Ánima
I Bestiæ veræ » Columba livia
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Columba livia
El aullido del perro lo ha interrumpido todo.
Sí.
Conjuntamente, obedeciendo al llamado de la prudencia, nos hemos deslizado por las paredes para abandonar las estatuas y cavidades del campanario donde anidamos.
Abriendo las alas, hemos lanzado nuestros cuerpos al vacío.
Sí.
Hemos sobrevolado por el oeste la gran encrucijada, en dirección a los edificios que hay frente a la iglesia, luego, reorientando nuestra curva hacia el norte, hemos rebasado las obras adyacentes al hospital.
Hemos aterrizado sobre el granito nevado de la fuente situada al final del terraplén que divide el gran bulevar en dos partes iguales, en la intersección exacta de la calle de la iglesia.
Desde este nuevo puesto de observación, lo hemos visto subir a un coche.
Sí.