Crónica
Juan MtAnoche había sido viernes y pronto amanecería en sábado; un día normal con nuevo contrarreloj. Revisé la lista, que todo estuviera en orden. Nada puede salir mal, no cuando Media Sombra se agazapa en la oscuridad y brillan sus ojos. Esperamos.
Cuando vino la luna ya teníamos calor. El agua que mojó la piel durante la brisa, era solo una memoria ardiente que llenaba los pulmones. Miramos ha hacia la falda de la montaña y ahí, entre un cúmulo de rocas, estaba ella. Su traslúcido cabello azul se levantaba suavemente por el viento. Tenía los ojos fijos en el cielo. Quizá era la luna o las tres estrellas que nacían en el oeste las que le separaban del suelo, perdiéndose entre fantasías.
Dispusimos las sogas. Nos marcamos la piel con rojo y avanzamos. Lentos, sigilosos, éramos oscuridad, un murmullo de la noche. Veinte trazas, catorce, ocho, cinco, estábamos a punto. Soltamos las sogas y todo se llenó de luz. Cuatro brazos nos tomaron por la cabeza. Un parpadeo y un líquido morado se batió en mi cara.
La mitad de mi cuerpo estaba en otra parte. Alcancé a ver uno, dos, tres cometas que se iban detrás de la luna. Era todo tan brillante.
Xalapa, 1 enero de 2022