Costumbres en común

Costumbres en común


Introducción de Julio Martínez-Cava

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[688] Tesis doctoral, Universidad de Gales, 1978. El excelente artículo de Dale Williams titulado «Midland hunger riots in 1766», en Midland History, III, 4 (1976), incluso habría podido escribirse para ilustrar la tesis de la economía moral. ¿Qué ocurrió entre 1976 y 1984 para cambiar los acontecimientos de 1766?

[689] Coats, A. W., «Contrary moralities: plebs, paternalists and political economists», Past and Present, 54 (1972), pp. 130-133.

[690] Letwin, W., The origins of scientific economics, 1963, pp. 147-148. Véase, sin embargo, Appleby, J., Economic thought and ideology in seventeenth-century England, Princeton, 1978, pp. 258-259, para matizaciones.

[691] Actividad del forestaller. Véase la nota al pie n.º 5, p. 366. (N. del T.).

[692] Hay, D., «The state and the market: lord Kenyon and Mr. Waddington», Past and Present (de próxima aparición).

[693] Atiyah, P. S., The rise and fall of freedom of contract, Oxford, 1979, p. 84.

[694] Fox-Genovese, E., «The many faces of moral economy», Past and Present, 58 (1973).

[695] Esto me hace pensar en la sabia advertencia de David Thorner: «Es seguro que nos extraviaremos si tratamos de concebir las economías campesinas como orientadas exclusivamente a la “subsistencia” y a sospechar capitalismo siempre que los campesinos den señales de estar orientados al “mercado”. Es mucho mejor dar por sentado, como punto de partida, que durante siglos las economías campesinas han tenido una doble orientación hacia ambas cosas. De esta manera, pueden evitarse muchos debates infructuosos en torno a la naturaleza de las economías denominadas “de subsistencia”». ¡Ojalá se tuviera presente la misma advertencia al hablar de las economías «protoindustriales»! Véase «Peasant economy as a category of history», en T. Shanin (ed.), Peasants and peasant societies, Oxford, 1987, p. 65.

[696] La notable excepción es Thwaites, W., «The marketing of agricultural produce in eighteenth century Oxfordshire», tesis doctoral, Universidad de Birmingham, 1980. Véase también de la misma autora «Dearth and the marketing of agricultural produce: Oxfordshire, c. 1750-1800», Agric. Hist. Rev., XXXIII (1985), 2.ª parte; Chartres, J., «Markets and marketing in metropolitan western England in the late seventeeth and eighteenth centuries», en M. Havinden (ed.), Husbandry and marketing in the south-west, Exeter, 1973, pp. 63-74, y Chartres, J., «The marketing of agricultural produce», en J. Thirsk (ed.), The agrarian history of England and Wales, vol. V, 2.ª parte, Cambridge, 1985, cap. 17. El silencio sobre la molturación de trigo lo ha roto por fin Orbell, J., «The corn milling industry, 1750-1820», en C. H. Feinstein y S. Pollard (eds.), Studies in capital formation in the United Kingdom, Oxford, 1988, que muestra (p. 162) el rápido crecimiento de la tasa de inversión anual de capital en la molturación, desde 1761 hasta alcanzar su apogeo en el año de escasez (y motines) de 1801.

[697] Burke, E., «Thoughts and details on scarcity», 1795, en Works, 1801, VII, pp. 348-351.

[698] Hont, I. y M. Ignatieff, «Needs and justice in The wealth of nations», en I. Horn y M. Ignatieff (eds.), Wealth and virtue, Cambridge, 1983, p. 43.

[699] Ibid., pp. 14-15.

[700] Ibid., p. 18.

[701] Véase Wells, R., Wretched faces, Gloucester, 1988, p. 88.

[702] Véanse Hay, D., «The state and the market», op. cit.; Macpherson, C. B., Burke, Oxford, 1980, passim; Burke, «Thoughts and details on scarcity», p. 354: «Las leyes del comercio, que son las leyes de la naturaleza, y, por consiguiente, las leyes de Dios».

[703] El «contacto real» de Adam Smith con los pensadores franceses se produjo durante su visita a París, diciembre de 1765 a octubre de 1766: véase Smith, A., An inquiry into the nature and causes of the wealth of nations, ed. de R. H. Campbell y A. S. Skinner, Oxford, 1976, I, pp. 22-23, nota 8. Por lo tanto, estaría ausente de Inglaterra durante el apogeo de los motines de 1766. Pero el propio Smith insistió en que sus opiniones sobre el laissez-faire ya estaban formadas en 1749: véase Viner, J., The long view and the short, Glencoe, Illinois, 1958, p. 215.

[704] Puede que Smith tomara prestada de otro folletista incluso su famosa comparación de los prejuicios populares contra los acaparadores con la creencia en la «brujería»: véase Reflections on the present high price of provisions; and the complaints and disturbances arising therefrom, 1766, p. 39, que se refiere también a la brujería y señala que en la comisión para el nombramiento de magistrados «los encantamientos, la brujería, las artes de magia, el forestalling, el regrating [véase la nota al pie n.º 5, p. 366] y el acaparamiento se clasifican en el mismo grupo, como delitos de naturaleza parecida, porque los cometían personas malvadas, de una manera a la vez asombrosa y desconocida».

[705] Hont e Ignatieff, op. cit., pp. 16-19.

[706] Estos pasajes los selecciona para darles énfasis Salim Rashid en «The policy of laissez-faire during scarcities», Economic Journal, 90 (1980), pp. 493-503.

[707] Steuart, J., «A dissertation on the policy of grain», en Works, 1805, reimpresión de 1967, V, pp.

347-377. Steuart hizo su proposición por primera vez en 1757, pero la mantuvo en años subsiguientes.

[708] Stewart, D., Lectures on political economy, Edimburgo, 1855, reimpresión de 1968, II, p. 52.

[709] Wells, Wretched faces, p. 238.

[710] Wells, R., «The grain crisis in England, 1794-1796, 1799-1801», tesis doctoral, Universidad de York, 1978, pp. 472-473. También Wells, Wretched faces, pp. 238-239.

[711] Ambirajan, S., «Economic ideas and Indian economic policies in the 19th century», tesis doctoral, Universidad de Mánchester, 1964, pp. 363-364. Una circular parecida, citando casi al pie de la letra La riqueza de las naciones, fue producida por la Junta de Ingresos Públicos de Madrás en 1811: Arnold, Famine, p. 113. Véase también Ambirajan, S., Classical political economy and British policy in India, Cambridge, 1978.

[712] Ibid., p. 366. La opinión de que las plagas de hambre eran siempre la consecuencia de intervenciones bienintencionadas por parte de las autoridades que interrumpían el curso «natural» del comercio es una de las afirmaciones de Adam Smith menos bien fundamentadas: «Quien examine con atención la historia de las escaseces y hambres que han afligido alguna parte de Europa durante el siglo en curso o los dos anteriores» comprobará que las escaseces nacen en unos cuantos casos de la desolación de la guerra, pero en el mayor número de casos «por culpa de las estaciones; y que nunca una plaga de hambre ha tenido otra causa que no fuera la violencia del Gobierno al intentar, por medios impropios, remediar la contrariedad de la escasez» (la cursiva es mía). Basándose en esta pretensión de omnisciencia, Smith y sus discípulos podían denunciar las medidas de protección por inicuas. Smith también afirmó que «la sequía en Bengala, hace unos cuantos años, probablemente habría podido ocasionar una escasez muy grande. Algunas regulaciones impropias, algunos frenos poco juiciosos, que los servidores de la Compañía de las Indias Orientales impusieron al comercio del arroz, quizá contribuyeron a convertir aquella escasez en una plaga de hambre». Esta afirmación la ha criticado Sur, H., «The Bihar famine of 1770», Indian Econ. & Social Hist. Review, XIII, 4 (1976), que encuentra una explicación mejor en el derrumbamiento de la administración tradicional mogola y el vacío que produjo.

[713] Bhatia, B. M., Famines in India, Bombay, 1967, p. 105.

[714] Ambirajan, tesis, p. 367.

[715] Véase Ambirajan, S., «Malthusian population theory and Indian famine policy in the 19th century», Population Studies, XXX, 1 (1976).

[716] Ambirajan, tesis, pp. 366-367.

[717] Véase Bhatia, op. cit., p. 105.

[718] Los absolutos de la economía política fueron modificados por el Famine Code de 1880, aunque el principio general de no intervención en el comercio de cereales «permaneció intacto hasta la segunda guerra mundial»: Arnold, op. cit., p. 114.

[719] Hont e Ignatieff, op. cit., p. 20. Adam Smith en The theory of moral sentiments, ed. de D. D. Raphael y A. L. Macfie, Oxford, 1976, p. 27, consideró que el «hambre violenta» era un delito contra la «decencia». Aunque a veces «inevitable», «siempre es indecente».

[720] Ibid., p. 22.

[721] Así, en Bengala en 1873 los primeros en pasar hambre fueron «las clases no agrícolas»: tejedores, trabajadores del metal, carpinteros, pescadores, sirvientes. Les siguieron los braceros agrícolas y los pequeños cultivadores: Extra Supplement to the Gazette of India, 26 de febrero de 1875, p. 33.

[722] Sen, A., Poverty and famines, Oxford, 1981, pp. 161-162. «Que se exporten alimentos desde regiones azotadas por el hambre puede ser una característica “natural” del mercado, que respeta el derecho en vez de las necesidades».

[723] Hay, D., «War, dearth and theft in the eighteenth century», Past and Present, 95 (1982), p. 132.

[724] Véase Bhatia, op. cit., p. 39.

[725] Sen, op. cit., p. 154.

[726] Ibid., pp. 75, 79.

[727] Véase Tilly, L., «Food entitlement, famine, and conflict», en R. I. Rotberg y T. K. Rabb (eds.), Hunger and history, Cambridge, 1985, pp. 135-152.

[728] Véase Sen, op. cit., p. 154. Véase Ghose, A. K., «Food supply and starvation: a study of famines with reference to the Indian subcontinent», Oxford Economic Papers, XXXIV, 1982.

[729] Mingay, G. E., «The course of rents in the age of Malthus», en M. Turner (ed.), Malthus in his time, Basingstoke, 1986, pp. 90-91.

[730] Turner, M., «Corn crises in Britain in the age of Malthus», en Turner, ibid., p. 120.

[731] La doctrina de Adam Smith sobre la no injerencia en el comercio de cereales estaba limitada, en su digresión, al comerciante del interior. Wells se equivoca cuando supone (por ejemplo, en Wretched faces, p. 7) que la vigorosa actuación del Gobierno al efectuar importaciones de trigo durante una época de escasez violaba los preceptos de Smith. Pero (en la doctrina de Smith) el Gobierno no debe intervenir entonces en el mercado interno vendiendo importaciones por debajo de la tarifa autorreguladora del mercado, y en general esto se evitó en la década de 1790 vendiendo la carga inmediatamente en el puerto de llegada, y era frecuente que representantes de ciudades y parroquias del interior asistiesen a tales ventas.

[732] Wells, R., «The revolt of the south-west, 1800-1801», Social History, 6 (1977), p. 743; Wells, Wretched faces, p. 230.

[733] Ibid., pp. 178-181, 230-236.

[734] Ibid., p. 181.

[735] Bohstedt, J., Riots and community politics in England and Wales, 1790-1810, Cambridge, Massachusetts, 1983, p. 27.

[736] Thwaites, W., «The Assize of Bread in 18th-century Oxfordshire», Oxoniensia, LI (1986), pp. 171-181.

[737] Sobre la rareza de los motines de subsistencias en Londres se encuentran explicaciones diferentes en Rudé, G., Paris and London in the 18th century, 1970, pp. 55-57; Stevenson, J., Popular disturbances in England, 1700-1870, 1979, pp. 99-100; Bohstedt, op. cit., pp. 208-209. Es indudable que asegurar el abastecimiento de Londres era una prioridad del Estado.

[738] Véase Wells, Wretched faces, pp. 180-181.

[739] Anónimo, «A record of the staff of life from 1796 to 1900: at the Old Mill of the city», Birmingham Magazine of Arts and Industries, III (1899). Véase también Tann, J., «Cooperative corn milling; self-help during the grain crises of the Napoleonic Wars», Agric. Hist. Rev., 28 (1980), p. 52; el Union Mill se fundó en 1796 con 1.360 suscriptores, principalmente trabajadores.

[740] Libreta manuscrita de Edward Pickard, Birmingham Reference Library, MS 22/11.

[741] Fuerza voluntaria de caballería compuesta principalmente por yeomen o pequeños propietarios. (N. del T.).

[742] Estos aspectos se desarrollan en Bohstedt, op. cit., passim, especialmente en su contraste entre los mercados de Mánchester y Devon. Todavía en 1800 el Union Mill de Birmingham obtenía normalmente su aprovisionamiento en el mercado de Birmingham o dentro de un radio de 20 millas (32 kilómetros): Tann, J., op. cit., p. 54.

[743] Walter y Wrightson, op. cit., p. 41.

[744] Bohstedt, op. cit., esp. caps. 2 y 9 y pp. 54, 202, 220-221. Cf. Thwaites, tesis, pp. 522-527, para una estimación de la efectividad del motín para impulsar la protección del consumidor.

[745] China proporciona un ejemplo de la buena gestión burocrática del abastecimiento de alimentos, durante la dinastía Ching, en el siglo XVIII. El Estado chino tomó medidas de vasto alcance para alimentar al pueblo durante las épocas de escasez; entre ellas, cabe citar los graneros públicos, la provisión de préstamos, la represión de los acaparadores, el fomento de la circulación por canales y carreteras. Estas medidas eran apoyadas por un sistema de valores «confuciano» que sancionaba el imperativo de la «benevolencia» y por la creencia popular de que todo régimen que presidiera desastres tales como el hambre y las inundaciones había «perdido el mandato del cielo». Por lo tanto, todo lo que estuviera relacionado con la distribución de alimentos en tiempos de escasez tenía muchísima importancia política. El campesino chino no mendigaba caridad, exigía socorro y consideraba que la burocrática estaba obligada por su cargo a proporcionárselo y que los ricos lo estaban por su deber. Muchas de las cosas que hacían los chinos que participaban en motines de subsistencias se parecían a lo que ocurría en Europa en tales ocasiones —bloqueo de los transportes, ataques contra los acaparadores, presiones sobre los burócratas y los ricos— y el motín era una forma reconocida de poner en movimiento las medidas de socorro del Estado: Li, L. M., «Introduction: food, famine and the Chinese state»; Bin Wong, R., «Food riots in the Qing dynasty»; Greenough, P. R., «Comment»; todos en Journal of Asian Studies, agosto de 1982.

[746] Para la acción recíproca de otros factores en historias nacionales diferentes, véanse Tilly, C., «Food supply and public order in modern Europe», en C. Tilly (ed.), The formation of national states in Europe, Princeton, 1975, pp. 380-455; y Louise Tilly en Rotberg y Rabb (eds.), Hunger and history, pp. 143-148.

[747] Para cartas amenazadoras, véase mi «The crime of anonymity», en Hay, D. et al., Albion’s fatal tree, pp. 325-341. Para el incendio provocado, véase Wells, Wretched faces, pp. 165-167.

[748] Arnold, D., «Looting, grain riots and government policy in South India, 1918», Past and Present, 84 (1979).

[749] Véase, por ejemplo, Rudé, G., Protest and punishment, Oxford, 1978, p. 57, que dice que el motín de subsistencias «contribuía poco» antes de 1829-1831.

[750] Estos ejemplos se reunieron en un folleto que publicaron el Foreign Office y el Irish Office, Famine in Ireland, 1740-1741, 1847.

[751] Gentleman’s Magazine, mayo de 1757.

[752] El Journal de Wesley, 27 de mayo de 1758.

[753] Pero se informa de motines de subsistencias en 1792, Clark, S. y J. S. Donnelly (eds.), Irish peasants, Mánchester, 1983, p. 55, y en 1793, Philpin, C. H. E. (ed.), Nationalism and popular protest in Ireland, Cambridge, 1987, p. 196 (condados de Cork y Waterford).

[754] Véase Cullen, L. M. y T. C. Smout, Comparative aspects of Scottish and Irish economic and social history, Edimburgo, 1977, p. 10 y cap. 2.

[755] Walter, J., «The social economy of dearth in Early Modern England», en J. Walter y R. Schofield (eds.), Famine, disease, and the social order in Early Modern society, Cambridge, 1989, pp. 82, 121.

[756] Walter, J. y R. Schofield, «Famine, disease and crisis mortality in Early Modern society», en ibid., p. 47.

[757] Wrigley, E. A. y R. S. Schofield, The population of England, 1541-1871, Cambridge, Mass., 1981, p. 653. Los años de motines de 1766-1767 muestran una tasa de mortalidad que es 10,4 % superior a la tendencia.

[758] Véase ibid., pp. 668-669.

[759] Ibid., p. 692.

[760] Véase Walter, J., «The social economy of Dearth», buena parte del cual todavía es aplicable a los comienzos del siglo XVIII.

[761] «Philo-Georgius» al duque de Newcastle, 7 de diciembre de 1741, Brit. Lib. Add MS 32, 698, fol. 496.

[762] El profesor Sen continúa haciendo hincapié en el contexto político del hambre en el siglo XX. Los Gobiernos que son responsables ante la opinión pública son más propensos a tomar medidas de socorro que los otros, y «es difícil encontrar un caso en el cual una plaga de hambre haya ocurrido en un país que tuviera una prensa libre y una oposición activa dentro de un sistema democrático»: Sen, A., «Individual freedom as a social commitment», New York Review of Books, 14 de junio de 1990.

[763] Outhwaite, «Dearth and government intervention», p. 404.

[764] The Life and times of Anthony Wood, antiquary of Oxford, 1632-1695, ed. de A. Clark, citado en W. Thwaites, «The corn market and economic change: Oxford in the 18th century», Midland History, de próxima aparición.

[765] Reflections on the present high price of provisions, p. 27.

[766] Gran parte de lo que escribe John Walter sobre las instituciones benéficas del siglo XVII en tiempos de escasez es igualmente aplicable a las primeras siete décadas del siglo XVIII: Walter, «Social economy of dearth».

[767] Tantos eran los insultos dirigidos contra los cuáqueros que estos hicieron una declaración pública en 1800: «La Sociedad de los Amigos […], habiendo sido durante un tiempo calumniada como opresora de las clases laboriosas e indigentes de la comunidad, maquinando para monopolizar aquellos artículos necesarios para la vida que son el trigo y la harina, cree que ha llegado el momento de vindicar su inocencia y su integridad propias»: Meetings for sufferings, XL, pp. 404-406, 6 de octubre de 1800, Friends House Library, Londres. Mi agradecimiento al bibliotecario, Malcolm Thomas.

[768] En 1766 la gentry local hizo una suscripción en Melksham «en consideración a que los pobres no participaron en los recientes motines que ocurrieron en toda la ciudad», y se distribuyó carne de buey entre más de 1.600 personas pobres. Pero la carne se dio en noviembre, meses después de que pasara el momento culminante de la crisis. El doctor Randall sugiere la posibilidad de que a los pobres que se amotinaron en Chippenham, Stroud, Frome o Bradford (Wiltshire) les fuera mejor: Randall, A. J., «Labour and the industrial revolution in the west of England woollen industry», tesis doctoral, Universidad de Birmingham, 1979, p. 166.

[769] Bohstedt, op. cit., pp. 96-97, 48. Véase lo que dice Peter Mandler sobre la conversión de la gentry hacendada en estos años, de un paternalismo débil que reconocía los derechos consuetudinarios de los pobres a un lenguaje del «orden natural» (según la definición de Smith y Malthus) en el cual «el único derecho natural verdadero» es el de la propiedad: «The making of the new poor law Redivivus», Past and Present, 117 (noviembre de 1987).

[770] Walter, «Social economy of dearth», pp. 127-128; Walter y Schofield, «Famine, disease and crisis mortality», p. 48.

[771] Wendy Thwaites, que tuvo la amabilidad de leer estas páginas en manuscrito, me ha reñido muy sensatamente por hacer siquiera este chiste. Señala que los recursos de las naciones hambrientas modernizadas han avanzado desde el siglo XVIII y (citando a Twose, N., Cultivating hunger, Oxfam, 1984) describe un vehículo que se creó para reprimir a los amotinados en la República Dominicana o Haití: «El AMAC-1 tiene diecinueve puntos de armas, cuatro lanzadores de granadas múltiples, un cañón de agua, una cámara de vídeo infrarroja para vigilancia, y su carrocería puede electrificarse con una carga de 7.000 voltios». Concluye Thwaites que para que el motín funcione allí, «tiene que haber ciertas limitaciones en el extremo a que llegará la represión por parte de las autoridades». He dejado el chiste porque así puedo incluir también la oportuna advertencia de Wendy Thwaites.

[772] Adam Smith, en su digresión, miró con buenos ojos a los agiotistas, toda vez que a) los beneficios elevados de los años de escasez compensaban a los comerciantes de los modestos beneficios de los años normales, y b) los beneficios excesivos de unos cuantos podían ser el precio inevitable que había que pagar por las funciones del mercado para el público en general. En cualquier caso, los acaparadores y los agiotistas (si se equivocaban al juzgar el mercado) se veían cogidos en falta cuando caían los precios. Hasta ahora nadie ha conseguido encontrar una manera de estudiar sistemáticamente la cuestión del acaparamiento y el agiotaje en los años de precios altos del siglo XVIII, y tampoco es fácil ver cómo podría hacerse. Pero esto no es motivo para el dogma generalizado en el sentido de que su efecto (suponiendo que tuviera alguno) era insignificante, y que no pueden presentarse argumentos a favor de los precios excesivos (en un mercado favorable al vendedor, apuntalado por las leyes de cereales) que transferían riqueza de los pequeños consumidores a los cultivadores de cereales. Algunos estudiosos muestran gran pericia en materias tales como el comportamiento de las ratas y las pulgas, o en las ratios entre la semilla de trigo y los excedentes de la cosecha disponibles, al mismo tiempo que se niegan empecinadamente a reconocer factores bastante importantes como, por ejemplo, la codicia humana.

[773] Somos afortunados por tener estudios de estos grupos de trabajadores, tanto en sus capacidades como productores (duros en la negociación) como consumidores (propensos al motín). Ni tan solo la «costumbre» era premercado o no mercado, sino determinado consenso de la comunidad sobre la regulación de los salarios y los precios. Véanse Rule, J. G., «The labouring miner in Cornwall, c. 1740-1820», tesis doctoral, Universidad de Warwick, 1971, esp. pp. 116-180; Malcolmson, R. W., «A set of ungovernable people», en J. Brewer y J. Styles (eds.), An ungovernable people, 1980 (la población minera de Kingswood); Randall, A. J., «Labour and the industrial revolution in the west of England woolen industry», tesis doctoral, Universidad de Birmingham, 1979.

[774] Mist’s Weekly Journal, 12 de marzo de 1726, informó de que la chusma se alzó en los días de mercado en Northampton, Kettering, Oundle, Wellingborough, Stony Stratford, porque los agricultores no querían llevar trigo al mercado «sino que lo guardaban en las posadas». En Towcester se impidió un motín cuando el pregonero dio aviso de que el trigo debía traerse «al mercado abierto».

[775] Thomis, M. I. y J. Grimmett, Women in protest, 1800-1850, 1982, cap. 2.

[776] Logue, K. J., Popular disturbances in Scotland, 1780-1815, Edimburgo, 1979, pp. 199, 202-203.

[777] Bohstedt, J., «Gender, household and community politics: women in English riots, 1790-1810», Past and Present, n.° 120 (agosto de 1988), pp. 88-122. La pretensión de haber demolido «el mito del motín de subsistencias femenino» se encuentra en las pp. 90, 93.

[778] Ibid., p. 88. Hammond, J. L. y B., The village labourer, 1911, reimpresión de 1966, pp. 116-118.

[779] El mejor comentario es Wells, R., «Counting riots in eighteenth-century England», Bulletin of Lab. Hist. Soc., 37 (1978), pp. 68-72. Alan Booth comenta sucesivos errores en las estimaciones en su excelente y denso estudio «Food riots in the north-west of England, 1790-101», Past and Present, 77 (1977), esp. pp. 89-90.

[780] Bohstedt, Riots and community politics, pp. 11-14, 230-231; Booth, op. cit., pp. 98-99.

[781] Ipswich Journal, 26 de julio de 1740. Debo esto a Robert Malcolmson.

[782] Bristol Journal, 11 de junio de 1757, citado en Caple, J. N., «Popular protest and public order in 18th-century England: the food riots of 1756-1757», tesis de licenciatura, Queens University, Ontario, 1978, p. 102.

[783] Blenkinsop, G., 14 de octubre de 1738 en PRO, T 1/299(15).

[784] Northampton Mercury, 6 de octubre de 1740; R. Malcolmson en Brewer y Styles, op. cit., p. 117.

[785] Goddard, E., 24 de mayo de 1740 en PRO, SF 36/50/431 y deposiciones varias en SP 36/51.

[786] Williamson, J. J., sheriff de Durham, 10 de junio de 1740, en PRO, SP 36/51.

[787] Ellis, J., «Urban conflict and popular violence: the Guildhall riots of 1740 in Newcastle-upon-Tyne», Int. Rev. Social Hist., XXV, 3 (1980).

[788] Fueron puestas en libertad en las Sessions al cabo de unos días.

[789] «Account of the riots» por el concejal Ridley en Northumberland CRO, 2R1 27/8.

[790] Ellis, op. cit., pp. 341-346.

[791] En el tribunal de Durham, Anne Withy, Hannah Crone y William Young fueron condenados a siete años de deportación por sacar una gran cantidad de trigo de un barco en Stockton. Otras tres mujeres y un hombre fueron juzgados y absueltos: Newcastle Journal, 9 de agosto de 1740. Mi agradecimiento, de nuevo, a Robert Malcolmson.

[792] Price, W., 13 de junio de 1740 en PRO, SP 36/51, y deposiciones varias en SP 36/50 y 36/51.

[793] PRO, SP 36/135.

[794] Caple, op. cit., p. 82.

[795] Holles Newcastle al secretario de la Guerra, 26 de mayo de 1737, PRO, SP 41/10.

[796] Logue, op. cit., pp. 21, 44.

[797] Malcolmson, R. W., Life and labour in England, 1700-1780, 1981, p. 118.

[798] Wendy Thwaites ha encontrado mujeres presentes en motines de subsistencias habidos en Oxfordshire en 1693, 1713, 1757, 1766 y 1795: Thwaites, tesis, cuadro en p. 472 (para 1795), pp. 485-486.

[799] Thomas y Grimmett, op. cit., p. 10, también me acusan, basándose en lo mismo, de colocar a las mujeres «firmemente en el mercado; aunque no exactamente junto al fregadero de la cocina»; y, además, no arrojan ninguna luz sobre cómo se hacía la comercialización.

[800] Bohstedt se muestra extrañamente inconsecuente. Sugiere que los hombres se encargaban de la comercialización (p. 116). Pero las mujeres (¿que normalmente no se encargaban de ella y, por ende, estaban encerradas en la unidad doméstica?) tejían de un modo u otro las redes de vecindad, y elogia un estudio francés por señalar que el trabajo de la casa «entraba en la cooperación comunal» al «ir a buscar agua y provisiones, por ejemplo» (p. 98, la cursiva es mía).

[801] Véanse el excelente estudio de Thwaites, W., «Women in the market place: Oxfordshire c. 1690-1800», Midland History, IX (1984), pp. 23-42, y, para la tradición anterior, Hilton, R., «Women traders in medieval England», en Class conflict and the crisis of feudalism, 1985, p. 213.

[802] A comienzos del siglo XVIII el señor del mercado de Woodbridge (Suffolk) amenazaba con procesar a las «personas que vengan a esta ciudad con pescado, aves de corral, fruta, mantequilla, queso, huevos» en los días de mercado y que lleven estas cosas de casa en casa, en lugar de tomar un tenderete o puesto en el mercado: Ipswich y East Suffolk CRO, V 5/9/6 — 3 (3). Quizá parecidos intentos de controlar se encontraban detrás de una serie de procesos de pequeños comerciantes (hortalizas, fruta, pescado) por regrating en Oxford en 1712: de las 24 personas procesadas, 21 eran mujeres: Thwaites, p. 30.

[803] J. Dunkin, citado en ibid., p. 29.

[804] Mathews, J., Remarks on the cause and progress of the scarcity and dearness of cattle…, 1797, pp. 9-10.

[805] Ibid., pp. 70-71.

[806] Malham, J. (párroco de Helton, Dorset, y ordinario de la cárcel del condado de Wiltshire), The scarcity of grain considered, Salisbury, 1800, p. 43.

[807] Thwaites, tesis, I, pp. 208-221, comenta la cuestión con cuidado.

[808] «Inquisition on Ruth Pierce», Wiltshire Archaelogical and Natural History Magazine, XII (1870), pp. 256-257. Mi agradecimiento a Mary Prior.

[809] «A person in business», Two letters on the flour trade, Londres, 1757, 1766, pp. 7-8; el autor escribe desde Hampshire. Véase también Thwaites, W., «Dearth and the marketing of agricultural produce: Oxfordshire», Agric. Hist. Rev., XXXIII, 1985, p. 121.

[810] Thwaites, «Women in the market place», p. 37.

[811] PRO, TD 11/1138/5956: Special Commission, Gloucester, 14 de noviembre de 1766, alegato de la Corona.

[812] Phillips, C., Considerations on the causes of the high price of grain…, 1792, p. 7.

[813] Brooks, W., The true causes of our present distress for provisions, 1800, pp. 29-30. Doy las gracias a la doctora Thwaites.

[814] Steer, F. W. (ed.), «The memoirs of James Spershott», The Chichester Papers, 30, Chichester, 1962.

[815] Véase Collier, M., The woman’s labour, ed. de M. Sugden y E. P. Thompson, 1989.

[816] Clark, A., Working life of women in the seventeenth century, 1919, reimpresión de 1982, pp. 108-109.

[817] «A. B.», Observations on the detriment that is supposed must arise to the family of every cottager … from the loss of wollen spinning, 1794.

[818] Ipswich Journal, 7 de junio de 1740.

[819] Bohstedt quizá recurre en exceso a las sugerencias de Hans Medick sobre «The proto-industrial family economy», en P. Kriedte, H. Medick y Schlumbohm, Industrialization before industrialization, Cambridge, 1987, pp.

60-63 [trad. cast.: Industrialización antes de la industrialización, Barcelona: Crítica, 1986].

[820] El texto completo está en Publications of the Thoresby Society, XLI, 3.ª parte, 1947, p. 95. Hay extractos en Heaton, H., Yorkshire woollen and worsted industries, 1920, pp. 344-347; Thompson, The making of the English working class, pp. 300-301 [trad. cast.: La formación de la clase obrera en Inglaterra, Madrid: Capitán Swing, 2012].

[821] Véase Thompson, D., «Women, work and politics in nineteenth-century England: the problem of authority», en J. Randall (ed.), Equal or different, Oxford, 1987, pp. 61-63.

[822] Clark, op. cit., p. 51. Véanse también la sugerencia de Maxine Berg sobre las redes en The age of manufactures, 1985, pp. 164-167 [trad. cast.: La era de las manufacturas, Barcelona: Crítica, 1987], y el excelente estudio del trabajo de las mujeres en la economía familiar en Hill, B., Women, work, and sexual politics in eighteenth-century England, Oxford, 1989, caps. 3 y 4.

[823] Parsons, T., Letters to an M.P. on the absurdity of popular prejudices…, Bath, 1800.

[824] Thwaites, tesis, II, pp. 468-469.

[825] Gloucester Journal, 24 de junio de 1740.

[826] Bewdley: Northampton Mercury, 6 de junio de 1757; Worcester: Worcester Journal, 19 de mayo de 1757; Taunton, Newcastle-under-Lyme, Salisbury, Kidderminster: todos en Malcolmson, R. W., Life and labour in England, 1700-1780, 1981, pp. 117-118.

[827] Williams, D. E., «Midland hunger riots in 1766», Midland History, III, 4 (1976).

[828] John Walter en Charlesworth (ed.), An atlas of rural protest, 1983, muestra mujeres presentes en motines en Kent (1595), Essex (1596) y descargando un barco en Southampton (1608).

[829] En Escocia a finales del siglo XVIII el asunto que ocasionaba la mayor participación de mujeres en la acción directa «era la oposición al ejercicio del patronazgo eclesiástico por parte de patronos laicos contra los deseos populares de los fieles». Los motines de subsistencias ocupaban el segundo lugar. Logue, op. cit., pp. 199-204.

[830] PRO, Assi 24/42, Devon, invierno de 1767: 21 hombres (17 tejedores, 2 peinadores de lana, 2 peones, 1 cordobanero) por atacar un cernedero; ibid., 9 hombres de Ottery Saint Mary por derribar un molino hidráulico (y los dos casos siguientes); ibid., Somerset, 1766, motín relacionado con el queso, Wellington (13 peinadores de lana, tejedores, etc., acusados); ibid., Somerset, verano de 1767, motín relacionado con el queso, 7 peones de Trowbridge acusados (pero sin que se llegara a ningún veredicto cierto); ibid., Wiltshire, invierno de 1767, 8 hombres acusados (5 tejedores, 2 escribientes, 1 peón).

[831] PRO, Assi 4/22, Shropshire, verano de 1767, 5 mujeres de Culmington, por cortar sacos y arrojar grano al suelo. Assi 4/20, Worcestershire, verano de 1768, 7 mujeres por llevarse 21 hectolitros de trigo. Assi 4/21, Worcestershire, Cuaresma de 1775, 7 mujeres de Old Swinford (1 viuda, 2 hilanderas, 2 esposas de minero y 2 esposas de peón) por un motín relacionado con la harina en el cual participaron 200. Assi 24/43, Somerset, Cuaresma de 1801, 4 mujeres por obligar a vender pan por debajo del precio del mercado.

[832] PRO, Assi 24/43, Devon, verano de 1801, 5 peones y 1 mujer soltera, por obligar a vender cebada por debajo del precio del mercado.

[833] PRO, Assi 24/42, Somerset, verano de 1767, motín relacionado con la mantequilla, 5 mujeres y 1 peón acusados.

[834] Por un motín relacionado con el trigo ocurrido en Bicester (Oxfordshire) en 1757, 4 hombres y 4 mujeres fueron procesados, de los cuales 1 hombre y 1 mujer fueron condenados a 7 años de deportación; por un motín relacionado con las alubias, 2 hombres fueron deportados y 1 mujer fue marcada: Thwaites, tesis, pp. 471 y 473.

[835] Bohstedt, «Gender, household and community politics», p. 120, nota 116.

[836] PRO, Assi 24/42, 24/43, 4/20, 4/21, 4/22. Solo he contado los casos de motines relacionados explícitamente con los alimentos.

[837] Douglas Hay ha encontrado mujeres a la cabeza de motines de subsistencias en Staffordshire en 1740, 1757, 1783 y 1800: «Crime, authority and the criminal laws in Staffordshire 1750-1800», tesis doctoral, Universidad de Warwick, 1975, p. 265, y comunicación privada.

[838] En 1795 mineros del bosque de Dean registraron una barcaza fluvial en Awre, en el Severn. Al encontrar trigo y harina, 100 hombres, mujeres y niños bajaron del bosque con caballos y asnos y se llevaron 176 hectolitros. Según un testigo, «las mujeres se mostraron más tumultuosas que los hombres». Pero fueron detenidos 5 mineros, 2 de los cuales fueron ahorcados por robar harina; PRO, Assi 5/116; London Chronicle, 17-19 de noviembre de 1795.

[839] PRO, Assi 24/42, Devon, verano de 1765; Snell, F. J., The chronicles of Twyford, Tiverton, 1893, pp. 192-201.

[840] Grand jury: jurado que se encarga de considerar las pruebas reunidas por el juez de instrucción para decidir si debe o no formalizarse la acusación contra una persona. Petty jury: jurado que enjuicia finalmente los hechos en los procesos civiles y criminales. (N. del T.).

[841] PRO, Assi 24/42. Entre aquellos que no fueron procesados porque el grand jury de Ottery Saint Mary «no encontró motivos para ello» había 4 carpinteros, 4 peinadores de lana, 3 agricultores, 2 sastres, 2 peones, 2 cordobaneros y 1 techador.

[842] PRO, Assi 24/43.

[843] En un motín relacionado con el queso que hubo en Taunton, se acusó a 11 hombres y 6 mujeres. A todos se les declaró «pobres» y se les puso en libertad. Entre dichos «pobres» había 3 peinadores de lana, 2 tejedores de sarga, 2 cordobaneros, 2 peones, 1 hojalatero, 1 batanero, y 3 hilanderas, esposas de 1 cordobanero, 1 peón y 1 tejedor de sarga; PRO, Assi 24/42, Somerset, invierno de 1767.

[844] Véase Wells, Wretched faces, cap. 16, «The role of the courts».

[845] Estos son los resultados oficiales en Baga de Secretis, G. B. Deputy Keeper of Public Records, 5th Report, 1844, apéndice II, pp. 198-204. Pero algunos presos fueron retenidos para su posterior procesamiento o sus casos fueron desestimados. El Gloucester Journal, 15 de diciembre de 1766, informó de que 96 amotinados se hallaban a la sazón en la cárcel, 16 de los cuales eran mujeres: véase también Williams, tesis, pp. 162-163. Pero otros documentos inducen a pensar que hasta 22 mujeres fueron encerradas: las acusaciones contra una o dos de ellas fueron retiradas y otra declaró contra sus compañeros; alegato de la Corona, PRO, TS 11/1188/5956, y «A calendar of the criminal prisoners in the castle gaol of Gloucester», 13 de diciembre de 1766 (con anotaciones) en TS 11/995/3707.

[846] Esto lo sugiere John Beattie en su autorizado artículo «The criminality of women in eighteenth-century England», Journal of Soc. Hist., VIII (1975), p. 113, nota 57. También Beattie, Crime and the courts in England, 1660-1800, Oxford, 1986, pp. 436-439.

[847] Booth, op. cit., p. 106, se encuentra con que en los tribunales de Lancashire en 1790-1801 «parece que no se hacía ninguna diferenciación entre los sexos».

[848] Alegatos de la Corona en PRO, TS 11/1116/5728. Elizabeth Moody y Mary Nash estaban embarazadas y dieron a luz inmediatamente después de sus respectivos juicios; Mary Nash tuvo mellizos: no se sabe a ciencia cierta si tuvieron que cumplir la condena. Véase Williams, op. cit., pp. 167, 170.

[849] Algunas de las deducciones siguientes dependen de anotaciones aproximativas en el Gaol Calendar en PRO, TS 11/995/3707, pero esto es difícil de descifrar y no siempre es exacto. También TS 11/1188/5956; Williams, op. cit.; Gloucester Journal, 22 de diciembre de 1766; Gloucester CRO, Q/SG 1767-1770, Gloucester Gaol Calendar, 13 de enero de 1767.

[850] Mujer casada que se considera bajo la protección del marido. (N. del T.).

[851] Elizabeth Rackley fue perdonada más adelante.

[852] Gaol Calendar en PRO, TS 11/995/3707. Sobre feme covert, véase Blackstone, op. cit., IV, pp. 26-27, y Beattie, J., op. cit., p. 238, nota 71.

[853] Carta de John Halford, 1 de julio de 1740, en Lincs., Archives Office, 3 Anc. 7/4/14.

[854] Ann Welford y Barbara Mason fueron condenadas a seis meses de trabajos forzados en la Quarter Session de Northampton en 1796 por intentar, con un gran número de personas, «principalmente mujeres», detener una carreta del mercado: Northampton Mercury, 9 de abril de 1796. Doy las gracias a Jeanette Neeson.

[855] Para Anne Carter, véase Walter, J., «Grain riots and popular attitudes to the law: Maldon and the crisis of 1629», en Brewer y Styles (eds.), An ungovernable people, pp. 47-84, excelente estudio que sigue a los amotinados hasta los archivos locales. Para Hannah Smith, véase Thomis y Grimmett, op. cit., pp. 43-44.

[856] Memorándum sobre el estado de las pruebas contra los participantes en motines de subsistencias (1766) del procurador del tesoro en los Shelburne Papers, vol. 132, William L. Clements Library, Universidad de Míchigan, Ann Arbor; véase también PRO, SP Dom 44/141.

[857] Williams, «Midland hunger riots in 1766», p. 277.

[858] Wells, op. cit., p. 121.

[859] John Walter en Brewer y Styles (eds.), op. cit., p. 63; véase también Manning, R. B., Village revolts, Oxford, 1988, pp. 96, 116.

[860] Williams, op. cit., pp. 273-274.

[861] Después de «repetidas solicitaciones» por parte de un capitán de la infantería de marina, el alguacil de Brentwood detuvo de mala gana a dos mujeres en la cervecería The Ship, las cuales habían estado «cantando una canción en la calle Brentwood en la que se desprestigiaba a los militares»; Essex CRO, Q/SBb 352/55 (agosto de 1793).

[862] PRO, WO 1/1091, 5 y 8 de agosto de 1795; Assi 2/26 y 5/116.

[863] Jackson’s Oxford Journal, 28 de mayo de 1757, informa de que una carreta de trigo se la llevó en Bath una chusma que llevaba disfraces de mujer. No he encontrado ninguna acusación en el siglo XVIII por un delito parecido en un motín de subsistencias.

[864] Véase Davis, N., «Women on top», en Society and culture in Early Modern France, Stanford, 1975. Pienso que la profesora Davis pasa por alto el hecho de que un vestido de mujer era la prenda más fácil de encontrar para disfrazar a un minero o un cottager. Algunos de los efectos simbólicos de inversión (que la profesora Davis describe tan bien) eran consecuencia en lugar de intención. Los ataques contra las barreras de portazgo tenían un simbolismo más militar; «Los deponentes […] oyeron el ruido de cuernos sonando […] y poco después un gran número de personas armadas con armas de fuego y hachas, algunas de ellas disfrazadas con la cara ennegrecida y ropa de mujer». Se trataba de un ataque contra una barrera de portazgo en Ledbury, Herefordshire. James Baylis, peón, que fue detenido, dijo que se había ennegrecido la cara con corcho quemado y que el vestido, el delantal y el sombrero de paja que llevaba eran de su esposa: información en PRO, TS 11/1122/5824, 4 de noviembre de 1735.

[865] Kaplan, T., «Female consciousness and collective action: the case of Barcelona, 1910-1918», Signs, VII, 3 (1982), pp. 545, 560, 565.

[866] Snell, The chronicles of Twyford, pp. 194-195. Este fue un motín electoral.

[867] Williams, tesis, p. 203, nota 2, y p. 279.

[868] Logue, op. cit., p. 22.

[869] Walter, op. cit., pp. 58, 72.

[870] Ellis, op. cit., p. 340; Thomis y Grimmett, op. cit., p. 31.

[871] Ibid., pp. 43-45.

[872] Para ejemplos, véase Derby, Mercury, 10 de julio de 1740 (Derby, 1740). Elizabeth Beer y Elizabeth Bell fueron condenadas a 7 años de deportación cada una por su participación en este motín. Información de Thomas Higgins contra Ann Burdon, que detuvo su carreta en Long Handborough en agosto de 1795, sacó el caballo de entre las varas y se metió entre ellas para impedir que volvieran a ponerlo allí: PRO, Assi 5/116.

[873] Northampton Mercury, 2 de junio de 1740; Ipswich Journal, 7 de junio de 1740.

[874] Carta interceptada de J. y L. Golby a «Queridos Hermano y Hermana» fechada en Nottingham el 7 de septiembre de 1800, en PRO, HO 42/51. Extractos de la carta se encuentran en Quinault y Stevenson (eds.), op. cit., pp. 58-59, y en Wells, Wretched faces, pp. 120-122.

[875] O puede que la respuesta fuese diferente según el lugar y el momento. Walter, op. cit., p. 62, escribe que «las mujeres estuvieron presentes en casi todos los motines de subsistencias del periodo [es decir, a principios del siglo XVII] y algunos motines eran exclusivamente femeninos».

[876] Tom Wedgwood escribió a su padre, Josiah, describiéndole «la chusma» en las Potteries en marzo de 1783: «Las mujeres eran mucho peores que los hombres, como, por ejemplo, el pastor Sneyd logró que unos 30 hombres le siguiesen […], pero una mujer gritó: «¡No, no, eso no está bien, eso no está bien!», y entonces se volvieron atrás, y se acordó que el trigo tomado [en] la embarcación debía venderse a un precio justo»; The Wedgwood Letters, ed. de A. Finer y G. Savage (1965), p. 268. Mi agradecimiento a Douglas Hay.

[877] Las mujeres y los mineros destacaron en la tradicional fijación de precios en el suroeste de Inglaterra en 1847, y las mujeres y los pescadores en el noreste de Escocia: Rowe, A., «Food riots of the forties in Cornwall», Royal Cornwall Polytechnic Society (1942); Richards, E., The last Scottish food riots. Past and Present Supplement (1981). Véase también Swift, R. E., «Food riots in mid-Victorian Exeter, 1847-1867», Southern History, 2 (1980). En un estudio interesantísimo, Robert Storch describe, para 1867, en Devon y Oxfordshire, las tradiciones del motín de subsistencias, de la cencerrada y del carnaval de «Guy Fawkes», con las mujeres y los «niños de las hogueras» disfrazados interpretando los papeles principales: «Popular festivity and consumer protest: food price disturbances in the southwest and Oxfordshire in 1867», Albion, 14, 3-4 (1982). Aunque las mujeres eran a menudo las más activas en estos sucesos, pocas de ellas eran detenidas o procesadas. Véase Storch, p. 233, nota 41.

[878] Thompson, D., «Women and nineteenth-century radical politics: a lost dimension», en J. Mitchell y A. Oakley (eds.), The rights and wrongs of women, Harmondsworth, 1976, pp. 112-138.

[879] Así, Robert Southey afirmaba defender «la MORAL contra la economía política», véase Eastwood, D., «Robert Southey and the intellectual origins of romantic conservatism», Eng. Hist. Rev., CIV (1989), p. 323. La «economía moral del sistema de factorías» lo empleó en un sentido muy diferente el doctor Andrew Ure en The philosophy of manufactures, 1835.

[880] Bronterre’s National Reformer, 21 de enero de 1837. Debo esta referencia a Dorothy Thompson.

[881] Penguin, 1968, pp. 67-73.

[882] Parecidos temas de «economía moral» se han examinado en diferentes historias nacionales, entre las que destacan (Francia) Tilly, L., «The food riot as a form of political conflict in France», Journal of Interdisciplinary History, I (1971), pp. 23-57, y Bouton, C. A., «L’“économie morale” et la Guerre des farines de 1775», y también, de los editores, «Introduction» en F.-G. y G.-R. Ikni (eds.), La Guerre du Blé au XVIIIe siècle, París, 1988; Rodríguez, L., «The Spanish riots of 1766», Past and Present, 59 (1973); Clark Smith, B., «Food rioters in the American revolution», en A. F. Young (ed.), Beyond the American revolution, Urbana, de próxima aparición; Rogers, J., «The 1866 grain riots in Sri Lanka», Comparative Studies in Society and History, XXIX, 3 (1987).

[883] A. J. Randall, en J. Rule (ed.), British trade unionism, 1750-1850, 1988, pp. 29-51. Véase también Charlesworth y Randall, «Morals, markets and the English crowd», pp. 206-209. El profesor Charles Tilly, en una comunicación privada, ha sugerido una nueva definición: «La expresión “economía moral” tiene sentido cuando los que reclaman una mercancía puedan invocar derechos no monetarios sobre la misma y las terceras partes actúen en apoyo de estas reclamaciones; cuando, por ejemplo, la pertenencia a una comunidad sustituya al precio como base para tener derecho. En la medida en que “economía moral” significa meramente tradición, costumbre o intercambio fuera del mercado establecido, pierde su fuerza conceptual».

[884] Rediker, M., Between the devil and the deep blue sea, Cambridge, 1987, cap. 6.

[885] Snell, K. D. M., Annals of the labouring poor, Cambridge, 1985, pp. 99-199, 103.

[886] La gran huelga de los mineros británicos en 1984 fue un ejemplo tardío de tal enfrentamiento, aunque las fuerzas «del mercado libre» aparecieron bajo el disfraz de todos los recursos del Estado.

[887] Charlesworth y Randall, «Morals, markets and the English crowd», p. 213.

[888] Reddy, W., The rise of market culture, Cambridge, Mass., 1984, pp. 331-334.

[889] Gersuny, C. y G. Kaufman, «Seniority and the moral economy of U. S. automobile workers, 1934-1946», Journal of Social History, XVIII (1985), amplían el concepto a las reivindicaciones no «económicas» de los sindicatos.

[890] Peligro que el propio Reddy no evita del todo en su continuación, Money and liberty in modern Europe, Cambridge, 1987, en la cual del «intercambio monetario asimétrico» se hace la clave de toda la historia moderna, donde el «honor» y el «dinero» libran una lucha desigual.

[891] Scott, J. C., The moral economy of the peasant: rebellion and subsistence in southeast Asia, New Haven, 1976. Véase también Polachek, J. M., «The moral economy of the Kiangsi Soviet», Journal of Asian Studies, XLII, 4 (1983), p. 825.

[892] Para críticas constructivas, véanse Hunt, D., «From the millenium to the everyday: James Scott’s search for the essence of peasant politics», Radical Hist. Rev., 42 (1988), pp. 155-172; Adas, M., «“Moral economy” or “Contest state”?», Journal of Social History, XIII, 4 (1980).

[893] Scott, J. C., Weapons of the weak: everyday forms of peasant resistance, New Haven, 1985, p. 350. Véanse también las aportaciones de los editores en Turton, A. y S. Tanabe (eds.), History and peasant consciousness in south east Asia, Osaka, 1984, y el número especial de los Journals of Peasant Studies, XIII, 2 (1986).

[894] Moore, B. (hijo), Injustice: the social bases of obedience and revolt, 1978, pp. 18, 506.

[895] Watts, M., Silent violence: food, famine and peasantry in northern Nigeria, Berkeley, 1983, pp. 106, 146.

[896] Anderson, L., «From quiescence to rebellion: peasant political activity in Costa Rica and pre-revolutionary Nicaragua», tesis doctoral, Universidad de Míchigan, 1987; Langer, E. D., «Labor strikes and reciprocity on Chuquisaca Haciendas», Hispanic American History Review, LXV, 2, 1985.

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