Deucalión

Deucalión

Kaekias

En un infinito negro lienzo moteado de luz, se desarrolla una vez más esta historia tantas veces contada. Entre todas esas luces, brilla una con especial fulgor, si bien es una luz que no se puede ni ver, ni oler, ni tocar… una luz que lenta y afanosamente lucha por iluminar hasta los mas recónditos rincones del universo. En esta versión de la historia, esa luz se encuentra representada por una de las mayores proezas que la ingeniería humana llevó a cabo en el siglo XXV, una nave, o tal vez mejor dicho, una gran estación móvil de exploración, dotada de los últimos grandes avances en tecnología para la astroexploración. Siendo como era hija de la ciencia y la previsión, recibió un nombre adecuado a ello, Deucalión.


Por supuesto, tamaña obra solo es realizada para un objetivo de igual o mayor magnitud, y el objetivo en cuestión es probablemente uno de los mayores, sino el mayor desafío al que jamas nadie se ha enfrentado hasta la fecha, acercarse lo máximo posible al horizonte de sucesos de un agujero negro y sobrevivir para contarlo. Para ello, de entre la multitud de herramientas en posesión de la Deucalión, se podía contar su gran reactor nuclear de fusión, que superaba de forma increíble el potencial de todos sus predecesores, y es que mas que un reactor a la usanza se trataba de una estrella en miniatura, de unos 123 metros de diámetro, encerrada en el corazón de la estación. Así mismo la estación disponía de los generadores gravitacionales mas potentes y precisos diseñados hasta ese momento. Usando los descubrimientos más recientes en manipulación de gravitones el objetivo no se reducía a la vieja solución dada hacia ya un par de siglos al problema de la inercia y la aceleración, el objetivo ahora era contrarrestar un campo gravitatorio por completo, eliminando todo riesgo para la tripulación así como las tensiones en la estructura de la enorme construcción. Dada la imposibilidad de una eficiencia absoluta, la estación contaba con áreas especialmente acomodadas donde se encontraban los generadores de campo gravitacional mas sensibles y en mayor número, el resto de la estación estaba diseñada para soportar tensiones gigantescas, hasta el punto de ser capaz de realizar inmersiones profundas en gigantes gaseosos sin necesidad de los generadores (de hecho, alguna de las numerosas pruebas a las que fue exhaustivamente sometida, consistía precisamente en ello). Obviamente un agujero negro es más que capaz de destrozar en instantes tan férrea arquitectura, pero las tensiones previstas no se asocian a la fuerza gravitatoria del agujero negro en su totalidad, sino a las diferencias momentáneas de potencial gravitatorio que se esperaban. Dada la monstruosidad que es un agujero negro, en sus inmediaciones más próximas se esperan algunas variaciones (ondas gravitacionales) que se van haciendo mas perceptibles a medida que nos aproximamos. Así pues la mayor parte de la estructura de la estación debería soportar enormes tensiones fruto de únicamente ligeros desajustes momentáneos entre el campo gravitatorio natural y el artificial que lo disrupte, a excepción de esas pequeñas salas especialmente preparadas para responder instantáneamente a la mas ligerísima anomalía gravitatoria.


Aleixandre se encontraba en el baño de su camarote, contemplando en el espejo un demacrado rostro que, si bien de tez casi negra, parecía tornarse de un blanco mortuorio. Ríos de sangre surcaban sus cansados y pardos ojos, un bosque pasmosamente irregular de pelos brotaba de su cara y las bolsas que colgaban bajo sus ojos amenazaban con quebrar y desparramar un océano de lagrimas que inundase toda la estancia, ahogándole y poniendo fin a su sufrimiento. Llevaba ya 36 horas sin dormir. Sabiendo bien que sería totalmente incapaz de dormir adecuadamente la noche anterior al gran día, decidió forzar un poco la situación. Tras más de 90 años de experiencia en exploración espacial y astrofísica, mañana comenzaría lo que consideraba el proyecto culmen de su carrera, pero ahora, forzado por fin por las necesidades fundamentales de todo animal, su embotada cabeza ya solo podía pensar en la mullida cama en la que ya se encontraba acostado, aunque no recordaba bien haberse metido en ella.


Al día siguiente, con renovado espíritu tras un reparador sueño de 14 horas y pelos cortos y totalmente uniformados, se presentó junto al resto en la sala de observación. Dado que la estación posee un único propósito todas sus características están pensadas acorde a dicha misión. Por esto es que en la parte “inferior” de la misma (nótese que se designa como la inferior por ser la cara directa que da hacia el lugar de “inmersión”) había una gran sala observacional con el único propósito de otorgar unas buenas vistas al extraño fenómeno contra el que se enfrentarían en los días subsiguientes. Las compuertas que sellaban el ventanal se abrieron lentamente y… allí estaba. La única forma de notar su presencia era por la distorsión de la luz de otras estrellas, ya que carecía de disco de acreción, sin lo cual la misión habría sido un absoluto imposible. Daba la sensación de que hubiese una extraña lente que distorsionaba todo en su cercanía, pero, por supuesto, era imposible ver nada. Sin embargo cuanto más lo miraba mas le parecía sentir algo, como cuando uno nota un pequeño seísmo, pero más profundo aun. Esto debían ser por supuesto imaginaciones suyas, pues no hay forma de que trasmita ninguna vibración en el vacío, y sin embargo cuanto mas fijaba la mirada mas le daba la sensación de que algo incomensurable le zarandeaba amenazando con quebrar su frágil cuerpo humano. Súbitamente salió del trance al sentir una mano en el hombro, era la doctora Sara Maurín vieja colaboradora y amiga suya, junto al doctor Krishna Pillai, de quien también había llegado a hacerse bastante amigo a lo largo de los 27 años que ellos tres juntos trabajaron en el proyecto Deucalión, pues en cierto modo son sus fundadores, si bien tan solo un grano de arena en la enorme montaña de mentes que se dispusieron tan diligentemente a trabajar en él.

Horas después, se congregó la última asamblea de los tripulantes de la nave antes de dar el gran salto. Realmente no había nada en especial por decidir, pues todo hasta el momento iba acorde a lo previsto. Una última vez Aleixandre instó a todos a considerar de nuevo su participación en la peligrosa aventura que les esperaba, pues en previsión de algún arrepentido (cosa no poco común cuando se pone la vida en riesgo) se habían hecho los preparativos necesarios para permitir una vuelta atrás en el momento de llegada a aquellos que no se sintiesen con fuerzas para arriesgar su misma existencia en pos del conocimiento. Sin embargo, aunque sin duda el temor en mayor medida los atenazaba a todos, nadie reculó. Ni siquiera un joven de unos 40 años en el que Aleixandre se fijó, cuyo cuerpo se negaba a responder a su dueño apropiadamente y temblaba sin cesar, lo cual mas que motivo de risa produjo una gran admiración en Aleixandre, pues cuanto mayor es el miedo, mayor el mérito en enfrentarlo.


Así pues, tras unas últimas comprobaciones y con todos los sentidos de la estación ya dirigidos hacia la singularidad tomando nota de hasta el más mínimo detalle, los tripulantes se separaron en grupos, cada uno con un compartimento habitable designado. La estación tenía cada compartimento habitable separado en una estructura semiautónoma, todas ellas capaces de funcionar por si solas siempre y cuando se cumpla la única condición de continuar conectadas al corazón de la nave, el Reactor Estelar, como habían empezado a llamarle a la estrella en miniatura. De esta forma en la eventual pérdida de una parte de la estación el resto seguiría pudiendo funcionar, evitando un colapso total hasta cierto punto.

La inmersión tenía una primera fase que tomaría semana y media, donde la fuerza gravitatoria iría aumentando exponencialmente, pero acorde a las pruebas realizadas hasta el momento no habría riesgos especialmente significativos. Finalmente, habría dos días de inmersión pasado cierto umbral a partir del cual empezarían a generarse las tensiones estructurales por mor de la mayor variabilidad de la fuerza gravitatoria. El objetivo fijado consistía en acercarse lo máximo posible al horizonte de sucesos para poder tomar datos de primera mano de todo lo que acontecía en sus inmediaciones. Aunque numerosas veces se propuso que fuese una misión no tripulada por los riesgos, la imposibilidad de un control remoto por la intromisión del potente campo gravitatorio acabó por servir como excusa, si bien no dejaba de ser una excusa para todos los allí presentes.


A lo largo de la primera semana y media citadas no hubo incidentes, y mucha información de gran valor pudo ser tomada. Así mismo se realizaron numerosos experimentos para comprobar toda suerte de teorías relativistas y cuánticas. Raro era el día que no surgía al menos algún hallazgo desconcertante para nuestros aventureros, y con tanto trabajo y tan interesantes tareas por llevar a cabo antes de darse cuenta ya habían recorrido todo el primer largo trecho. Tal y como se preveía a la semana y media comenzaron a surgir las tensiones espontáneas en el casco de la estación, salvándose los habitáculos de los tripulantes por la extrema cantidad de generadores dispuestos y su sensibilidad. Resultaba ciertamente perturbador pensar que el más pequeño desajuste los convertiría violentamente en papilla, en un sentido para nada metafórico. Ya no había vuelta atrás, llegarían hasta su objetivo o no llegarían.

Los dos últimos días de inmersión fueron, si bien los más estresantes, también los más emocionantes para Aleixandre, Sara y Krishna. La misión poseía multitud de objetivos, pero uno de los más importantes era precisamente el estudio de las ondas gravitacionales, y de hecho fue la razón por la cual la misión fue en su momento propuesta y fundada por los tres reputados investigadores. Cuanto más cerca se encontraban de la singularidad de mayor calidad eran los datos que podían obtener e incluso realizaron algunos experimentos con los propios generadores artificiales de la estación. Estaban convencidos de que la teoría de la información sería capaz de explicar lo que sucedía mas allá del horizonte de sucesos, y el estudio de estas ondas gravitacionales era uno de los pilares fundamentales para poder resolver el gran misterio.

Finalmente la Deucalión detuvo su trayectoria. Seguir avanzando, aunque todavía estaban muy alejados del horizonte de sucesos, entrañaba demasiados riesgos a la seguridad de la misión. Mantendrían la posición 3 días mientras continuaban con la recabación de datos y la experimentación. Fue acabando el primer día cuando, mientras mantenía una charla banal con el doctor Krishna, algo inesperado sucedió. La comunicación con el habitáculo del equipo de Krishna se cortó en un instante. Sorprendido y alarmado Aleixandre giró la cabeza; iba a levantar la voz para avisar de lo sucedido, cuando uno de los técnicos encargados del mantenimiento de la estación dio un grito.


Una de las partes de la Deucalión y donde se encontraba el habitáculo de Krishna había desaparecido completamente. Tras unos caóticos minutos iniciales, la revisión realizada por los técnicos indicó que el resto de la estación seguía perfectamente operativa y no estaba en riesgo, sin embargo era completamente desconocida la causa de la desgracia que acababa de suceder. Inmediatamente se convocó una asamblea telemática unicamente entre los coordinadores de cada grupo dada la urgencia de la situación.


La reunión fue extremadamente tensa. La doctora Sara Maurín abogaba por inmediatamente abortar la misión e iniciar el regreso a la zona segura, rápidamente apoyado por varios de los otros coordinadores. Algunos directamente se dejaban llevar ya por la desesperación y querían activar el motor de curvatura a plena potencia, lo cual por supuesto implicaría la aniquilación instantánea de la Deucalión. Algunos otros en cambio querían continuar la misión, especialmente azuzados por el doctor Henry Bobrick. Sus principales alegaciones se basaban en la capacidad de la Deucalión de continuar la misión dada su arquitectura compartimentada y con sistemas de redundancia, algo probado por el hecho de seguir vivos. Aunque todavía era desconocida la causa del accidente sostenían que la misión podía seguir adelante y Bobrick llegó a considerar un insulto a los fallecidos retroceder en ese momento, o héroes como les llegó a llamar, citando cada uno de sus nombres. Aleixandre, retraído en si mismo y en shock al haber vivido la muerte de su pobre amigo de forma tan inmediata mientras hablaban, no fue hasta oír el nombre de Krishna que reaccionó. “Precisamente es por ellos por quienes debemos retroceder en este mismo momento, no sabemos cual ha sido la causa, tampoco si podría volver a suceder, solo hay una cosa garantizada, si morimos nuestras muertes serán en vano, pero si volvemos con vida esos mismos héroes de quienes hablas podrán ser recordados por los conocimientos que logramos adquirir y transmitir. Si quereis hacer algo por ellos, entonces hacedlo vivos, muertos no les sereis de utilidad alguna.”-Dijo Aleixandre. Finalmente, no sin una férrea oposición de Bobrick, la gran mayoría decidió apoyar la propuesta de regresar de la doctora Maurín, ya fuese por las palabras y argumentos tanto de Sara como de Aleixandre, o sencillamente fruto del miedo, que a veces también puede ser un fiel aliado.


La nave comenzó de nuevo a moverse, esta vez en sentido opuesto, e inició el viaje de regreso. En honor a los caídos, continuaron aprovechando el tiempo al máximo para labores de investigación, guardándose las lágrimas para luego. Pasadas casi dos semanas ya se encontraban suficientemente lejos como para poder activar el motor de curvatura con seguridad y regresar a la Tierra… Una última vez bajo Aleixandre junto a Sara para observar aquel monstruo de la naturaleza. Una vez más sintió esa extraña sensación de opresión. Y una vez más, como en el instante justo del accidente, derramo lágrimas por el compañero perdido. Se sentía pequeño e impotente, como una hormiga frente a un humano, que por la diferencia de proporciones ni siquiera sería capaz de discernir que ante ella tiene un único ser vivo, pero a pesar de ello, siguió mirando al amenazante e invisible titán mientras apretaba con fuerza la mano de su amiga. Sin embargo, súbitamente esa impotencia comenzó a desaparecer y dejar lugar a una nueva sensación, pues aunque creía que el sentimiento de insignificancia provenía de la implacabilidad de la naturaleza, comprendió que no era del todo así. De alguna forma sintió que formaba parte de una historia miles de veces contada, una historia donde los nombres y el lugar no importan, una historia que lleva repitiéndose desde los albores de la humanidad y que seguiría repitiéndose, con o sin el. La tristeza seguía y seguiría inundando su corazón, había perdido a un gran compañero, pero no se quebraría, pues formaba parte de algo mucho mayor que el o su compañero y ambos vivirían eternamente en el seno de esa verdad.


Este relato ha sido compartido por el autor fuera de concurso para el canal Stella Pulvis y el grupo Ad Sidera Vultus con motivo del concurso de Microrrelatos organizado por su primer aniversario.

No olvidéis mirar a los cielos!!


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