciocho años. Ningún hechizo podrá dormir para siempre tu lado licántropo. —Frunce el ceño—. Reprimir esa parte de ti significa matarte por dentro.

Mi corazón tartamudea con una extraña sensación de aprensión. He visto suficientes películas y series como para saber que cambiar de forma no será agradable.

—¿Cuándo cambiaré de forma?

Andrew chequea su celular.

—Todos los cuerpos son diferentes, pero supongo que dentro de treinta o noventa días cambiarás de forma —explica él—. Tienes tiempo para prepararte.

El vello en mi nuca se eriza y un violento escalofrío recorre mi columna.

—Duele, ¿no? —inquiero.

Axel al fin presta atención a lo que hablamos.

—Esa mierda te destroza —dice con burla—. Solo el 80 % de los licántropos logramos sobrevivir.

Miro a cada uno de ellos.

—¿Qué hay del 20 %? —pregunto. Mi voz baja por el nudo en mi pecho que me pone nerviosa—. ¿Qué tan malo es?

Asher pone una mano en mi muslo.

—Arianne, algunos licántropos no sobreviven a la transformación.

Lo miro atónita y aturdida.

—¿Qué? —Mi voz es un grito sorprendido—. ¿Estás diciendo que mueren en la transformación?

Asher asiente.

—Algunos cuerpos no son capaces de soportar el cambio y mueren en el proceso —explica—. Recuerda que nuestros huesos se rompen. El dolor es inmenso.

Estoy impactada y demasiado asustada por mi propio bien. No puedo creer que yo pasaré por ese proceso. No quiero.

—Estaré ahí. —Asher me abraza—. El dolor será menor.

No lo hace mejor. ¡Dioses! Es probable que muera en la transformación.

—Qué tranquilizador —digo con sarcasmo—. ¿Cuántos minutos dura el cambio?

Él aparta la mirada y sus hermanos estallan en salvajes carcajadas. ¿Qué es tan chistoso?

—No son minutos, son horas —aclara Asher—. Terminará cuando la luna llena se esconda.

Mi pecho se agita con miedo, el cual estoy segura de que puede olerse en el aire. No es un simple susto o inseguridad. Es pánico por lo que sucederá pronto. Me convertiré en un animal, mis huesos se romperán y es probable que muera.

—Hay que verle el lado positivo. —Axel suena los dedos en mi cara—. Estás rodeada de licántropos con experiencia y vamos a entrenarte para que sobrevivas. Eres híbrida, por favor. No morirás, así que relájate. Qué dramática.

La mano de Asher acaricia perezosamente mi cintura.

—Será pan comido para ti con tu fuerza.

Sonrío mientras un trueno atraviesa el cielo gris y la lluvia cae con más intensidad.

—Tardaremos más en llegar con este clima —refunfuña Ashton.

—Busca un atajo o algo —dice Axel.

Ashton gira bruscamente la camioneta a la derecha y todos nos zarandeamos en nuestros asientos. Es difícil ver qué sucede, pero varias siluetas borrosas obstruyen el camino. La tormenta ruge y los truenos sacuden la tierra.

Mal día para viajar.

—¿Qué mierda, hombre? —grita Andrew.

—Puedo olerlos. —Asher maldice—. Están aquí.

Ashton saca un arma de la guantera y mis ojos se abren con horror. Axel y Andrew se preparan para un posible enfrentamiento.

—¿Quiénes son? —pregunto, confundida.

—Los Persson.

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