Cuba, la transición del socialismo desarrollado al neocapitalismo de los oportunistas, una piñata en apogeo y la economía de los timbiriches.
Letra con Filo
Ser críticos con lo que se considera como la revolución cubana no es una tarea fácil para los revolucionarios de estos tiempos, esencialmente, porque quienes desde una formación marxista-leninista evaluamos el devenir del proceso revolucionario en Cuba desde la desaparición física de Fidel tenemos en frente, tanto a los que, como nosotros, enarbolamos el legado del comandante en jefe como bandera, al tiempo que muchos se resistan aún a reconocer los hechos palpables, como a los que, desde altos niveles de decisión en el más grande país del Caribe, y sus pliegues de intereses en Miami, al día de hoy, ven a los propios revolucionarios comunistas como sus enemigos naturales.
No es casualidad entonces, que el actual presidente de Cuba y primer secretario del Partido Comunista de Cuba, Miguel Díaz-Canel arremeteria en un discurso frente al pleno de la Asamblea del 'Poder Popular' (Parlamento cubano) contra lo que denominó "extrema izquierda" en la isla ante las críticas crecientes frente al devenir reformista y neoliberal de su gobierno.
No es un secreto que cada régimen de poder, y todos los países del mundo están estructurados en regímenes independiente de la ideología o convicciones políticas, tiene sus particularidades esenciales en esa pugna por ganar influencias y facultad de decisión en ese complejo mundo que es la correlación de fuerzas. El mismo fenómeno se ha puesto de manifiesto en difrentes etapas, en lo que desde la URSS se apodó como la 'Isla de la Libertad', y que aún en la actualidad la nomenclatura política en Rusia también suele hacer uso de ello.
Cuando hablamos de un socialismo desarrollado, podemos identificar muy bien que bajo el liderazgo de Fidel Castro la Cuba revolucionaria vivió la parte más grandiosa de su historia como nación. En 1959, un pueblo enardecido celebró la esperanza de alcanzar un universo nacional de paz, prosperidad y desarrollo pleno de justicia social, con una vanguardia llena de jóvenes impetuosos que supo enamorar con el ejemplo y la gallardía tanto a su pueblo como a otros pueblos del mundo, en Asia, África, Europa y América Latina y el Caribe.
No hay que obviar que todo ese proceso, que inevitablemente encontró el rechazo acérrimo de Estados Unidos, cuya élite capitalista gobernó los destinos de la republiqueta mediatizada desde 1902 por medio de la corrupción intrínseca de los presidentes de turno que ocuparon el Palacio presidencial an La Habana, habría sido imposible resistir sin el oportuno lazo de amistad y cooperación que desde el mismo triunfo de la revolución ofreció a Cuba la Unión Soviética. Nunca antes hubo un vínculo tan estrecho entre Rusia y Cuba, y eso fue gracias a la URSS.
Por solo citar unos ejemplos, la alimentación percápita de los cubanos durante el período 1961-1989 superó con creces los niveles existentes en los países latinoamericanos más desarrollados entonces. El estado socialista cubría extraordinariamente la canasta básica de los alimentos de los ciudadanos durante todo el año. A la par, miles de empresas estatales en el país fueron desarrolladas, automatizadas y demostraron su eficacia con altos niveles de producción que redundó en exponenciales beneficios para el mercado interno y la creación de diversos bienes exportables. No muy pocas de ellas recibieron el asesoramiento de especialistas soviéticos como parte de una colaboración mutuamente beneficiosa.
Al contrario de lo que muchos adversos ideológicos al socialismo piensan, incluidos ciudadanos cubanos, unos confundidos (porque han sido vilmente engañados) y otros con marcada formación neoliberal, el desastre económico y comercial que se ha puesto en práctica en Cuba no es fruto de la históricamente perfilada propaganda y pretendida inoperancia del sistema, sino que responde a un plan puesto en marcha desde el poder para desmantelar el modelo.
Para ello, el vínculo creado por los oportunistas y los reformistas neoliberales busca como objetivo principal desarticular el movimiento revolucionario cubano, desmontar la conciencia de caracter marxista que aún anide dentro de la sociedad utilizando el máximo desabastecimiento posible en las entidades estatales y generar dentro del pensar de los cubanos un sentimiento adverso a los principios fundamentales del socialismo tal cuál lo entendemos.
El mismo esquema, el mismo plan de desmantelamiento que ocurrió en la URSS, lo estamos viendo hoy en Cuba.
Los dirigentes de alto rango se han convertido en una casta dentro del país, una clase adinerada cuya forma de enriquecimiento es una deuda a definir para los historiadores del presente y del futuro. La forma más visible de la corrupción y ese nivel de vida son los descendientes más jóvenes cuyo impetud natural y ausencia de formación marxista y revolucionaria les impide mostrar su obstentación material y vanidades personales en redes sociales ante una masa de pueblo empobrecida por la corrupción y la traición a las ideas y principios propios del socialismo de sus progenitores, los más consecuentes.
La casta adinerada inferior de cuadros que han caído en esa madeja de corrupción los ven como el ejemplo a alcanzar en un futuro cuando les toque relevar puestos, si es que cumplen con los roles establecidos por los reformistas.
Si nuestra posición política no le convence, en modo alguno, ese no es nuestro propósito, nos limitamos a analizar la realidad, en este caso, la de un país constitucionalmente socialista como el de Cuba, realidad que, si estuviera dentro de ella, podría darse cuenta de las inmensas necesidades que padecen los trabajadores cubanos , donde, según el cambio monetario informal vigente (que es el que verdaderamente opera en el país), el salario promedio no excede los 15 dólares estadounidenses al mes.
La inplementación de la mal llamada "Tarea Ordenamiento" fue un trabajo especulativo que completó el encargo de los "lineamientos" reformistas, cuyo objetivo central a todas luces fue perjudicar la autoridad central del Partido Comunista por medio de la desmoralización política ante el pueblo de Cuba, sembrar la matriz de opinión pública de una incapacidad sin límites de los cargos para cumplir sus funciones, que traiga como efecto inmediato la descentralización económica y la ausencia del poder estatal frente a las privatizaciones del patrimonio de los trabajadores cubanos, tanto por la nueva burguesía criolla, como por el centro neurálgico de las reformas ubicado en Miami, Florida (EEUU).
A modo de observación, pregúntese, quién fue la figura política a cargo de diseñar y propagandizar esa tarea y, que cargo ocupaba en el Comité Central, en el Consejo de Estado, cuando fue removido y a donde fue a parar? Para los duchos no es dificil desnudar la respuesta, sin embargo, para tener un pequeño dato económico, estar al frente de una de las empresas estatales aún más lucrativas del país, es como haber recibido un premio a la labor? Por otro lado, tener una hija residiendo en Tampa, Florida (EEUU) hace aún más interesante el vínculo. En todo caso, el pueblo cubano carece de herramientas para fiscalizar las ganancias de las empresas y esa es una observación demasiado importante.
Una persona honrada, con una conciencia limpia no adepta a cometer ilegalidades y sin un familiar en el exterior que le pueda enviar remesas la tiene muy, pero muy dificil hoy en la Cuba posterior a Fidel para alimentarse adecuadamente cada vez. En contraste, usted podría evaluar la calidad de vida de los actuales dirigentes cuya masa corporal revela el grado de desigualdad y de corrupción imperante dentro del país caribeño. Eso sin mencionar donde viven, cómo viven y de que se sustenta ese nivel de vida.
Ahora, podríamos plantear una cuestión, porque durante mucho tiempo los que tienen capacidad de decisión dentro de Cuba han optado por la variante asumida por los economistas defensores del neoliberalismo, de la propiedad privada de los medios de producción y el mercado de la ofreta y la demada, así como el florecimiento y consolidadción de una nueva burguesía dentro del país, y no por fortalecer métodos de desarrollo colectivos y públicos que fortalezcan el desarrollo de la empresa estatal socialista y que las pongan en manos de los que verdaderamente producen y crean la riqueza nacional, los trabajadores?
Porque la respuesta es muy sencilla, no les conviene y mientras estén en el poder esa no es una variante a seguir, menos ahora que se han tejido tantos lazos. Ellos no los romperan. Es por eso que, por medio de la guerra cultural a nivel interno, los oportunistas vinieron desde hace mucho tiempo trabajando en la descomposición social de la nación desde aquel atisbo del individualismo reflejado en ese artículo denominado 'Cambio de Mentalidad' publicado en 1992 en la revista Bohemia, para luego, desterrar de la conciencia de las masas el sentido rebelde de la canción protesta y sustituirla por la deriva mercantilista y fetichista del reguetón y otras anomalidades de la música con ese poder de seducción en las mentes más jóvenes. El resultado social es latente con el alza de la delincuencia y la criminalidad en las calles.
El tejido revolucionario de la nación cubana ha sido resquebrajado, miles de jóvenes ven a EEUU como baluarte de libertad y esperanza para su desarrollo personal. Más de 700,000 cubanos de varias generaciones han emigrado del país en los últimos 3 años. El individualismo, la deformación de valores, los altos niveles de criminalidad y delitos, los poderes facticos establecidos por la corrupción sepultaron, o en el mejor de los casos, han puesto en terapia intensiva el ideal socialista de millones de personas dentro de Cuba y el ejemplo de justicia social y modelo superior al capitalismo que suponía para millones de revolucionarios en todo el mundo.
Que nadie se llame a engaños, cuando el podio sirve solamente para la recepción de discursos enardecidos, cuando estos no se corresponde con el accionar de quienes tienen sobre sí la responsabilidad histórica y asumida ante el pueblo de salvar la Patria, la revolución y el socialismo, es mejor callarse, es mejor hacerse a un lado antes de colocarse en un papel indigno frente a las masas que se dice representar, al menos quienes les queda algo de verguenza.
"Las riquezas injustas; las riquezas que se arman contra la libertad, y la corrompen; las riquezas que excitan la ira de los necesitados, de los defraudados, vienen siempre del goce de un privilegio sobre las propiedades naturales, sobre los elementos, sobre el agua y la tierra que sólo pueden pertenecer, a modo de depósito, al que saque mayor provecho de ellos para bienestar común": José Martí.
"En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario": Ernesto Che Guevara.
"Se ha proclamado que el socialismo debía perfeccionarse. Nadie puede oponerse a este principio que es inherente y de constante aplicación a toda obra humana. ¿Pero, es acaso abandonando los más elementales principios del marxismo-leninismo que puede perfeccionarse el socialismo? ¿Por qué las llamadas reformas tienen que marchar en un sentido capitalista?: Fidel Castro.
No se puede vencer el bloqueo mendigando a quien lo impone. Para vencer al bloqueo no hace falta que su gestor lo levante, solo hace falta voluntad del pueblo y de líderes comprometidos para desarrollar la sociedad socialista con más socialismo. Quién no vea un camino claro en esa idea no ve el camino para el bienestar colectivo del pueblo, sino para su enriquecimiento personal. La piñata está servida en Cuba y los oportunistas no esperarán la partida completa de la generación histórica, al menos los que todavía tienen algún peso.
En todo caso, la injusticia y las desigualdades siempre han generado a lo largo de la historia la rebeldía de los pueblos, más tarde o más temprano, y nadie quita que una llamada revolución pueda sufrir en algún momento un estallido revolucionario.
En Cuba los falsos comunistas viajan en la limosina de Gorbachov.