Ciudad de las nubes
Tres
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TRES
LA ADVERTENCIA DE LA ARPÍA
La ciudad de los cucos y las nubespor Antonio Diógenes, folio Γ
… después de cruzar las puertas de la aldea pasé delante de una arpía maloliente sentada en un tocón.
—¿Adónde vas, mentecato? —preguntó—. Pronto será de noche y no es hora de andar por los caminos.
—Durante toda mi vida he ansiado ver más, llenarme los ojos de cosas nuevas, dejar esta ciudad embarrada y fétida, estas ovejas que balan sin descanso. Voy a Tesalia, País de la Magia, en busca de un hechicero que me transforme en pájaro, en una feroz águila o un búho sabio y fuerte.
La vieja rio y dijo:
—Etón, eres un necio, todos saben que no eres capaz ni de contar hasta cinco y sin embargo crees poder contar las olas del mar. Tus ojos no verán nunca más allá de tu propia nariz.
—Calla, arpía —repliqué— porque he oído hablar de una ciudad en las nubes donde los tordos vuelan a la boca de uno ya asados y el vino mana en las acequias y siempre soplan brisas cálidas. En cuanto me convierta en una valerosa águila o un búho sabio y fuerte, allí es donde tengo intención de volar.
—Uno siempre cree que la cebada es más abundante en el campo ajeno, pero las cosas no son mejores allí, Etón, te lo aseguro —contestó la arpía—. Hay bandidos acechando en cada esquina para aplastarte el cráneo y en las sombras merodean necrófagos a la espera de beberte la sangre. Aquí tienes queso, vino, amigos y tu rebaño. Lo que ya posees es mejor que lo que buscas tan desesperadamente.
Pero igual que la abeja vuela de aquí allá y de flor en flor, así mi desasosiego…