Dulce maldad

Dulce maldad


Dulce maldad » 33. Asher

Página 36 de 47

Diez horas sin Arianne.

Diez jodidas horas de angustia sin poder escucharla ni lograr encontrar una mínima pista que me lleve a ella. Si estos imbéciles no me dicen dónde diablos está, no me importará quemar la iglesia y desatar un infierno.

Es el miedo que me impulsa a actuar sin medir las consecuencias. Es la ira quien toma control de mi cuerpo y la impaciencia nubla mi capacidad para pensar con razonamiento. Imaginar a Arianne sufriendo en manos de ese monstruo me pone furioso. Necesito tenerla en mis brazos y no soltarla nunca más.

Necesito protegerla.

Necesito abrazarla y prometerle que nada ni nadie volverá a separarnos.

La necesito.

—Respira —dice Ashton al notar el color en mis ojos. Cambian a amarillos cuando me enfurezco, mi lobo gruñe por las ansias de salir—. No mates a nadie en público.

Aprieto la mandíbula.

—No prometo nada.

—Esto será muy divertido. —Se ríe Andrew.

La iglesia Inmaculada es una vieja arquitectura probablemente fundada en el siglo pasado. Luce impecable con la cruz en la punta del techo y estatuas de ángeles como decoración. Están llevando a cabo una congregación mientras ingresan varias personas con aspectos de hippies y amish.

Los locos se multiplican.

—Me pregunto qué harán ahora —murmura Andrew a medida que avanzamos—. Sospecharán si nos ven entrar.

—Vamos a mezclarnos con los demás —digo, mirando el entorno—. Hay muchas personas.

Una sonrisa crece en la boca de Axel.

—¿Crees que será muy fácil mezclarnos? Solo míranos. —Señala nuestros cuerpos—. Somos guapos y no lucimos como si un elefante hubiera hecho popó sobre nosotros.

Niego con la cabeza y nos acercamos a la acera donde hay más personas acumulándose. La zona podría parecer una iglesia normal donde veneran a su dios. Nadie creería que reclutan a personas que sirven como sacrificios a un demonio.

El guión es digno de una película de terror.

Sentiría pena por ellos si no hubieran secuestrado a Arianne. Trataría de abrirles los ojos, pero están demasiados ciegos por la fe que profesan. No escuchan a nadie que les cuestiona sus actitudes deplorables.

El supremo tiene un poder inquebrantable sobre ellos.

—¿Adoran a un dios que supuestamente hace milagros? —cuestiona Axel.

—El único dios capaz de hacer milagros es mi pene —responde Andrew.

La expresión de Ashton es seria, dura y aburrida. Reprende a mis hermanos que continúan con sus bromas estúpidas. No es momento.

—Es un asunto importante —mascullo—. Compórtense o váyanse a la mierda.

Andrew me codea.

—Tranquilo, alguien tiene que ponerle humor a la situación.

Mi mandíbula se contrae.

—¿Te parece que estoy de humor, Andrew?

—Cierren la boca todos. —Ashton nos empuja a la entrada—. Arianne sigue secuestrada y ustedes pelean como niños. Maduren de una vez.

Niego con la cabeza e ingresamos a pesar de las miradas sorprendidas que nos dirigen. Sí, llamamos la atención. Debimos arrancar las sábanas viejas del hotel para imitar las ropas feas que usan, pero lo bueno es que no leí ninguna advertencia sobre que aquí tengan códigos de vestimenta.

Acepta a tu prójimo como tal. ¿No es eso lo que predican?

Hay personas llorando y abrazándose mientras una mujer toca el violín en la esquina. La congregación no solo es un evento espiritual, también social. Nos mantenemos lejos para no llamar más la atención y escuchamos el evento.

Finalmente, el calvo que nos enfrentó en el hotel se hace presente. Viste la misma túnica blanca y está descalzo. Sostiene una vela roja y se posiciona en el centro de la iglesia. Las luces se apagan, el resto del público aclama su nombre como si fuera una deidad. Se llama Todd.

—Bienvenidos, hermanos —dice Todd—. Estoy muy feliz de ver que cada vez somos más quienes seguimos y confiamos en nuestro supremo.

Por favor, vengan a mí.

Todos se reúnen en el altar, formando un círculo y tomándose de las manos. Las mujeres lloran de emoción al igual que los hombres. No debería juzgar sus creencias, pero apoyan que sacrifiquen a una chica para saciar el hambre de un demonio hacia el poder. Perdieron cualquier signo de respeto que podría sentir por ellos.

—Hermanos —manifiesta el calvo—. Sabemos que el día del juicio final se acerca y esta es la única oportunidad que tendremos de volver a reencontrarnos con nuestros seres queridos. —Agarra el micrófono que le ofrece una mujer y le devuelve la vela—. Estamos destinados a cumplir con la palabra de dios, somos Los Elegidos para abrir las puertas del cielo.

Las personas lloran dramáticamente y se abrazan entre ellos. Aplauden en puro jubilo mientras el violín suena con más ímpetu. Es muy parecido a una escena de Titanic cuando los músicos tocan una melodía deprimente y el barco se hunde.

—Damos las gracias al supremo por considerarnos dignos de su amor —prosigue el líder—. En su nombre le ofrecemos este regalo. Le damos las gracias por guiarnos por el camino del bien y el privilegio de conocer su reino. ¡Gracias, señor!

—¡Gracias, señor! —repiten las personas al unísono. Axel y Andrew se unen al coro.

Algunos idiotas se arrodillan y besan las manos del lambiscón que alaba al bendito supremo. Quisiera arrancarme los oídos para no escuchar estupideces, el fanatismo ciego que estoy presenciando es repugnante. ¿No pueden ver el daño que provocan? Es imposible que todos crean ciegamente sin cuestionar nada.

—Mi querida gente, nuestro comienzo está destinado a la ciudad de la esperanza. New Hope nos llama, New Hope es la puerta al cielo.

El shock me hace bajar la guardia por un segundo ante su revelación directa. Que mencione a New Hope confirma una vez más que Aulus y Abigail están relacionados con los elegidos.

—Nuestro señor verá nuestra devoción y seremos recompensados. Es un privilegio ser parte de esta causa —aplausos por parte del público—. Somos los elegidos y nos sentimos muy afortunados de servirte. Alabado seas, señor.

—Alabado seas —repite el grupo.

¿En esa causa sacrifican a Arianne? Mi pecho se hincha de rabia y dirijo la vista a mis hermanos. Ellos están igual de conmocionados por la afirmación del lambiscón. Más problemas para mi padre que tiene suficiente con las personas desaparecidas y ahora deberá lidiar con un culto de imbéciles.

La furia no me permite medir mis próximas acciones cuando veo al mismo niño que nos espió en el hotel entre la multitud. Sostiene la mano de una mujer que parece ser su madre. La ira me recorre como una bestia salvaje y mis nervios se disparan.

Nadie me detiene mientras avanzo hacia el líder y estampo su cuerpo contra la pared de la iglesia. La música para, los llantos también y se instala el absoluto silencio en el salón. Mi nariz se ensancha y mis huesos crujen por la cólera. Ya no perderé más tiempo en tonterías.

Si debo recurrir a la mano dura, lo haré.

—El chico bestia… —dice con horror y un nervio sobresale en su sien—. Déjame ir o mis súbditos tomarán represalias.

Me burlo.

—¿Esos sacos de huesos?

Noto un borrón a mi izquierda, pero mi mano sale disparada y alcanzo el cuello del atacante. Libera un grito cuando le doy un fuerte apretón y lanzo su cuerpo inconsciente al suelo como un saco de papas. Escucho los jadeos colectivos mientras retroceden y mis hermanos se unen a la batalla. Cuatro licántropos pueden matar a cien personas muy fácilmente.

—Por favor, no me mates… —El líder suelta un sollozo herido—. Solo sigo órdenes de mi señor.

Mi rodilla conecta contra su ingle y pide a gritos que tenga piedad por su patética vida. ¿Piedad? ¿Dónde estaba cuando secuestraron a Arianne? Nadie lo defiende, no con la amenaza que represento junto con mis hermanos.

—Dijiste que sabes lo que soy. —Sonrío, poniéndome de cuclillas para estar al mismo nivel de sus ojos.

—Sí. —Solloza y se cubre la cara con las manos.

Todavía no hice nada. ¿Por qué está tan asustado?

—Entonces sabes cuán peligroso es la mordida de un licántropo. —Mis garras se asoman para su terror—. ¿Crees en tu dios?

Su fuerte llanto hace reír a mis hermanos y arrugo la nariz al sentir el espeso olor a orina. El maldito cobarde acaba de mearse encima. Lo consideraba más valiente cuando me enfrentó en el hotel y tuvo las pelotas de secuestrar a mi chica.

—Respóndeme —gruño.

—Sí, sí creo —gimotea sin el valor de observarme.

Una sonrisa levanta las comisuras de mis labios.

—¿Qué hay del diablo?

Otro sollozo desgarrador sale de él. Sus súbditos tiemblan de miedo y otros de furia porque no pueden hacer nada. Un movimiento y mis hermanos los desgarrarán.

—Si existe el bien, también el mal. —Lloriquea.

—Me alegro que lo tengas en cuenta porque el jodido diablo está justo frente a ti.

Mi puño se estrella contra su nariz, salpicando el suelo de sangre. Me levanto y pateo el tendón de sus rodillas, las costillas y la cabeza. Las mujeres lloran que me detenga y los niños se tapan los ojos. Mis hermanos mantienen a la multitud fuera de mi alcance porque soy capaz de matar al próximo que se acerque.

—¡Por favor, por favor, para! —Llora una mujer, la misma que vi fuera del hotel—. Sé por qué estás aquí y te diré lo que quieras. Solo detente.

Me retiro lentamente cuando al fin escucho lo que quiero oír y me froto los hombros. La cara del calvo lambiscón es irreconocible mientras el río de sangre lo cubre y está inconsciente. No me interesa.

Su vida no tiene valor para mí.

—¿Cuál es tu nombre? —Me dirijo a la mujer escuálida.

Mi aspecto sigue intachable y ningún cabello está fuera de lugar. No puedo decir lo mismo del idiota que ensucia las suelas de mis zapatos con su sangre. Pobre Todd.

—Marjorie —dice insegura y temerosa.

—Marjorie —repito—. Dime dónde demonios está mi chica y perdonaré la vida a tu gente. De lo contrario, yo mismo los enviaré al otro mundo.

Se ahoga en un estallido de sollozos y agarra a una pequeña niña que abraza su pierna. Creí que mi corazón había muerto para estas personas, pero me equivoqué. ¿Qué tan triste es llevar este tipo de vida? La pobreza extrema mientras esperas ser sacrificado por culpa de mentirosos que hicieron promesas imposibles de cumplir.

—Sé que están en la vieja fábrica de la difunta familia Preston. Hay un bosque cerca con muchos árboles.

Ashton escribe inmediatamente en su celular mientras la mujer da las descripciones entre lágrimas.

—Muy bien, Marjorie —mascullo en voz baja y amenazadora—. Más vale que ella esté ahí o regresaré.

Marjorie asiente y se aferra a la niña.

—Está a diez minutos de aquí —dice Ashton.

Entonces mi sentido de lobo estalla a la vida y puedo oírla. Siento su desesperación, miedo, angustia, todo. Hay un débil jadeo, pero la escucho.

Es Arianne.

Mi pulso martillea, mi cuerpo se tensa de repente con violencia reprimida. Ladeo la cabeza, centrándome en su ubicación. Su respiración es ineficaz como si sus pulmones no recibieran el suficiente oxígeno.

Está cerca.

Tan cerca.

Camino fuera de la iglesia a grandes zancadas sin detenerme a disculparme por aterrorizar hasta a los pobres niños. Ellos no tienen idea de lo que soy capaz de hacer por las personas que me importan.

Arianne es mi chica y por ella destruiría el mundo si me lo pidiera.

ARIANNE

Contengo la respiración y rezo para mantenerme tranquila mientras encorvo mi espalda en cada pasillo, solo mego que nadie pueda encontrarme. El corazón late contra mis costillas tan fuerte que duele. He pasado más de diez minutos buscando una salida, pero mi tarea se está dificultando.

Sin obstáculos por ahora.

Entrecierro los ojos, mirando fijamente la puerta de hierro que se encuentra justo a unos centímetros, será difícil abrirla. Mi mente está puesta sobre ella y me imagino haciéndola añicos. Una potente energía llena mi cuerpo, haciendo que mis brazos se agiten.

Y luego sucede.

La puerta se rompe de golpe y las alarmas se encienden. Estoy demasiado conmocionada, sin poder creer que hice eso con solo desearlo. ¿Hasta dónde soy capaz de llegar gracias a mis habilidades?

Los pasillos son oscuros, como si estuviera en un túnel. Con la adrenalina invadiendo mis venas, me dirijo hacia la puerta y corro con todas mis fuerzas. Una vez fuera, la luz de la luna me da la bienvenida. Me gustaría cambiar de forma y abrazar mi lado licántropo. Estoy segura de que sería invencible y nadie podría detenerme, nunca pensé anhelar convertirme en algo que despreciaba.

Empiezo a correr sin importar que esté descalza y trozos de vidrios se incrustan en mi piel. ¿Dónde estoy? Visualizo una especie de vieja fábrica con maquinarias empolvadas, rodeada de árboles gigantes. Tengo puesta una horrible túnica blanca y mi cabello castaño cubre mi rostro. Me arranco la intravenosa con una mueca al ver que mi piel es púrpura.

Ese enfermo robó litros de mi sangre. Litros…

Mientras más corro, menos siento los dedos de mis pies y los pinchazos de los vidrios duelen. Estoy agotada y mareada. Mi vista se vuelve borrosa, las arcadas suben a mi garganta y sostengo mi estómago.

No puedo más.

Hago una pausa, me detengo detrás de un árbol esperando que nadie me note. Miro un granero a punto de derrumbarse y me pregunto si es buena idea entrar ahí. Al menos hasta que recupere mis fuerzas y pueda continuar.

¿Asher me escucha ahora?

—Asher…

Oigo un aullido furioso y reconozco al instante que se trata de Aulus. No seré tan afortunada como para ser encontrada rápido por Asher o sus hermanos. Mierda. Retomo mi marcha fuera del granero sin soltar mi estómago. Espero no desmayarme por el dolor paralizante. Hay un acantilado cerca que dirige a un río. ¿Qué pasará si me lanzo al agua? ¿Sobreviviré? Correré el riesgo, no quiero ser una rata de laboratorio sin voluntad.

Escucho aullidos, pero esta vez son más fuertes e intensos. Un aullido que aclama mi nombre y me ruega que no me dé por vencida. Mis pies me traicionan, mi cabeza golpea una roca cuando caigo al suelo y ahogo un quejido angustiado.

El cielo es precioso con las estrellas brillantes y la luna resplandeciente. Si nuestra creadora tiene buenos planes para mí, este es su momento de demostrarlo. No quiero regresar en la jaula que Aulus tiene reservada. No quiero. Mientras mis ojos se cierran, puedo olerlo, sentir su respiración agitada. Está tan cerca de mí. Tan cerca…

—Asher —susurro.

Otro aullido largo y aterrador, como si estuviera agonizando igual que yo. Mis ojos están cerrándose, pero algo cálido me reconforta, algo suave y tranquilizador que me recuerda cómo se siente estar en casa. Parpadeo lentamente y lo último que veo son unos familiares ojos amarillos.

Te tengo, bonita. Te tengo.

Ir a la siguiente página

Report Page