Dulce maldad
Dulce maldad » 31. Arianne
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Irlanda.
Josh mencionó que la persona indicada para enseñarme a usar mis poderes está en Irlanda y viajaré al país lo antes posible. Es un buen paso que le interese mi futuro, aunque no me haré ilusiones. Él aún debe demostrar que vale la pena recuperar el tiempo perdido.
Será un trabajo complicado. Sus años de ausencia me marcaron muchísimo y espero que pueda remediarlo. No sé con exactitud si irá conmigo, pero me gustaría que Asher estuviera presente. Me acostumbré a su presencia y hacerlo sin él sería extraño. Me duele pensar en la idea de separarnos. Ha sido mi soporte y mi antorcha cuando creía que me perdía en la oscuridad.
Ha demostrado ser un fantástico novio, compañero y amigo. Asher era todo lo que necesitaba sin saber que lo estaba buscando. Este proceso sería devastador si no lo tuviera a mi lado. Estaría hundida y acabada. Sola.
—Claro que iré contigo —responde cuando le comento sobre mi conversación con Josh—. Esto no se trata solo de ti, Arianne. Un demonio está suelto y es un peligro para el mundo.
—Eh… bueno. Sí, claro.
Lo miro embobada y aferrada al peluche de felpa desde la cama. Tiene puesto una sola toalla alrededor de su cintura y deduzco que ha tomado una ducha mientras dormía. Hemos estado días en este hotel y duermo mucho. Inconsciente, es la única forma de escapar de mi dura realidad. Asher es bueno aliviando mi dolor.
—Andrew te compró dos combos en McDonald’s y una gaseosa. ¿Aún no tienes apetito?
Puede que de otra cosa sí… Deja caer la toalla como si fuera lo más natural del mundo. Mis mejillas arden y evito mirar más abajo. Él no está avergonzado de mostrarse desnudo. ¿Por qué debería? Su cuerpo es digno de admirar, esculpido por los mismos dioses. Sus tatuajes lo hacen ver más atractivo. Su cabello está mojado y colgando en su frente. Su pecho brilla por unas gotas de agua. La palabra sexy no es suficiente para describirlo. Cuando se pone un bóxer negro y una camiseta del mismo color me mira fijamente.
—¿Ari?
Me cubro la cara con una almohada y oigo su carcajada. Por primera vez en días me siento un poco más ligera.
—¡No puedes hablarme así!
—¿Así cómo?
—¡Desnudo! —protesto—. Es… cruel.
En un instante su cuerpo está sobre el mío en la cama y una necesidad cruda me ciega. Empiezo a temblar de deleite, placer y deseo. Me pregunto si perderme en sus besos me hará olvidar el horror de los últimos días. Quiero perderme y él es una forma muy dulce.
—Puedo ayudarte a comprobarlo —susurra cerca de mis labios.
—Ash…
Me toma la cara con las dos manos y omito reclamarle que oyó nuevamente mis pensamientos. Mi apego hacia él es fuerte, un equilibro para mi oscuridad. Asher es la luz en medio de tanto odio. No importa cuánto luche, he caído muy fuerte bajo su hechizo. El efecto Karlsson es imposible de resistir.
Mi boca se abre y aprovecha para introducir su lengua. Me besa a un ritmo dolorosamente lento que disfruto demasiado. Mi deseo sexual hacia él es desenfrenado y con un par de besos no es suficiente para saciar la adicción.
Quiero más.
Estoy vestida, pero con él me siento expuesta por culpa de mis pensamientos indiscretos. No puedo ocultarme por mucho que lo intente. Es difícil disimular mis ganas de tocar su piel, besarlo, abrazarlo y olerlo.
Asher Karlsson es… adictivo.
Los pequeños mordiscos en mis labios me hacen gemir con suavidad y le ofrezco mi cuello. Él toma la invitación con prolongados besos en mi piel. Desliza sus dedos dentro de mi ropa interior para encontrarme vergonzosamente excitada.
—Cristo…
Cubro mi rostro en su cuello y cierro los ojos. La idea de intimar con Asher no me parece desagradable. Yo… nunca he estado de esta forma con nadie. Soy virgen a mis dieciocho años y que él sea dueño de mis primeras experiencias me vuelve loca.
—¿Hablas de crueldad cuando te pones así por un beso? Mierda, Arianne.
—Perdón —balbuceo.
—¿Qué? —Me mira confundido—. ¿Por qué demonios estás disculpándote? ¿Tienes idea de lo duro que estoy ahora?
Suelto un gritito histérico por la consternación. Sus hermanos están en las otras habitaciones y podrían escucharnos. No quiero lidiar con las burlas.
—Asher…
—Arianne… —dice con una sonrisa en su voz—. No hay nada de qué avergonzarse aquí, no cuando quieres mi marca tanto como yo la tuya.
Oigo el cambio de mi respiración.
—¿La marca?
Pasa los dedos por la suave piel de mi cuello.
—Es un proceso bastante fácil. Consiste en una mordida en tu cuello. Cuando lo haga, cualquier licántropo en el mundo sabrá que eres mía. Tendrás mi esencia en cada parte de ti.
—¿Y yo tendré que morderte a ti también?
—Por supuesto.
—¿Solo eso?
Sus dedos apartan el cabello de mi hombro antes de que sus labios toquen mi piel.
—Bonita, tú puedes morder hasta mi culo si quieres.
Y por primera vez en días, suelto una fuerte risa que sacude mi pecho. Asher se une a mí con los ojos brillantes y orgulloso de hacerme feliz, me hace muy feliz.
—Eres terrible.
—Seré lo que quieras mientras sonrías así de nuevo. —Toca mis labios entreabiertos con su pulgar—. Ahora necesito que me hagas un favor.
—¿Cuál?
—Ven a cenar conmigo —pide y baja mi top para cubrirme el estómago expuesto—. Has perdido peso y me preocupa. Necesitas energía, Arianne. Tus entrenamientos empezarán pronto.
La última vez que me miré al espejo también he notado lo mismo y estoy muy pálida. Mis ojos verdes se apagaron. Tengo la misma expresión de mamá cuando perdió a Theo. Me parezco tanto a ella que es doloroso.
—Está bien. ¿Dijiste hamburguesas?
Su sonrisa reaparece, robándome el aliento.
—Con queso y tocino.
—Genial. —Salgo de la cama con las piernas débiles—. Estoy lista para comer todo lo que encuentre. Estoy hambrienta.
La mesa del comedor tiene todo lo que ansío comer. Hamburguesa con papas fritas, tocino, queso y pepinillos. Asher me sirve un vaso de Pepsi mientras me siento.
—¿Dónde están tus hermanos? —inquiero, dándole la primera mordida a mi hamburguesa.
Mmm… grasiento como me gusta.
—Merodeando los alrededores —dice Asher—. Queremos asegurarnos de que Aulus no está cerca, Andrew aseguró que lo vio espiándonos hace días.
Mastico las saladas papas fritas.
—Deja que llegue a mí —musito—. Será un placer arrancarle la cabeza.
Su boca se tuerce con una mueca.
—Las autoridades de la ciudad se unieron a su búsqueda y no encontraron nada. ¿Acaso es malditamente invisible o qué? —Resopla y me quita una papa de los dedos—. No entiendo cómo nadie pudo capturarlo. Se burla en nuestras caras.
—Hey… —Me siento en su regazo y él pone la mano en mi cintura—. Si te preocupa que llegue a mí, no lo hagas. Lo haré pedazos.
Sus fosas nasales se dilatan.
—¿Cómo pretendes que no me preocupe? Ese bastardo no tocará ni un solo cabello de tu linda cabecita. —Besa la comisura de mis labios—. Quiero llevarlo ante la justicia y obligarlo a que mire la cara de todas las familias que destruyó. Quiero que vea cuántas vidas arruinó.
Pongo mi mano en su pecho.
—Es un monstruo, Asher. No esperes mucho de alguien que trabaja con una devoradora de niños.
—¿Qué gana él a cambio? —indaga—. ¿Qué beneficios le otorga esa bruja a cambio de sus servicios?
—Poder, le cumplió sus sueños, lo que él quiera. —Me encojo de hombros—. ¿Acaso no has visto películas donde la mayoría de los villanos tienen el mismo propósito? Todo se trata de poder.
—No imaginé que se trataba de la misma Abigail. Mamá me contaba historias de ella cuando era un niño.
Frunzo el ceño.
—¿Qué clase de madre le cuenta historias de terror a sus hijos pequeños?
Asher sonríe.
—Solía decirme que iba a comerme si me portaba mal. Supongo que lo hacía para calmarme. —Pone un mechón de pelo detrás de mi oreja—. Era un niño muy rebelde.
Le devuelvo la sonrisa.
—Sigues siéndolo. —Me remuevo en su regazo—. ¿Cuál era la historia que te tenía tan fascinado?
Un ceño fruncido tira de su frente.
—¿Estás segura de que quieres escucharla?
—No soy de cristal.
Quiero oír más anécdotas que me hagan repudiarla.
—Según mamá, Abigail era agradable, simpática y amaba a los niños. Tenía muchos conocimientos y hablaba veinte idiomas. La gente acudía a ella por consejos y curaciones. Ella podía predecir el futuro.
Lamo la sal de mis dedos.
—¿Cómo nadie se dio cuenta de lo que era?
—Tenía la habilidad de embaucar a las personas, un encanto natural —explica Asher—. Abigail expuso sus conocimientos ayudando a soldados heridos que volvían de la guerra, sus intenciones eran buenas. El pueblo la amaba. Muchos la consideraron un ángel enviado del cielo.
No puedo evitar reírme irónicamente. La mujer que estaba dentro del cuerpo de mi madre, estaba lejos de ser un ángel.
—Pero fue enviada a la hoguera —murmuro—. Fue quemada y estoy segura de que se lo merecía.
Asher asiente.
—Con el tiempo, los niños empezaron a desaparecer. Algunos murieron de convulsiones y extrañas enfermedades. Cuando encontraron sus cuerpos, habían sido despellejados y habían drenado cada gota de sangre.
Nunca tuve en cuenta la historia de la bruja cuando investigué el pueblo. Creí que todas las tragedias se relacionaban con los lobos. Qué equivocada estaba. Aulus fue un lacayo de mi abuela, un medio para secuestrar a Theo y entregarlo como ofrenda.
—Tantas personas desaparecidas, captó la atención de la Iglesia y la ley. Pronto descubrieron su propósito. Un padre desesperado buscaba a su hija y la encontró días después en la cabaña de Abigail. Según viejas anécdotas, la niña fue vista dentro de un pentagrama con cuatro niños más. Estaban siendo parte de un ritual.
Me aparto de Asher porque de repente las ganas de vomitar se acumulan en mi garganta. No quiero saber nada. Ya no quiero saber. Me enfermo mientras mi mente evoca las imágenes crueles de niños siendo sacrificados.
Y Theo fue… parte.
—Josh dijo que su identidad nunca pudo revelarse porque tiene la capacidad de usurpar cuerpos y tomar el rostro de sus víctimas. ¿Cómo la reconoceré si algún día está cerca?
Asher alarga la mano y tira del amuleto en mi cuello.
—Este hermoso objeto tiene la función de alertarte. Sabremos cuando esté cerca, Arianne. Tus intuiciones te ayudarán.
Pasos se arrastran mientras los demás se unen con rostros fastidiados. El más molesto parece ser Andrew, quien tiene el ceño fruncido y los puños tensos. Tengo una papa a medio comer cuando los miro.
—¿Qué sucede, chicos? —cuestiono.
Andrew le da un empujón a Axel.
—Este idiota dejó ir a un presunto sospechoso.
Ashton no escucha a sus hermanos y huye a su habitación asignada sin comentarios. Me intriga lo que pasa por la mente de ese chico.
—¿Sospechoso? Era un niño. —Se defiende Axel—. Y se orinó en los pantalones cuando lo amenazaste. No somos bravucones.
—¡Estaba sacándole fotos al edificio! —grita Andrew, una vena late en su frente—. ¿Por qué diablos no te alarma que su cámara tenga fotos tuyas?
—Porque era un niño —repite Axel como si eso explicara el misterio.
Observo la discusión sin dejar de comer. Es Asher quien hace las preguntas.
—Calmen la testosterona y expliquen qué sucede. No puedo entenderlos si hablan como dos cavernícolas. ¿Es muy difícil comportarse?
Andrew vuelve a empujar a Axel.
—Habla, fuiste tú quien lo arruinó.
Axel pone los ojos en blanco.
—Estábamos merodeando como ordenaste y vimos a un chico detrás de un árbol. Su cámara apuntaba directamente hacia nosotros. Ashton se dio cuenta y lo atrapó —expone Axel—. Lo interrogamos y juró que no hacía nada malo.
—Y le creíste —digo con un pepinillo en mi boca.
Axel se muestra avergonzado.
—¿Por qué no? Lucía como una especie de amish con esa ropa.
—Los amish no usarían jamás una cámara —gruñe Andrew.
—¿Qué más? —escruta Asher—. ¿Cuál fue su explicación?
—Miramos las fotos y había varias de la ventana de tu habitación con Arianne. —Andrew echa humo—. Él se justificó diciendo que era un trabajo escolar, pero no le creí nada. Axel lo dejó ir cuando empezó a llorar desconsoladamente.
Axel asiente.
—Me rompió el corazón verlo llorar.
—Idiota ingenuo —sisea Andrew.
Tiemblo por la expectación y el miedo. Ese niño no hacía nada inocente. Probablemente era espía de Aulus y Abigail.
—El hotel tiene cámaras. Podemos ver los movimientos del niño si nos dan acceso a ellas. Tampoco creo que sea una casualidad, él puede guiarnos a Aulus o Abigail.
Axel cavará una tumba para ocultar su vergüenza mientras Andrew se jubila.
—Buena idea —concuerda Asher—. Atraparemos a la basura y ustedes… —Mira a sus hermanos—. No vuelvan a cometer ningún error.
Andrew le grita que no es su padre y Axel que se vaya a la mierda. Traigo otro trozo de papa a mis labios mientras pienso en el movimiento de Aulus. Ha sido excelente. ¿Quién sospecharía de un niño? Juega bien, pero no me intimidará. Cometeré miles de errores, daré pasos en falso y a pesar de todo, seré victoriosa porque tengo algo que a ellos les falta: lealtad por sus seres queridos.
—¿Ari? —pregunta Asher.
—¿Mmm?
—Prepara tus maletas. Iremos a Irlanda esta misma noche.

ASHER
El dueño del hotel nos dio acceso a las cámaras sin inconvenientes. Es un gran amigo de mi padre que le debe muchos favores. Dentro de dos horas partiremos a Irlanda y necesito que el área esté despejada, no quiero llevarme otra sorpresa que implique extrañas criaturas sobrenaturales y Arianne termine herida.
El objetivo del viaje es que sea ameno y productivo para ella. Josh me comentó que hay una persona que la ayudará a perfeccionar sus habilidades. Creí que no sería posible con la muerte de la señora Lane, pero me llevé una sorpresa al saber que aún existen más druidas en el mundo. La mayoría se extinguieron después de la masacre que sufrieron a manos de los romanos hace siglos.
Mi padre se encargó de varios preparativos a pesar de sus interminables trabajos. Un jet privado nos espera en el aeropuerto, listo para partir. Serán nueve horas de viaje hasta Irlanda. Mis hermanos decidieron unirse a la aventura a pesar de que no están obligados. Me gusta que seamos varios interesados en proteger a Arianne.
—Sabía que no era confiable —refunfuña Andrew—. He visto sus intenciones malvadas en esos ojos.
La pantalla de la tablet me muestra el video que captaron las cámaras. Veo al mismo niño con estilo amish que mencionaron mis hermanos. Fotografía partes del lujoso hotel: las entradas, los baños, el comedor, los edificios y, sobre todo, la puerta de la habitación donde nos hospedamos.
¿Cómo pudo pasar desapercibido? Nadie sospecharía de un niño que parece salido de algún culto extraño con la túnica blanca. Es inteligente porque logra insultar a los de seguridad y entra adonde quiere.
Pequeña rata lista.
¿Para quién trabaja? ¿Aulus y Abigail? Nos espió desde el día que nos hospedamos aquí. Siempre pendiente de nuestros movimientos. Nadie imaginaría que un niño como él tendría malas intenciones.
—¿Volvió a aparecer? —pregunto.
Axel niega.
—No, pero me encargaré de atraparlo si lo veo nuevamente.
Perfecto. No podemos darnos el lujo de confiar en nadie. Muchos están al acecho y esperan un movimiento en falso.
—¿Ya terminaron sus maletas? Nos iremos pronto y aún están a tiempo de retractarse. El viaje será por tiempo indefinido.
—No me perdería la diversión de viajar a Irlanda —dice Andrew.
—Yo menos —secunda Axel.
Ruedo los ojos.
—Recuerden que no iremos de turismo ni por placeres. Es para proteger a Arianne y apoyarla en su proceso de aprendizaje. También puede ser muy peligroso, no sabemos qué nos espera.
Mis hermanos se mantienen firmes.
—Me parece atractiva la idea de cazar a una devoradora de almas. —Ashton fuma cerca de la ventana y observa la vista que ofrece la suite—. El grupo de bichos raros sigue ahí y el número de personas aumenta —añade—. La policía empezó a alejarlos porque son demasiados. ¿De dónde salieron? Tienen la misma ropa que el niño amish.
Me froto la frente y frunzo el ceño mientras me asomo para ver. Hay un grupo de personas que ocasionan disturbios frente al hotel. Lo más curioso es que lucen igual que el niño amish que nos espiaba. Los hombres de seguridad ordenan que se mantengan alejados, pero ellos insisten que no lo harán.
Una pesadez me envuelve, de la que no puedo deshacerme.
Enfrentamos a los Persson, vampiros, vimos demonios y ahora un culto. Esto es inesperado.
—Debemos averiguar qué quieren. —Miro a mis hermanos—. Lo mejor será dividirnos.
Ashton se muestra en desacuerdo con la mandíbula tensa.
—No te dejaré solo.
Suspiro.
—No lo harás. Axel y Andrew llevarán a Arianne al aeropuerto con Josh. Tú te quedas conmigo y averiguaremos qué buscan esos bichos raros.
Su aroma rodea la habitación cuando se acerca. Su cabello castaño está mojado por la ducha y sus ojos verdes resplandecientes. Ha estado deprimida, pero sé que el viaje la mantiene un poco motivada. Tiene un propósito, su sed de venganza no le permite rendirse.
—Estás loco si piensas que me iré sin ti.
Le doy un beso en la frente.
—Quiero que vayas al aeropuerto con mis hermanos —murmuro—. Estaré bien, pero antes necesito averiguar qué buscan y asegurarme de que no haya más amenazas inesperadas. Seré breve.
—Más te vale o estaré muy molesta.
Sonrío y señalo a mis hermanos.
—Váyanse de una vez, utilicen la salida de emergencias —remarco—. Envíenme un mensaje cuando lleguen al aeropuerto.
—Te veo ahí. —Arianne suena insegura mientras Andrew la ayuda con sus maletas.
Ashton gruñe mientras rebusca un paquete de cigarros en su bolsillo.
Me preocuparía si fuera humano, pero esa mierda nunca le afectaría los pulmones. Empezó a fumar desde que su novia se fue, sé que la extraña, aunque no habla de ella. Actúa como si nunca hubiese existido.
—¿Cuál es tu plan entonces? —pregunta—. ¿Enfrentar a los bichos raros y obligarlos a decirnos para quién trabajan?
—Esa es la idea.
Caminamos al ascensor mientras Arianne y mis hermanos utilizan las escaleras de emergencia. Ashton presiona el botón que nos lleva al primer piso, cuando las puertas se cierran.
—Debiste dejarme a cargo e irte con ella.
—Esta gente nos espió por días, Ashton. Y no hablo de uno solo, ellos saben que Arianne es mi compañera y esperan que la proteja siempre —niego—. Llegará al aeropuerto sin inconvenientes con Axel y Andrew.
—¿Crees que hay una recompensa por su cabeza? Hemos visto las cosas que puede hacer.
Usar el fuego y mover objetos a su antojo. El demonio fue claro con sus intenciones la noche que mató a la señora Lane. Quiere a Arianne a cualquier costo y no se detendrá.
—El vampiro que enfrenté en el bar mencionó a un tal supremo —mascullo—. Quería llevar a Arianne con él. Hay más de un interesado en atraparla.
La boca de Ashton se crispa en una mueca.
—¿No podía tocarte una compañera normal?
Sonrío.
—No querría a Arianne de otra manera.
Bajamos del ascensor y nos dirigimos hacia el grupo de alborotadores que es vigilado por algunos hombres de seguridad. Lo que veo es alarmante. Tienen túnicas blancas muy sucias que llegan al suelo y desprenden un olor desagradable que se hace más fuerte a medida que nos acercamos.
—Parece que nunca conocieron una ducha —comenta Ashton.
—Y tampoco tuvieron un armario decente. Me dan más lástima que miedo.
—No te dejes llevar por las apariencias.
—Disculpe. —Le sonrío al hombre de seguridad—. Yo me hago cargo de ellos. Mis fans suelen ser intensos.
El sujeto mira con desconfianza al grupo y toca la funda de un arma que se encuentra enfundada en su cintura.
—La policía llegará pronto porque están en propiedad privada y asustan a los clientes. No sabía que estaban aquí por usted, señor Karlsson.
Mi sonrisa forzada es todo dientes.
—Me disculpo por la intrusión. Se irán pronto.
Asiente desconfiado antes de retroceder y regresar a su puesto. El líder del grupo me enfrenta con la barbilla en alto. Es calvo y de ojos rasgados. Me ponen nervioso las condiciones en que se encuentra él y sus seguidores. Lucen como si necesitaran ayuda.
—Sabemos quiénes son. —Su voz es rasposa y dolorosa—. El gobierno los mantiene en anonimato porque no quieren alterar a la población. Bestias con formas de hombres.
Observo a los subordinados con una expresión de suficiencia. No me alteran porque ya me esperaba que dijeran algo así. Nos investigaron muy bien.
—¿Con quiénes tengo el gusto de hablar? —pregunto, con un tono cargado de sarcasmo.
Los ojos rasgados del hombre se estrechan en mi dirección.
—Somos los elegidos y te exigimos que entregues a la druida.
La tensión en el aire se expande y la rabia me hace avanzar a él. Ashton pone una mano en mi hombro para calmarme. ¿Cómo pueden venir aquí y exigir que entregue a Arianne? Pobres crédulos. Ni muerto permitiría que algo así suceda, soy su protector.
—Explícame por qué razón te entregaría a mi novia. —Mis fosas nasales se ensanchan—. Que sea una excelente explicación o demoleré tu cara a golpes por hablar de ella.
Sin emoción, el sujeto me mira durante unos segundos más mientras la ira respira en mi nuca.
—Hemos sido privilegiados para ver el más allá y tener un momento con aquellos que perdimos. Somos los elegidos del supremo.
La respiración se contiene en mis pulmones y mi cuerpo se queda quieto. Lo hace sonar simple, como si fuera un día donde vas a comer brownies en una repostería. Mi mandíbula está floja con el peso de sus palabras. Reafirmo mi teoría de que necesitan ayuda en muchos aspectos, sobre todo, la terapéutica.
—El más allá —repite Ashton—. ¿Y cómo contribuiría la druida en la causa?
Una mujer escuálida y débil camina con dificultad hacia mí. Sus ojos inyectados de sangre indican que tiene serios problemas con la droga. Apesta a marihuana y las condiciones en las que se encuentra son alarmantes, temo que esos huesos se quiebren en cualquier momento.
—Ella es nuestro pase al otro mundo. —Los sollozos me conmoverían si no supiera sus intenciones—. El supremo la quiere a cambio de darnos la paz. ¿No harías cualquier cosa para abrazar por última vez a alguien que amaste desesperadamente y lo perdiste muy rápido? Porque yo sí.
No siento empatía hacia alguien que no tiene respeto hacia la vida de una inocente. Porque Arianne es inocente y nunca pidió nada de esto. ¿Cómo esta mujer es capaz de enfrentarme y tratar de insinuar que la vida de mi compañera no vale nada?
—Me llamaron bestia cuando son peores que yo —digo con ironía—. No sé quién sea el supremo, pero les lavó el cerebro. Busquen ayuda porque no existe un más allá.
La rabia brilla en los ojos del calvo, la naturaleza de su violencia sale a la superficie.
—No insultes nuestras creencias, niño bonito. Tú no sabes las cosas por las que hemos pasado para estar aquí. No viste el regalo que nos dio el supremo, un regalo por el que mataríamos. Incluso a tu novia la druida.
He tenido suficiente, mi paciencia se agota. Mi pecho se expande con rabia, mi codo conecta en su esófago y su nariz. Él se tambalea con las manos en la garganta y sin aire. Pateo sus costillas cuando se derrumba al suelo con un grito silencioso, no saldrá ileso de aquí.
—Ya fue suficiente. —Ashton me toma por los hombros—. Cálmate o terminarás en una celda.
El sonido de sirenas suena y una patrulla estaciona. La policía tardó en llegar, pero no me interesa. Ya le he dado su merecido a este idiota. La mujer frágil ayuda al bastardo que golpeé y me mira con lágrimas en sus ojos.
No lo lamento.
Ellos insultaron la vida de Arianne.
—¡Jefe! ¡Jefe! —El mismo niño de la cámara se acerca con el pecho agitado y asustado—. Registramos todo y no hay nada. Lo mejor será que regresemos.
Atrapado en el alivio, bajo los muros de defensa. Arianne y mis hermanos están bien.
—¿Registraron todo? —gruñe el calvo con sangre en su nariz—. El supremo advirtió que no vayamos sin ella.
—Sin huellas, jefe.
A la mujer le toma mucho esfuerzo encontrar su chillona voz.
—¡Regresen a la camioneta! ¡¡Corran!! ¡¡Corran todos!!
El grupo se dispersa alterado y luchan contra la policía que los captura uno por uno. Ashton y yo no tenemos nada que ocultar así que observamos el escándalo. Fueron ellos quienes merodearon por días el hotel, como acosadores.
Nosotros somos las víctimas.
No me interesa qué sucede con ellos. Ahora solo quiero llegar a Arianne. Necesito llegar a Arianne.

ARIANNE
Permito que me guíen fuera del hotel por la salida de emergencia. Noto que es de noche cuando llegamos a la camioneta. Andrew sostiene mi mano mientras Axel nos sigue con calma. Huir constantemente se está volviendo aburrido. Lo viví dieciocho años y no aprecio que me lleven a un lugar sin preguntar mi opinión. No soy una muñeca de trapo que pueden mover de un lado a otro.
Me cansé.
Axel lanza mis maletas dentro de la cajuela y Andrew me abre la puerta. Me libero de su agarre con un fuerte tirón y me cruzo de brazos. Estoy cansada de que todos intenten protegerme como si fuera una criatura frágil.
Puedo cuidarme muy bien por mi cuenta.
—Esperaré a Asher. —Me cruzo de brazos—. No quiero ir sin él a ningún lado.
Andrew suspira.
—Entiendo que te preocupes por él, pero estará bien. Asher es más fuerte que cualquiera de nosotros.
Eso lo he comprobado, pero se molestó en preguntarme si quería ir con sus hermanos. Él lo ordenó como si fuera un peón.
—Yo también lo soy. Ya basta de pensar que no podré manejar lo que pasa.
Axel carraspea.
—Mira, podemos discutir cuando lleguemos al aeropuerto con tu padre. Ahora no es el momento, Arianne. Lamento que te sientas como una marioneta, pero intentamos protegerte a cualquier costo.
Mi risa es áspera.
—Wow… qué considerado. ¿Una marioneta?
—De ninguna manera eres una marioneta —aclara Axel—. Has pasado por situaciones muy duras y queremos hacer que todo sea más fácil para ti. No tiene nada de malo recibir un poco de ayuda.
Mis párpados se cierran lentamente y asiento. Sé que estamos corriendo por nuestras vidas y no quiero arriesgarnos a pesar de mi enojo.
—Bien, pero tengan en cuenta mis deseos la próxima vez.
Andrew imita un saludo militar.
—Sube al auto, corazón.
Esta vez lo hago sin peros y nos ponemos en marcha por la interestatal concurrida. Mi inquietud tensa mi cuerpo mientras miro las luces de los edificios. Cuando pienso que tendré un descanso, un nuevo problema se presenta.
Matar a Abigail es mi mayor prioridad.
—¿Quiénes eran? —pregunto.
—Escuché que se hacen llamar «los elegidos» —contesta Andrew—. Y te quieren a ti.
Me encojo, mis rasgos se arrugan por el disgusto.
—Qué novedad.
—Honestamente, no me preocuparía por ellos —dice Axel—. Son un par de loquitos que necesitan terapia.
Yo no subestimaría a esas personas. Si usaron a un niño para espiarnos, los creo capaces de hacer actos más terribles.
—Díganme, chicos. ¿Están dispuestos a dejar sus vidas en New Hope para acompañarme a este viaje? —inquiero—. No tienen ninguna obligación conmigo.
Andrew me acaricia el cabello.
—Lo sabemos, pero solo un tonto rechazaría un viaje a Europa. De cualquier forma, el pueblo es jodidamente monótono. Me cansé de ver a las mismas personas.
—Me cansé de follar a las mismas personas —añade Axel.
Ya veo por dónde viene la cosa.
—Un demonio me persigue —les recuerdo.
La sonrisa de Axel es como la del Gato de Cheshire.
—¿Y? Más emoción para nosotros.
Pongo los ojos en blanco, pero sonrío como tonta. Hicieron que el viaje a Chicago fuera entretenido hasta que encontré a mi madre muerta.
No, no regresaré a ese pozo sin salida.
—Idiotas.
Axel escoge una canción al azar mientras miro la ciudad antes mis ojos. No puedo creer que mi madre haya escogido ese deprimente bosque en vez de esta maravilla. Nos perdimos tantas cosas juntas por culpa de sus miedos y Abigail.
Pienso en cómo lucía la última vez que nos vimos cuando decidí partir a New Hope. Tan hermosamente dolorosa. La imagen de sus lágrimas será difícil de borrar. Aunque éramos opuestas, a su lado tuve muchos momentos de felicidad y paz; era mi hogar.
Ambas éramos el claro reflejo de la otra, pero mientras ella despreciaba sus poderes, yo decido abrazarlos. No quiero verlos como una maldición.
Al contrario, son los únicos que me pueden ayudar a detenerla.
Solo ellos.
—Una camioneta está siguiéndonos —dice Andrew.
Me vuelvo hacia ellos con los ojos amplios.
—¿Qué? —balbuceo, temerosa de su respuesta.
Andrew escribe rápidamente en su celular mientras Axel aumenta la velocidad. Siento un cosquilleo en mi nuca y mi cuello, y las alarmas se encienden como la sensación de inquietud. Volteándome en el asiento, me asomo por la ventana trasera para obtener una mejor vista. Detrás de nosotros, una camioneta chatarra está tan cerca que puede besar nuestros traseros. Agudizo mis ojos y veo quiénes son.
—Los jodidos amish —gruñe Axel—. Por supuesto que había más fuera del hotel y no nos dimos cuenta.
Manejan como locos, tratando de alcanzarnos, pero Axel es bueno en el volante.
—Mierda. —Axel maldice y gira el volante a la derecha. Una bocina suena, los neumáticos chirrían cuando pisa los frenos con fuerza.
—¡Dioses! —grito. Un camión que transporta vacas se interpone en el camino—. ¡Cuidado, Axel!
Axel evade el camión girando a la izquierda, pero la camioneta enemiga está a centímetros de alcanzarnos. Miro a Andrew con impaciencia.
—Les daré una lección —digo.
Un tic muscular pincha su mandíbula.
—No hagas que nos maten.
Le enseño el dedo del medio y sonríe.
—Confía en mí.
Axel no objeta y el velocímetro aumenta a casi 180 km por hora. Me siento muy segura de mí misma como dice la canción de Nirvana que suena en los estéreos. Abro la ventana y asomo la cabeza muy clara en mi objetivo.
Las bocinas suenan y los conductores me gritan insultos, sin embargo, nadie me frena. No cuando el sentimiento de ira predomina en mis venas. Las llamas vuelan de mis palmas como granadas mientras golpean el parabrisas y el capó de la camioneta enemiga.
Consigo que pierdan el control y choquen contra un poste en una explosión de humo y llamas. Una pequeña sonrisa asoma mis labios y me siento al lado de Andrew casualmente.
—Estás jodidamente loca. —Axel se ríe con nerviosismo—. Me das miedo.
Andrew toma mis manos y las examina.
—Eso fue peligroso, pero genial.
Observo la escena a través del espejo retrovisor. El paso de la interestatal es obstruido por varios autos que se detuvieron a ver qué sucedió. No me quedaré quieta mientras mis enemigos me atacan sin piedad, les devolveré los golpes y no seré suave.
Tres cuadras después pienso que estamos a salvo, pero mi felicidad no dura mucho tiempo. Otro coche sale de la nada, interceptándonos. Axel mantiene un agarre de muerte en el volante y nos mueve por la carretera. La camioneta patina mientras toca la palanca de cambios. Un centímetro más y estarán cerca. Un centímetro más…
—¡Joder, muévete! —Andrew le grita a Axel—. ¡Conduces como una maldita anciana!
—¡Cierra la boca! —espeta Axel a cambio.
—¡Basta los dos! —Me meto en la discusión—. ¡Lo resolveré también!
Abro la ventana para practicar la misma maniobra, pero es tarde. La camioneta se estrella contra nosotros y mi mundo se vuelve negro. Mi nombre en los gritos de Andrew es mi último recuerdo.

Despierto cuando siento manos tocándome y mi corazón dispara varios latidos, mi cabeza palpita con la fuerza de mil trenes. Aprieto los dientes para evitar el vómito que amenaza con subir a mi dolorida garganta. Incluso si quiero luchar es inútil.
¿Axel? ¿Andrew? ¿Dónde estoy?
Abro mis ojos lentamente y distingo dos presencias desconocidas mirándome. Trato de mover las manos y los pies, pero no reaccionan. Mi brazo está herido y cintas me sujetan a una mesa clínica. ¿Qué demonios?
—¿Qué están haciéndome? —Mi garganta está seca como una lija—. ¿Quiénes son ustedes?
Escucho una risa cruel en el fondo de la habitación. Yo reconozco esa risa.
—Es un placer verte nuevamente, Arianne. Me costó mucho atraparte. —Suena fastidiado—. Los Karlsson siempre están metiéndose en mis planes.
Su voz… Estoy tan débil que mi visión borrosa lucha para mantenerse abierta. El sudor humedece mi nuca, deslizándose a mis pechos.
—Le sugiero que me deje ir —escupo, enojada—. Si es inteligente lo hará o quemaré cada parte de su repugnante cuerpo.
La risa se convierte en una carcajada.
—Escúchame, druida o loba, no sé qué término prefieras. —Se burla—. Tienes drogas dentro de ti y mantienen tu ritmo cardíaco casi muerto. No puedes usar tus poderes y tu lobo no va a encontrarte. Estás bajo mi merced y recomiendo que te comportes o ya no seré amable.
—¿Qué quiere de mí?
Pretendo moverme, pero una corriente eléctrica me empuja hacia atrás grito. Mis pulmones desuellan por el dolor que me apuñala el pecho, mis ojos llorosos miran la figura que se burla de mí. Ese bastardo…
—Si haces otro movimiento, será aún más doloroso.
El terror llena mis entrañas como pirañas y jadeo cuando sale de las sombras. Acomoda su elegante corbata mientras su mirada me atraviesa. Luce tan malicioso y depravado. Es el monstruo que mató a mi hermano.
Es él.
—Tú…
—Muchos me conocen como el supremo, pero tú puedes llamarme Aulus Persson.