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Una chica mágica encargada de un café de gatos. Así de simple es la premisa con la que se presenta Calico, el nuevo juego del estudio estadounidense Peachy Keen Games, que acaba de publicarse en PC, Xbox One y Nintendo Switch bajo la edición de Whitethorn Digital y Maple Whispering Limited. Se trata de un juego de gestión social, animal y hostelera, una obra en la que controlamos a nuestro propio avatar personalizable para ponernos a los mandos de un local muy especial en una isla no menos peculiar plagada de personajes de fantasía. Peachy Keen Games está formado únicamente por dos personas y este es prácticamente su primer juego; este estudio ha trabajado anteriormente en otras obras menores que también perseguían esta estética adorable y relajada, y Calico es el considerado su primer gran proyecto. Evidentemente esto conlleva varias cosas: su estado final quizás no está tan pulido como cabría esperar, sobre todo en Switch -aunque nosotros lo hemos jugado en PC a través de Steam- y en general su aspecto es un pelín más tosco de la cuenta, lo cual en ocasiones lastra la experiencia.
Una experiencia que comienza cuando llegamos a la isla tras haber personalizado a nuestro avatar en un editor que nos facilita la creación de una magical girl, pero que también nos permite crear otro tipo de personajes algo más alejados de esa estética. Tras ese paso inicial, toca hacer algo similar con la cafetería: llegamos al local en su peor momento, cuando está abandonado y desprovisto de muebles, así que lo que tenemos que hacer es escoger su estilo de decoración entre tres posibles y colocar las primeras sillas y mesas. Con el local abierto, el siguiente paso es el que ocupará el grueso de nuestra actividad diaria en Calico: recoger animales. Nuestra cafetería es un cat café, así que necesita gatos que convivan allí a modo de refugio. Eso sí, a medida que avancemos veremos que no sólo podemos adoptar felinos: todos los animales del mapa se pueden llevar a la cafetería, y en la isla hay una fauna tan variada que podremos encontrar desde cuervos hasta capibaras, pasando por lobos y osos polares.
Además de estar en el café, estos animales también podrán acompañarnos en nuestras aventuras dejando que nos aprovechemos de sus ventajas: si nos agarramos a un pájaro podremos planear al saltar desde las montañas de la isla, por ejemplo, mientras que los animales más grandes servirán como montura para recorrer el mapa con más velocidad y desbloquear nuevos caminos de exploración. Aunque el café sea lo principal, el eje que vertebra todo el juego, Calico no podría llamarse juego de gestión social si no tuviera vecinos que nos piden que les ayudemos con recados a cambios de hacernos un favor. La isla está llena de otras chicas mágicas, además de otros seres de fantasía, que nos encargarán misiones para darle un empaque cíclico al juego: cada día tendremos algo que hacer, queramos o no, y a cambio recibiremos dinero, muebles, objetos o afinidad con esas personas. No cabe esperar de Calico un diseño profundo de sus sistemas: la cafetería se gestiona con un minijuego de cocinar, los vecinos ganan afinidad según lo que cocines y las misiones son básicamente de ir de aquí para allá llevando cosas.
Tampoco los personajes están especialmente bien escritos -sin textos en español, por cierto-, aunque hay ciertos momentos de interacciones entrañables. Es un juego muy básico en estos sentidos, quizás porque enfoca toda su atención a la personalización de nuestro personaje y de la cafetería. Y es que, al contrario que en otros juegos, la personalización de nuestro avatar está disponible siempre que queramos y a un simple toque de botón. El juego hace especial hincapié en permitir que cambiemos nuestro estilo, dejando para ello que compremos ropa que se va renovando cada jornada en un ciclo día/noche que sirve para poco más que para eso. También se pueden comprar recetas, muebles y, en general, contenido para hacer propia nuestra cafetería gatuna. A nivel visual hay una balanza que nunca se mantiene en equilibrio: a veces el juego es tremendamente bonito, con unos paisajes a los que les sienta genial ese estilo low-poly acuareloso que presenta, pero otras, sobre todo en las distancias cortas, deja entrever un toque más pobre de lo que parece en un principio; en general parece que el equipo no ha encontrado una estética clara y a veces juega en dos ligas que no combinan para nada bien.
Por otro lado, los menús y la interfaz son sencillamente feas. Parece que Peachy Keen Games ha tratado de mantener el estilo adorable asociado a las magical girls en su diseño de UI, pero el resultado está lejos de encajar en esa idea y da un toque cutre a la propuesta general. Todo es más tosco de la cuenta, las líneas no están bien definidas y la respuesta no es la esperada. Además, si jugamos en PC con mando veremos la guía de botones del mando de Xbox 360, un detalle que da sensación de dejadez en este apartado. Esa sensación no es exclusiva de la interfaz: hay muchos detalles que dejan ver que las costuras de Calico no están bien pespuntadas, como las físicas ragdoll de los animales, que son demasiado exageradas, o las colisiones de la cámara con los objetos del entorno. Hay muchos fallos que van más allá de los bugs comprensibles que pueda tener el juego; son errores que parten del diseño y que no funcionarán para personas a las que este juego tenga que convencer.
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