Boulevard
Boulevard » Capítulo 16
Página 20 de 40
Capítulo 16
Hasley
Las gradas se llenaban poco a poco mientras pasaban los minutos, me encontraba en uno de los partidos de Matthew, me había invitado con la condición de que estuviera cerca para que fuera su amuleto de la suerte, según él.
No pude evitar sonrojarme por lo que había dicho.
Zev no pudo asistir porque tenía una cita con alguien, al parecer en estos días que no estuve mucho con él, había estado quedando con una chica, no me dio tiempo de hablar muy bien porque apenas sonó su celular, salió corriendo de la escena.
Sobre el beso con Luke. No le había mencionado a nadie, por dos cosas; no tenía a quien y realmente prefería guardar aquel acontecimiento para mí. Después de eso, Luke no mencionó nada, el ambiente se puso incómodo y preferí huir del lugar, no asistió los últimos dos días de la semana al instituto y me preocupaba como de igual manera me hacía sentir mal. Tan solo recordar aquella escena me daba golpes mentalmente.
El lugar estaba lleno, solo se esperaba a que el juego empezara para que todos los gritos de los espectadores se hicieran presente apoyando a cada equipo. Matthew había estado a mi lado estos últimos días, en la hora de comer, en los horarios libres y acompañándome hasta mis clases cada que tenía tiempo, era algo muy tierno de su parte, ya no me ponía tan nerviosa cada vez que sacábamos algún tema de conversación, ahora nuestras platicas fluían con más serenidad y confianza, todo estaba bien. Quería creer eso.
Sentí como alguien se sentó a mi lado y por instinto volteé hacia la persona. Fruncí el ceño al ver al rubio a lado mío con dos vasos de refresco mirando hacia la cancha. No mencionaba nada, solo estaba allí con su mirada entretenida al frente.
—¿Qué haces aquí? —Me atreví a preguntar sonando un poco grosera.
—Vine a ver el partido, el aire es libre, ¿no, Weigel? —respondió sin mirarme.
—¿Viniste a ver como se satisfacen humillando a otros? —contraataqué con las mismas palabras que me respondió el día en que me mostró el callejón.
Luke volteó a verme lentamente y sonrió de lado, levanté una de mis cejas y su sonrisa se agrandó aún más.
—Y a ver como pierde el instituto —completó suspirando—. Ten.
Él ofreció acercándome un vaso de refresco.
—Casi nunca pierde nuestro equipo de baloncesto —defendí, porque era verdad, solían ganar casi todas las temporadas—. ¿Me compraste una?
—Tú lo has dicho «casi nunca», quizás hoy sea su día de mala suerte —mofó haciendo comillas—. Y en realidad, estaban a promoción, dos por uno. Ofertas así en la vida no se deben rechazar.
—Eres muy negativo. —Rodé los ojos—. Guao, qué romántico.
—Solo con la gente que me cae mal —susurró regresando la mirada a la cancha.
Fruncí el entrecejo al no entender a cuál de las dos cosas se refería, si al ser negativo o a mi sarcasmo, aunque preferí no volver a hablar, sabía lo irritante que lo ponían mis preguntas «sin sentido», supuestamente él.
Después de varios minutos en silencio por parte de los dos, el juego comenzó y cuando salió el equipo del instituto siendo encabezado por Matthew tuve que cubrir mis oídos al escuchar todos los gritos a mi alrededor, prácticamente gritaban más el nombre del chico que del equipo.
—Agh, zorras. —Dejé salir volcando los ojos.
La risa de Luke me hizo voltear.
—Tranquila, Weigel, no sientas celos, al final todas lo sentirán por ti —sonrió amargamente.
—¿Por qué lo dices? —demandé.
—Me he enterado de que Jones y tú han pasado más tiempo juntos —confesó sorbiendo de su pajilla.
—¿Cómo demonios sabes eso tú?
Luke sonrió lobunamente y lo miré extrañada.
—A ver, Weigel —carraspeó—. Estamos hablando de Matthew Jones, el capitán del equipo de baloncesto, y tú, no eres tan importante, pero eres amiga de Zev, y la casi chica del pelirrojo.
Abrí mi boca un poco indignada por lo que había dicho, pero la cerré al instante. Luke era a veces tan insípido que en un momento juraba que golpearía su rostro.
—No sé cómo sentirme respecto a lo que has dicho, pero tampoco me aclara nada, se sup… —No pude terminar, porque él me interrumpió moviendo su mano de un lado a otro.
—Concéntrate en apoyar al chico que te está mirando.
Al instante que mencionó aquello, miré hacia la cancha en donde los ojos de Jones me miraban detenidamente y después a Luke. Regresé mis ojos al rubio y este solo le dedicó una sonrisa amarga al otro chico.
Divisé como el Matt se acercaba hacia nosotros y sentí sudar mis manos, no me daba buena espina tener a los dos juntos, no entendía por qué, pero estaba muy claro que no debían estar en el mismo lugar.
—Hoy eres mi amuleto de la suerte —Matt dijo sonriente, sus palabras hicieron que soltara una sonrisa boba, pero desapareció al escuchar la risa burlona de Luke. El pelirrojo arrastró sus ojos hacia él—. ¿Qué es gracioso?
—Que Weigel no es de buena suerte, al contrario, es un imán para la mala suerte —gruñó divertido.
—Tal vez contigo, pero no conmigo —respondió—. Me tengo que ir.
Matt me guiñó un ojo y regresó a la cancha creando un círculo con su equipo.
—Patético —farfulló Luke.
Reí por lo bajo. El partido comenzó y todos empezaron a apoyar a los equipos, me limitaba a tratar de entender en qué consistía cada cosa del juego, pero no era algo que se me diera con facilidad, los deportes no eran mi fuerte. Pasaron los minutos rápidamente y el marcador mostraba un claro empate, todos comenzaban a exasperarse, solo faltaba un tiempo para ver qué instituto se llevaba el premio.
—Weigel —Luke me llamó y dirigí mi mirada a él—. ¿Beso bien?
Abrí los ojos completamente y sentí mis mejillas arder dejando de poner atención al juego, no podía estar preguntándome esto, estaba loco, ¿cómo se le ocurría si quiera? Tragué saliva con dificultad y parpadeé varias veces, en cambio, él estaba con su postura cómoda, como si la pregunta fuera la más común del mundo.
—¿Por qué me preguntas eso?
—Solo es una pregunta. —Se encogió de hombros—. ¿Tiene algo de malo? ¡Oh ya sé! Temes a que lo escuche Mattie.
Se burló.
—Cállate, Luke —reprendí avergonzada.
—¿No me vas a responder? —inquirió levantando una ceja.
—¡No! —chillé.
Él bufó por lo bajo y se cruzó de brazos volviendo a mirar al frente. Hice lo mismo y me di cuenta de que ya terminaría el partido en poco tiempo, y con eso, el triunfo del instituto una vez más. Luke se levantó obligando a que lo mirase.
—¿A dónde vas?
—Van a ganar y… —mencionó frío—. No quiero ver.
Su vista se perdió y se movió entre las personas, no quería que se fuera así sin despedirse o mencionar algo relacionado.
—¡Luke! —grité su nombre, pero no hizo caso—. ¡Luke!
Al momento en que me levanté dispuesta a seguirlo, todos lo hicieron y los gritos eufóricos de todos los espectadores me hicieron pegar un grito. El partido había terminado. El instituto había ganado. Por más que quise buscar al ojiazul, fue imposible, lo había perdido de vista.
Por una razón muy extraña todo se calmó, de los gritos a los susurros, los integrantes del equipo del instituto se pusieron en medio de la cancha con una lona y sus ojos eran dirigidos hacia mí. De pronto, las demás miradas a mí alrededor iban de ellos a mí.
No sabía que ocurría, hasta que Matthew se posicionó en medio de todos ellos y sus ojos verdosos me miraron, todo tuvo sentido cuando los chicos extendieron aquella lona que cargaban. Mi corazón se detuvo y mis ojos se abrieron al par al igual que mi boca. Mis ojos no daban crédito a la escena que tenía en frente.
El chico caminó hasta las gradas se posicionó al pie de ellas, me miró con una de sus sonrisas despampanantes, su cabello rojizo cobre brillaba demasiado, y no sé si era por la ocasión, pero todas las luces se dirigían a él. Él rodeó su boca con sus manos y pronunció la frase que había a lo último del cartel:
—¿Aceptas ser mi novia?
Todo el aire se me fue y sentía mi corazón latir a mil por horas, mi cerebro no procesaba con exactitud lo que el chico había dicho, estaba en estado de shock que mis labios no se movían y mucho menos mis ojos, sino fue hasta que, como si de una fuerza inexplicable se tratase, sentí la mirada de alguien aún más potente que la de Matthew y odié el hecho de haber volteado. El rubio me miraba desde un extremo contrario al pelirrojo, en donde había más personas observando la escena, de su mano yacía un paquete de patatas fritas. Mi corazón se encogió de una manera tan abrupta y en ese instante supe algo; sentía algo por Luke.
Su mirada era neutra, sin sentimiento, como solía ser él, pero podía ver sus ojos que me miraban con dolor. Pasó su lengua por sus labios y miró hacia abajo para después alzarla, pero esta vez sonrió de lado de una manera tan burlona y cínica. Mis ojos viajaron de nuevo a Matt que seguía esperando mi respuesta con una sonrisa, este momento lo estaba viviendo en cámara lenta y sentía que ya habían pasado minutos, pero en realidad apenas eran microsegundos. Volví mi mirada a Luke, y lo odié aún más, pronunció algo con sus labios que increíblemente entendí.
Dirigí mi mirada a mis pies y tomé un suspiro tan profundo para realizar mi siguiente movimiento. Bajé las gradas una por una y sin esperar absolutamente nada, lo abracé con fuerza. Su brazo rodeó mi cintura y me atrajo aún más a él.
—¡Claro que sí! —chillé con un poco de emoción.
Se separó de mí y sonrió. Él tomó con una de sus manos mi mejilla y dio un corto beso a mis labios.
—Hoy es mi día de suerte.
Y con eso volvió a unir nuestros labios una vez más ante las miradas de todos y la de Luke.
??
Matthew jugaba con la pajilla de su refresco mientras uno de sus brazos estaba por encima de mis hombros. Nos encontrábamos en la cafetería junto a Zev, literalmente me ignoraban, solo hablaban de los equipos de fútbol, lo cual, yo no entendía nada. Me aburría estar en medio de ellos dos solo como un objeto.
Creí que ser novia de Jones sería lindo, aunque lo era, en esta semana que llevábamos de noviazgo no podía negar que tenía sus momentos dulces y extrovertidos, pero por el momento mi novio prefería a mi mejor amigo que a mí.
—Necesito ir a clases —avisé interrumpiendo su charla animada.
—¿Tan rápido? —Matt miró la hora en su celular y después hizo una mueca—. Faltan quince minutos.
—Sí, pero quiero llegar temprano.
—¿Quién te toca? —inquirió el ojiverde.
—Kearney —respondí confundida.
Mi novio se quedó un momento pensando y miró a Zev para después regresar sus ojos a mí.
—Vamos, te acompaño —se ofreció levantándose.
—Pensé que querías seguir quedándote con Zev. —Rodeé los ojos.
—¿Estás celosa de mí? —Zev molestó divertido en una risita.
—Cállate —mascullé.
—Oh, Has —rio él y mi amigo se unió.
—Igual me tengo que ir, voy al campo a escuchar los gritos menopáusicos del entrenador —bufó en un mohín y se dio la vuelta alejándose de nosotros.
—Entonces… vamos.
Pasó su brazo por mis hombros y me atrajo a él para empezar a caminar a la salida de la cafetería, en los pasillos las miradas por parte de todos eran dirigidas hacia nosotros y aquello era demasiado incómodo, no estaba acostumbrada a obtener la atención de muchas personas. A pesar de que ya hubieran pasado cuatro días obteniéndolas.
—¿Qué harás hoy en la tarde? —el chico preguntó ganándose mi atención.
—Diría que tarea, pero realmente siempre la dejo para la noche —confesé—. ¿Porqué?
—Porque quiero hacer algo contigo. —Se encogió de hombros y lo miré—. Como ver películas en tu casa o no sé, no tengo bueno planes… lo siento.
Él me miró un poco apenado entrecerrando los ojos y causó tanta ternura por parte de mí. Llegamos a mi salón de clases y nos detuvimos a un lado de la puerta. Le sonreí reconfortante y jalé una de sus mejillas.
—Ver películas me parece una buena opción —animé dándole crédito a una de sus ideas.
—Bien, iré a las seis de la tarde para ir a rentar unas cuantas y comprar palomitas, ¿te parece? —propuso y asentí con la cabeza en una sonrisa.
—Estaré lista —confirmé.
Me sentía feliz por el simple hecho de que haríamos algo juntos como una pareja oficial, no como amigos o algo así, ver películas en casa ya estaba demasiado sobre valorado, pero realmente no importaba cuando se trataba de Matthew, había sido él quien lo propuso, por lo cual, estaba feliz, pasar tiempo con él me haría bien.
Rodeó con unos de sus brazos mi cintura y se acercó a mí inclinando su cabeza para rozar sus rosados y tibios labios con los míos. Movió su nariz con la mía haciendo como un gato, aquello causó una risa por parte mía y él ronroneo.
—No hagas eso —reprendí divertida y él volvió a repetirlo—. Basta, Mattie.
—Uhm, Mattie. Me gusta cómo suena —murmuró y besó la comisura de mis labios.
Subió una de sus manos a mi mejilla y profundizó el beso, estaba a punto de seguirlo cuando algo, o más bien alguien, lo impidió.
—Joder, la bodega del conserje queda a solo tres metros de aquí, largo —Luke gruñó hacia nosotros mirándonos con el semblante vacío.
Desvié mi mirada hasta mis pies y mordí el interior de mi mejilla, sabía que estaba sonrojada, por el ardor que sentía en mi cara.
Matthew me soltó y dio un paso hacia atrás.
—Solo fue un beso, pero gracias por la información —el pelirrojo habló.
—Claro —ironizó el rubio—. Ahora quítense de la puerta porque me impiden el paso.
Sentía la mirada de Luke encima de mí, algo me decía que esperara a que él entrara, sin embargo, mis ojos ya estaban dirigidos a sus pupilas.
—Se dice permiso, ¿no sabes lo que implica el respeto? —mofé de mala gana.
—¿Respeto? —preguntó incrédulo y dio una risa amarga. Se acercó hasta mí sin importarle que Matthew estuviera en frente de nosotros y susurró en mi oído—. Entonces aprende a respetar un corazón roto.
Dicho esto, le dio una mirada déspota al otro chico y con su hombro lo empujó para abrir la puerta y adentrarse. Me quedé viendo un punto fijo mientras sus palabras rebotan alrededor de mi cabeza. ¿Por qué me había dicho? ¿Qué se supone que había hecho ahora?
—¿Qué te ha dicho? —inquirió Matt.
Elevé mi vista hacia él y volví a la realidad.
—Nada importante. —Hice un manojo negando con la cabeza.
—Has… —sentenció.
—En serio, nada por lo cual debas preocuparte —insistí y él suspiro.
—Bien —se rindió—. Necesito ver los próximos horarios de los partidos, cuídate.
Me dio un beso rápido en los labios y salió corriendo por el pasillo. Suspiré con pausa y entré al salón. Busqué rápidamente a Luke para ir directo hacia él, tomé el lugar a su lado y lo miré.
—¿Qué ocurre contigo?
—No entiendo a qué demonios te refieres —masculló sacando un refresco de su mochila y agitarlo.
—Hace días que no me hablas y cuando por fin te dignas es para ser tan, tan… ¡Ugh! —gruñí fastidiada—. ¿Qué hice?
—Tú no hiciste nada —habló entre dientes—. Nací con mal humor, ahora cállate y déjame sacarle el gas a mi refresco.
—Eres tan odioso —murmuré.
—Y tú tan patética para no ver las cosas.
—¿De qué hablas? —pregunté confundida. Ya no entendía nada, con Luke nunca podías entender bien, o al menos yo no lo entendía—. ¡Vamos, dime!
—Eres muy gruñona —confesó y quise decirle lo mismo, pero me contuve. Él siguió agitando el refresco y eso me hacía desesperar aún más.
—¡Deja de hacer eso! —grité.
Le arrebaté la botella de plástico de entre sus manos y me arrepentí al instante. La tapa se cayó y todo el líquido se derramó ante Luke y mí. Me estaba preparando mentalmente para sus gritos, pero nunca llegaron, Luke frunció sus labios y me miró con los ojos entrecerrados.
—Lo siento… —susurré con timidez.
El chico solo rodó los ojos y se levantó del asiento tomando sus cosas para salir hecho una furia del salón. No podía sentirme más torpe.