Crónica Afectiva
Diego RetamozoDisfrutando la materialización de los proyectos y la dulzura de los rituales de la Pachamama con Peque.
Había diseñado una geometría: habitaba la soledad afectiva por decisión. Buscaba tranquilidad, haciendo de la prioridad un camino guiado por el autoconocimiento.
En ese centro cultural te escuché y me llamaste la atención. Debía concentrarme, era el momento con Peque. Nos volvimos a cruzar en la charla de construcción con barro, debía concentrarme, también estaba con Peque. Me volviste a interpelar. Conocí tu verborragia, la furia ante el desencuentro amoroso, la decepción hacia los varones y también tus miedos.
Pasó el tiempo y me buscaste en las redes, jugaste al abandono y al regreso. Y cuando una amiga en común me dijo que estabas interesada en mi, la Razón se fundió.
Nunca me había ocurrido. Mis relaciones habían sido siempre lineales. Quería calma. Pero la curiosidad fue mayor.
¿La intuición le gana a la Razón? Vamos a conocernos?
Llegaste con la honestidad brutal de quien no tiene tiempo para máscaras.
Fue un encuentro divergente: la desconfianza y el enojo nos atravesaban. La nota mental que me dejaste, como un aforismo, aún resuena: "Los deseos son siempre insatisfechos." Me impactaba tu postura, me obligaba a reaccionar. El vínculo perdía su tranquilidad. Pero la intuición gritaba: "aquí hay algo."
También me dejaste una nota escrita, firmada y todo.
Eres bella, inteligente, creativa e inquieta. Llegaste con un análisis de la situación, una cartografía de esa muchosidad deseada. Me desafiaste a estudiar y me diste bibliografía.
En el vértigo de tus palabras estaba drogado, y en mis palabras los niños santos estaban circulando. Ambos sabemos controlarnos, nos dijimos, ambos nos mentimos.
Tanto me haces reír que me llevas a un viaje teatral y me encanta, lo siento en el pecho, me asombras.
Y volví a la materia perdida: escribir poesía.
Seguí estudiando y descubriéndome. Escribí el poema más sentido y amoroso que se me había ocurrido.
Y entonces, me pediste un tiempo para pensar......:(
Te dediqué una canción de despedida, la que me acompaña hace tiempo. Al día siguiente, una romántica, no quería despedida. Te diste cuenta, me dijiste que te afectaron.
Me citaste en un parque, para terminar nuestro breve vínculo. Tranquilo y confiado de lo que quería asistí. Aceptaba la realidad, cualquiera que fuese.
Nos dio frío y nos fuimos a casa a seguir el debate, el encuentro.
Allí llegaron mi hijo, su madre y su compañero. los conociste el día que nos estábamos separando o declarándonos.
Todo muy rápido, o no. ¿Cuál es la velocidad "normal"? El tiempo se curvó. En esta relación la física newtoniana no encaja, la velocidad no es constante y el tiempo no es lineal.
La distancia (D) recorrida no se mide por la cantidad de cenas compartidas sino por la cantidad de partes de la armadura que lograste desmantelar en mi. Esos son los kilómetros de avance real. Esto se acelera por la reciprocidad y cuando avanzas yo avanzo y así viceversa. La distancia que recorre el cuerpo A es la que potencia la velocidad del cuerpo B. No hay inercia; hay co-mutación constante.
En la tiranía del tiempo (T) cronológico el conatus marca su propio ritmo donde algunos instantes contienen la potencia de períodos mas largos, un vidaño. Nuestra velocidad es afectiva; directamente proporcional a la potencia de la profundidad y del deseo recíproco e inversamente proporcional al miedo a la incertidumbre.

Esta historia es la prueba de que el amor más potente es aquel que nos obliga a mutar.
No vino a darme la tranquilidad que buscaba; vino a darme la intensidad que mi Creación y Entendimiento necesitaban.
La accidentalidad de la relación es lo que la hace Verdadera, porque está libre de la Máscara y la expectativa de "normalidad."