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Capítulo 29
Hasley
En una semana estaríamos en el mes de diciembre. A mamá le encantaba, aunque ¿a quién no le gustaba? Navidad, una de las épocas favoritas de casi todo el mundo. A ella le gustaba poner el árbol antes de que fuera primero de diciembre, y acababa adelantado los detalles y la decoración en la casa.
—Hasley, ve sacando las esferas —ella indicó mientras elevaba las luce a la altura de sus hombros—. Iré por una extensión más larga.
Con las luces en sus manos, caminó hasta el fondo de la casa y desapareció de mi vista. Solté un suspiro agotador y, sin levantarme, tomé la caja con las esferas, eran de un color dorado con plateado, combinaba con la sala. Algunos adornos con forma de botas yacían colgados sobre los estantes, pues no teníamos chimenea.
Unos pequeños golpes provinieron desde la puerta principal y fruncí el ceño. Mamá no estaba cerca para abrir y eso implicaba que tendría que ponerme de pie para saber de quien se trataba. Gruñí por lo bajo y con pereza me levanté de la alfombra.
—¡Ya voy! —grité cuando volvieron a tocar.
Al momento de abrir, mi piel hizo contacto con la perilla, la pieza metálica estaba fría por lo cual envió un escalofrío por mi espina dorsal. Automáticamente, mis labios se curvaron y sentí una gran ola de felicidad.
—Espero y no sea un mal momento para venir —Luke murmuró con una mueca—. Es solo que… En mi casa están discutiendo.
—No, para nada —negué y tomé su mano para incitarlo a entrar—. Mi madre está decorando para navidad, ¿nos quieres ayudar?
—¿Tan rápido? —preguntó incrédulo—. Falta una semana para que sea diciembre.
—Dile eso a mi mamá —reí. Luke negó con una sonrisa.
Él me miró y por inercia me sonrojé, dio un paso hasta mí y me envolvió en un fuerte y cálido abrazo, aspiré su olor varias veces y me sentí confundida. Esta vez no olía a marihuana, para nada. Ahora, era un olor a ropa guardada en algún rincón de su armario.
Enrollé mis brazos alrededor de su torso y ejercí fuerza, la cual no fue nada para él. Luke se separó de mí y besó mi frente, pude sentir como una sonrisa de formó en sus labios.
—Dime en qué quieres que te ayude —susurró.
Me alejé de él para ir a las cajas que anteriormente estaba abriendo y las apunté. —Hay que sacar las esferas y quitarles el polvo que tienen. Mi madre ha ido por una extensión para poder conectar las luces y ponerlas alrededor del árbol.
—Está bien —asintió y cogió una caja para caminar con ella hasta el sillón de la sala.
—¡Ya la encontré! —la voz de la mujer irrumpiendo en el lugar hizo que ambos dirigiéramos la mirada a ella. Su vista tropezó con la de Luke y le regaló una sonrisa—. Oh, hola.
—Buenas tardes, señora Bonnie —saludó él, poniéndose de pie—. No regañe a Hasley, fue mi culpa por no avisar que vendría. Disculpe.
—No te preocupes, hijo. ¿Quieres algo de tomar? ¿O de comer? Estaba haciendo chocolate caliente, ¿te gusta?
Yo carcajeé. No tenía ninguna duda de que a mi madre le agradaba Luke.
—Ajá —balbuceó—, quiero decir, si me gusta el chocolate caliente.
—Perfecto. —La mujer sonrió—. Traeré una taza para cada uno —avisó. Antes de que entrara a la cocina, me miró—. Diane, ¿por qué no invitas a Zev? Ya tiene como un mes que no lo veo por aquí.
Todo en mi interior se heló y me sentí un poco vulnerable al oír el nombre del castaño. Mi madre no sabía nada sobre todo lo que había ocurrido hace un mes, sobre el drama y mis ataques de lágrimas. Y honestamente no quería que lo supiese.
—Él… —inicié—. No creo que pueda. Está muy ocupado, ya tiene novia.
—¿Ya tiene novia? —Enarcó una ceja—. Vaya, no viene a visitarme y ya hizo de su vida toda una obra —rio negando—. Está bien, iré por lo que iba a buscar.
Yo asentí y dejé salir un gran suspiro. Caminé hasta Luke y me senté a su lado, sentía mis ojos arder avisándome que las lágrimas comenzarían a descender, los cerré al instante y sujeté mi cabeza entre mis manos.
—Tranquila. —La voz serena de Luke musitó cerca de mi oído—. Él es un estúpido.
Entreabrí mis ojos y giré mi rostro hacia él, quien me miraba con una pequeña sonrisa sin despegar sus labios.
Acercó su rostro al mío y besó mis labios, no fue uno duradero, tampoco uno donde nuestra piel chocase de una manera pegajosa, sino uno suave, sin ruido y lento. Un beso en donde él cierra los ojos y tú puedes mirar como las venas de sus párpados se hacen notables, donde sus pestañas se erizan y su nariz choca con la tuya.
—Te amo —murmuré mirándole y él aún con los ojos cerrados—, más de lo que creía que podía llegar a amar.
—Y gracias a eso, tú eras la razón más grande para que yo siga de pie —confesó volviendo abrir sus ojos.
Esbocé una sonrisa y dejé caer mi cabeza contra se pecho. Escuché como mamá entró de nuevo a la escena y nos acompañó, y ahí nos encontrábamos los tres. Hablando de cosas, la mujer siendo tan cálida con él y Luke sonriendo cada vez que algo gracioso se presentaba.
Y este era el Luke Howland que había descubierto. Sin embargo, amaba cada faceta de él, porque lo conocí en la peor, descubrí la más frágil, me enseñó la honesta y me dejó explorar la verdadera. Y en cada una de ellas, lo amé aún más de lo que ya lo hacía.
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—Tú estás alto, hazlo —ordené apuntando la corona navideña—. Mi madre y yo somos bajas de estatura.
—De acuerdo, lo haré. —Elevó sus manos en forma de inocencia y cogió el adorno para acomodarlo en la puerta principal—. ¿Así está bien?
—Perfecto. —Mamá alzó los pulgares—. Terminen de acomodar el arbolito, voy a sacar los últimos adornos.
Luke formó un rostro incrédulo y yo reí. —Tiene miles de ellos.
—Como que le gusta mucho la navidad, ¿no es así?
—¡No! ¿En qué te basas? —dije con sarcasmo y él carcajeó.
—Diciembre es un gran mes —afirmó, comenzando a colocar las luces alrededor del árbol—, tu madre hace que tenga vida y no sea uno común entre los doce meses del año.
—Ella es muy espontánea y alegre —admití. Lo ayudé en el proceso, las luces eran blancas y eso hacía resaltar las esferas—. Me gustaría que todo fuera así.
—A mí me gustaría que siempre fuera así —rio con amargura y sentí una presión en el pecho al darme cuenta a que se refería—, pero al parecer ser infeliz es algo que ya tenía que ser desde que nací.
—No digas eso, Luke —lo regañé en un suspiro. Él no dijo nada por un buen rato, solamente se limitó a terminar de colocar las luces—. Me haces sentir mal —murmuré después de varios minutos en silencio—, como si yo fuera una pieza en esa frase —concluí.
Tomé algunas esferas y comencé a ponerlas. Luke se mantuvo de pie a un lado mientras solo observaba, por el rabillo del ojo vi que se relamió los labios y ser acercó hacia mí.
—No quise decir eso —reprochó—, es solo que suelo ser un idiota con las cosas que digo. Pero tú no entras en la frase «soy infeliz», en lo absoluto. Eres lo mejor en mi vida, eres esa razón por lo que soy, y eres el motivo de todas las cosas buenas que intento hacer —sonreí enternecida y prosiguió—. Eres como mi navidad.
Mis mejillas se sonrojaron y me vi con la necesidad de ocultar mi rostro. Sentí su presencia aún más cerca y después como sus manos acariciaban mis brazos.
Alcé mí vista hasta él y sonreí. —Te amo, Luke, con cada minúscula parte de mí.
—Estoy tan feliz de escuchar eso —confesó puliendo una sonrisa de oreja a oreja—. Ok, sigamos con esto de ponerle las ridículas esferas al árbol, apenas tenemos una mínima parte de ellas colgadas.
Asentí y proseguimos a decorar, había muchas esferas de diferentes tamaños y diseños, aunque el color era el mismo. Dorado y plateado.
Luke cogió la estrella y me miró, esa solía ponerla siempre mamá en la punta del árbol. Le gustaba mucho, la cuidaba tanto, ya teníamos como cuatro navidades con ella.
—Ponía en la punta —apunté con mi dedo y él siguió la dirección con sus ojos—. Trata de que la estrella mire en dirección a la sala y no a la puerta principal.
—De acuerdo.
Me quedé observando a Luke y me di cuenta de que su espalda comenzaba a ancharse, su cabello estaba creciendo y me reí en mi interior, le faltaba más glúteos, honestamente, estaba algo plano.
Traté de no reír. Puse todo mi peso sobre una de mis piernas y me crucé de brazos, él solo estiró su brazo y pudo colocarla tan fácilmente, haciéndolo lucir algo muy simple.
Caminó de espaldas y se puso a mi lado mientras miraba la estrella, segundos después, buscó mi vista y me regaló una sonrisa haciendo notar su hoyuelo.
—Retiro lo que dije sobre que eras mi navidad —pronunció, no me dio tiempo de mirarlo mal porque agregó rápidamente—. Eres la estrella más brillante en mi navidad, aquella que me guía para salir del camino lleno de oscuridad.