Dorita

Dorita

Singón Bolívar

#AnécdotasDeSingón

  Hace un tiempo ya, en Cienfuegos, en el reparto Pueblo Griffo, conocí a una blanquita llamada Dainelys, ella era unos añitos mayor que yo pero muy en zona de strike. Enseguida hubo química entre nosotros, como no podía ser de otra manera, enseguida supe que se quería comer este bomboncito que todas se quieren comer, y mi martillo dio el visto bueno para conocer sus agujeros.

  La cosa es que ella trabajaba en un grupo infantil, haciendo de payasa, y además iba a cumpleaños o cosas de niños, ese era su negocio aparte. Como payasa se llamaba Dorita. Quedamos una noche, dimos una vuelta protocolar, y como buen seductor, como no se pudo darle lo que le tocaba esa misma noche, dejé el terreno listo y caliente para el día siguiente. Ya al otro día sí quedamos para singar sí o sí. Yo me estaba quedando en casa de una tía mía, y preparé todo para cuando ella llegara, hasta velas puse en el cuarto para poner mejor la atmósfera, pues un verdadero singón siempre domina el terreno no importa que juegue de local o de visitante.

  Ella me llamó como a la una de la tarde para decirme que tenía un cumpleaños para el que la habían contratado y que cuando saliera de ahí iba para allá para la cosa donde yo la estaba esperando. La cosa fue que hubo un lío en el cumpleaños, parece que el padre del niño se emborrachó y puso aquello malo, y la muchacha salió de allí y no pudo ni cambiarse de ropa, y se apareció a mi casa vestida completa de payasa y con la cara pintada y todo, y me dijo «Casi tuve que salir corriendo de allá, tremenda pena, los niños llorando y la madre dando un escándalo, dame un chance para cambiarme a ver si me relajo.», pero en ese momento ya yo estaba inquieto, aquello me calentó y le dije «No te preocupes, Dorita también tiene derecho a singar y a relajarse». Se ve que eso la calentó también a ella porque se empezó a reir y nada más se quitó los zapatos y se sentó en la cama.

  Para no hacer el cuento largo, como tenía la cara pintada para empezar me dejó el martillo hecho un arcoíris, y si por culpa del borracho la otra fiesta quedó mala y los niños llorando, el verdadero cumpleaños feliz fue el de todos los niños que le tiré a chorros, con mi piñata de carne, después le eché unos cuantos palos bien brutales, el martillo estaba alterado y como quien dice a la payasita Dorita le destrozó la vaginita.

  Después paramos porque ella estaba casi desmayada, yo le preparé algo de tomar y comer y como todo un caballero se lo llevé a la cama porque no podía ni pararse casi y después cuando vi que se iba a quedar dormida le dije «Espérate, no te duermas, que esto no se acaba hasta que se acaba, ya me singué a Dorita pero todavía tengo que singarme a Dainelys, que en definitiva era la que me iba a singar hoy.»

  Ya para ese entonces ya Dorita se había desbaratado, la ropa andaba tirada por el piso y quedaba muy poco del maquillaje de tanto sudar y de tanto placer de todas las veces que se vino, incluso en ese intermedio hubo que cambiar la sábana que estaba toda embarrada de pintura y por supuesto de fluidos vaginales. Pero faltaba Dainelys todavía, y fue mucha la barra que le metí nuevamente, yo sí no creí en cansancio ni le di clemencia, lo que sí le di fue mucho placer y más intensos orgasmos, un verdadero singón sabe que una mujer bien taladrada saca energía de donde parece no haberla con tal de seguir disfrutando. Y si algo hizo Dainelys esa tarde fue disfrutar, tanto que ya sí cuando le di bien su merecido cayó desmayada, KO, y estuvo durmiendo hasta el otro día, lo malo fue que como estaba así muerta no pude darle su mandarria nocturna, y tuve que buscar variantes.

  Pero en fin, así fue la historia de Dorita o de Dainelys, en resumen otro día normal en la vida de un Verdadero Singón Grandes Ligas como yo, proveedor del máximo disfrute orgásmico, Mayor General del Placer. Hasta la próxima.


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