Ciudad de las nubes
Quince
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QUINCE
LOS GUARDIANES DE LAS PUERTAS
La ciudad de los cucos y las nubespor Antonio Diógenes, folio Ο
… a través de la verja atisbé joyas centelleantes en los pavimentos y lo que parecía ser un río de caldo humeante. Alrededor de las torres, en lo alto, volaban bandadas de pájaros de los colores del arcoíris, verde intenso, morado, carmesí. ¿Estaba soñando? ¿Había llegado de verdad? Después de tantas millas, después de tanta [¿fe?] mi corazón todavía dudaba de lo que veían mis ojos.
—Alto, cuervecito —dijo un búho. Era enorme, de cinco veces mi tamaño, y llevaba un arpón dorado en cada garra—. Antes de que cruces estas puertas debemos asegurarnos de que eres de verdad un pájaro, una noble criatura del aire, más vieja que Cronos, que el Tiempo mismo.
—Y no uno de esos humanos hediondos y traicioneros, hechos de polvo y suciedad, disfrazado —añadió un segundo búho de mayor tamaño aún que el primero.
Detrás de ellos, nada más cruzar las puertas, bajo las ramas de los ciruelos y casi al alcance de la mano, una tortuga avanzaba despacio llevando una columna de tortas de miel en el caparazón. Me incliné hacia ella pero los búhos desplegaron sus plumas. Después de cruzar media Vía Láctea, ¿los hados querrían verme despedazado por aquellas imponentes bestias?
… me erguí todo lo que pude y batí las alas.
—No soy más que un humilde cuervo —aseguré— y vengo de muy lejos.
—Resuelve nuestra adivinanza, cuervecillo —exigió el primer guardián— y podrás entrar.
—Aunque al principio parece fácil —dijo el segundo—, en realidad es…