Choque de reyes (ed. ilustrada)

Choque de reyes (ed. ilustrada)


Theon (1)

Página 18 de 95

—Mi hija tiene como amante un hacha de guerra —dijo lord Balon—. No permitiré que mi hijo se engalane como una prostituta. —Tiró la cadena al brasero, donde se deslizó entre los carbones—. Justo lo que me temía.

Las tierras verdes te han hecho blando, y los Stark te han hecho suyo.

—Te equivocas. Ned Stark era mi carcelero, pero mi sangre sigue siendo de sal y de hierro.

—Pero el mocoso Stark te envía a mí como un cuervo bien adiestrado —dijo lord Balon mientras se volvía para calentarse las manos huesudas sobre el brasero—, con su mensaje insignificante entre las garras.

—La carta que te traigo no es insignificante —dijo Theon—. Y la oferta que te hace es la que yo le sugerí.

—Así que el rey lobo escucha cuando le das consejo, ¿eh? —Por lo visto, la sola idea parecía divertir mucho a lord Balon.

—Sí, me hace caso. He cazado con él; me he entrenado con él; he compartido con él la carne y el hidromiel. Me he ganado su confianza. Me ve como a un hermano mayor, me…

—No. —Su padre le agitó un dedo ante la cara—. Aquí no, en Pyke no, no cuando yo esté presente. Jamás lo llames hermano; es el hijo del hombre que pasó por la espada a tus verdaderos hermanos. ¿O te has olvidado de Rodrik y Maron, que eran sangre de tu sangre?

—No he olvidado nada. —En realidad, Ned Stark no había asesinado a ninguno de sus hermanos. A Rodrik lo mató lord Jason Mallister en Varamar, y Maron murió aplastado en el derrumbamiento de la antigua torre sur… pero Stark los habría liquidado sin problemas si las circunstancias de la batalla los hubieran enfrentado a él—. Recuerdo muy bien a mis hermanos —insistió Theon. Recordaba sobre todo las bofetadas ebrias de Rodrik, y las bromas crueles de Maron y sus mentiras sin fin—. También me acuerdo de cuando mi padre era rey. —Sacó la carta de Robb y se la tendió—. Leed esto…, alteza.

Lord Balon rompió el sello y desdobló el pergamino. Lo recorrió una y otra vez con sus ojos negros.

—Así que el chico me dará una corona —dijo—. Solo tengo que acabar con sus enemigos. —Sus labios delgados se fruncieron en una sonrisa.

—A estas alturas, Robb debe de estar ya en el Colmillo Dorado —dijo Theon—. Cuando el Colmillo caiga, solo tardará un día en cruzar las colinas. Las huestes de lord Tywin están en Harrenhal, aisladas por el oeste. El Matarreyes se encuentra prisionero en Aguasdulces. Para enfrentarse a Robb en el oeste solo queda ser Stafford Lannister, con la leva de críos que ha estado reclutando. Ser Stafford se situará entre el ejército de Robb y Lannisport, lo que significa que la ciudad estará sin defensas cuando caigamos sobre ella por mar. Si los dioses nos acompañan, la mismísima Roca Casterly podría caer antes de que los Lannister se dieran cuenta de que estamos interviniendo.

—Roca Casterly jamás ha caído —gruñó lord Balon.

—Hasta ahora —sonrió Theon.

«Y será un momento tan, tan dulce…».

Su padre no le devolvió la sonrisa.

—¿Y por eso Robb Stark te envía de vuelta a mí después de tantos años? ¿Para que consigas que le dé mi aprobación a su plan?

—El plan es mío, no de Robb —dijo Theon con orgullo. «Mío, igual que será mía la victoria, y con el tiempo, la corona»—. Yo dirigiré la ofensiva, con tu beneplácito. Como recompensa, quiero Roca Casterly como asentamiento cuando se la arrebatemos a los Lannister. —Una vez en posesión de la Roca, tendría también Lannisport y las tierras doradas del oeste. Riquezas y poder como la casa Greyjoy no había conocido jamás.

—Te concedes una recompensa muy alta a cambio de una idea y unas pocas líneas. —Volvió a leer la carta—. El mocoso no dice nada de recompensas. Solo que hablas en su nombre, que te debo escuchar, que le entregue mis velas y mis espadas, y que a cambio me dará una corona. —Sus ojos de pedernal se alzaron hacia los de su hijo—. Que él me dará una corona —repitió con voz cada vez más tensa.

—Se ha expresado mal; lo que quería decir es…

—Lo que quería decir es lo que ha dicho. El chico me dará una corona. Y lo que se da se puede quitar. —Lord Balon tiró la carta al brasero, al mismo brasero de la cadena. El pergamino se curvó, se ennegreció y empezó a arder. Theon se quedó consternado.

—¿Te has vuelto loco?

Su padre le dio un bofetón de revés.

—Cuidado con lo que dices. Ya no estás en Invernalia, y yo no soy Robb el Mocoso; no puedes hablarme así. Soy Greyjoy, el Lord Segador de Pyke, Rey de la Sal y de la Roca, Hijo del Viento Marino, y a mí nadie me da una corona. Yo pago el precio del hierro. Cogeré mi corona, igual que hizo Urron Manorroja hace cinco mil años.

Theon retrocedió un paso para alejarse de la repentina ira que llameaba en la voz de su padre.

—Pues cógela —escupió mientras se le enrojecía la mejilla—. Hazte llamar Rey de las Islas del Hierro; a nadie le va a importar… hasta que terminen las guerras, y el vencedor mire a su alrededor y divise a un viejo idiota aferrado a su orilla, con una corona de hierro en la cabeza.

Lord Balon soltó una carcajada.

—Vaya, al menos no eres ningún cobarde. Igual que yo no soy ningún imbécil. ¿Crees que he mandado reunir mis barcos para ver como se mecen anclados? No, pienso labrarme un reino por el fuego y la espada. Pero no en el oeste, y no porque me lo conceda el rey Robb el Mocoso. Roca Casterly es demasiado fuerte, y lord Tywin, demasiado astuto. Sí, podríamos tomar Lannisport, pero no defenderla. No. La fruta que quiero coger es otra… No tan dulce y jugosa, claro, pero ahí está, indefensa.

«¿Dónde?», habría podido preguntar Theon. Pero ya lo sabía.

Ir a la siguiente página

Report Page