Chalecos Amarillos: "Los pueblos del mundo están despertando, continuemos"

Chalecos Amarillos: "Los pueblos del mundo están despertando, continuemos"

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A casi un año del inicio de las movilizaciones de los Jilets Jaunes en Francia, miles de chalecos amarillos se han congregado en Montpellier en la "Asamblea de asambleas" para analizar nuevas formas de protesta y resistencia. La lucha que libra la marea amarilla se da en un contexto, en estos últimos meses, de levantamientos populares contra líderes corruptos autocráticos; las políticas de austeridad y la desigualdad, se vienen extendiendo e intensificando como reguero de pólvora. Los pueblos también inundan las calles a lo largo y ancho del mundo, vinculando los movimientos contra la desigualdad con la lucha por un mundo justo y sostenible. 

Se aproxima el primer aniversario del Movimiento de los Chalecos Amarillos, iniciado con las movilizaciones del 17 de noviembre de 2018. A casi un año, los balances, valoraciones y planteamientos de futuro de las movilizaciones se suceden.

Desde las grandes movilizaciones de finales de año 2018, el Régimen de Macron intentó cumplir con ciertas expectativas de los Chalecos Amarillos. Pero, no supo, no quizo o fue sobrepasado por una realidad tangible. La lucha Amarilla continúa en su sábado número 51.

A dos semanas de cumplirse el primer año de movilizaciones ininterrumpidas, los Chalecos Amarillos llegaron el sábado 2 de noviembre a las calles de París, Toulouse y otras 6 ciudades para realizar su protesta número 51. La partida de la procesión que reunió a miles de personas fue filmada por el periodista independiente Charles Baudry. Y tiene como objetivo decir no a la "manipulación de los medios".

"Los canales corporativos de noticias y los políticos, solo hablan sobre el Islam como una cortina de humo", y así "ocultar los problemas y debates reales, como salarios, pensiones, pobreza, ecología e impuestos ".

Alrededor de 3.000 chalecos amarillos también marcharon en silencio bajo la lluvia en Toulouse. Los manifestantes tenían el eslogan:

"Los pueblos del mundo están despertando, continuemos", en referencia a los movimientos sociales que están sacudiendo a Chile, Panamá, Ecuador, Puerto Rico, Haití, España, Líbano, Argelia, Kurdistán, Hong Kong.

Otro síntoma de la crisis en Francia

Mientras que el Movimiento de los Chalecos Amarillos lucha por la justicia social, por la igualdad de oportunidades, la redistribución del ingreso, contra el sistema y las políticas neoliberales de ajustes obscenos y de exclusión social, existe otra lucha en paralelo. Una lucha elitista y sectaria: la de los grandes y poderosos sindicatos ferroviarios.

La huelga de finales de octubre de los ferroviarios franceses ha pasado desapercibida pero sólo tres de cada diez trenes entre París y el oeste de Francia pudieron circular.

200 trabajadores ferroviarios del centro de mantenimiento del TGV de Chatillon pararon espontáneamente, fuera del marco legal de la notificación obligatoria y bloquearon las vías del tren.

El origen de la huelga fue la conclusión del convenio colectivo, que se remonta a varios años atrás y que proporcionó a los trabajadores ferroviarios diez días adicionales de descanso que ahora la empresa quiere eliminar.

La situación en Francia no es tan diferente de la de Ecuador o Chile y las movilizaciones de los Chalecos Amarillos durante casi un año, así lo expresan.

Lo más serio es que a medida que la crisis del capitalismo se exaspera, los sindicatos sólo dan pasos hacia atrás, algo que tampoco sorprende porque en las últimas décadas se han convertido en una parte del control sobre los trabajadores de las grandes empresas.

Los sindicatos ya no son lo que eran. No cumplen su papel de detonante de las reivindicaciones obreras y, lejos de organizar, su objetivo es todo lo contrario. No hay más que ver que las movilizaciones obreras más importantes estallan en nuevos sectores económicos en los que no han conseguido asentarse, o bien con poblaciones obreras precarias o emigrantes.

No cabe duda tampoco de que las huelgas de los ferroviarios llevan agua al molino del gobierno, que pretende desguazar la SNCF, la empresa pública ferroviaria. Tendrá que venderla a precio de saldo porque las empresas privadas pretenderán apretar aun más el dogal de la explotación, subcontratar, bajar los salarios, precarizar el empleo y aumentar la jornada de trabajo.

En todo el mundo la crisis bancaria, la burbuja financiera y el colapso industrial no han hecho más que empezar. La SNCF es una empresa “al borde de la explosión social”, como así lo señala la prensa francesa.

En el medio de la convocatoria a una huelga ferroviaria, el dirigente de los ferroviarios de la CGT, Jean Pierre Farandou, dijo que es “reconducible”.

La lucha de fondo, se da también en un contexto de crisis sistémica. Verticalismo dominante vs. harizontalidad asamblearia. Poder ciudadano constituyente frente al poder financiero extractivista.

Los Chalecos Amarillos y la Revolución de los Pueblos

La lucha que vienen librando los Chalecos Amarillos desde el 17 de noviembre de 2018, hoy se da en un contexto de levantamientos populares contra líderes corruptos autocráticos. Las políticas de austeridad y la desigualdad, se vienen extendiendo e intensificando como reguero de pólvora. Los pueblos también inundan las calles a lo largo y ancho del mundo, vinculando los movimientos contra la desigualdad con la lucha por un mundo justo y sostenible. 

Puerto Rico, Hong Kong, Ecuador, Haití, Líbano, Irak, Kurdistán y ahora, Chile. En todo el mundo, los ciudadanos se están alzando contra las políticas de austeridad y la corrupción, desafiando a las fuerzas policiales y militares enviadas para reprimirlos. Muchos de estos movimientos de masas comparten una crítica feroz hacia el capitalismo. En Santiago de Chile, más de dos millones de personas inundaron las calles el fin de semana pasado y las protestas masivas continúan. Allí, la brutal dictadura de Pinochet que tuvo lugar entre 1973 y 1990, durante la cual miles de activistas y líderes progresistas fueron torturados, desaparecidos y asesinados, fue seguida por décadas de políticas neoliberales, con privatizaciones desenfrenadas, acoso a sindicatos, salarios estancados y mayores costos de educación, salud, transporte y otros servicios. Chile, uno de los países más ricos de América del Sur, también es uno de los que tiene mayor desigualdad. Al menos 25 personas (cifra oficiales, de momento) han sido asesinadas durante las recientes protestas, lo que enfureció e incentivó aún más a las multitudes.

Estas protestas internacionales están también sucediendo en momentos en que el mundo atraviesa un punto de inflexión en su historia, con tan solo una década de tiempo para que la humanidad pase de una economía apoyada en los combustibles fósiles a una impulsada por energía renovable. El miércoles pasado, el multimillonario y asediado presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció abruptamente que su gobierno había decidido cancelar la realización en Chile de dos grandes cumbres internacionales: el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (conocido como APEC) a mediados de noviembre y la cumbre sobre cambio climático de Naciones Unidas, la 25ª “Conferencia de las Partes”, o COP25, en las primeras dos semanas de diciembre.

La presidenta designada de la COP 25, la ministra de Medio Ambiente de Chile, Carolina Schmidt, declaró:

“Los ciudadanos han expresado de manera contundente sus legítimas demandas sociales que requieren toda la atención y el esfuerzo del gobierno”.

La cancelación de la COP por parte de Chile podría ser un golpe para la acción global contra el cambio climático. Pero los activistas en defensa del clima deberían juntar coraje: este renovado espíritu de rebelión en todo el mundo implica un rechazo del status quo y podría presagiar que la movilización de base para evitar un cambio climático irreversible y catastrófico se acelere.

No mucho después de la cancelación de la COP de Chile, la Red de Acción por el Clima expresó en un comunicado:

“La injusticia social y la crisis climática tienen una raíz común. La justicia climática y la solidaridad tienen que ver fundamentalmente con la protección de los derechos humanos y una mejor calidad de vida para todos”.

La crisis climática nos afecta a todos; en primer lugar, y con más fuerza, a los pobres del mundo. El multitudinario levantamiento en Puerto Rico que condujo a la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló fue la culminación de décadas de frustración con el estatus colonial de Puerto Rico y la contemporánea explotación por parte de los fondos buitres de Wall Street. Pero el descontento se vio alimentado por la impactante devastación causada por los huracanes Irma y María hace dos años, que tuvieron lugar uno atrás del otro.

Pocos días después de la renuncia de Rosselló, Manuel Natal, miembro de la Cámara de Representantes de Puerto Rico, manifestó en una entrevista para Democracy Now!:

“Las políticas de austeridad implementadas no solo por la Junta de Supervisión Fiscal, sino también por el actual gobierno de Roselló y el pasado gobierno de García Padilla, han dejado al pueblo de Puerto Rico en una situación de vulnerabilidad. La desigualdad social ha aumentado a niveles que nunca se habían visto aquí en Puerto Rico (...) Necesitamos más democracia, no menos democracia. Estamos al borde de una revolución política aquí en Puerto Rico”.

El derrocamiento de Rosselló constituye la primera vez en la historia de Estados Unidos que un gobernador se vio forzado a renunciar a su cargo a causa de una protesta popular.

Los Pueblos Originarios también están liderando el camino, a menudo en la primera línea de la lucha, confrontando al modelo extractivista con una resistencia pacífica y organizada. En Colombia, cientos de líderes sociales indígenas y campesinos han sido asesinados en los últimos años, simplemente por defender la justicia y la protección del medio ambiente.

El acuerdo climático de París señala específicamente la importancia de la justicia climática y se compromete a trabajar “en el contexto del desarrollo sostenible y los esfuerzos para erradicar la pobreza”. Uno de los conflictos duraderos que ha obstaculizado las negociaciones internacionales sobre el clima ha sido la negativa de las naciones ricas, principalmente los yankys, para aceptar la simple premisa de que “los contaminadores deben pagar”. Estados Unidos es la nación más rica de la historia humana, en parte, porque al utilizar energía barata y sucia ha dejado una estela de contaminación en su camino hacia la cima: centrales eléctricas de carbón, locomotoras diesel y ahora, el gas de extracción por el método de fracturación hidráulica, mal llamado “de combustión limpia”.

Se suponía que el Fondo Verde para el Clima iba a recaudar miles de millones de dólares para financiar proyectos de energía renovable en los países más pobres. La semana pasada, la conferencia de donantes del fondo no alcanzó su objetivo, principalmente porque el gobierno de Trump incumplió el compromiso de Estados Unidos de aportar 2.000 millones de dólares al fondo. Australia y Rusia siguieron el ejemplo y se negaron a contribuir.

Un nuevo estudio de Climate Central, una organización científica y de noticias, indica que las inundaciones costeras inducidas por el cambio climático probablemente serán mucho peores de lo previsto, lo que obligará a entre 200 y 600 millones de personas, ricas y pobres, a abandonar sus hogares más adelante en este siglo. Ahora mismo hay numerosos incendios forestales provocados por el cambio climático en California, donde cientos de miles de personas tuvieron que ser evacuadas de sus hogares y al menos un millón de personas permanecen sin electricidad.

AL igual que los incendios forestales, los levantamientos populares contra los líderes corruptos autocráticos, las políticas de austeridad y la desigualdad también se están extendiendo e intensificando. Los pueblos también está inundando las calles a lo largo y ancho del mundo, vinculando los movimientos contra la desigualdad con la lucha por un mundo justo y sostenible, alimentado por energías renovables.


Como menciinábamos más arriba, miles de Chalecos Amarillos se han dado cita en Montpellier para llevar adelante su "Asamblea de Asambleas" y debatir nuevas formas de resistencia y perfilar el futuro de las movilizaciones. Entre sus preocupaciones están la visibilidad del movimiento en los medios, la llegada a los sectores agrícolas, un trabajo más largo con bases sólidas, cómo organizarse ante la represión; cómo actuar en el contexto municipal; ¿Cómo trabajar con otros movimientos?; una mejor legibilidad del movimiento y sus objetivos; su vínculo con la población. Quizás vaya siendo hora de introducir al debate la internacionalización de las luchas. Unidos y organizados para enfrentar y derrocar al gran monstruo en modo corrupción y represión: el capitalismo, y a sus políticas económicas de austeridad y la desigualdad.

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