Ciudad de las nubes
Nueve
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NUEVE
EN EL CONFÍN GÉLIDO DEL MUNDO
La ciudad de los cucos y las nubespor Antonio Diógenes, folio Ι
Debido a la pérdida de múltiples folios, no se sabe con certeza cómo escapa Etón de la rueda del molino. Según algunas versiones del cuento, el asno es vendido a una secta de sacerdotes errantes. Traducción de Zeno Ninis.
… más y más al norte me llevaron aquellos bárbaros, hasta que la tierra se volvió blanca. Las casas estaban hechas con los huesos de grifos salvajes y hacía tanto frío que, cada vez que sus pobladores salvajes e hirsutos hablaban, se les congelaban las palabras y sus interlocutores tenían que esperar a la primavera para saber qué habían dicho.
Los cascos, el cráneo, hasta la médula me dolían de frío y pensaba a menudo en mi hogar, que en mi memoria ya no era un poblachón de mala muerte, sino un paraíso, donde las abejas zumbaban, el ganado trotaba feliz en los prados y yo bebía vino con los otros pastores cuando se ponía el sol bajo la mirada del lucero de la tarde.
Una noche —pues en aquel lugar las noches duraban cuarenta días— en que los hombres hicieron una inmensa hoguera y bailaron hasta entrar en trance, me liberé del ronzal a base de mordiscos y pasé semanas deambulando en la oscuridad estrellada hasta llegar al lugar donde la naturaleza tocaba a su fin.
El cielo estaba negro como la laguna Estigia; aquí y allí surcaban el Océano grandes naves de hielo y me pareció ver criaturas legamosas de enormes ojos nadar de un lado a otro en las letárgicas aguas. Rogué por que me fuera dado transformarme en pájaro, una valerosa águila o un búho sabio y fuerte, pero los dioses guardaron silencio. Pezuña a pezuña recorrí la orilla helada con la fría luz de la luna en el lomo y confié…