Boulevard
Boulevard » Capítulo 25
Página 29 de 40
Capítulo 25
Hasley
Lunes en la mañana. Y el único sonido que podía oír entre las paredes de la minúscula cocina de mi casa era el crujir del cereal que creaban mis molares al aplastarlos.
La cabellera oscura de mi madre hizo presencia al entrar, haciendo que el olor de su perfume se impregnara en el aire ocasionando que llegara hasta mis fosas nasales, tranquila, comenzó a sacar algunas cosas de la despensa, y de igual manera, del refrigerador para prepararse un emparedado. Sus ojos se quedaron anclados sobre mi pequeño cuerpo y, cautelosa, me observó.
—Últimamente te has estado despertando más temprano, ¿a qué se debe? —preguntó con sumo interés pasando sus dedos por el pan. En ese momento, no quería contestar a sus preguntas, por lo cual, me limite a encogerme de hombros, dando por hecho mi cansancio. Ella, dejando salir un poco de aire de sus pulmones, movió las cosas a un lado y me miró fijamente poniendo sus manos sobre el mesón—. Hasley, ¿me puedes decir qué es lo que ha ocurrido? Llevas un par de semanas así, los sábados te despiertas hasta tarde, los domingos no sé siquiera si comes o haces el intento de salir de tu cama —soltó un poco irritada por mi actitud—. Pareciera como si yo fuese la única que vive aquí.
Llevando otro poco de cereal a mi boca, sacudí mi cabeza de un lado a otro, pero ella me reprendió con la mirada, tragué hondo y decidí contestarle.
—No ocurre nada —mascullé.
—No mientas —con la voz más fuerte habló—. No he visto presencia de Zev por aquí, o si quiera del pelirrojo que te llevó al cine la otra ocasión, o el rubio con la que fuiste una completa grosera. —Al oír que mencionó a cada uno sentí como el nudo en mi garganta se formó y la presión en mi pecho se presentó, aunque de igual manera, le dio acceso a mi furia emanar mis venas—. Cariño, puedes decírmelo.
—Estoy bien, ¿sí? —espeté bajándome del taburete para darle una mirada fría—. No soy uno de tus pacientes, no me trates como uno.
Sus ojos azules se abrieron con asombro, estática en su lugar, entreabrió los labios, pero nunca dijo nada. Ella estaba perpleja. Yo sabía que esa no era la forma para contestarle, pero estaba harta de darle vueltas al mismo tema, solo ya no lo quería recordar y ella se daba la desdicha de hacérmelo saber nuevamente.
—Hasley…
—Me tengo que ir —avisé cortándola.
Sin mirarla, salí de la cocina a pasos rápidos y tomé mi mochila, colgándola por encima de mi hombro cerré la puerta principal detrás de mí. Comencé a andar por la calle sin detener el paso ni un segundo, sentía como mis piernas se impulsaban cada vez con más fuerza, el aire de invierno golpeaba suavemente mi rostro.
Traté de respirar hondo y superar el hecho que le había contestado de una manera fatal a mi madre. Calmándome por lo sucedido me fijé en la hora, la cual, sin ningún apuro, era temprano. Últimamente me despertaba antes de mi hora habitual, y se debía a que en casi toda la noche no podía conciliar el sueño, ni unas cuantas horas, tenía en mente que mi imagen cada día iba de mal en peor, no era la mejor y honestamente, me importaba un carajo.
En tan poco tiempo mis pies tocaron la entrada del instituto, y una oleada de nerviosismo como de inquietud se asomó por mi mente, me tocaba clases con la profesora Kearney, alargando una inhalación me di la valentía de entrar sin preocupaciones, pero una voz me impidió que lo hiciera.
—Hasley. —La voz pronunció firme mi nombre y me giré para encarar a la persona—. ¿Te has enterado de que Matthew tiene nueva novia?
Karla. Una chica de piel bronceada me miraba fijamente junto a otra, eran unas de las porristas del equipo de rugby, el perteneciente de Zev. Sus miradas eran burlonas, así como sus sonrisas, quise volcar los ojos, pero me contuve.
—No me interesa —mascullé entre dientes.
—Tanto le dolió que le fueras infiel que a la semana ya se había buscado a otra —se burló ignorando por completo lo antes susodicho por mi parte—. Se nota lo reemplazable que puedes llegar a hacer.
Y su comentario por alguna razón dolió. Obtuve una postura más firme y apreté las mangas de mi sudadera intentando no querer ir contra ella y estampar mi puño contra su rostro, aunque sabía que no lo haría por el simple hecho de que era débil y que la agresividad no era parte de mí. Algunas personas ya estaban presenciando la escena y no quería que otro escándalo más se armase.
—Te dije que no me interesa —repetí en un balbuceo con mi voz ronca.
—¿Qué se siente que te reemplacen, Hasley? —reafirmo mi nombre, volviendo a ignorar lo que dije—. Por fin se deshizo de la basura, ¿no es así?
Aunque esta vez no dejé que siguiera.
—No, no lo hizo porque aquí sigues, maldita perra.
Se escuchó un coro de «uh» y su boca se abrió al igual que sus ojos, me miró indignada para después, la furia gobernar su rostro y ponerse roja del enojo.
—Me las vas a pagar —siseó a cascarrabias, para darse la vuelta e irse de allí.
Las miradas se posaron sobre mí y me arrepentí de haber dicho lo anterior, así que opté por lo primero que mi subconsciente me gritó. Huir. Girando sobre mi propio eje entré al salón de clases, en donde mi cuerpo se heló, el del rubio ya hacía presencia y su rostro tenía una media sonrisa que se fue desvaneciendo en un fruncido de labios poco a poco, agradecí en mis adentros al notar que no éramos los únicos en el aula, así que rápidamente tomé mi asiento y esperé a que la profesora llegara.
Mi día estaba comenzando con el pie izquierdo y aseguraba que no terminaría con el derecho.
Y lo confirmé cuando a la cuarta hora ya no pude soportar a otro profesor regañándome por mi distracción y falta de concentración tan fácilmente, resignándome me fui hasta el campo para poder liberarme un poco de todo, desvaneciendo todos mis recuerdos y echando mis preocupaciones hacia el fondo de mi cabeza.
—¿Si sabes que lo que estamos haciendo está incorrecto?
A mí al frente, Neisan repitió una vez más, volviendo a enarcar unas de sus pobladas cejas. Se había unido a mi escapada cuando me vio cruzar la puerta que daba hacia las canchas, y no era la primera vez que pasaba algunas horas de fuga conmigo.
Bajando la mirada inflé una de mis mejillas mientras con una voz baja le susurré un porqué, aunque ya tenía le repuesta por mi cuenta solo quería seguir matando el tiempo.
—No está bien que faltes a clases, Hasley, y yo no debería estar pasando la hora contigo —se lamentó dando un respiro hondo—. Esto ya se está haciendo una costumbre.
Tirando de la hierba del campo, desinflé mi mejilla, aún sin contestarle le devolví la mirada, sus ojos tropezaron con los míos y lancé un poco de los residuos que había arrancado a su dirección. Él torció sus labios e hizo tronar su lengua indicando que mi acción le disgustó, sin embargo, solo se sacudió. Aún en silencio de mi parte, el chico estiró unas de sus piernas colocándose con ellas en forma de v y volvió a hablar:
—Deberías de hacer algo por ti misma —pronunció ladeando la cabeza, le dediqué una arqueada de cejas y él echó una risita—. No te ofendas, pero te ves pésima.
—Lo sé —hablé después de mantenerme callada desde que mi trasero y el del chico habían tocado el pasto.
Desvié mis ojos a lo lejos del campo, el cual se encontraba en completo solitario sin ninguna persona andando allí. Dediqué unos cuantos segundos más a ver la nada dejando que el aire fresco de invierno diera contra mi cara causando que mi piel se erizara, pero lo pasara por alto. De nuevo, la voz intranquila de Neisan volvió a irrumpir.
—¿En qué tanto piensas? —inquirió, su voz suave más el acento británico me hacía querer pedirle que me cantara una canción para que yo pudiese dormir.
Volviendo mi vista hacia sus ojos, me quedé en silencio nuevamente. Frunciendo los labios me encogí de hombros, aunque supe que eso no quería como respuesta cuando me miró con recelo, así que opté por dejar a un lado mi personalidad borde y comenzara a entablar una conversación sana con el chico que me había estado ayudando estas semanas.
—Creo que no hace falta decirlo, Neisan —mascullé comenzando a tirar de la hierba otra vez—. Sé lo que quieres decir. Vamos, sé directo.
Neisan dio un suspiro exagerado, relamiendo sus labios negó unas cuantas veces para darme una sonrisa a medias. Mis ojos miraban los suyos fijamente y, aunque probablemente la bajaría en un momento, la sostuve hasta que entreabrió sus labios para hablar.
—Falta algo en tu mirada —indicó recibiendo un fruncido de cejas por parte de mí—. O quiero decir, alguien.
—¿De qué hablas? —pregunté solicitando a mi rostro que mostrara una mueca de confusión, pero lo rechazó.
—Necesitas a Luke. —Fue directo—. Siempre lo has hecho.
Mi rostro se puso serio y sentí mi mandíbula ponerse tensa, bajando la mirada negué unas varias ocasiones, mis dedos se entrelazaron uno con los otros comenzando una pequeña guerra de nerviosismo, mi mejilla derecha se infló y volví a negar dejando que una pequeña risita llena de inquietud saliera de mis labios.
—Estás loco, Neisan.
—Fley, soy con el que más tiempo pasabas del equipo después de Zev, claro está —recordó acercándose un poco más a mi anatomía—. Puedo intuir lo que pasa por tu mente, y lo único que puedo decirte es que vayas, lo busques y arreglen las cosas —susurró sin perder el tono firme en su voz—. Hasley mírame —pidió y cedí—. Los dos se necesitan en estos momentos.
—Ya no hay nada que yo pueda hacer, él no olvidará tan de pronto mi acción y me perdonará —musité sintiéndome pequeña ante los ojos oscuros del chico.
—Oye, oye, ¿tan poco lo conoces? Luke es un gran chico y tú lo has debes de saber —aseguró.
En ese momento, la pregunta que mi mente había estado procreando desde hace algunos meses hizo presencia y el letrero de lotería apareció ante mis ojos.
—Neisan —lo llamé—. ¿Desde cuándo Zev conoce a Luke?
La pregunta llegó tan de repente que observé cómo sus pupilas se dilataron, pasó su lengua unas cuantas veces por sus labios y acomodó una postura más firme a la de antes, apreciaba como su cuerpo se había puesto tenso por mi demanda, no se esperó eso, y siendo honestos, yo tampoco.
—Para ser exacto, hace como dos años —confesó. Ahora fruncí mi ceño, y solo bastó eso para que él prosiguiera—. Zev conoció a Jane, la prima de Luke, en alguna fiesta, ellos comenzaron a salir, aunque era como una relación fantasma, es decir, casi nunca se le veía con la chica, él hablaba maravillas de Jane, pero nunca se mostraron como algo formal, poco más tarde Zev ya se hablaba con Luke, ya que Jane, le había contado sobre su primo. Algo peculiar, es que a Luke le importaba una reverenda mierda su prima, todo sucedió tan rápido. Los dos se comenzaron a hablar hasta que se llegaron a conocer más de lo normal, las cosas marchaban de maravilla, no fue hasta que Jane engañó a Zev.
La explicación de Neisan me dejó un poco aturdida, y aun uniendo las cosas lo más rápido que pudiese intenté descartar varias partes, cuando tuve mi rompecabezas casi armado, supe que faltaba más. Algo no encajaba aquí entre ellos, y supe de qué se trataba cuando mi boca se abrió para inquirirle.
—Pero, ¿por qué Zev y Luke se dejaron de hablar?
—Porque el rubio sabía que Jane había estado engañando a Zev casi desde que empezaron aquella relación y él nunca dijo nada —respondió torciendo sus labios—. Ya sabes, es su prima, la familia es lo primero, ahora Zev vive con un pequeño resentimiento hacia Luke, aún él lo niegue.
—¿Cómo es que yo nunca me enteré? —En aludido dejé salir.
—No sé. —Neisan se encogió de hombros—. Lo más probable es que se debe a que su amistad igual fue fantasma, o el simple hecho de que todo eso pasó en cinco meses.
—Ohh… —solté—. Eso fue lo que ocurrió.
—Sí, tengo mis razones para defender a Luke, es por eso que te digo que no es mala persona, solo necesita ayuda, como todos alguna vez.
Mi menté rápidamente se volcó al tema principal con el que habíamos empezado y quise huir de la escena en ese momento, pero era imposible, así que me limité a negar, nuevamente.
—No puedo —dije en un farfullo—. No puedo ir y decirle que me perdone así de la nada, escuchar lo que hablan los demás me lo impide, hace que se vuelva aún más difícil.
—¡Al diablo con la gente! ¡Al diablo las personas y sus maldita opiniones! —gritó alzando sus brazos al aire—. Tienes que decidir por ti misma, ver por tu bien sin tener que meter el qué dirán de las personas, al final siempre será tú mierda, y la de ellos es su problema… No puedes renunciar a alguien que está en tus pensamientos todos los días.
—Neisan… —pronuncié su nombre con un tono como si le rogase intentando que se detuviera. Él no cedió.
—Hasley, eres tú, y no es egoísmo, es bienestar propio, tú vas a decidir, ellos no van a arreglar tus problemas, ¿entiendes? Deja de pensar en los demás, deja de pensar en Matthew y Zev, al diablo con ellos igual, y si quieres, al diablo conmigo también, solo tú tienes la decisión, y la tienes que tomar lo antes posible. Nunca sabes en qué momento podría ser demasiado tarde, y cuando te des cuenta de la realidad, te vas a lamentar. Si tú eres feliz, hazlo, si eso te llevará a tu bien, tómalo, pero haz lo que tú creas que es correcto, y recuerda que hagas lo que hagas va a estar bien si así tú lo deseas. No puedes vivir atada a los susurros de los demás, a las suposiciones o a las acusaciones que te ponen, no puedes. Sí quieres algo, levántate, búscalo y consíguelo. —Él se acercó hasta mí y tomó mis manos entre las suyas haciendo que nuestras miradas se profundizaran aún más—. Porque Hasley, lo único que cae del cielo es la lluvia, el granizo y los rayos.
Sus ojos oscuros miraban los azules míos, tenían una pizca de comprensión. Lo que había dicho me dejó prácticamente muda, dijo todo lo que necesitaba para poder darme las fuerzas necesarias, y aunque mi miedo no me dejara hacer las cosas que deseaba ahora se estaba eliminando por cada palabra del chico.
Cerró los ojos unos cuantos segundos, colisionando de nuevo nuestra vista, los volvió a abrir, dando un suspiro con pesadez tratando de tranquilizar su respiración frenética y exaltada. El pelinegro se alejó de mí a una distancia considerable, por muy minúsculo que fueran los segundos, los estaba aprovechando cada uno en ese instante.
—Y si Luke es tu felicidad, corre y búscalo, por más estúpido que suene.
Al terminar de decir aquello, retirando algunos cabellos de su frente se puso en cuclillas para levantarse y tomar su mochila, me dio una última mirada que gritaba hazlo y emprendió camino lejos de mí, desapareciendo del campo y dejándome ahí con todas sus palabras revoloteando en mi cabeza una y otra vez, siendo un mismo caleidoscopio con imágenes y sonidos claros ante mí.
Dirigiendo mi vista a la hierba pasé mis dedos sobre esta. El recuerdo de Luke regresó a mi mente y sintiéndome tan débil di un respingo.
Reprimí las ganas de querer ir a buscarlo en ese momento, y ahogando mis deseos de sentir sus brazos alrededor de mí me dejé caer de espaldas al pasto. No buscaba la forma de cómo presentarme ante él con mi cara de imbécil y después de haber actuado tan borde.
??
Suspendería economía. La imagen del Señor Abbys diciéndome que me vería en vacaciones hacía de mi comida un desagradado total, malas notas más una suspendida equivalía a mi madre horrorosamente enojada.
La cafetería no era mi lugar favorito en esos instantes, o creo que, sinceramente, nunca lo fue, solo me gustaba estar aquí por la compañía de Zev y sus amigos, los cuales ahora comían dos mesas en donde yo me encontraba, y ni hablar de Matthew que en una de las esquinas a la derecha estaba toda su revolución.
Por el rabillo del ojo podía ver como Ciara Palmer estaba sentada a su lado mientras lo abrazaba del brazo, una que otras veces su mirada se posaba en mi diminuto y mal cuidado cuerpo, mientras en mi interior gemía porque la desviase hacia otro punto.
Mis manos tocaron el licuado de chocolate que tenía en frente de mí para llevar la pajilla a mis labios y sorber un poco de él. Esperaba a que Neisan llegase, sí, también me acompañaba en el almuerzo, a penas terminara y me fuera, él regresaba con los suyos. Aunque creía que esta vez no sería así.
Sentí como mi estómago gruñó al momento que el esquelético cuerpo de Karla se posicionó en frente de mí. Mi boca se secó y di un suspiro alargado.
—¿Ahora qué quieres? —Mi voz no ayudaba en nada, salía en un murmullo como si estuviera intimidada. Y bueno, quizá así era.
—Que me vuelvas a repetir lo que me dijiste en la mañana. —Su voz era serena, y no había ninguna pizca de furia.
—¿Es en serio? —articulé.
La chica rodeó la mesa y se detuvo a un lado de mí, me dio una sonrisa y asintió. Nuevamente, ya varios alumnos se encontraban a nuestro alrededor.
—Sí, vuélvelo a repetir.
—¿Para qué? —solté incrédula, no entendía a qué se debía esto.
—Créeme que, si no lo haces, te vas a lamentar por toda tú mediocre vida —dijo aún con su sonrisa.
—Estás loca, Karla.
Decida me levanté de la silla dejando mi licuado de chocolate en la mesa, ella me dio una mirada recelosa y se hizo a un lado, acción que creó mi cara de confusión, aunque lo ignoré por completo. Lo único que quería era salir, no quería verle otro segundo más, pero fui tan ilusa. Al instante que quise pasar por su lado, metió su pie causando que yo cayera.
Esto no podía ser real.
Miré dolida a Karla que sonreía con autosuficiencia, sus ojos desprendían felicidad y mi dignidad estaba igual que yo, en los suelos, aplastada y destrozada.
—¿Por qué lo haces? —susurré sin aliento.
Ella se acercó un poco a mí y susurró.
—Te dije que me las ibas a pagar. —Volvió a la distancia de antes y continuó con mi humillación—. No te bastó con Matthew y Luke, que ahora estas enredando a Neisan, Matt hizo bien en mandarte al diablo, ahora sin amigo y sola, ¿qué se siente? —gesticuló, su voz sonaba tan orgullosa que me daba asco, pena y rabia, ¿por qué demonios no me levantaba y defendía?—. Vamos Hasley, cuéntanos, dile a todo el instituto lo que se siente ser una completa zorra y a causa de eso, ahora estés sola, aunque, pensándolo…
Ella no pudo terminar con su discurso a mi desolación cuando alguien más la interrumpió.
—No. —La voz de Luke sonó a mis espaldas—. Mejor cuéntanos tú como mierdas fuiste la puta personal de Alexis Debían, o mejor aún; como estuviste entre las sábanas de Paul Grigohl, aun sabiendo que mantenía una relación con Yolanda. Vamos Karla, creo que lo tuyo es más emocionante que lo de Weigel.
Lo último resonó por toda la cafetería creando un silencio y después darles paso a los murmullos, los ojos de Karla miraron al rubio con muchas emociones, desde sorprendida hasta espantada. De pronto su piel bronceada se puso pálida. Sabía que estaba detrás mío, pero me encontraba en un estado de shock que no me atrevía siquiera a voltear sobre mi hombro.
—¡Es una completa mentira lo que estás diciendo! —ella chilló.
—Podré ser un «drogadicto» como muchos de aquí me llaman, pero mentiroso, oh, cariño. —Luke dio una risita—. Eso si no soy.
—Deja de mentir, solo estás delirando con pruebas que has de estar creando —atacó poniendo una postura firme.
—¿Quieres apostar? Aunque igual no las necesito, no porque tú sepas jugar a la zorra oculta, quiere decir que eres la mejor.
—Dices mentiras solo para defenderla. ¡Mierda, Luke!
De pronto volví a la realidad cuando me apuntó, aún seguía en el suelo, ¿qué demonios pasaba conmigo? Pero todo se esfumó al momento de sentir el cuerpo de alguien junto a mí, no necesita ver para afirmar de quién se trataba.
Luke me ayudó a ponerme de pie y en ese microscópico tiempo, sus ojos hicieron contacto con los míos. Su brazo rodeó mis hombros, y aquella sensación de protección que no había sentido hace mucho tiempo regresó, se hizo presente que quería llorar por tenerla de vuelta.
—No las necesito. Tú, terceros y yo sabemos perfectamente que es verdad.
Mi vista colisionó con los ojos avellana de aquel chico que me defraudó. Entre el tumulto de gente nos miraba cauteloso, y a su lado, Neisan me miraba con una sonrisa reprimida.
—Escúchenme bien todos… —llamó. Se voz se volvió dura, fría y seca—. El que se vuelva a meter con ella, tengan en mente que se meten conmigo, bola de imbéciles. Hasley no está sola, nunca lo ha estado, ni lo estará. —Los ojos de Luke fueron a la dirección de Zev y siseó—: Yo no soy el tipo de personas que promete quedarse y fingir conocer a una persona para que al final termine huyendo como tal cobarde.
Después de eso, me llevó con él fuera de la cafetería, quedando en completo silencio. Una vez más me había sacado de una tortura, una vez más había demostrado que estaba ahí para mí, una vez más había cumplido su palabra, su promesa. Luke siempre estaba para mí.
Al detenernos me di cuenta de que nos encontrábamos en las gradas donde lo había conocido y la nostalgia invadió todo mi ser, aquello hizo que un sollozo se escapara de mis labios.
—Silencio —Luke susurró cerca de mí y el toque eléctrico recorrió por todo mi cuerpo—. Te dije que siempre iba a estar para evitar que caigas, aunque creo que llegué un poco tarde.
—Creo que te lo tomaste muy literal —mencioné en un tono muy bajo.
Él dio una pequeña y diminuta risa causando que yo lo hiciera de igual manera.
—Demonios —jadeó—. Extrañé tanto tu sonrisa.
Pasé el dorso de mi mano por mi nariz y miré cautelosa sus ojos. Y yo extrañaba tanto poder verlos a tal distancia, lo necesitaba que aquel sentimiento dolía. Sus ojos en ese momento brillaban y me tomé el descaro de apreciar su rostro, el aro de su labio ya no era negro ahora era plateado y la poca barba que hacía presencia lo volvía más lindo de lo normal.
—Lo siento, lo siento —repetía entre llanto, poniendo mis manos en su pecho bajé la mirada incapaz de seguir observándolo—.
Jamás me arrepentiría de haberte conocido, todo lo que dije…
—Cariño —me interrumpió tomando con unas de sus manos mi mentón—. No hay nada que perdonarte, estabas asustada… Lo estás.
—Creí que alejándome de ti todo sería más fácil, pero resultó ser peor —confesé—. Lo lamento tanto, por decirte todo eso aquel día. Soy una egoísta que no pensaba en el dolor que causaría para ambos.
—Aún me digas que me aborreces, lo tanto que me odias y me lastimes de la peor manera, ten por seguro que te seguiré amando, en esta vida y otras mil más.
Me odié en ese instante, por no decirle que yo igual y todo lo que sentía cuando estaba junto a mí. Luke me abrazó proporcionándome su calor, su seguridad y su protección, haciendo de ese momento uno de los mejores, el mejor. Al momento de enrollar mis brazos en su torso reprimí un gemido. Podía sentir sus costillas, había bajado mucho de peso, y no pude evitar que la culpa me carcomiera de nuevo sintiéndome aún pésima.
Sus manos, que reposaban en mi cabello, bajaron para tomar mis mejillas e hizo que lo mirase directamente a sus ojos eléctricos, estos se hacían profundos gracias a las ojeras que reposaban alrededor de ellos haciéndolo lucir cansado de todo.
—No tienes una idea de lo que roto que me pone al verte así —admitió en un murmuro—. Soy tan jodidamente débil cuando se trata de ti.
—Te quiero, yo realmente te quiero —murmuré.
Antes que yo pudiese decirle mis sentimientos, me besó.
No era nada apresurado, era lento, con una sincronización increíble, donde no había ningún roce de lengua, nada de morbo, uno tan inocente y cálido, aquel beso que podía sacarte el alma y hacerte sentir la persona más afortunada del mundo. Uno en donde sus labios acariciaban de una manera tan suave los míos tratando de no quebrarme, como si yo fuera la porcelana más frágil del mundo.
Sintiendo su frío aro de mental rozando mi labio superior, di un respingo, atrapó entre sus labios el mío, y se mantuvo así por unos segundos, besó la comisura de mis labios. Aún con sus manos sobre mis mejillas, regresó a ellos y dio otro beso, los acaricio y bajo una de sus manos a mi cintura, ladeó su cabeza procurando que yo tuviese más acceso a él, y así fue, enviando pequeñas sensaciones a mi sistema nervioso, pasé mis manos por su cabello, sintiéndolo áspero y largo, dio un jadeo y se detuvo. No se apartó, pero tampoco siguió. Se mantuvo así.
—Tengo miedo —musitó—. Porque tú significas todo para mí, y trato de ser lo mejor para ti, en serio que lo intento, pero a la vez no quiero que ames el desastre que soy y caigas conmigo, no quiero encerrarte en mi boulevard de los sueños rotos.
Y ahora fui yo quien lo abrazó. Sintiendo el mundo entre mis brazos, odiándome por todo lo que ocurrió, pero dejando en claro que lo quería demasiado.