Así no podemos incluirles.
El pato despistado
Cuando hablamos de inclusión no podemos quedarnos en hacerles un hueco en nuestra sociedad, debemos de abrir los brazos para aceptarlos como son.
La discapacidad intelectual no es una cuestión de inteligencia –sea eso lo que sea– sino una forma de vivir el mundo que les rodea, de la que realmente desconocemos muchos aspectos. Y mientras ésto no se asuma estaremos tratando de meterlos con calzador en una sociedad que, en la práctica, no acepta o no quiere entender su forma de ser y estar en el mundo, salvo con fines benéficos o propagandísticos.
Debemos hacer bastante más que reservar algunas plazas laborales en las administraciones públicas para que encajen en esta sociedad competitiva y meritocrática. Nos están interpelando al conjunto de la sociedad, y nosotros, consciente o inconscientemente, tratarmos de eludir el tema con todo tipo de estrategias: paternalismo, beneficiencia, exclusión, subsidios, marginación, o internamientos.
El dolor sordo que les acompaña, ante la impotencia de un mundo que no les escucha y ni tan siquiera les oye, sigue creciendo en una soledad que no se cura con terapias.