Ánima
II Bestiæ fabulosæ » Canis lupus familiaris
Página 87 de 154
Canis lupus familiaris
Permanecieron de pie junto al coche tomándose el refresco que Sandy les había traído. Mi amo, con la mirada fija en los campos labrados y la botella apoyada sobre su panza redonda e inflada, aprovechó para hablar de la región y de la paz en que vivimos. Volvió a decir que este rincón del mundo es el más bello de toda Norteamérica. Con penosa lentitud, contó las mismas historias, empezando por la de nuestra ciudad, Angola, que aunque fue construida por negros procedentes de África, hoy goza de una economía saludable y de un nivel de vida envidiado por todas las ciudades de Estados Unidos. Sacó a relucir algunas estadísticas, usó palabras oscuras, justificó la ausencia de paro gracias a la tenacidad de la gente de aquí, a su fe inquebrantable en Dios y a su voluntad de permanecer fieles a los valores de nuestros ancestros, que llegaron en condiciones lamentables y fundaron este país que no era nada antes de ellos, absolutamente nada, vacío y virgen, primitivo, maldito, pues fue la tierra que Dios legó a Caín cuando asesinó a su hermano. Ha insistido en lo mucho que su corazón se aflige cuando piensa en los humanos de países lejanos y bárbaros, Arabia en particular, que avanzan a ciegas hacia las llamas del infierno porque no han tenido la suerte de nacer y vivir en un país protegido por la mano de Dios: Pero todos los días rezamos por ellos y por la salvación de sus almas… Cada cual merece lo que recibe, creyó oportuno añadir, porque en este valle de lágrimas, y especialmente en Norteamérica, cualquier persona, venga de donde venga, con buena voluntad, talento y carácter, puede llevar a cabo lo que se proponga, convertirse en propietario de su casa, de su parcela y educar a sus hijos en paz y con toda seguridad. Y para terminar dijo lo que siempre dice al final de sus interminables peroratas: As I always say, happiness is a muscle… To develop it you have to go to the gym… In the United States, the gym is your family, your community, your church, your country and your car.
A veces me entran ganas de morderlo, pero los daños serían incalculables. Yo al que quería era a su padre. Hablaba poco. Me sentaba a menudo a su lado. Me llevaba de paseo en el coche. De él, en cambio, no me fío. No me extrañaría que el día en que le parezca demasiado viejo o demasiado inútil, me mate igual que ahora me halaga y me acaricia.
El hombre esperó a que mi amo escupiera todas las palabras que tenía en la boca. Mi amo parecía feliz. Mucho antes de ver aparecer al forastero al final de la carretera, sacó el coche del garaje y se pasó la mañana lavándolo por fuera y limpiándolo por dentro. A pesar de su voluminosa barriga, hizo todo tipo de flexiones para quitar los residuos acumulados debajo de los asientos, aspirar el polvo, engrasar la carrocería, sacar brillo a los cristales y cepillar el asiento trasero, donde mis pelos han llegado a formar después de tantos paseos un espeso y reluciente vellocino que le hace decir a Sandy que yo soy el único perro tapicero de toda la región.
—So, you need a car?
—I looked in the newspaper and I find your classified.
—It was my father’s car. A 1990 Oldsmobile Ciera. 2.5 liters, 4 cylinders, 190 000 miles. Good running condition, great winter heater, great mileage, no oil leaks, starts every time in hot or cold weather, AM FM cassette radio, the body is good and the undercarriage is good.
—And the price is good too…
—We have to sell ’cause we need space in the garage…
—Can I pay cash?
—Sure!
Se fueron los dos juntos a arreglar los papeles con las autoridades competentes y luego regresaron. A partir de entonces mi amo no dejó de hablar. El hombre lo escuchó sin replicar. Cuando terminó, se metió en el coche y arrancó el motor. El coche se puso en marcha. Se alejó hasta el final de la carretera, llevándose consigo a ese visitante al que tanto me habría gustado seguir, en vez de quedarme en esta casa, junto a un amo como este, que no tiene de amo más que el nombre y que cualquier día se deshará de mí.