Sobre la presión ejercida por las autoridades ucranianas contra los religiosos del Monasterio de las Cuevas de Kiev
Cancillería de Rusia
Los últimos días de marzo y los primeros días de abril, entró en la fase decisiva la campaña lanzada por el actual régimen de Kiev y la llamada “Iglesia ortodoxa de Ucrania”, cismática y no canónica, contra la joya del mundo ortodoxo, la Laura de las Cuevas de Kiev. El abad del Monasterio, Metropolita Pablo, el pasado 1 de abril fue sometido a arresto domiciliario, mientras que al espacio de la Laura empezaron a acudir activistas neonazis que se burlaban de las liturgias y de los intentos de los frailes y de los creyentes de mantener la Laura en el marco de la canónica Iglesia Ortodoxa Ucraniana.
Este acto se llevó preparando mucho tiempo. Los intentos de ocupar la Laura se intensificaron tras el golpe de Estado perpetrado en Kiev en 2014. Casi siempre dichos intentos se llevaron a cabo con la participación de los activistas neonazis de la provincia de Kiev.
Desde otoño de 2022 el Consejo de Seguridad de Ucrania empezó a abrir sumarios penales contra los clérigos del Monasterio, mientras que el poder ejecutivo procedió a tomar decisiones ilegales, cuyo objetivo era hacerse con la Laura. Así, el 2 de diciembre de 2022, Vladímir Zelenski firmó el Decreto “De algunos aspectos de las actividades de organizaciones religiosas en Ucrania y la aplicación de medidas restrictivas (sanciones) específicas personales y otras”, mientras que el Registro estatal Único de Ucrania registro la persona jurídica “La Laura de las Cuevas de Kiev”. Todo eso se hizo en plazos breves, para anular el arriendo por un plazo indefinido por parte de la Iglesia legítima y hacer pasar las dependencias del Monasterio a disposición de los cismáticos. El pasado 1 de enero el Ministerio de Cultura de Ucrania y las entidades dependientes, cumpliendo con las arriba mencionadas indicaciones de Vladímir Zelenski, en contra de las condiciones del Acuerdo, rescindieron el acuerdo de arriendo por un plazo indefinido. Más se les exigió a los clérigos en forma de ultimátum que abandonaran el Monasterio hasta el 29 de marzo de 2023. Se les dio a entender que en caso de no estar de acuerdo serían aplicadas medidas severas, unas de las cuales, el arresto del abad de Monasterio, Metropolita Pablo, ya se ha aplicado.
La Laura de las Cuevas de Kiev no es un monasterio común y corriente, es centro de la religión ortodoxa canónica y al mismo tiempo, es una de las lauras más antiguas de la Antigua Rus. Fue fundado en el siglo XI por San Antonio de Pechera venido del monte de Athos. Se convirtió rápidamente en el centro de la vida espiritual de la Antigua Rus. La hazaña histórica de los frailes del monasterio consiste en que durante su historia tuvo que verse en varias ocasiones bajo el poder de los invasores. El siglo XX tampoco fue una época fácil para el Monasterio. Lo sorprendente o, quizás, prueba de la Santa Providencia, fue el hecho de haber renacido la Laura, tras ser devastada, y volver a convertirse en uno de los centros más importantes de la vida espiritual.
No deja de llamar la atención el momento que eligió Zelenski y su régimen para presionar a los clérigos, la Gran Cuaresma que precede a la Pascua de la Resurrección. Tiene para los ortodoxos de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y otros territorios canónicos una importancia especial. Es época de humildes oraciones, de cultivo de paciencia y amor, de prueba de la integridad y determinación en la lealtad al Señor. Los defensores de la Laura estos días demuestran ser unos verdaderos predicadores. Uno de los símbolos de esta hazaña de la defensa de la fe fue la cantante del coro del Monasterio, Ekaterina Yershova, quien rezó de rodillas, mientras alrededor estaban pululando, sin que se puede escoger otra palabra para ello, los neonazis leales al régimen kievita.
A muchos niveles autoridades eclesiásticas y laicas llamaron la atención de las comunidades eclesiástica e internacional a esta nueva escalada de violaciones de los derechos civiles de los creyentes. El pasado 11 de marzo de Patriarca de Moscú y de Toda Rusia, Cirilo, apeló a los Patriarcas de las iglesias ortodoxas locales, así como al Papa de Roma, Francisco, al Arzobispo de Cantarbury, Justin Welby, al Secretario Generral de la ONU, Antonio Guterres, a los Secretarios Generales de la OSCE y del Consejo de Europa, Helga Maria Schmid y Marija Pejcinovic-Buric, al Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, a otros líderes religiosos y representantes de organismos internacionales. Les envió mensajes, exhortándoles a aplicar el máximo esfuerzo para evitar la expulsión de los frailes de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana de la Laura de las Cuevas de Kiev. El pasado 14 de marzo el Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, llamó al Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, y al Presidente de la OSCE en ejercicio, Bujar Osmani, a exigirle a Kiev que ponga fin a este ultraje dirigido contra la Iglesia Ortodoxa canónica y a no permitir el desahucio de los frailes del Monasterio. Es muy ilustrativa la falta de reacción definida por parte de los altos cargos de organismos internacionales.
El régimen de Kiev ha convertido su política religiosa en una de las herramientas para promover prácticas neonazis. Se sabe desde hace tiempo que durante el mandato de Poroshenko y, tras él, de Zelenski, los creyentes ortodoxos rusos y del mundo son sometidos a sufrimientos. Las actuales autoridades laicas han iniciado y apoyado administrativamente una terrible violación de la tradición para los estándares de la vida religiosa: la división de las iglesias, interfiriendo en el lado sagrado de la vida de cada creyente ortodoxo. Sin embargo, no sólo son los ortodoxos los que sufren: de manera periódica acusan manifestaciones de islamofobia representantes de la relativamente poco numerosa comunidad musulmana de Ucrania. Tampoco propicia una coexistencia pacífica de las confesiones “el origen judío” del Presidente de Ucrania, al que tanto gustan de apelar los defensores de Kiev: son recogidos con regularidad actos de judeofobia y antisemitismo.
No es ningún secreto que el régimen de Zelenski no es independiente en su política antieclesiástica. Dividir a la ortodoxia, golpear esta esfera de la vida, es un objetivo que se proclama desde hace tiempo en Washington. EEUU creó un verdadero mecanismo perverso de influencia directa e indirecta en la parte confesional del régimen kievita, siendo nombrado “Enviado Especial para la libertad de confesión”. Está efectuando sus actividades la Comisión de EEUU para la Libertad Religiosa Internacional que redacta informes anuales sobre el particular. Es por ello el ultraje que está teniendo lugar en estos momentos en la Laura y en otros templos y monasterios de Ucrania tiene una naturaleza bien humana, es incitación al odio religioso. El actual Presidente de Ucrania, protegido de Washington que se hace llamar judío y defensor de las libertades religiosas, se da perfecta cuenta del grado en el que depende de EEUU. Está aplicando una política antiortodoxa por indicación de los estadounidenses, alcanzando objetivos dirigidos contra Rusia y volviendo a usar a la administración ucraniana como mera herramienta.
Al mismo tiempo, la ocupación de la Laura de las Cuevas de Kiev es un acto ilegal y amoral cometido por las actuales autoridades de Ucrania. Es más ilustrativo que muchos otros pasos dados y la retórica del régimen en demostrar su carácter criminal, su disposición a pasar por alto los sentimientos y, sobre todo, los derechos de la gente, incluidos los ciudadanos ucranianos.