Astronomía recreativa

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Capítulo 2. La luna y sus movimientos

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La sensibilidad del aparato es sorprendente. Es de dimensiones microscópicas (la parte fundamental del aparato no es mayor de 0,2 mm y pesa 0,1 mg), puede detectar incluso la acción calórica de estrellas de 13 ava magnitud, que elevan la temperatura en diezmillonésimas de grado. Estas estrellas solo son visibles a través del telescopio; brillan 600 veces más débilmente que las estrellas que se encuentran en el límite de la visibilidad a simple vista.

Detectar una cantidad de calor tan sumamente pequeña, es lo mismo que captar el calor de una vela desde una distancia de varios kilómetros.

Disponiendo de este maravilloso instrumento de medición, los astrónomos lo aplicaron en distintos puntos de la imagen telescópica de la Luna, midieron el calor recibido y apreciaron así la temperatura de sus distintos sectores (hasta con 10º de precisión). He aquí los resultados (figura 61): En el centro del disco de la Luna llena, la temperatura es mayor de 100 °C; si se colocara agua en dicha parte de la Luna, herviría a presión normal. “En la Luna no tendríamos necesidad de preparar la comida en el reverbero -escribe un astrónomo-; cualquier roca cercana podría desempeñar el papel de éste.”

A partir del centro del disco, la temperatura desciende regularmente en todos los sentidos, pero a 2700 km del punto central, no baja de 80 °C. A una distancia mayor, se hace más rápida la caída de temperatura, y cerca del borde del disco iluminado, reina un frío de -50 °C. Aún más fría es la cara oscura de la Luna, la que se halla en dirección contraria al Sol, donde el frío alcanza a -160 º C.

Ya hemos dicho que durante los eclipses, cuando la esfera de la Luna se sumerge en la sombra de la Tierra, la superficie lunar que se ve privada de la luz del Sol, se enfría rápidamente.

Se ha medido la magnitud de este enfriamiento; en un caso, la temperatura durante el eclipse bajó de +70 °C a -117 °C, es decir, casi 200 °C, en un período de 1½ á 2 horas.

En la Tierra, en cambio, en condiciones similares, durante un eclipse de Sol, se registra un descenso de temperatura de 2º, a lo sumo de 3º. Esta diferencia se atribuye a la influencia de la atmósfera terrestre, que es relativamente transparente a los rayos visibles del Sol pero que retiene los rayos “caloríficos” invisibles que irradia el suelo caliente.

El hecho de que la superficie de la Luna pierda con tanta rapidez el calor acumulado, muestra al mismo tiempo, la baja capacidad calórica y la mala conductividad térmica del suelo de la Luna, de lo cual se desprende que durante el calentamiento, nuestro satélite sólo puede acumular una pequeña reserva de calor.

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