Cuando el viento susurre tu nombre
Juan MtI. Rutinas que van y vienen
6:00 am dice el reloj despertador con ese sonido de bip bip bip que se repite hasta que abre sus ojos. No acostumbra encenderlo, decidió hacerlo la noche anterior. La luz roja de los números y ese parpadear han creado el efecto que había esperado: como el de una película con la somnolencia de la mañana.
Aún está oscuro, no hay mucho ruido en el exterior y algunas aves a lo lejos comienzan a tener actividad. Nada de qué preocuparse, todos tienen un plan para esta mañana. El mundo gira como siempre en el sentido que debe y aún no llega el día en que las montañas se mesan con el viento (está segura de que lo leyó en algún lugar).
Dedica unos minutos para comenzar su día. Se estira un poco. Sonríe por la satisfacción que esto trae y se afloja sobre la cama. Vaya, ¡qué sensación!. Toca sus piernas, su vientre, sus senos, todo está en su lugar, tan perfecto. Suelta la liga de su cabello, rizado de nacimiento y largo. Comienza a distinguir mejor su habitación. Sus ojos se adecuan a la oscuridad y detectan algo. Ahí está frente a su espejo, junto a sus cajitas de cosméticos (al menos recuerda que estaba anoche ahí) un portarretrato que no se ha decidido a tirar a la basura. Y la sensación placentera de haber despertado temprano se esfuma como el humo de una cerilla.
Los recuerdos llegan con la fuerza de toda señal eléctrica a su mente y se sume en una nostalgia tempranera que quiso evitar el día anterior, pero aún no es tiempo, aún duele y lo sabe, porque ese portarretrato guarda un episodio del libro de su vida que aún no ha entendido y quiere seguir releyendo.
Al fin decidida a levantarse, lo hace. Entra a la ducha y recuerda que anoche no encendió el calentador de paso. Esta vez con la intención firme de cambiar un poco el ritmo que ha llevado su vida los últimos tres meses desde que todo se volvió del rosa al negro, abre la llave de la ducha y el agua fría entra en contacto con su piel; es morena de un tono suave (alguien en su línea familiar hizo el favor de ser de piel clara alguna vez y en ella se mezclaron los colores del mestizaje más bello). Sus pechos no son algo por lo que debiera sentirse acosada pero son generosos y sus pequeños pezones endurecen de inmediato. Salta un poco pero vuelve a la cortina de agua, procura asearse meticulosamente porque para ella es tan vital lucir bien por fuera como por dentro y sabe que es bella, aunque eso parece ser una horrible invitación, al menos en un mundo como este.
De vuelta en su habitación, elige con cuidado la ropa que usará este día. Toma unos jeans que embonan perfecto a su cadera y muslos; sus genes se esmeraron, fueron unos artistas. También elige una blusa de moda y una bufanda delgada, pero termina reemplazando esta última por un collar. Al final se lleva una chaqueta veraniega y está lista para bajar a desayunar.
En el camino a la cocina tiene un flashback, hace medio año cuando hacía esto ya olía a hot cakes y se escuchaba el ruido del extractor de jugo. Abajo sabía quien estaba. Ahora, solo silencio, a pesar de que hablaban en voz alta sus pensamientos.
Alrededor de las 7:30 am, está lista, toma su mochila y sale a la Universidad donde estudia. Ya siente que va a terminar pero aún le faltan algunas materias que cursar y pensar en la escritura de sus tesis le llena de amargura. No sabe el tema que abordará, pero anhela que sea algo sorprendente, después de todo, quiere probarse a sí misma ante todos.
En su mente tiene la convicción de que a pesar del inicio del día tan hermético, este va a a mejorar y siempre se pondrá a su favor. Alcanza a llegar a la parada del bus, y no espera demasiado, inmediatamente este se aproxima y ella lo aborda. Ha tenido antes esa sensación de que los conductores a esa hora son menos desagradables que por las tardes, así que saluda al operador con su mejor voz de optimismo.
- Buenos días – Su voz, es dulce, pero se nota su acento del sur del país.
- Buen día – Contesta el conductor y le entrega su boleto que le da derecho al seguro de viajero.
Ella lo toma y lo guarda junto con el cambio en la mochila. Busca un lugar para sentarse, el camión está un poco lleno y en su mayoría hay estudiantes a bordo. Encuentra lugar unos cuantos asientos antes del final y elige sentarse del lado de la ventana. Pasarán unos 20 minutos antes de que llegue a la parada de la escuela, por lo que saca su móvil y a punto de aislarse en un concierto privado de sus grupos favoritos, decide guardarlo y escuchar el reporte del radio que el conductor ha sintonizado.
- “De nuevo en la ciudad, una más del crimen organizado, una chica es encontrada sin vida junto a una manta que amenaza al líder de la Policía de Investigaciones en el Estado” - El primer reporte suena a lo de siempre, a la amarga rutina de la ciudad y de la situación actual del país. La inseguridad que prevalece y que trastorna la vida de muchos, incluida la de ella. Ella que siempre se creyó protegida y a salvo.
Sus pensamientos son interrumpidos de pronto, cuando un hombre algo entrado en los cuarenta, obeso y con chaqueta de mezclilla toma asiento junto a ella, lo normal, pasajeros que van y vienen se dice y continua escuchando la radio.
- “y hoy en los deportes no se puede perder el arranque de la temporada de fútbol americano interuniversitario, el equipo de casa recibe a los actuales campeones...” - la voz de su compañero de asiento la interrumpe, es algo rasposa, parece que tiene un problema en la garganta.
- ¿Me podría dar su hora, señorita? - le dice y la mira como un padre vería a su hija.- Ella, con la tranquilidad que los ojos del hombre reflejan, saca su teléfono, y le da la hora.
- Gracias – dice el hombre y vuelve a sus pensamientos, así como ella.
-”y el Ministro de Finanzas a mencionado que la economía este año subirá el siete por ciento...” - algo la vuelve a interrumpir.
- ¡ay! - emite un grito quedo, de incomodidad y de miedo. El hombre acaba de poner una navaja junto a su muslo, muy cerca de su ingle, con uno de sus dedos ha masajeado cerca de su vagina mientras que empuja la punta de acero en clara señal de evitar cualquier resistencia.
- No quiero que grites ternura, solo dame lo que traigas de valor – habla con tanta cautela que parece que su garganta sanó de repente, ella nota su aliento, su hedor, y ese dedo cerca de su intimidad está a punto de hacerla gritar de terror, pero el miedo ha dejado inactiva su garganta y siente la parálisis en sus manos. Simplemente lo único que le queda es, asentir con la cabeza. Le da su teléfono, su cartera y cuando está a punto de darle su mochila él la detiene.
- No queremos que sospechen, ¿verdad cariño? - parece que tiene demasiada práctica en esto y además es muy cauteloso. Aparta la navaja de su muslo, la guarda junto con el botín que acaba de extraerle, se inclina hacía ella, le da un beso en la mejilla.
- No hagas nada hasta que me baje, sé donde vives – le dice al oído, al levantarse juguetea con su cabello como si fuera su hija.
- No llegues tan tarde a casa – le dice con una voz paternal tan natural que nadie sospecha nada, pide la parada y el bus lo deja atrás.
De vuelta a ella misma, dice para sus adentros - Esto no ha pasado, no pudo ser real – el estado de shock es evidente. La parada de la escuela se acerca, ella la distingue. Se levanta del asiento y camina como sin sentido. Sabe que nadie le pone atención. Pide la parada, baja de la unidad y camina hasta estar cerca del edificio de su facultad. Cerca hay unas bancas de piedra, se sienta en una. Todavía hace frío en ese lugar. Se siente ultrajada, indefensa, estúpida y sobre todo muy sola. Finalmente comienza a derramar unas impotentes lágrimas.
Ella sabe que ha estado reprimiendo sus emociones y de cierta manera se ha estado engañando a si misma al denominarse como una persona de carácter. Sin embargo, ahí sola con el frío golpeando sus mejillas mientras las lágrimas corren por ellas, se da cuenta que no ha estado viviendo como debería vivir su juventud. También sabe que la amargura no fue provocada por ese asalto nada más. Desde la mañana, desde la noche, desde el mes anterior la zozobra de su alma tiene nombres y esos nombres son de los desdichados que le arrebataron el amor, el calor y el cobijo de una vida tranquila. Todas sus actividades han estado girando en torno a la recuperación de su estado de ánimo. No ha sido capaz de superarlo y por eso se tiene como una perfecta imbécil.
¿Pero qué sucede? ¿Por qué de pronto este arrebato de furia? Hasta el día de hoy no había sentido esta emoción dentro de ella; una sensación completamente revitalizante y aunque parezca extraño, comenzó a sonreír como quien ha encontrado una idea fantástica. -Ya sé lo que tengo que hacer! - piensa.
- ¡Los voy a matar malditos! – dice las palabras al viento. Seca sus lágrimas, sonríe para sí con ese coqueteo natural y sus pómulos vuelven a tomar color a pesar del aire gélido de la mañana.
Se levanta de la banca, son las 8:05 am, es hora de entrar a su primera clase. Se encamina hacia el edificio con ese ánimo renovado con un pensamiento dando vueltas en su cabeza: encontrar a quién la asaltó y comenzar con él la limpieza y purga de su alma.

"Cuando el viento susurre tu nombre" por Juan Mt se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Creado en el otoño de 2014