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22/08/2017

Te escribo estas líneas porque después de la noticia que recibimos hoy en la escuela no encuentro todavía la manera más adecuada de reaccionar y expresarte lo que siento. Te escribo para entenderme y para hacerte llegar un abrazo porque, desconozco los motivos de tu decisión pero creo que sos una persona de convicciones y que es irreversible. Siento y lamento que quizás no vuelva a verte y escribiendo es la mejor manera que encuentro de expresarme.

En otra oportunidad te expresé el gusto que sentía de trabajar en la escuela y mi interés por seguir haciéndolo. No te lo conté pero también tengo proyectos y sueños para ese trabajo y eso es de lo más lindo que me pasó en el poco tiempo que llevo en mi profesión. Hoy me doy cuenta que gran parte de esa ilusión fue gracias a tu presencia en San Francisco y a la poca relación que llegué a entablar con vos; hoy se me cayó una pata (quizás la más importante) de esa ilusión. Me doy cuenta cómo uno resignifica los lugares de acuerdo a las personas: cada escuela tiene lo suyo pero el cariño que logré tomarle a San Francisco es gracias a algunas personas con las que me sentí muy cómodo, no sólo en el aspecto laboral, sino también en lo personal y hoy eso parece que aminorara. La calidez que tenés y el afecto que llegué a tenerte fueron el mayor motivo de ese cariño. No pretendo demostrarte por acá cuánta estima y cariño te tenía, eso espero haberlo hecho con mis actitudes (aunque en persona soy bastante más seco de lo que puedo llegar a soltarme escribiendo) es sólo que muchas veces uno no se da cuenta de cuánto quiere, de cuánto bien le hace algo hasta que deja de tenerlo.

Quiero agradecerte porque con tu personalidad y tu paciencia me brindaste herramientas de trabajo y también herramientas para la vida. Herramientas para posicionarme ante la vida y herramientas para pensarme a mí mismo y definirme. Inclusive me hiciste derrumbar algunos prejuicios: yo abjuré del catolicismo al punto que a veces me producía cierto rechazo escuchar hablar de religión; sin embargo, logré entenderlo de otra manera, descubrí que hay personas con las cuales uno puede compartir muchísimo y tener conversaciones muy enriquecedoras más allá de no compartir del todo la religión. En la vida uno va encontrando figuras con las que se identifica y a las que busca parecerse: en mis comienzos de la docencia me desencantaba bastante por las constantes frustraciones pero algunas charlas con vos lograron relajarme un poco y viendo cómo te desenvolvías en la escuela pude entrever otra manera de ser docente, encontrar otro camino por el cual buscar lo que uno quiere.

Sé que nuestra relación no es para nada cercana pero si en algún momento puedo serte de ayuda, así sea prestándote el oído, quiero que sepas que me gustaría estar ahí. Te hago llegar un abrazo --incorpóreo pero enorme, porque no encuentro cómo despedirme-- y todo el afecto que puedas extraer de estas palabras. Ojalá en algún momento, en cualquier otro contexto, podamos volver a cruzarnos. Lo que me tiene tan triste, por lo que me puse tan triste ayer (la diferencia entre el hoy de más arriba y este ayer es porque dicen que con las cartas importantes hay que esperar un día para mandarlas y eso hice) es la conciencia de tu ausencia. Me gustó mucho conocerte, me hizo más feliz. Te voy a extrañar. Muchas gracias y hasta siempre.

23/08/2017