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Boulevard » Capítulo 21

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Capítulo 21

Hasley

—Deja de reírte —le susurré a Luke intentando ser seria, pero no funcionaba.

—No puedo —balbuceo él entre risas.

—Nos van a sacar.

Luke puso su cabeza entre sus brazos sobre la mesa intentando ahogar las risas que escapaban de su garganta, estaba segura de que alguien se quejaría causando que nos sacaran de la biblioteca, se suponía que veníamos para leer el libro que la señorita Kearney nos había dejado para una tarea, pero el chico no superaba la mancha de pasta de diente que yacía sobre mi blusa.

—Eres muy torpe, Weigel —murmuró mirándome todavía con su cabeza sobre la mesa.

—No es la primera vez que me ves con una mancha —farfullé rodando los ojos.

—Es que ahora tiene más sentido.

—¿Ah sí? —Elevé una de mis cejas—. ¿Cuál? —inquirí.

—Que me gusta alguien que se mancha con pasta —respondió cómodamente con una sonrisa lobuna en sus labios.

Desvié mis ojos de los suyos, el color rojo se estaba apoderando de mis mejillas, y quise ocultar mi rostro del rubio. Detestaba que Luke tuviera ese efecto en mí, con tan solo unas simples palabras podían ponerme de cualquier manera, hacía efecto y prendía todas las chispas que quisiera cuando fuera.

—Le contaré a mi psicóloga de eso —informó.

—¿Psicóloga? —pregunté confundida— ¿Vas a psicología?

—Sí, obligación por parte de mis padres —murmuró.

—¿Y cómo van tus citas?

—Blodie me aburre demasiado.

—¿Blodie? —cuestioné el nombre.

—Así le digo… —Arrastró sus palabras—. Pequeños detalles, pero no importa ella.

Luke alzó su cabeza y se acercó lo demasiado a mí para que pudiera sentir su respiración. Estaba muy cerca que podía oler aún el aroma del rollo. En estos momentos me había acostumbrado tanto que lo podía soportar. Podría decir que se estaba volviendo mi olor favorito, quien lo diría, hace unos meses atrás lo detestaba.

Hizo rozar su nariz con mi oreja causando que me hiciera a un lado, pero eso no lo detuvo porque lo volvió a hacer ahora con una risita acompañada.

—No, basta —lo regañé.

Él hizo un ruido en forma de negación y se acercó una vez más susurrando algo que no pude entender. Lo miré directamente a los ojos seria. Él cargaba una sonrisa arrogante con sus ojos azules penetrando mis pensamientos.

Tienes novio.

—No hagas esto, no aquí. —Puse mis manos en su pecho intentando alejarlo.

—¿Porqué?

—Porque hay gente —expliqué.

—¿Y eso qué? —mofó encogiéndose de hombros.

No quería ser explícita, pero él me estaba dando razones. Con una de sus manos me tomó de la nuca para volver a unir nuestros labios, esta vez, no me opuse o si quiera me alejé. Seguí el beso, sabiendo que estaba mal y exponiéndome a mucho. Su arito le hacía cosquillas a mi labio inferior.

Reaccioné al instante que la imagen de Matthew apareció en mis pensamientos y ejerciendo fuerza lo alejé. Esta vez él me miró con un rostro cansado, ¿ahora él era el digno? Luke sabía perfectamente que ante todos yo tenía novio, y claramente, él no lo era. Dio un suspiro y miró a la nada con el semblante serio.

—Luke… —lo hablé, pero me ignoró. No quería decir lo que tenía en mente, pero mi lengua me ganó antes de que pudiera tragarme mis palabras—. Dios mío, Luke, sabes que varios conocen a Matthew y con eso saben que soy su novia, no quiero que… —él me interrumpió arrebatando mis palabras.

—¿Qué sepan que lo has engañado con el drogadicto? —siseó entre dientes haciendo que la vena de su cuello se resaltara.

—¿Qué? —dije frunciendo el ceño—. ¡No! ¿Qué demonios dices?

—Sé que muy en el fondo piensas eso —acotejó y sus ojos azules penetraron los míos con severa seriedad—. Aunque tienes razón, no puedes tener una vida al lado de alguien que no sabe cómo manejar la suya.

—Luke, yo no…

No pude terminar porque con mucha brusquedad se levantó de la silla haciéndola sonar e irse a pasos demasiados rápidos de allí viéndolo anonadada, ¿qué ha sido eso? Ni siquiera he tenido algún pensamiento sobre aquello. Pensé que ya estaba acostumbrada a sus cambios de humor, pero esta vez su cambio fue más allá de lo normal. ¿Cómo podía pensar de esa manera en sí mismo?

¡Demonios!

??

—Hasley, ayúdame —mi madre rogó.

—¿La psicóloga necesita ayuda? —me burlé y ella me dio una mirada fulminante—. Voy, voy.

—Tengo que ordenar unos expedientes y agregar lo que he avanzado con mis pacientes —comentó dándome unas cajas.

—¿Ya hay avances?

Puse sus cosas en el suelo de la sala y la miré, ella tomó asiento en uno de los sillones y dio una bocanada de aire demasiado profunda. A veces me sentía mal por todo lo que trabajaba para sacarme adelante, esa era una de las razones por las cuales intentaba seguir en el instituto.

—Afortunadamente sí, he visto dos de mis pacientes más relajados, regalándome sonrisas y dejando de hablar con monosílabos. ¡No sabes que frustrante es que hagan eso!

—Oh, créeme que lo sé…

Sabía perfectamente cómo se sentía aquello, Luke era mi ejemplo de eso. Es querer tirarles un ladrillo para que dejen de ser tan secos y hablen con la misma naturaleza. La comunicación es algo fundamental para que dos personas se entiendan, y así, una de ellas ayudar a la otra, pero Luke no era un humano equitativo.

De tan solo recordar lo que ocurrió en la mañana, mis entrañas dolieron y sentí como mi pecho se presiona. Joder, me había vuelto tan sensible con todo lo que tuviera que ver con el rubio.

—¿Por qué esa cara? ¿Ha ocurrido algo? —preguntó en un tono suave. Negué unas cuantas veces y dejé salir un suspiro—. Hasley…

Sabía que no la puedo engañar, por dos cosas, una de ellas es que soy su hija y me conoce muy bien, mientras la otra es que su especialidad estudia con mucha paciencia los comportamientos de las personas.

—Lo odio —mascullé refiriéndome al chico que era dueño de mis pensamientos en estos momentos… y de todo mi tiempo.

—¿A quién? ¿Zev? —Al oír decir mi madre el nombre de mi mejor amigo sentí como mi ser decayó y quise tirarme al suelo a llorar, fruncí los labios y me dejé caer al sillón a un lado de ella—. ¿Están peleados? ¿Ahora qué ha ocurrido?

—Creo que invadí su espacio —comenté sin pensarlo.

—¿Por qué dices eso cariño? —La mano de mi madre tocó mi pierna dándome pequeñas palmadas.

—Exigí que me dijera de que habían hablado él y… —No sabía cómo definir a Luke, enojada aún por el incidente rodé los ojos y dije lo que se me vino a la mente—, alguien. Solo quería saber, no era para que me gritara.

Mi mamá dio un suspiro y me miró. —Hasley…

—¡Sé que no debí exigirlo, pero igual era de importancia para mí! —grité desesperada.

—¿Por qué piensas que era importante para ti? —inquirió con una ceja alzada—. ¿Crees que hablaron de ti o era un tema que también te incumbía?

Su pregunta me dejó pensando durante unos segundos, tenía razón. Odiaba que siempre dijera algo con lo cual me callara, ¿por qué no me daba la razón un día?

—No, pero… es mi mejor amigo, se supone que no me debe de esconder secretos —balbuceé lo dicho y ella me miró incrédula.

—A veces como personas queremos mantener algo solamente para nosotros, algo personal, y no, no es porque te esté traicionando y no sea un verdadero amigo. Las personas tienen derecho a guardarse algo solamente para uno mismo, no seas egoísta, Diane.

—¡No me digas Diane!

—Pero si también es parte de tu nombre —insistió burlándose.

—Voy a la cocina —gruñí levantándome del sillón y dirigirme a esta.

—¡Tráeme un vaso de jugo!

Mi madre gritó desde la sala y puse los ojos en blanco. Oí que el timbre sonó y por un momento a mi mente vinieron varias personas que podrían estar detrás de aquella puerta, pero también había posibilidades de que fuera alguien del trabajo de mamá, aunque quise descargarlo rápidamente, porque algo que teníamos en común ella y yo, era lo asocial, así como de igual manera que ya era un poco tarde.

Decidí ignorar el hecho de la persona quien fuera y buscar el jugo. Saqué dos vasos y vertí un poco del líquido en ellos. Con pasos laxos me dirigí de nuevo a la sala. Mis ojos cayeron hacia las dos anatomías que estaban paradas a un lado del sillón hablando. Estaba incrédula, si no hubiera ejercido fuerza en los vasos, estos atarían cayendo al suelo, así como mi mandíbula si no estuviera sujetada a mi rostro. Cuando se percataron de mi presencia voltearon a mí y sentí mi cuerpo congelarse.

Dos pares de ojos azules me miraban fijamente. Los de mi mamá y los de Luke.

—¿Qué haces tú aquí?

—¡Hasley! —reprendió mi madre.

—Quería hablar contigo —respondió neutro encogiéndose de hombros con sus manos en los bolsillos de sus tejanos—. Pero veo que mi visita no te gustó, un placer señora Bonnie.

Luke se dio la vuelta para comenzar a caminar hacia la puerta, recibí una mirada de desaprobación por parte de mamá y di un suspiro.

—Luke… Espera. —Di unos pasos para estar cerca de ellos. Luke se detuvo y se volvió hacia nosotras—. Mamá, él es Luke, mi compañero de clases… Pero veo que ya se presentaron.

—Me alegra que tengas más amigos, Diane —la mujer comentó y le di una mirada asesina, Luke soltó una risita por lo bajo—. Voy por jugo para tu amigo.

Me quitó de la mano uno de los vasos que traía y se fue dejándome a solas con el rubio. Él me miró con una sonrisa torcida.

—¿Sabías que me encanta tu nombre completo? Suena tan británico.

—No lo es.

—No me importa.

—Qué majadero.

—Guarda silencio, Diane.

—¿Ahora me dirás así? —cuestioné alzando una ceja.

—No, ya te he dicho que me gusta llamarte Weigel, así que ni pienses que lo cambiaré —confesó, dio unos pasos atrás. Su voz se oía más ligera, y sus ojos eran de un color rojizo. Estaba extraño. Su celular comenzó a sonar y lo tomó para ver la pantalla, dio un gruñido y contestó—. ¿Qué quieres? —espetó al aparato—. Joder, esperen un momento… ¡No! ¡Bien, bien, ahora salgo! —Luke colgó y me miró—. Vinieron conmigo André y mi prima.

—¿André? —pregunté confundida.

—Sí, mi mejor amigo —susurró y se dio la vuelta para salir de mi casa.

Me quedé parada mirando por donde había cruzado el chico y mordí el interior de mi mejilla. No tengo amigos. Amigo. Mejor amigo. Luke me confundía lo suficiente para querer perder la cabeza.

—¿Y tú amigo? —La voz suave de mamá me hizo dar un pequeño brinco. Me giré hacia ella para ver que traía consigo dos vasos de jugo.

—Estaré a fuera de la casa —avisé. Antes de que pudiera decir algo al respecto, dejé mi vaso en la mesita de centro y salí con rapidez.

Vi a tres personas hablando. Luke estaba de espaldas con una sudadera negra y sus tejanos del mismo color, a su lado había un moreno con una playera gris y del otro, una chica, con una minifalda y una blusa escotada. Era la misma del cine. De los labios de la chica descansaba un cigarrillo, o eso creía.

El moreno se percató de mi presencia y le dio un pequeño golpe en el hombro al rubio, este al instante se volvió hacia mí. Igual que la chica, se encontraba fumando.

—Weigel —me llamó y con su mano hizo una seña de que me acercara. No sabía por qué, pero le hice caso—. Él es André.

—Hola, Weigel —él saludó.

—Dime Hasley —hablé tratando de no sonar tan grosera.

—Bien, Hasley. —Me regaló una sonrisa amistosa.

—Y ella es… —Luke intentó continuar, pero fue interrumpido.

—Me llamo Jane, soy su prima favorita, ¿no es así Pushi? —se presentó y le dio una sonrisa burlona a Luke, este la fulminó y rodó los ojos.

—Eres mi única prima, perra —Luke atacó entre dientes. Mi boca se formó en una O y oí a André reír.

—Ignóralo, esta lo demasiado dopado para saber lo que dice —se defendió la chica.

—Estoy consciente —mofó el rubio.

—No lo pareces.

—Pues…

—Mierda, cállense los dos —regañó el pelinegro—. Solo escúchense, ambos lo están.

Solo miraba a los tres cautelosa, era la primera vez que veía a Luke en tal estado. Siempre fumaba marihuana en frente de mí, pero jamás había llegado al grado de no saber lo que decía.

Jane se cruzó de brazos y siguió consumiendo aquel rollo. Luke empujó a André para acercarse a mí, sujetó una de mis manos y besó mis nudillos.

—¿Para qué has venido? —pregunté directamente, realmente quería saber.

—Estábamos en la casa de André, ya te había dicho que él vive cerca, de paso vi tu casa y quise pasar para disculparme —habló perezoso.

—¿De qué?

—Por lo que hice en la mañana —contó sin mirarme, Luke seguía jugando con los dedos de mi mano con mucha delicadeza—. Tus dedos son bonitos.

—Dios, ¿qué has consumido? —pregunté riendo.

—Lo necesario para poder confesar lo tanto que te quiero —susurró—. Y que no me arrepiento de todo lo que te dije la noche de la furgoneta.

Sentía como cada célula de mi cuerpo se removía, quería besarlo allí mismo, pero aún la imagen de Matthew seguía presente.

—Luke.

—Shhhh, no digas nada, solo quiero que sepas eso.

Iba a hablar, cuando el celular del chico volvió a sonar. Miré por encima de su hombro para percatarme que, si era uno de sus acompañantes, pero me fijé que los dos estaban cómodamente hablando. Luke bufó y vio la pantalla, vi como su mandíbula se tensó y me miró, sus ojos estaban oscuros, carraspeó y se alejó de mí para contestar la llamada. Mi ceño se frunció al ver su acción, ¿quién era para que actuara de tal forma?

Pasaron unos minutos y él se acercó a mí con el semblante preocupado, podía verlo en sus ojos, su expresión y como su mano se movía a través de su cabello.

—Me tengo que ir —avisó en un tono nervioso.

—¿Ha ocurrido algo? —pregunté con cierta preocupación, aunque él negó unas cuantas veces.

—No, no pasa nada. —Intentó sonreír, pero salió como una mueca—. ¿Me quieres?

Lo miré confundida, no sabía a qué venía esa pregunta, pero ¿lo quería? Realmente lo hacía, demasiado. A pesar de sus cambios de humor, de la vida que tenía, la forma tan jocosa de tomar las situaciones, su forma sarcástica de responder, lo grosero que fuese, la manera en qué te trataba o aún intentara ser romántico, yo… Lo quería. Quería demasiado a Luke.

—Sí, lo hago y mucho, ¿por qué? —Mi voz salió automáticamente, y no me quería arrepentir de aquello.

—Entonces, termina con él, olvídate de él y tómame. No quiero que salgas dañada por estos errores que estamos cometiendo —murmuró, sus ojos estaban cristalizados, al grado de derramar alguna lágrima.

—Lo he pensado —confesé—, y sí, sería lo mejor, pero también no puedo dejarlo y empezar contigo, sería muy catastrófico.

—¿Y lo que estamos haciendo a sus espaldas no lo es? Hagamos las cosas bien, quiero tomar tu mano, besarte y sonreír como un idiota cada vez que te vea sonreír ante todos. Sin tener que esconderme. Dime, ¿qué estás esperando? Llámalo y termínalo.

—No, si lo hago, sería de frente, no por medio de esto.

Luke cerró los ojos y negó.

—Lo siento —murmuró y sentí un poco de miedo—. Tienes razón, aunque… —Él dejó la frase en el aire, me miró con sentimiento como si quisiese transmitirme todo por medio de sus iris—. Solo acuérdate que siempre estaré para ti, te quiero, en serio lo hago Weigel.

Dio un casto beso a mi frente y fue hacia los otros dos chicos, les dijo algo a lo que ellos asintieron, estos comenzaron a caminar con Luke detrás, alargué un suspiro y decidí entrar a casa, pero antes de que abriera la puerta, unos brazos me detuvieron.

Los ojos azules eléctricos de Luke me miraron, y sin poder decir algo, me besó. Fue uno lento, el tipo de beso que era tranquilizador, consolador, pero sobre todo aquel beso que no se puede describir. Él se separó y tomó mi mentón para que yo pudiera verlo directamente, sin despegar su mirada acaricio mi barbilla con su pulgar.

—Juro que pase lo que pase, estaré contigo porque solo yo sé quién eres en realidad —susurró para luego irse.

Dejándome allí parada, con el alma entre mis labios, sin saber a qué se refería. Pero estaba demasiado segura de algo.

Terminaría con Matthew mañana mismo.

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