Ánima

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II Bestiæ fabulosæ » Lampyris noctiluca

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Lampyris noctiluca

Somos una multitud en las inmediaciones del exuberante camino, acurrucadas en los huecos de las piedras o entre el follaje de los matorrales, para proteger nuestra luz. Brillamos lejos de la claridad diurna, lejos de las ciudades y lejos de los humanos. Somos el polvo antiguo de la inocencia olvidada. Aún existimos. Eternamente habrá tinieblas donde poder trazar nuestros evanescentes rayos y eso es algo que durará mientras duren las noches oscuras.

Su desaparición significará nuestra desaparición.

Será el final de los tiempos primitivos.

Ya no habrá nadie para transportar, en la intimidad de los lagos y de los ríos, los brillos fosforescentes que den réplica a las estrellas.

Pero hasta que la luz cegadora no diezme el mundo de las sombras, podremos seguir desgranando nuestro fulgor.

No nos rendiremos. Luciremos.

La persistencia de las luciérnagas teñirá los valles, así como el perro salvaje salvará al hombre desvanecido. Él será su sombra y el otro será su luz. Él lo convertirá en su amo y el hombre lo convertirá en su perro. Nada será capaz de separarlos. Irán el uno al cuidado del otro, el uno tras los pasos del otro, unidos por su destino hasta los confines del mundo y ya no tendrán miedo del miedo a morir.

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