Ciudad de las nubes
Trece
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TRECE
DEL VIENTRE DE LA BALLENA Al OJO DE LA TEMPESTAD
La ciudad de los cucos y las nubespor Antonio Diógenes, folio Ν
… Era un pájaro, tenía alas, ¡volaba! Un barco de guerra se había quedado ensartado en los colmillos del leviatán y los marineros me bramaron cuando pasé volando junto a ellos ¡y escapé! Pasé un día y una noche volando sobre la infinitud del océano, y el cielo sobre mí se mantuvo azul, lo mismo que las olas debajo, y no había ni continentes ni naves, no tenía donde posarme y descansar las alas. Al segundo día me cansé y el rostro del mar se ensombreció y el viento empezó a cantar una canción aterradora, fantasmal. Por todas partes soplaba un fuego plateado y las nubes de tormenta partían el cielo y mis plumas negras restallaban de color blanco.
¿No había padecido ya suficiente? Desde el mar subió una enorme columna de agua que giraba y silbaba transportando islas y vacas, naves y casas, y cuando alcanzó mis enclenques alas de cuervo me sacó de rumbo y me elevó aún más, hasta que el resplandor blanco de la luna me quemó el pico al pasar junto a ella a toda velocidad, tan cerca que pude ver a las bestias lunares correr por sus llanuras espectrales y beber leche de los grandes lagos lunares tan asustadas ellas de mí como yo de ellas, y soñé de nuevo con los atardeceres de verano en Arcadia cuando el trébol crecía frondoso en las colinas y los alegres cencerros de mis borregas llenaban el aire y los pastores tocaban sus caramillos, y deseé no haberme embarcado nunca en aquella…