Ciudad de las nubes
Dieciocho
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DIECIOCHO
ERA TODO TAN MAGNÍFICO, Y SIN EMBARGO…
La ciudad de los cucos y las nubespor Antonio Diógenes, folio Σ
… las plumas se me pusieron lustrosas y tupidas y revoloteaba de aquí allí comiendo cuanto se me antojaba, dulces, carnes, peces… ¡Incluso aves de corral! No existían el dolor, el hambre, nunca me dolían las [alas], ni me [escocían] las garras.
… los ruiseñores daban conciertos [¿al atardecer?], las currucas piaban cantos de amor en los jardines [y] nadie me llamaba bobo ni zoquete ni pánfilo ni decía una palabra cruel…
Había volado muy lejos. Había demostrado que todos se equivocaban. Y sin embargo, cuando me encaramaba a mi percha y oteaba más allá de las bandadas de alegres pájaros, por encima de las puertas, por encima de los bordes rizados de las nubes, hacia el mosaico ondulante de tierras muy abajo, donde las ciudades bullían y los rebaños, salvajes y domesticados por igual, se esparcían por las planicies como el polvo, pensé en mis amigos, en mi modesto lecho y en las borregas que había dejado en el prado. Había viajado hasta tan lejos y era todo tan magnífico, y sin embargo…
… un hilo de duda me aguijoneaba debajo del ala. Una oscura desazón parpadeaba en…