Antifascistas

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35. Carlos Palomino: el duelo a través de la militancia

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35. Carlos Palomino: el duelo a través de la militancia

«Despertar y abrazar la vida como un día más,

conciencia, una mirada joven, cosas que cambiar.

Unidad frente a los que fomentan la desigualdad,

sabes que nuestro camino es largo, pero hay que pelear.

Sin claudicar, levantar la voz: ¡Fascismo nunca más!

y en la lucha, borraron con su odio un rojo corazón.

Rabia y dolor, y al teléfono se nubla la razón

y en las calles, tu nombre retumba y pide dignidad».

DIABLO COJUELO, Continuar, 2008

La Audiencia Provincial de Madrid estaba tomada por la policía. Un amplio dispositivo de antidisturbios controlaba los alrededores y vigilaba de cerca a los antifascistas que a primera hora de la mañana habían ocupado la acera de enfrente del edificio. Solo un pequeño grupo acompañó a Mavi Muñoz y a Carmen —la madre y la abuela— en la primera sesión del juicio por el asesinato de Carlos Palomino. Esperé a que entraran y me situé en las últimas filas, delante de tres chavales que dijeron que eran estudiantes en prácticas y abandonaron la sala durante un descanso.

Josué Estébanez fue el militar neonazi que mató de una puñalada al joven antifascista de dieciséis años. Estaba solo en el juicio. No habían venido a apoyarle su familia ni los neonazis que lo reivindicaban como héroe por matar a un menor de edad.

Doce años después me senté en un bar de Lavapiés con dos de las compañeras de Carlos que también estaban aquel día en el juicio. Ellas habían vivido aquellos años frenéticos en Madrid con la Coordinadora Antifascista, el CSO La Traba y todos los proyectos que surgieron entonces. Siguen militando, pero en ámbitos distintos; sin embargo, se siguen encontrando en el antifascismo y muchos otros movimientos sociales de la ciudad.

Elena, que ya militaba en la década del 2000, cuenta que unos años antes la disolución de Lucha Autónoma había supuesto un parón, y que el antifascismo se convirtió entonces en el punto de encuentro para los movimientos sociales madrileños.

En Madrid, la Coordinadora Antifascista fue la primera militancia de mucha gente. Cada año tenían como referencia la manifestación del 20N y cuando empieza a notarse la crisis económica, a partir de 2005, comienza el auge del movimiento.

Elena resalta que ese año la campaña «Memoria, dignidad y lucha» introduce el tema de la memoria histórica y se juntan personas más mayores, que llevaban años desconectadas del movimiento.

En 2007 se okupa La Traba, en el distrito de Arganzuela. La mayoría de los centros sociales okupados habían sido desalojados, así que La Traba se convierte en nuevo punto de referencia en la ciudad para la Coordinadora Antifascista de Madrid (CAM) y cerca de una quincena de colectivos. El centro social albergó numerosas actividades y fue punto de encuentro para el antifascismo madrileño. Sin embargo, también se trabajó para descentralizar las actividades y apoyar a los colectivos de otros barrios, aprovechando la coordinación que permitía la CAM. Las reuniones se multiplicaron y se empezó a trabajar el antifascismo más allá de la tradicional manifestación del 20N. Se realizaban campañas de agitación y propaganda y también jornadas sobre antifascismo que duraban varias semanas. El espacio era lo bastante grande como para albergar eventos de miles de personas, lo que, sin duda, sirvió para sustentar la actividad del movimiento y de muchos colectivos, algo que se repetía en otras ciudades con proyectos similares. Algunos grupos musicales de aquellos años estaban vetados por su contenido político y no podían acceder a salas de conciertos sin que los acompañase una campaña de criminalización. El CSO también sirvió para que estos grupos —entre otros, Banda Bassotti o Soziedad Alkoholika— pudiesen esquivar la censura y actuar ante miles de personas.

La CAM empieza a funcionar en base a un acuerdo de mínimos y unos estatutos que se debaten cada año entre todos los colectivos e individuos que la conforman, empezando así a crear una estructura cada vez más sólida y potente. Incluso participan en otras luchas más allá del antifascismo, como huelgas y luchas sindicales, ofreciendo el músculo que habían estado cultivando durante esos años.

En 2007 organizan unas jornadas antifascistas entre el 20 de octubre y el 20 de noviembre, con la tradicional manifestación del 20N como colofón. Por aquellas fechas, el partido neonazi Democracia Nacional había convocado diversas protestas contra la inmigración en barrios obreros, donde residían muchas personas migrantes. La CAM decide organizar una respuesta y empieza a reunirse con otros colectivos de la ciudad para decidir cómo. La primera de estas concentraciones nazis era en el barrio de Usera el domingo 11 de noviembre de 2007. Nora, una de las impulsoras de La Traba y miembro de la CAM, explica el objetivo de la acción.

La idea era cortar su manifestación a mitad del recorrido. Sin anunciar nada, presentarse allí de sorpresa y plantarse en medio de la calle a su paso.

La respuesta fue masiva y a primera hora de la mañana un gran número de personas acudió al centro social para marchar juntas en metro hacia la manifestación neonazi. Decenas de jóvenes antifascistas llenaban los vagones en dirección a Usera. Dentro del vagón, alguien advierte la presencia de un neonazi con una sudadera de la marca Three Stroke. Carlos se acerca a él. Josué, que se había percatado de la presencia de los antifascistas, tenía una navaja preparada. Cuando Carlos le interpeló, el neonazi le asestó una puñalada en el corazón sin mediar palabra. Josué se quedó solo por un momento blandiendo el arma y andando de un lado a otro sin rumbo mientras el resto de los pasajeros sacaba a Carlos y empezaba a abandonar el vagón al darse cuenta de lo que acababa de suceder. Inmediatamente, los amigos de Carlos tratan de reducir al asesino, que hiere a otros dos jóvenes a navajazos, a uno de ellos de gravedad. Josué vacía un extintor que le habían lanzado los antifascistas y consigue huir hasta la calle, donde se deshace del arma y es alcanzado y reducido por los amigos de Carlos hasta que llega la policía.

Mientras, el grueso del grupo había salido de la estación para esperar a una ambulancia. Desconocían la gravedad de las heridas, pero la policía y los médicos les piden que se retiren, que los heridos iban a ser trasladados al hospital. Los antifascistas deciden entonces seguir hacia la manifestación, como estaba previsto. Nora y otra compañera permanecen junto a Carlos en el hospital de campaña del Samur, a la salida del metro de Legazpi. «Deja de llorar, tu amigo está muerto», le dijo un antidisturbios a Nora, que permanecía en la carpa del Samur viendo cómo los sanitarios trataban de reanimar al joven de dieciséis años apuñalado.

Cuando los antifascistas, ajenos a la muerte del joven, se ponen en marcha, la policía carga contra ellos. Las carreras se prolongaron un rato, mientras los neonazis avanzaban en manifestación. Un joven antifascista resultó herido en la cabeza por una bala de goma y una chica se paró a ayudarle. Sangraba abundantemente por la cabeza, pero la policía esposó a ambos y los retuvo en el suelo mientras los neonazis desfilaban a pocos metros grabando la escena con sus móviles y riéndose de los heridos. La manifestación racista se realizó protegida por la policía y un buen número de antifascistas resultaron heridos por las cargas policiales. Mientras tanto, en Legazpi, los sanitarios desmontaron el hospital de campaña y se llevaron al hospital a los heridos y a Carlos, que ya había fallecido.

Los amigos de Carlos avisaron a su madre, Mavi, de que su hijo estaba herido. Llegó al hospital Doce de Octubre con varios de ellos y preguntó por su hijo. Los policías no dejaron entrar a nadie, ni siquiera a ella, y le dijeron que su hijo seguía vivo y estaba siendo atendido junto a los otros heridos, aunque sabían que no era cierto. Los nervios eran evidentes a la puerta del hospital y la policía incluso hizo amago de cargar. De repente, alguien dijo que varios medios estaban informando de que Carlos estaba muerto.

La noticia corrió como la pólvora en todos los medios de comunicación, que se enteraron de la muerte del joven antes que su propia madre y que muchos de sus amigos allí presentes. Algunos medios incluso sacaron fotos de Carlos, a pesar de que era menor de edad, y lo vinculaban con «grupos radicales». Trataron el caso como una «pelea entre bandas rivales», poniendo al mismo nivel a los nazis y los antifascistas, cuando el asesino iba a manifestarse contra las personas migrantes armado con un cuchillo mientras la víctima iba a protestar contra el racismo desarmado. Democracia Nacional, el partido neonazi que había convocado la manifestación racista, se desvinculó inmediatamente de Josué y del asesinato. Negaron que el militar perteneciera a su partido e incluso que acudiera a la manifestación. Esto provocó que en el entorno neonazi se acusase a Democracia Nacional de traidores y de dejar abandonado a un «héroe», que fue como lo calificaron varios de sus camaradas.

La misma tarde del asesinato, miles de personas llenaron la Puerta del Sol de Madrid durante dos horas en repulsa por el crimen. La policía cargó contra los asistentes cuando terminó el acto, pero no detuvo a nadie. Al día siguiente se convocó una reunión abierta en La Traba, a la que asistieron unas cuatrocientas personas, todavía en shock por lo sucedido. Rabia, tristeza, indignación, desconcierto… Una especie de catarsis entre quienes habían presenciado el asesinato, sus compañeros y amigos, vecinos, militantes de diferentes organizaciones que se ponían a disposición de lo que se acordase… Esa misma semana, la Delegación del Gobierno en Madrid había autorizado otro acto neonazi, esta vez de Alianza Nacional. Por otro lado, las jornadas antifascistas previstas para todo el mes seguían en el aire. Había que decidir qué hacer con todo esto, con un nuevo escenario y un antifascista asesinado. El caso de Carlos tuvo especial relevancia dentro de esta generación de militantes antifascistas, pues era la primera vez que un activista era asesinado durante una acción política. Además, delante de muchos de sus compañeros.

Entre los asistentes a la asamblea abierta se coló algún periodista. Al día siguiente, Quico Alsedo y Luigi B. Borges firmaron una noticia en El Mundo que titularon «Un muerto se paga con otro muerto», que supuestamente era una frase que alguien había lanzado en la asamblea. Este titular sensacionalista arrancado en medio de tanto dolor apuntalaba el eterno relato oficial equidistante de las tribus urbanas enfrentadas o de los radicales de uno y otro signo, lo mismo que hemos visto que sucedió en el caso de Guillem Agulló y otros. La información de El Mundo recogía dos posturas enfrentadas en la asamblea: una pedía acción directa y confrontación, y otra pedía precaución y calma.

La veteranía puso cierta sensatez, por boca de un antifascista de barba: «Ha muerto un compañero y estamos jodidos, pero es una ocasión única: poder explicar a nuestras madres, a nuestros compañeros de trabajo, que nos están matando por defender la igualdad, porque nadie se crea superior por ser blanco o por haber nacido aquí».

Los moderados hacían hincapié en que «la opinión pública tiene que pensar que esto no es una pelea entre bandas, que está en juego la igualdad», pero las llamadas a la «valentía» de los radicales, muchos de ellos con la cabeza rapada, generaban explosiones de entusiasmo.[81]

No fue la primera vez ni la última que un periodista se colaba en un acto o una asamblea del movimiento antifascista. Ante el músculo que empezó a demostrar el antifascismo en todo el Estado español, la prensa comenzó a «interesarse» por este movimiento social que cada vez se extendía a más ciudades y había pasado de recibir los golpes de los neonazis a plantarles cara, demostrando una enorme capacidad de movilización.

Unos meses antes del asesinato de Carlos, se había puesto en marcha el primer proyecto de coordinación estatal de los colectivos antifascistas de varias ciudades, concretamente Salamanca, Madrid, Barcelona, Bilbao, Valladolid, Guadalajara, Málaga, València, Segovia y Zaragoza, que eran los más activos.

La coordinación estatal se volcó en la campaña por Carlos hasta pasado el juicio. Los días previos a su celebración, se tiñeron numerosas fuentes de todo el Estado de color rojo; se realizaron actividades y campañas de apoyo a los múltiples episodios represivos contra algunos de los colectivos y militantes de distintas ciudades; y se realizaron al menos un par de encuentros, el primero en Madrid en 2008 y el segundo en Zaragoza un año después. Casos como el del 4F en Barcelona, la persecución contra el RASH en Málaga, el intento de ilegalización de la Coordinadora Antifascista de Madrid, entre otros asuntos, motivaron un repliegue de fuerzas para centrarse en lo local y el proyecto estatal se dejó en stand by; eso sí, se mantuvieron los contactos para determinados asuntos y el intercambio de información fue constante.

Nora explica cómo se vivieron esos días:

Hay mucho miedo, mucha prudencia, incluso algunos sectores más reformistas de la izquierda se acercaron a las asambleas con la intención de desmovilizar. Teníamos previstas concentraciones por las jornadas antifascistas, huelgas, protestas contra otros actos nazis y la manifestación del 20N pocos días después. Decidimos seguir adelante a pesar de todo.

Sin embargo, la Delegación del Gobierno decide ilegalizar todos los actos antifascistas y permitir las convocatorias de los grupos nazis y fascistas.

Elena recuerda:

Recurrimos hasta al Supremo, cambiamos el lema, tratamos de hacerlo a través de otros colectivos, pero nada. Nos ilegalizaron todo durante varios meses.

Aun así, se decidió seguir adelante y sortear la prohibición estableciendo dos marcas distintas: Madrid Antifa para las convocatorias antifascistas, y Compañeros y Amigos de Carlos para todo lo relacionado con este caso.

La Delegación del Gobierno incluso se puso en contacto para convencernos de que no hiciésemos los actos. Soledad Mestre, del Gobierno de Zapatero, nos llamaba a nuestros teléfonos personales.

Pero les contestamos que el 20N se iba a hacer y no había más que hablar.

La protesta pretendía llegar a Legazpi, que era la estación de metro en la que unos días antes había sido asesinado Carlos. Querían colocar una placa de recuerdo. Se preveía que sería multitudinaria y no había ninguna intención de suspenderla, pese a la insistencia de las autoridades.

La estrategia fue convocar en Atocha, un espacio amplio, para sortear así los controles policiales.

Estaba tomado por la policía. Te cacheaban por todas partes y había antidisturbios de otras ciudades desplazados a Madrid.

Mientras el grupo convocante permanecía en Atocha a modo de distracción, otros grupos habían preparado su llegada a Legazpi por otras calles.

Empezaron a aparecer miles de personas por todas las calles alrededor de Legazpi. La policía se vio desbordada. Cargaban, pero la gente se reagrupaba. Incluso había inhibidores de frecuencia para anular las comunicaciones telefónicas. Hubo unas tres manifestaciones paralelas de tanta gente que había, hasta que se la mayoría se consiguieron reunir en Legazpi para colocar la placa.

En mitad de la calle se situaron los antidisturbios, aparentemente con la intención de cargar contra los miles de personas que habían sorteado los controles. Un grupo de manifestantes se agarró entonces de los brazos, interponiéndose entre el cordón policial y el edificio contiguo a la boca del metro donde se estaba colgando la placa en memoria de Carlos. Luego se leyó un comunicado, como estaba previsto. La emoción, los nervios y la rabia se mezclaban. Fue una tarde agitada de carreras y cargas policiales, pero con el alivio de conseguir lo que se pretendía, pese a los esfuerzos de la Delegación del Gobierno y la policía por impedirlo.

Las Jornadas Antifascistas terminaban aquel día en el CSO La Traba, donde Los Chikos del Maíz actuaron ante miles de personas. Nora concluye:

Fue un subidón. Con organización, coordinación y con todo el mundo arriba, ya pueden traer a todos los antidisturbios que quieran, que las cosas se hacen.

Nora y Elena destacan el papel que tuvo desde el principio Mavi Muñoz, la madre de Carlos. A pesar de que los medios de comunicación intentaron criminalizar el antifascismo y la invitaban a todo tipo de programas sensacionalistas, ella siempre se mostró orgullosa de su hijo y de su compromiso antifascista. Nora remarca:

Dio la cara por nosotros. Decía que éramos su gente, los amigos de su hijo, y acudía a todas las manifestaciones, a todos los actos.

Ella y un grupo de madres de otros activistas antifascistas crearon la Asociación de Víctimas del Fascismo y posteriormente Madres Contra la Represión. Desde entonces, acompañaron a los jóvenes en las protestas.

Se ponían en primera fila, rompiendo el estereotipo de los chavales de negro encapuchados. La gente también empieza a dar la cara, a mostrar su rostro, diciendo: «Aquí estamos. Somos nosotras, somos antifascistas y esto es política, no una tribu urbana». Nos dio una fuerza increíble que salieran las madres a dar la cara en un momento en el que han matado a un compañero y los medios te criminalizan y estás constantemente vigilado. Estábamos anímicamente hundidos, pero Mavi tiró de todos nosotros. Si esta mujer a la que acaban de matar un hijo sigue adelante, ¿cómo no vamos a seguir nosotras?

Madrid Antifa dio un paso significativo y comenzó a dar ruedas de prensa y atender a los medios dando la cara. Hasta ese momento, pocos movimientos sociales, y menos aún los que estaban en el punto de mira de los grupos neonazis, se atrevían a mostrar el rostro de sus militantes. No se confiaba en los medios, que siempre buscaban el sensacionalismo, el estereotipo y la criminalización. Esto se debatió a lo largo de los años en la mayoría de los colectivos antifascistas del Estado y todavía es un tema que provoca discrepancias. En Madrid, tras el asesinato de Carlos, se decidió que se intentaría insertar el relato propio como fuera, ya que todos los medios hablaban del tema y, si no se daba información, dirían lo que quisieran. Los medios seguían contando lo que les convenía, pero muchas veces se logró colar el mensaje y esquivar la caricaturización y la criminalización habituales.

Estábamos rotas, pero solo nos teníamos las unas a las otras. Aprendimos mucho, dejamos los debates estériles para la barra del bar y echamos adelante limando asperezas, superando sectarismos… Carlos podría haber sido cualquiera de nosotros. Vivíamos en tensión todos los fines de semana, pero sabías que había gente que iba a dar la vida por ti. ¿Hizo falta llegar a este punto para darnos cuenta? Viéndolo en perspectiva, analizas cómo llegamos a esos niveles de movilización, que a la vez eran por la supervivencia. Vimos que eran capaces de todo contra nosotros: de matar, de detener, de criminalizar… Sin embargo, logramos legitimar el antifascismo a pesar de la criminalización y conseguimos parar muchos de los actos neonazis. Sabían que, si convocaban, habría respuesta y siempre tenían que ir protegidos por la policía. Adoptamos esa posición, no rebajamos el discurso ni la acción. No dejamos de convocar contra la extrema derecha.

La fuerza que tomó el movimiento inquietó a las autoridades. La misma Mavi contó en alguna entrevista que el entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, la llamó para mostrarle su apoyo e incluso llegó a afirmar que Carlos «era uno de los nuestros», pero mientras tanto prohibía las protestas antifascistas, claro. Por su parte, la ONG Movimiento Contra la Intolerancia (MCI), que se presentó como acusación popular en el caso de Carlos, trató de domesticar o resignificar el antifascismo adoptando el discurso de los medios y del poder que señalaba a «los antisistema», a los «antifascistas malos» que se enfrentaban a los nazis y a la policía. Tuvo su momento cumbre en el reportaje en Telecinco de Diario de… titulado «Los extremos se odian», que equiparaba a los antifascistas con los neonazis y hablaba de tribus urbanas, violencia juvenil y hasta de kale borroka. Esteban Ibarra, presidente del MCI, aparecía con Mercedes Milà reivindicándose como antifascista, un papel que ya había jugado en otros casos anteriores, como en el asesinato de Richard en Costa Polvoranca unos años antes. Nora explica el clima que se vivió aquellos años.

El nivel político y de movilización dentro de la Coordinadora Antifascista era brutal. Nada que ver con el cliché que se difundía sobre el movimiento. Lo mismo sucedía en otras ciudades, incluso en otros países, donde se hicieron numerosas campañas por Carlos. Hubo un auge global del antifascismo, aunque no fuese solo por Carlos, pero este tema sirvió de nexo. Todo lo que se construyó, todo ese apoyo… Aquí en Madrid, ese duelo que a través de la militancia y de vivirlo colectivamente, haciendo algo constructivo en uno de los momentos más jodidos de nuestras vidas, fue brutal. Conseguimos demostrar que esto no era una pelea de bandas, como se vio finalmente en el juicio. Era un verdadero movimiento político. El objetivo era ganarle el discurso al poder, a la prensa. Lo conseguimos, sobre todo a partir de que se publicara el vídeo del asesinato de Carlos en El País (el 9 de mayo de 2009), en el que se ve claramente la sangre fría con la que Josué apuñala a Carlos sin que hubiese pelea previa.[82]

Mientras, los neonazis observaban atentamente los movimientos del antifascismo, la repercusión del asesinato y cómo el Estado y los medios trataban de contenerlos. Estuvieron unos meses tranquilos, conscientes de que había mucha rabia y mucho músculo antifascista y les convenía mantener cierta distancia y discreción. Sin embargo, la calma tensa duró poco. A los pocos meses del crimen, ya en 2008, los nazis volvieron a las andadas. El 28 de febrero de 2008, un partido recién creado por viejas glorias del neonazismo madrileño, Nación y Revolución (NyR), convocó un acto electoral en Tirso de Molina.

La policía tomó la plaza horas antes del acto. Un reducido grupo de neonazis permaneció en la boca del metro hasta que los agentes despejaron la zona. Al mismo tiempo, cientos de antifascistas, muchos de ellos vecinos de Lavapiés de origen migrante, tomaban las calles adyacentes y rodeaban la plaza. Los neonazis salieron del metro rodeados por un amplio dispositivo de antidisturbios, agitaron las banderas y lanzaron varios gritos. La batalla campal empezó y la policía se vio absolutamente desbordada. Cientos de personas rodearon a los neonazis, formaron barricadas y trataron de romper el dispositivo policial que los protegía. Tal y como se puede ver todavía en los vídeos que circulan por la red,[83] los nazis se vieron atrapados y, protegidos en todo momento por las balas de goma de la policía, tan solo desfilaron unos metros. En uno de los vídeos se les escucha gritar: «Inmigrantes maleantes. Menos locutorios y más crematorios Sieg Heil!».[84] La contienda se saldó con ocho antifascistas detenidos y otro que perdió la visión de un ojo por impacto de una bala de goma de la policía. La agencia EFE recogió la opinión de las asociaciones de vecinos sobre lo sucedido.

Los vecinos ya habían advertido del peligro.

La Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM) y la asociación vecinal La Corrala de Lavapiés habían solicitado que no se autorizase la concentración ultraderechista convocada para las 20.30 horas en la plaza de Tirso de Molina por el partido Nación y Revolución para evitar problemas de «inseguridad», debido a que el 40 por ciento de la población de la zona es inmigrante.

Las dos entidades aseguraban no entender que la Junta Electoral Central diese el visto bueno a un acto promovido por una organización «abiertamente racista y xenófoba» que podría causar «graves problemas de seguridad ciudadana». Las asociaciones vecinales solicitaban a la Junta Electoral que rectificase su postura y prohibiese finalmente una actividad en la que temían que se instigase a «la violencia y el odio racial».

Las dos entidades habían advertido de que la actividad de grupos como Nación y Revolución alienta «el racismo, el fascismo y la xenofobia» y es una «amenaza para la convivencia pacífica de los vecinos de los barrios de Madrid».

Tanto la FRAVM como La Corrala defienden barrios «donde haya lugar para personas de todas las culturas, etnias y procedencias».[85]

La batalla de Tirso inauguró una nueva etapa de confrontación que iría in crescendo durante todo el año 2008. Los neonazis pretendían arrebatar la hegemonía de las calles al antifascismo, demostrar que, a pesar de haber matado a un antifascista, seguían ahí, orgullosos de ello y dispuestos a lo que hiciese falta para destruir a aquellos que, desde hacía años, los habían condenado a esconderse en sus madrigueras y andar siempre con pies de plomo. La ofensiva antifascista ya había hecho saltar varias alarmas. Tras un chorro de reportajes y noticias que intentaban criminalizar al movimiento antifascista equiparándolo con los neonazis, la organización ultraderechista Manos Limpias pidió la ilegalización de la CAM.[86]

La periodista Mercedes Milà aportó su granito de arena con el programa Diario de… titulado «Los extremos se odian».

El reportaje, que seguía la línea de Diario de un skin, emitido unos años antes, mostraba varios lugares y actos en los que se reunían los antifascistas —conciertos, manifestaciones, tiendas…— bajo una pátina de misterio y morbo, a pesar de que eran lugares y actos públicos a los que se podía acceder sin ningún problema. Se intercalaban imágenes de la manifestación de Tirso de Molina con Esteban Ibarra y Mercedes Milà condenando los disturbios y afirmando que los antifascistas que habían protagonizado la contramanifestación eran «antisistema» y que eso no era antifascismo. También se entrevistaba a un neonazi con el rostro cubierto que denunciaba «la violencia de los antifascistas» y mencionaba el asalto a un local el que se reivindicaba al asesino de Carlos, se vendía lotería para apoyarle y se reunían algunos neonazis de los más veteranos. Varios neonazis habían sido heridos en esa acción. También en el boicot a un torneo de fútbol organizado por los neonazis de Combat España en el barrio de San Blas en junio de ese mismo año, que fue asaltado por una veintena de antifascistas. El antifascismo no había dado tregua a los nazis desde que asesinaron a Carlos. El programa de Mercedes Milà brindó a los neonazis la oportunidad de presentarse como víctimas y reafirmaba el relato de bandas juveniles y tribus urbanas. Todos eran iguales.

Mavi participó en el reportaje, porque siempre había atendido a los medios. La persuadirían para que interviniese como suele hacer la televisión: que si somos conscientes de la pérdida que has sufrido y queremos ayudarte, que vamos a retratar a esos malvados nazis y tu testimonio será muy valioso, que ya verás cómo esto ayuda de cara al juicio y todo el repertorio habitual. Al final, aquel 19 de junio vimos en televisión una nueva puñalada. Mavi no se calló y al día siguiente publicó una carta titulada «¿Dónde está mi entrevista?» en la que mostraba su indignación con el reportaje.

[…] Me siento totalmente engañada (no manipulada), porque tengo que reconocer que nada referente a mi entrevista fue manipulado, simplemente CORTADO, VETADO, INEXISTENTE, por lo que me pregunto yo, ¿DÓNDE DEMONIOS ESTÁ MI ENTREVISTA? ¿DÓNDE ESTÁ LA DEFENSA Y LA DENUNCIA PÚBLICA QUE YO GRABÉ? ¿DÓNDE ESTÁ LA ENTREVISTA QUE HICIERON A LOS AMIGOS DE CARLOS? ¿POR QUÉ INFILTRARON A UNO ENTRE LOS ANTIFASCISTAS? ¿POR QUÉ NO INFILTRARON A OTRO ENTRE LOS NEONAZIS? ¿CÓMO PUEDEN SACAR LA ENTREVISTA DE UN IMPRESENTABLE COMO ESE ABOGADO, PERTENECIENTE A NACIÓN Y REVOLUCIÓN, Y PERMITIRLE QUE DIGA ESA CANTIDAD DE BARBARIDADES Y NO TENER HUEVOS PARA DECIRLE MENTIROSO EN SU CARA? Ahora, después de analizar un poco, veo la realidad. MI ENTREVISTA NO ERA PROCEDENTE QUE SALIESE, ERA DEMASIADO PELIGROSA, PUESTO QUE INCULPABA AL GOBIERNO, DELEGACIÓN DE GOBIERNO, TRIBUNAL SUPREMO… En esa entrevista clara y abiertamente criminalizaba a los nazis, y a sus defensores que los apoyan y dan cobertura para que sigan realizando sus matanzas, en esa entrevista claramente dije que eran LOS SICARIOS DE LOS QUE ESTÁN EN EL PODER, y por ello no les interesa ilegalizarlos ni criminalizarlos, porque son los que hacen el trabajo sucio de los señores que salen con sus cortes a navaja de pelo y sus bonitos trajes… ¿Por qué no sale mi denuncia pública, que dirijo directamente al ministro del Interior, señor Rubalcaba, cuando en el primer mes todo fueron buenas palabritas pero total incumplimiento de ellas?

La Coordinadora Antifascista de Madrid también mostró su indignación con el reportaje en un comunicado titulado «Desarticular la estrategia aislacionista de los medios de comunicación contra el antifascismo». En él se recordaba la campaña mediática de criminalización del movimiento desde el asesinato de Carlos y la permisividad de las autoridades, que autorizaban todos los actos nazis y prohibían todas las convocatorias antifascistas.

«Yo también soy antifascista», decían alegremente Mercedes Milà y Esteban Ibarra el pasado 19 de junio en el programa basura Diario de… Los extremos se odian. Es decir, ponían sobre la mesa la existencia de un supuesto antifascismo democrático, que reivindica valores solidarios, pero siendo respetuoso con el sistema capitalista y sobre todo «sin usar la violencia». Con este argumento pretendían trazar una línea divisoria entre el antifascismo demócrata y el antifascismo violento. Según esta tesis, el supuesto empleo de la violencia es el método básico que iguala a antifascistas con los fascistas, utilizando ambos grupos formas de expresión igualmente «radicales» y «extremas».

El objetivo de insistir con esta argumentación es el de aislar socialmente al movimiento antifascista real, al que lucha en la calle porque entiende que el fascismo es una herramienta del capitalismo para amedrentar a los sectores sociales en lucha por los derechos básicos de las personas y que entiende, además, que no es democrático el sistema que privatiza la sanidad, que mercantiliza la educación, que precariza el trabajo, que vive junto a las mafias inmobiliarias y junto a la corrupción institucional. Es decir, no existe un antifascismo «democrático» que no combate el sistema capitalista ni planta cara a sus guardianes callejeros: los nazis.[87]

El verano de 2008, poco después de aquel reportaje, los fines de semana se sucedieron varios ataques contra el CSO La Traba, centro de operaciones del antifascismo madrileño. El 12 de julio, cuatro neonazis se presentaron en el centro social armados con navajas y porras extensibles. El 24 de julio, cinco neonazis lanzaron piedras contra los cristales e intentaron reventar la puerta para acceder al edificio. El 5 de agosto, un grupo de nazis armados con cadenas y porras atacó de nuevo el centro social. Tras intentar repetidamente asaltar el local a lo largo de un mes y alguna que otra respuesta a sus ataques, el 6 de agosto un grupo de neonazis intenta quemar el local con gente en su interior. Así lo explicaba en un comunicado la asamblea de La Traba:

«Los nazis eran conscientes de que había gente dentro, buscaban víctimas. Por suerte nos despertamos antes de que el fuego se extendiese y conseguimos apagarlo a tiempo, evitando que alcanzara materiales inflamables o afectara a los cables de la luz. El denso humo también ha podido fácilmente provocar males mayores si no fuera por la rapidez con la que hemos reaccionado, era muy difícil respirar», subrayan desde el CSO. El fuego, avivado con gasolina, fue prendido en la puerta principal y no ha afectado a la estructura del edificio.[88]

Pocos días después del incendio, Soledad Mestre, delegada del Gobierno, aseguró que incrementaría el control policial en la zona para evitar más ataques neonazis. Aunque estos pararon por un tiempo, el CSO La Traba recibió otra visita la noche del 27 de agosto. Un coche patrulla de la Policía Nacional pasó por delante del centro social y saludó de esta manera a los antifascistas con el megáfono del vehículo: «¡Buenas noches, guarros! ¡Guarros, arriba!». Una cámara captó el momento y varios medios de comunicación se hicieron eco de lo sucedido.[89] No hubo ningún tipo de explicación ni se sancionó a aquellos agentes de policía que usaban las mismas palabras que los neonazis que habían atacado varias veces La Traba aquellos meses.

Durante más de un año, varias personas realizaron turnos de vigilancia todas las noches para prevenir los ataques neonazis. Posiblemente, eso les salvó la vida. También vigilaban la placa de homenaje a Carlos que se había colocado en Legazpi, ya que los neonazis la atacaron varias veces. Una vez incluso la robaron, pero la policía la recuperó en el maletero del coche de un neonazi que fue detenido por otro altercado.

La mayor provocación de los neonazis tuvo lugar al año siguiente (2009) en el barrio de Vallecas. El nuevo partido político neonazi Movimiento Patriota Socialista (MPS), detrás del cual había viejos conocidos de otros grupos neonazis y ultras de fútbol, llamaron a sus camaradas de todo el Estado a que se manifestaran en Vallecas «contra la crisis».[90] Su intención era hacer acto de presencia en un barrio emblemático para el antifascismo, igual que había hecho unos meses antes Nación y Revolución en Tirso de Molina. También influía que Carlos Palomino era de Vallecas. De nuevo, la Delegación del Gobierno concedió permiso a la manifestación y, como siempre, dispuso un amplio dispositivo policial para proteger a los neonazis y ahuyentar a los antifascistas. De nada sirvieron las quejas de los vecinos, de varias ONG y de la asociación que lideraba la madre de Carlos. Es más, ese mismo día Alianza Nacional convocó un acto por la mañana en Ciudad Lineal que también fue autorizado. La elección de la fecha no fue casualidad. Ese 28 de marzo se celebraba un partido de fútbol entre España y Turquía, la excusa perfecta para que neonazis de otras ciudades se acercasen a Madrid a disfrutar una jornada completa de actividades.

Tampoco sirvió de nada que varias ONG alertaran de los mensajes que se vertían aquellos días en los foros ultras.

Este sábado todos sabemos cuál es el enemigo: el turco, el gitano, el kebab de la esquina.[91]

No era la primera vez que la extrema derecha convocaba en un lugar en el que sabía que habría respuesta, pero tenía permiso de la Delegación del Gobierno y la policía los protegería. Con esta estrategia consigue principalmente dos objetivos: publicidad por desfilar por «territorio enemigo» (aunque sea con la protección de cientos de policías) y represión contra sus oponentes, con las consecuencias que ello supone para el movimiento. Aquella tarde, veinticinco antifascistas fueron detenidos tras varias horas de disturbios. Los convocantes de la protesta antifascista explicaron así los hechos:

Lejos de los supuestos motivos por los cuales iban a realizar su manifestación, es decir contra la crisis económica, se han dedicado a corear lemas insultantes y ofensivos hacia Carlos Palomino. Lemas como: «Carlos, pardillo, devuélvenos el cuchillo», «Josué libertad», «Seig Heil» y «Vallecas será la cuna del fascismo», entre otros. Esto demuestra que el objetivo de la manifestación fascista no era otro que acudir al barrio donde nació Carlos y provocar tanto a su madre como a los vecinos y compañeros vallekanos que ya salieron masivamente a la calle para repudiar su asesinato.

[…] La Asociación de Víctimas del Fascismo y otras organizaciones ya avisaron de que la legalización de actos fascistas y la presencia neonazi en Vallecas podrían provocar agresiones y repetirse situaciones como el asesinato de Carlos el 11 de noviembre de 2007. El PSOE y la Delegación de Gobierno han hecho caso omiso a estas advertencias, ya que a las 15.00 horas del sábado 28 de marzo cuatro nazis dieron una paliza a un joven por su estética junto a El Corte Inglés de Méndez Álvaro, que no fue a más por la ayuda de los transeúntes que pasaban por allí. Asimismo, sobre las 17.30 horas en Entrevías un grupo de cinco nazis agredieron a una chica e intentaron grabarle una esvástica en la cara con una navaja.

Tras varias cargas policiales contra la protesta antifascista, la madre de Carlos Palomino consiguió reagruparse con más gente en el Puente de Vallecas, a muy pocos metros de la manifestación. Entonces un grupo de neonazis rompió el cordón policial y cambió el rumbo de la marcha para dirigirse hacia ella. «Me reconocieron y vinieron a insultarme y a reírse de mí y de mi hijo asesinado», explicó luego Mavi. El portal de contrainformación La Haine y el colectivo La Plataforma relataron minuto a minuto la protesta y documentaron los hechos con vídeos y fotos[92] en los que se podía observar a varios neonazis desfilando con cascos reglamentarios de la Policía Nacional y palos de madera. Sí, cascos de policía. Algunos de los nazis tenían familiares o amigos en el cuerpo y habían tomado prestado el casco reglamentario para exhibirlo durante aquella manifestación.

Dieciocho de los veinticinco antifascistas detenidos se enfrentaron posteriormente a peticiones de cárcel de hasta siete años y multas que superaban los cien mil euros.[93] Los neonazis consiguieron su objetivo gracias a la Delegación del Gobierno: desfilar por el barrio, insultar a una víctima, a su madre y a sus amigos, y provocar la detención de varios antifascistas. Pocos días después, una veintena de antifascistas ocupó la sede del PSOE de Vallecas como protesta por las detenciones y la complicidad de la Delegación del Gobierno con los neonazis.[94] Los encerrados consideraban que el PSOE «legitima y dota a estos grupos neonazis de estructuras, silencia las agresiones y los asesinatos racistas y pone en funcionamiento controles racistas para deportar a inmigrantes». «Nos hemos visto obligados a actuar ante la complicidad absoluta y descarada del PSOE y la policía con los grupos neonazis», concluyeron.

El juicio por el asesinato de Carlos se celebró a mediados de septiembre de 2009. Todos los días, compañeros de Carlos se concentraban frente a la Audiencia Provincial de Madrid para recordarlo y exigir justicia. Josué, el asesino, negó que tuviera ideas nazis y que fuera a la manifestación de DN. Cuando Erlantz Ibarrondo, abogado de la familia de Carlos, le preguntó lo que él entendía por ser patriota, aseguró que solo era alegrarse cuando ganaba la selección española. Por otro lado, los neonazis llevaban reivindicando el crimen y mostrando su apoyo a Josué desde el principio. Eso sí, ninguno de ellos tuvo valor para acudir al juicio.

La sentencia se conoció un mes después: veintiséis años de prisión por asesinato con el agravante de discriminación ideológica. Se cerraba así una etapa que había durado dos años y había servido para reestructurar y estimular el movimiento antifascista madrileño.

Las dos militantes Nora y Elena resumen:

La Traba y todo lo que se coció entonces supusieron un muy buen trabajo que acercó el antifascismo a los barrios y los barrios al antifascismo. Acercamos a nuestra gente a las luchas de barrio al mismo tiempo que descentralizamos nuestra actividad. Madrid Antifa se disolvió, dando por concluida una etapa, pero la Coordinadora Antifascista se mantuvo y se estimuló el relevo generacional con el trabajo en los barrios. Esto dio un gran impulso a la militancia. Poco después, llega el 15M y los chavales empezaron a formarse en todas las luchas de entonces, pero sin perder nunca el eje antifascista.

Desde entonces, cada año se recuerda a Carlos el día del aniversario de su asesinato con una manifestación que llega hasta el metro de Legazpi, y siguen celebrándose las jornadas antifascistas de la CAM cada mes de noviembre. En 2017, cuando se cumplieron diez años del crimen, estas jornadas reunieron a familiares de otras víctimas de grupos neonazis de varios países. Junto a Mavi, la madre de Carlos, acudieron familiares y amigos de Clément Meric (Francia), Dax y Renato (Italia), Pavlos Fyssas (Grecia), Roger (Barcelona), Richar y Santi (Madrid), así como de Carlo Giuliani, asesinado por un policía en las protestas antiglobalización de Génova en 2001, y de Iñigo Cabacas, hincha del Athletic Club de Bilbao muerto por un disparo de bala de goma de la policía en 2012.

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