Con vida independiente

Con vida independiente

Daniela Pujol Coll/Cimarronas


Hoy, que en Cuba se recnozcan el amor, la familia y las identidades no heteronormativas puede parecer, para quienes todavía perciben la realidad tras espejuelos empolvados de conservadurismo, una lucha reciente e importada, exclusiva de una comunidad minoritaria que hace más ruido del espacio que necesita. A la sombra del #DíaInternacionalDelOrgulloLGBTIQ+ y del #DíaInternacionalDeLaDiversidadSexual, la miopía tradicionalista dirá que ahora, por moda, seguimos una celebración que nada tiene que ver con nuestra historia patria, que nació en Estados Unidos, como consecuencia de los disturbios de Stonewall, en 1969.

Pero a esa ceguera tan conveniente se le olvida que en Cuba se ha batallado desde siempre por las causas justas. Y como causa justa, el alcance del derecho y el respeto a las disidencias sexuales, aunque invisibilizado y minimizado, no es nada nuevo por estos lares. Hoy se cumplen 52 junios de los sucesos de Stonewall, es cierto, pero también 46 años de la muerte de una cubana que, aunque murió ciega, supo ver desde pronta edad que una Cuba verdaderamente libre solo sería posible cuando existiera la soberanía nacional con respecto a cualquier país extranjero, la soberanía femenina con respecto a la opresión patriarcal y la soberanía humana para ejercer el amor libre y despreocupadamente.

Ofelia de la Concepción Rodríguez Acosta García nació en 1902 y a lo largo de su vida conjugó el periodismo y el ejercicio de la literatura con la militancia feminista y revolucionaria. Durante la segunda década del siglo pasado, tan cara a los movimientos sociales, Ofelia participó activamente en la lucha contra el machadato y es conocido que estaba en la manifestación contra el asesinato de Rafael Trejo, en 1930. Por aquellos años también había pertenecido al Grupo Minorista, junto a intelectuales como Alejo Carpentier y Regino Pedroso, y había sido promotora del Frente Único.

Inmersa en el activismo por la reivindicación de los derechos de la mujer, participó en los congresos nacionales de 1923 y 1925. Además, fungió como bibliotecaria del Club Femenino de Cuba y fundó y dirigió la revista Espartana en 1927. Fue miembro del Colegio Nacional de Periodistas de La Habana y desde su columna en Bohemia, “Campaña Feminista” y en múltiples crónicas, artículos periodísticos, ensayos y novelas proyectaría su feminismo revolucionario. Defendía así el papel que podían y debían tener las mujeres en la vida nacional cubana, no solo el de las blancas de clase media y alta, sino el de las negras que habían participado en las luchas por la independencia del colonialismo y que ahora, en el neocolonialismo, eran triplemente discriminadas: por ser pobres, mujeres y negras; para las secretarias, las amas de casa y las prostitutas; para las lesbianas. Tal y como ella concebía la nación cubana, debía haber espacio para todas las personas, para la pluralidad de todo tipo.

Sus obras acogían la teoría de la validez del amor libre frente a la férrea moral católica que cubría la sociedad cubana en todos sus ámbitos. Se oponía a las normas cívicas restrictivas a la emancipación económica, política y afectiva para las mujeres. Así, las protagonistas de sus novelas desafiaban siempre la centralidad del modelo de familia heterosexual y de matrimonio tradicional como núcleo único de la nación, a partir de la legitimación, desde la literatura, de homosexuales exitosas, de la participación política y en la vida social de manera autónoma. 


En consonancia, la autora de El triunfo de la débil presa (1926), La vida manda (1929) Dolientes (1931), Sonata interrumpida (1943) y La dama del Arcón (1949), la conferencista de La tragedia social de la mujer (1932), recibió una denominación -eufemística y nunca más acorde al caso- que se le otorgaba a las mujeres que nunca se casaban, que se lograban mantener económicamente por su trabajo como intelectuales y que se sospechaban lesbianas: mujer con vida independiente.

Por eso, porque somos herederas de las batallas que hace casi un siglo protagonizó Ofelia, porque somos parte de una lucha que no cesa y porque hoy es un día para reconocer la diversidad de formas de amar y de ser, #CimarronasRecuerda la vida y obra de una de las precursoras del feminismo en Cuba y alienta a percibir y limpiar siempre el polvo conservador que nos pueda empañar los cristales.

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