A blind proposal I (Continuación)
Eri1305
Para Junna, esa estaba siendo la peor semana de su vida. Iban ya cuatro días desde ello e intentaba seguir con su vida, pero cada mañana tenía mínimo cinco llamadas desde el número de Nana, tampoco la entendía ¿Porque seguía buscándola después de que le confesó eso? ¿Estaría esperando que la perdonase? Le sonaba descabellado.
Aquel lunes decidió ir al teatro, estaban en días de practicar los guiones, por lo que ella no solía hacer mucho esos días, confiaba en la capacidad de sus actores, y la guionista trabajaba con ellos constantemente. Por lo que, fue solo a distraerse, eran alrededor de las cinco de la tarde, cuando salió del teatro, fue la última en salir, y caminó a casa pensando en la rubia.
Trató todo el día de no pensar en Nana, incluso se sumó a las prácticas de los guiones, aunque no estuviera participando más que como directora en esa obra. Aunque había solicitado un reemplazo temporal porque pronto sería su operación, así que el trabajo estaría en manos de alguien más.
Frunció el ceño al escuchar las notificaciones de su teléfono sonar, no había querido bloquearla porque le parecía un poco infantil, esperaba que ella entendiera que no le respondería más, sin embargo, cada hora puntualmente recibía un mensaje, nunca entraba al chat, pero a veces leía algunos de ellos por las notificaciones, otras veces simplemente las eliminaba. Al ver la notificación leyó "Junna-chan por favor ¿Dónde estás? Hablemos de esto..."
Frunciendo el ceño enojada por el mensaje, apagó la pantalla dispuesta a guardarlo, pero sonó otra notificación, encendió la pantalla nuevamente "Junna-chan, por favor, he ido incluso a casa de tus padres, sé que no estás ahí, al menos déjame saber que estás bien". Iracunda metió su teléfono en su bolsillo —Si realmente te preocuparas por mí, no habrías sido capaz de hacerme eso. Idiota. Deja de buscarme. Déjame en paz.
El resto del camino a casa estuvo completamente, irritada, a llegar y encontrar el departamento vacío, imaginó que Mahiru aún no había salido de la emisora y por ende, Suzu estaría esperándola, estaba sola. Encendió las luces, se quitó los zapatos y tiró su teléfono al sofá una vez llegó hasta él.
Molesta empezó a hablar consigo misma —Es una idiota —Estaba enojada con ella, por mentirle, por ocultarle cosas, por traicionarla —¡Como fuiste capaz de hacerme esto! — Su respiración se estaba agitando —Tantas noches que esperé por ti, tanto tiempo junto a ti, y eres capaz de traicionarme —Su voz empezó a romperse —Quisiera poder olvidarte — Lágrimas empezaron a fluir de sus ojos, por lo que tuvo que quitarse los lentes.
Tratando de detener sus lágrimas gritó molesta —¡Quisiera odiarte! — sin poder soportarlo más se dejó caer en el sofá de la sala, subió sus pies al sofá y se abrazó a sí misma. De alguna forma la habitación se sentía fría, las luces de Tokio que podía ver desde el ventanal, que estaba junto al sofá, eran tan opacas. Su llanto ganaba intensidad mientras se abrazaba aún más a si misma, intentando no sentirse tan sola.
Cerró los ojos un momento imaginando que ella estaba ahí, que la abrazaba como lo hizo siempre que estuvo triste, quería imaginar que estaba junto a ella, sin embargo, sabía que estaba sola. Repentinamente sintió unos brazos envolverse a su alrededor y aún con los ojos cerrados reconoció el aroma del perfume de Mahiru, recostándose contra ella se abrazó llorando.
En un susurro, mientras acariciaba su cabello Mahiru le dijo —Tranquila, todo va a estar bien.
Trató de detener su llanto, no le gustaba mostrar sus debilidades, pero le era imposible. Estuvo resistiendo durante cuatro días que eso sucediera, hasta ese momento la única persona que la había visto llorar alguna vez era Nana. Empezó a hipar en brazos de Mahiru, ella le seguía susurrando palabras de aliento que solo la hacían sentir peor. Hasta ese momento, no sabía que era capaz de sentirse sola en brazos de alguien más.
Trató de mantener la calma repitiéndose mentalmente que debía detenerse, pero, se notaba que su compañera conocía bien de consolar a otros, porque la abrazó aún más contra su pecho y le susurró —Déjalo salir, Junna-chan.
Al escuchar eso último comenzó a llorar con más ímpetu que antes. Y aferrándose a ella le dijo entre llanto —¿Porque?
Aún en voz baja le respondió —No lo sé — Y como si leyera su mente le dijo —Pero esto no es tu culpa.
Junna aún con la voz rota dejó salir —¿Porque me dejaste de amar? —No era muy consciente de lo que decía, todo estaba brotando de ella de manera incontrolable.
Mahiru soltó un suspiro abrazándola con más fuerza y le respondió sobre su cabeza —No pienses en esas cosas.
—¿Que hice mal? ¿No le bastó mi amor? ¿Qué me hizo falta? — Trató de limpiar sus lágrimas, pero al darse cuenta, Mahiru pasó su pulgar sobre sus mejillas desde atrás, mirándola de lado.
Tratándola de la forma más cariñosa y delicada posible Mahiru trataba de consolarla, recordaba que en su momento consoló a Karen de esa forma y de la misma manera a sus hermanitas cuando tenían una pelea con sus padres. Le dolía ver a su amiga así, le dijo al oído —No has hecho nada mal, ella fue quién no te supo valorar. Eres maravillosa así, Junna-chan, no te hace falta nada.
Su llanto estaba cediendo, ahora solo hipaba en el abrazo, sintiéndose débil del cansancio preguntó —¿Me extrañará ella también? ¿Se sentirá así también? ¿Tendrá este vacío?
Obligando su voz a salir Mahiru le dijo —No lo sé, pero no vale la pena pensar en eso — Recordó cuando las veía felices juntas y sintió tristeza. No podía evitar sentirse afectada al tener a Junna así entre sus brazos. Luchaba con sus impulsos de llorar.
En un hilo de voz susurró —¿Qué tiene ella que no tengo yo?
Mahiru sintió su voz agrietarse y le respondió después de tratar de calmarse —Eres mucho mejor que ella, Junna-chan —En otra situación habría sentido remordimiento de pensar eso, pero en esta, no existía esa posibilidad.
A eso le siguieron unos largos segundos en silencio, cuando Mahiru sintió que dejó de moverse, se dio cuenta que estaba dormida, por lo que la recostó a lo largo del sofá colocando un cojín como su almohada. Esperaría a que Suzu llegase para que la ayudara a llevarla a la cama. Por su parte caminó al baño a lavarse la cara, sin querer había terminado soltando un par de lágrimas.
Una vez llegó Suzu encontró a Junna dormida en el sofá, y a Mahiru comiendo sola en la pequeña mesa. Había llegado tarde porque Mahiru le había pedido que lo hiciera, le había dicho que quería hablar con Hoshimi-san, así que supuso que tenía que darles privacidad, después de quitarse los zapatos se acercó, le dio un beso de saludo, y le preguntó al separarse —¿Qué pasó?
Negando con su cabeza una Mahiru bastante seria le respondió —Fue una noche difícil, es todo.
Suzu la miró directamente y ella le regaló una suave sonrisa, por su expresión supo que había estado llorando, pero decidió no decir nada al respecto. Sentándose junto a ella le dijo —Fue un día complicado en el trabajo. Tuve que sonreír tanto que creo que tengo un calambre en las mejillas.
Riéndose la peli-azul caminó a la pequeña cocina y le dijo empezando a servirle la comida —¿Crees que puedas comer aún con ese calambre?
—Si es tu comida, Mahiru, no importa lo que tenga, siempre voy a querer comerla — su risa suave se mezcló con la de Mahiru, estaban intentando no hacer ruido.
Una vez volvió a la mesa empezaron a comer juntas, hasta que Mahiru le preguntó a Suzu en broma —Oye, estaba pensando ... ya que tienes calambres en las mejillas, no podré darte besos de buenas noches, ¿No?
Suzu se detuvo de comer uno segundo y le dijo con una sonrisa —Estoy curada, tu comida acaba de curarme — Mahiru volvió a reírse y a lo que ella se le sumó. Continuaron bromeando y hablando sobre su día mientras cenaban.
Alrededor de una hora después, Suzu cargó en brazos a Junna hasta la habitación, donde Mahiru la acomodó para dormir. Esta última agradecía todo el ejercicio físico que Suzu hacía para tener esa fuerza.
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Aquel día había sido tranquilo, un martes como cualquier otro, con excepción de que no tenía que ir al teatro y se encontraba en el departamento de Karen y Hikari.
La pelinegra había tenido prácticas para una obra, por lo que en el departamento solo se encontraban la rubia y la castaña. El ambiente era bastante hostil. Kaoruko le había aconsejado tratar de sacarle información a Karen, por lo que, al verla sentada en el sofá frente a la televisión, se sentó junto a ella.
Karen al notarla frunció el ceño enojada y le preguntó —¿Qué haces aquí?
Ella también frunció el entrecejo, Karen parecía verse de alguna forma más madura ahora que solía llevar el cabello suelto, al parecer lo estaba usando así desde que Hikari volvió de Inglaterra, pero ella sabía que, aunque tratara de verse más adulta, era la misma idiota de siempre. Le dolía de alguna manera que su amiga le hablase así y le respondió —Hikari-chan me dijo que me podía quedar aquí.
Parecía realmente irritada solo de tenerla al lado —Sí, pero yo no.
Anne apareció en escena y se acercó a Nana dejándose acariciar, ella le respondió — Creó recordar que el departamento es de Hikari-chan, pero si tuviera que tomar en cuenta tu opinión, también debería hacerlo con la de Anne.
Su teléfono sonó y ella contestó sin mirar quién era, pero al escuchar la voz de Mahiru, se levantó nerviosa del sofá y caminó a la habitación.
Nana sonrió suponiendo que estaba hablando con Mahiru, cuando Karen entró al cuarto, ella fue lo más sigilosamente posible al despacho de Hikari, no sabía porque, pero tenían una oficina ahí para la pelinegra junto a su habitación, en la cual solo había una computadora, un escritorio y dos sillas frente al mismo.
Colocó su oreja contra la pared tratando de oír.
Karen estaba enojada por la presencia de la rubia. Pero al recibir esa llamada esperó que fueran buenas noticias, Mahiru la saludó y ella le preguntó —¿Pasó algo, Mahiru-chan?
—Pues, no mucho, han sido días complicados.
—¿Cómo sigue Junna-chan? ¿Qué tal está ahora que vive con ustedes? — Al darse cuenta de lo que había dicho se reprendió a sí misma, no podía decir eso teniendo al enemigo tan cerca.
—Junna-chan ha estado... Mejor, anoche tuvo un avance.
La puerta del departamento de Karen se estrelló y ella supuso que se trataba de Nana, entonces le dijo a Mahiru —Humm, Nana-chan se está quedando con nosotros un tiempo, así que, ammm, que no te sorprenda si aparece por allá.
—Lo tengo todo bajo control.
Continuaron hablando un rato hasta que Mahiru tuvo que colgar. Karen por su parte decidió salir al parque junto a Anne, confiaba en que Mahiru sabía lo que hacía.
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Nana llegó al departamento de Mahiru en menos de una hora, tocó la puerta bastante desesperada. Ella abrió y le preguntó —¿Qué te trae por aquí, Nana-chan?
Entrando una vez Mahiru se hizo a un lado le preguntó —¿Dónde está ella?
—¿Quién? —Mahiru intentó hacerse la inocente. Pero sabía que Nana estaba al tanto de todo.
—¡Sabes de quién te estoy hablando! ¿Dónde está Junna-chan? —Sonaba completamente enojada, estaba ya desesperada.
Encogiéndose de hombros Mahiru le respondió —No lo sé.
Aún más enojada empezó a abrir todas las puertas que encontraba a su paso buscándola, no estaba en las habitaciones, no estaba en los baños, no estaba en ningún lugar ni tampoco había rastros de ella. Frustrada le preguntó —¿¡Porque estás haciendo esto!? —Sin pensarlo se había acercado a ella un par de pasos.
Mahiru retrocedió al notar como se acercaba de manera amenazante, entendía que estaba enojada y le preguntó —¿Si hubiera sido yo quién te llama de madrugada para decirte que mi novia me ha sido infiel no estarías haciendo lo mismo por mí?
—¡PERO YO NO… —El tono de su teléfono las interrumpió, tenía esperanzas de que Junna le hablase así que lo sacó para responder, su rostro enrojeció de ira al leer el nombre de Hisame.
Mirando a Mahiru pensaba responder, hasta que ella caminó a la puerta abriéndola —Creo que deberías irte.
Contestó la llamada enojada una estuvo en el pasillo a la vez que escuchaba a Mahiru cerrar la puerta—¿¡Que quieres!?
Sorprendida Hisame le contestó —Humm ¿Saber cómo estás? Hace unos días que no sé nada de ti y quisiera saber porque no me has contestado ningún mensaje ¿Pasó algo?
—Pasaron muchas cosas, no podremos vernos durante un tiempo — su enojo seguía presente en su voz.
La voz de Hisame le hizo saber que estaba confundida —¿Por qué estás tan molesta? ¿No me dirás que pasó?
Se subió al ascensor mientras le decía —Es tu culpa.
La duda en Hisame se acrecentó —¿Qué? ¿Qué hice?
Frustrada le contestó —En realidad es mi culpa, pero —apretando los dientes añadió — es más fácil decir que es tu culpa.
Hisame a este punto no entendía nada, así que insistió —¿Pero de que tienes la culpa?
—Junna-chan cree que le estoy siendo infiel contigo —Estaba ya abriendo la puerta del carro, se sentía bastante irritada cada vez que pensaba en ello.
La sorpresa desde el otro lado no se hizo esperar y le preguntó impresionada —¿Qué? ¿Cómo pasó eso?
Encendiendo el carro y colocando el altavoz le respondió —Ella cree que le confesé que tú y yo estamos juntas. Pero fue un mal entendido — trató de excusar su estupidez con lo que solía decirse a sí misma — He estado tan preocupada con lo de la propuesta que simplemente mi cabeza está muy distraída para el resto, así que cuando me preguntó si estaba saliendo contigo le dije sí.
Hisame sabía que no debía, pero no pudo evitar reírse, creía imposible que alguien fuera tan inocente para no entender una pregunta como esa, Nana escuchó su risa y solo pudo molestarse más. La castaña le dijo una vez paro de reír —¿No quieres que hable con ella?
Lo pensó por un minuto, en el cual estuvo en silencio, pero desistiendo le dijo — No, no quiero que vaya a tratarte mal por mi causa, después de todo, yo tengo que aclarar las cosas con ella, pero gracias.
Un poco más preocupada Hisame le preguntó —¿No hay nada que pueda hacer por ti?
Soltó un suspiro —No lo creo. Por ahora mantener la distancia es suficiente. Gracias, Hisame-chan.
Después de despedirse colgaron, ella se mantuvo en silencio con el rostro recostado en el timón del carro, estaba cansada de toda esa situación y empezando a preocuparse, como era que Junna había desaparecido de esa forma, ya había ido a todos los lugares donde creía que podría estar y descartaba el teatro porque para esos días ya debía estar su reemplazo en el mismo, pronto sería su operación.
No podía evitar sentir que todo eso era su culpa, que si hubiera sido más atenta no estaría en esa situación. Sentía que estaba colapsando. Respiró profundo un par de veces para tranquilizarse antes de arrancar con rumbo al departamento de Maya. Tampoco quería ver a Karen.
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