Darkness

Darkness


Sobre la autora

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–Es que no puedo más, mi amor, no puedo con todo esto. No puedo mirarte y no sentir impotencia por no hacerte feliz, por no poder devolverte a nuestro pequeño Jamie.

–Pero no es tu culpa, no es nuestra culpa.

–No podemos seguir así, Annabelle.

– ¿Qué quieres decir?

–Que quiero que seas feliz, y es obvio que conmigo no lo serás.

–Qué… ¿Qué estás diciendo? –Dije tartamudeando, temiendo de sus respuestas.

–Debemos separarnos, Anna.

–No… no, no, tú no puedes estar hablando en serio, no, eso nunca. –Dije a medida que movía mi cabeza en modo de negación.

–Amor…

–No, Donald, tú no puedes dejarme… no puedes… –No pude terminar puesto que un mareo inundó mi cuerpo.

– ¿Estás bien?

–Fue solo un mareo.

–Anna…

–Donald, dime que es mentira, dime que no me dejarás. –Rogué llorando. Él sólo me miraba llorar en silencio.

–No, mi amor, no te dejaré. –Habló por fin.

–Nunca… nunca más vuelvas a decirme algo así.

–Perdóname, estoy enojado, solo digo tonteras.

– ¿Estás enojado conmigo? –Pregunté inocentemente.

–NO, jamás… estoy enojado con la situación, nada más.

–Te amo, Donald.

–Te amo, Annabelle. –Me besó–.Prométeme que pase lo que pase, saldrás adelante.

–Si tú estás conmigo, claro que lo haré.

–Prométemelo.

–Te lo prometo, Donald. –Me tomó entre sus brazos y me hizo el amor como hace tiempo no lo hacía. Me llevó al cielo con sus besos, con sus manos, con su cuerpo. Me volvió la paz estando en sus brazos. Me dormí bien esa noche, aunque el mal presentimiento, jamás abandonó mi ser.

*******

¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! –Un grito desgarrador se escapó de mi garganta en aquella habitación–. No, por favor no. Donald… Donald, háblame… ¿Qué hiciste, mi amor? –Me puse histérica y movía desesperada el cuerpo de mi esposo, la sangre bañaba su traje color turquesa y las lágrimas bañaban insaciables mi rostro angustiado.

 

No podía creer lo que mis ojos veían; hacía sólo un mes que habíamos vuelto a solucionar nuestras cosas y estábamos volviendo a ser felices, al menos eso creía. Pero al parecer todo fue una mentira, una actuación del amor de mi vida para que no descubriera sus verdaderas intenciones, pues ahí, tirado en el suelo, yacía sin vida el cuerpo del líder de Just, mi esposo, el padre de mi hijo, el amor de mi vida… junto a él, la culpable del suceso. Aterradoras ideas comenzaron a invadir mis pensamientos, dejándome guiar solamente por el inmenso dolor que me carcomía el alma.

En estado de shock, perdida, drogada… cogí el arma que se encontraba junto a Donald.

 

No recuerdo el momento en que la policía llegó hasta el lugar, no recuerdo lo que le dijeron, lo que me preguntaron, lo que me inyectaron. Sólo recuerdo aquel día que tuve que ir a reclamar el cuerpo de mi amado esposo a la morgue. La muerte fue catalogada como suicidio y, aunque quería negar ese hecho sabía que era verdad.

 

Un mes entero pasé velando la tumba de él. No ha dejado de llorar desde entonces y aun me pregunto de dónde saco tantas lágrimas para derramar.

Luego de tan larga conversación con aquel hombre que me encontré en el cementerio y del regreso de mi pasado relatándoselo a él, volví a sentir esa opresión en el corazón. Seguía amándolo, seguía doliéndome su partida, seguía “odiándolo” por haber tomado esa decisión de dejarme sola, por haberse rendido.

Decidida a que mi corazón dejara de sufrir, acomodé el arma sobre él y jalé del gatillo.

25

“Nani”

 

Desperté de un salto tras escuchar un estruendoso ruido. Estaba sudada y temerosa.

 

¿Qué había sido tal sonido ensordecedor?

 

La única forma de averiguarlo era saliendo de la cama y, con miedo aun, recorrer los pasillos de la casa de Annabelle.

Desde la muerte de Donald había decidido volver a casa de mi pequeña Anna, sabía que me necesitaba. Si a mí la muerte de dicho joven me había tocado el alma, no me imaginaba lo que había sentido mi niña con ese acto. Anna amaba con todo su corazón a ese hombre y jamás se imaginó que tendría que vivir sin él. Yo lo sabía. Yo en carne propia experimenté lo que la pérdida del hombre amado significa, también había tenido que soportar la marcha de mi querido Joseph tras perder la batalla contra una cruel enfermedad. Y ahora mi pequeña niña, sufría dicho sentimiento.

Con un miedo enorme me levanté de la cama y me dirigí a la habitación de Annabelle, sólo para encontrarme con un horrible hecho. Anna, mi niña, yacía inerte en el suelo de la habitación con sangre saliendo a borbotones de su pecho.

 

– ¡NOOOOOOOOOOOOOOOO! –Grité aterrada–. ¡NO! ¡Anna, Annabelle! ¿Qué hiciste? – Preguntaba a gritos mientras le golpeaba las mejillas para hacerla reaccionar. Nada funcionaba. Sin tener conocimiento sobre qué hacer en estos casos, me levanté del suelo y con mis piernas temblorosas llamé a una ambulancia.

 

Los minutos que me la pasé esperando por ella me parecieron eternos y aterradores; mi pequeña no reaccionaba y sangre tras sangre seguía brotando de ella. La acurruqué en mis brazos al instante que me di cuenta que su cuerpo estaba helado. Le hablaba, le acariciaba la mejilla y le pedía a Dios porque mi niña estuviera bien.

 

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Annabelle había decidido llegar hasta este punto?

 

El sonido de unas sirenas interrumpió mis preguntas lanzadas al aire. Recosté cuidadosamente el cuerpo de Anna nuevamente en el suelo y corrí escaleras abajo a abrirle a los paramédicos. Estaba en shock y temblaba cuando éstos invadieron el hogar. Entre sollozos y palabras entre cortadas los guié a la habitación principal donde yacía mi pequeña nena.

 

–Aún está viva. –Escuché gritar a uno de los hombres y solté la respiración.

 

¿Acaso llevaba reteniéndola todo este tiempo?

 

No me di cuenta de nada. Sólo sentí cómo mi alma volvía al cuerpo y como mi corazón volvía a latir. Mi Anna aún estaba viva, aún quedaba un pedacito de esperanza que me decía que podía conservarla por más tiempo. La habitación era un caos, hombres entrando y saliendo a gran rapidez de ella. Una camilla, una persona presionando la herida en su cráneo y otros intentando acomodarla en el lugar exacto de la camilla para comenzar a trasladarla.

 

– ¿Pu-puedo ir con ella? –Pregunté. Mi voz un susurro. El hombre me examinó unos segundos.

–Por supuesto. –Respondió asintiendo. Rápidamente y sin dudar ni preocuparme sobre si tenía o no que llevar algo, seguí a los paramédicos y me subí a la ambulancia. Una vez dentro tomé la fría mano de Anna.

–Por favor, por favor Anna sé fuerte. Se fuerte, cariño. –Rogaba inundada en lágrimas.

–Haremos lo que sea por salvar a su hija, señora. –Me prometió un enfermero que iba monitoreando a Anna en todo momento. Su hija… cómo me habría gustado que ese pequeño ángel hubiera sido mía. Le habría dado todo el amor que sus padres le prohibieron. Aunque no me puedo quejar, sus tíos hicieron un buen trabajo y la amaron como una hija más de ellos. Yo había sido testigo de ello. –Llegamos. –Me dijo el hombre que chequeaba a Anna. Ni tiempo me dio de ingerir esas palabras cuando las puertas traseras de la ambulancia se abrieron.

Inmediatamente sacaron la camilla. Bajaron todos rápidamente.

– ¿Dónde la llevan? –Pregunté una vez que estaban dentro de la clínica.

–A sala de emergencias.

–Oh. –Solté a medida que iba corriendo agarrada de la baranda de la camilla.

–No puede ingresar ahí. –Me interrumpió un hombre de bata azul.

–Pero… pero ella…

–Ella está en buenas manos. Por favor, aguarde en la sala de espera. –Y sin agregar ni una palabra más, me cerraron las puertas en las narices.

 

Sin tener otra opción, me dirigí a la sala de espera y deposité mi cuerpo sobre uno de los oscuros sillones encontrados allí. Cubrí su rostro con ambas manos y me permití sollozar con fuerzas. Mi llanto era fuerte e inconsolable. El cuerpo me temblaba, me ardían los ojos y me dolía el corazón. No sentía un miedo como este desde que le diagnosticaron la enfermedad a mi marido y me dijeron que era terminal. No podía pensar en nada más que en Annabelle.

 

–Por favor, por favor Dios mío, salva a mi pequeña nena, es muy joven para morir aun. Por favor, te lo suplico, haz que se recupere. Sálvala, sálvala y tráela conmigo. –Rogaba y pedía una y otra vez por su salvación.

 

¿Cuánto tiempo llevaba haciendo eso? ¿Horas? ¿Minutos? ¿Una eternidad, tal vez?

 

No lo sabía. Sólo estaba consciente que llevaba rato ahí, que nadie salía a darme algún tipo de noticia y que me estaba desesperando.

Continuaba llorando y rezando cuando una mujer vestida de blanco se acercó a mí y me tendió la mano con un vaso de agua en ella. La miré dudando.

 

–Es agua con azúcar. –Me dijo aquella mujer–. Le ayudará para los nervios. –Con algo de desconfianza se la recibí y le regalé una sonrisa fingida a la cual la mujer respondió con total sinceridad.

–Gracias.

–No hay de qué. ¿La puedo ayudar en algo? –Preguntó amablemente la joven sentándose a mi lado.

–Nece-necesito saber sobre un paciente. ¿Usted puede ayudarme con eso? –Mi mirada que había estado concentrada en el suelo todo el tiempo se levantó para mirar a quien supuse era una enfermera más.

–Veré que puedo hacer. ¿Cuál es el nombre del o la paciente?

–Annabelle, Annabelle Bouffart.

–Perfecto. Deme unos minutos. Iré a ver si puedo conseguir información. –Se disponía a irse cuando mis manos tomaron sus muñecas.

–Gracias. –Susurré.

–Es un placer ayudar. –Sonrió–. Ahora con su permiso. –Me hizo un gesto con la cabeza e hizo abandono de la sala de espera–. La señora Bouffart está en observación en este minuto.

–Dijo en cuanto llegó unos minutos después–. La vendrán a buscar en cuanto haya noticias.

–De acuerdo, gracias. –La enfermera asintió con la cabeza y salió de la habitación. Una, dos horas habían pasado cuando la puerta finalmente se abrió.

–Parientes de Annabelle Bouffart. –Preguntó el de la bata azul.

–Aquí. –Grité saltando de la silla–. ¿Cómo está ella?

–Ella… ella está en un estado de coma inducido.

– ¿Co-coma? –Casi me derrumbo al suelo por la pérdida de equilibrio.

–Sí. Debido a su avanzado embarazo, debimos realizar ese procedimiento para poder seguir alimentando al bebé.

– ¿Embarazo?

– ¿No lo sabía? –Negué–. Tiene cuatro meses y medio de embarazo.

– ¿Tanto? –Grité. No podía creerlo–. ¿Cómo pude no haberlo notado?

–La verdad no lo sé, su vientre ya está abultado.

– ¿El-el bebé está bien?

–Afortunadamente sí. –Suspiré de alivio.

– ¿Puedo pasar a verla? –Pregunté impaciente.

–Sólo unos minutos. –Asentí dirigiéndome a la sala guiada por el doctor.

*******

–Sé que no me escuchas, ni que volverás a hacerlo. –Dije al borde de las lágrimas–. No puedo creer que te encuentres aquí aun. Ha pasado tanto tiempo, tanto tiempo, Annabelle. Por favor reacciona, tu bebé nacerá en unas semanas y si no despiertas te desconectaran y ahí te habré perdido para siempre. Por favor, tus hijos te necesitan, ésta bebé en tu vientre necesita conocer a su madre, por favor, cariño, te lo ruego, reacciona.

 

Cuatro largos meses han transcurrido desde aquel horripilante suceso y la familia de Annabelle aún no encuentra consuelo. Las amenazas de los médicos de desconectarla cuando nazca el bebé los tienen a todos al borde de la locura. Incluida a mí. No podemos creer que el tiempo de vida de nuestro pequeño ángel ya esté en descenso. Dos semanas, solamente dos semanas y el cuerpo de la esposa del vocalista de Just será un ser inerte más. Ese día que me enteré del embarazo de mi pequeña Annabelle, decidí llamar a toda la familia de ella. Si bien estaban molesto con ella, en casos como estos el orgullo se traga y el cariño familiar es el único importante.

Han estado todos aquí, acompañándome puesto que no me ha separado ni un momento de Anna. No he dejado de llorar y he bajado considerablemente de peso. El único día que me permití sonreír fue aquel que sentí las pequeñas y fuertes pataditas de la niña. Según las palabras del doctor es una bebé muy fuerte, a pesar del mal cuidado que tuvo la madre los primeros meses.

 

¿Habrá estado consciente Annabelle de qué estaba embarazada?

 

Esa y otras mil preguntas más son las que me hago y el resto del núcleo familiar. Aparte de eso, todos han estado discutiendo sobre la custodia de los bebés de Donald y Anna y, visto que ellos tenían una carta diciendo quién querían que los cuidara, han decidido realizar su voluntad. Dave y Amy, serán los sucesores de Jamie e Isobel Bouffart, con la condición de trasladarse cerca de la casa de los tíos de Annabelle. Si cumplen eso, ellos les harán entrega del niño.

*******

–Jamie, Jamie por favor no te ensucies, vamos a ir a visitar a tus padres. –Le hablaba la señora Isabella a su pequeño sobrino.

– ¿A mami y papi? –Preguntó el niño emocionado.

–Sí, mi amor, por favor no te ensucies.

–De acuerdo. –Sonrió y yo me lo quería comer a besos–. Voy a ver si tienen lista a Isobel.

–Claro, cariño. –Le habló de forma maternal. El niño se parecía tanto a Donald y Annabelle.

 

Él y su pequeña hermanita eran la viva imagen de sus padres, era imposible no recordarlos cuando se les miraba. Él había salido músico igual que su padre y esperaban que la pequeña Isobel siguiera el curso de la danza como su pequeña Anna.

Hace ya dos meses que Annabelle se reunió con Donald en los brazos de la muerte y como es usual en la familia un día domingo, llevamos a los pequeños a ver la tumba de sus padres.

A sus tíos, a mí y a familiares nos ha costado tanto explicarle a James el por qué sus padres ya no están, que no sabemos de dónde hemos adquirido fuerzas para respondérselas.

Sólo les decimos, una y otra vez, que sus padres se amaban tanto, que no lograron estar, ni un minuto más separados… y que un amor como el de ellos dos, es un amor, que pocos son los afortunados de tener.

 

Basta con que sepa eso hasta el momento, ya tendrá edad suficiente él y su hermanita para recibir la verdad, por ahora, sólo debe conformarse con que sus padres lo amaban más que a todo en el mundo y que ahora, están juntos ellos dos, amándose en la eternidad como lo prometieron en cuanto se conocieron.

 

Fin.

 

Epílogo

 

Estoy a diez minutos de unir mi vida a la mujer más increíble de todo el mundo. A la única mujer que he amado. La única mujer que ha formado parte de mi vida desde mi fecha de nacimiento.

Estoy nervioso, con demasía. Me habría encantado que mis padres estuvieran aquí conmigo en este que es el momento más importante para mí.

 

He leído sus palabras unas mil veces desde que cumplí la mayoría de edad y nani se decidió a entregarme aquellas cartas que estuvo tantos años bajo su poder y que jamás se atrevió a abrir a pesar de la curiosidad que la invadía.

Tal vez suene irónico o me crean estúpido pero, amé más a mi madre y a mi padre cuando leí aquellos papeles. Sé que me enojé cuando me enteré que ella y mi padre se habían quitado la vida con sólo un mes de diferencia. También me molesté demasiado cuando supe que ella estaba embarazada de Isobel cuando hizo aquello. Pero por sus palabras sinceras, sé que tuvo mil y un motivos para hacerlo. La entiendo, aunque desearía que todo hubiera resultado diferente. Que ella le hubiera enseñado cosas de mujer a mi hermanita, que él me hubiera enseñado a tocar la guitarra y que estuviera presente en mi primera presentación local.

 

¿Pero saben algo? Estoy feliz. Feliz porque me amaron –aunque haya sido solo unos pocos años– más que a sus propias vidas. Estoy feliz porque nos dejaron a cargo de unas personas que se desviven por nosotros, feliz porque mamá, a pesar de su dolor, luchó y quiso lo mejor para mí.

 

–Jamie, ya es hora, apúrate. –Gritó una de mis voces femeninas favorita.

–Ya voy, Isobel. –Respondí gritándole también.

– ¿Qué estás haciendo? –Preguntó curiosa entrando a la habitación.

–Leía.

– ¿Las cartas de mamá y papá otra vez?

–Sí. –Suspiré.

– ¿Tienes recuerdos de ellos? ¿De mamá? –Interrogó acurrucándose a mis brazos. A pesar de sus dieciocho años, era muy tierna y de piel. Se la pasaba brindándole abrazos a todo el mundo. Tía Isabella dice que sacó eso de mamá y, por lo que leo en su carta siempre, estoy seguro que así es.

–Pocos y casi nada.

–Los extrañas, ¿Verdad?

–Mucho. Hoy es mi boda con Danna y sé que ellos habrían estado más que feliz de que la hija de tío Dave y tía Amy, fuera la mujer que elegí como esposa.

–Me habría encantado conocerla. –Dijo una cabizbaja Isobel.

–Lo sé.

–A veces sueño con ella, ¿Sabes?, bueno, con los dos en realidad. En mis sueños, papá toca una hermosa melodía con su guitarra mientras mamá danza al compás de la música.

Nosotros la miramos embelesados por dichos movimientos. Está de blanco y nos sonríe cálidamente en todo momento que dura el baile. A veces, ella me enseña algunas coreografías, algunos pasos sobre las rosadas zapatillas de ballet mientras papá te recuerda cómo poner los dedos en cada una de las cuerdas de su brillante guitarra acústica.

–Él era surdo, Isobel. –Digo interrumpiéndola.

–Al igual que yo. –Comentó orgullosa–.Luego de eso salto a otro sueño donde mamá me toma entre sus brazos y papá a ti, volvemos a ser niños otra vez. Estamos carcajeando, seguramente de uno de los chistes que según nani, papá contaba. –Una lágrima se escapó de sus oscuros ojos negros. Se la quité rápidamente.

–No llores. –Pedí acurrucándola entre mis brazos.

–Perdóname, no quiero arruinarte la velada con mis niñerías.

–No son niñerías, no para mí.

– ¿Crees que mamá se habría ido de saber que me llevaba en su vientre?

–No lo sé, cariño. Mamá sufrió mucho, sabes eso.

–Lo sé, por eso odio a los abuelos. –Dijo con un toque de ira en su voz–. Sé que no debo hacerlo, pero no puedo evitarlo, ellos son los culpables de que seamos huérfanos.

–No somos huérfanos.

–Sabes lo que quise decir. –Asentí–. Si la hubieran auxiliado cuando ese hombre la denigró, quizá ella estaría aquí, tal vez los dos estarían acompañándote hoy.

–Sé que lo están, aunque no sea en cuerpo, sus espíritus están conmigo ahora, y contigo también.

–Tienes razón. –Sonrió–. Ahora andiamo, ya debes estar en el altar, estoy segura que la novia no tarda en cruzar la puerta.

Andiamo. –Besé su mejilla y le ofrecí mi brazo para salir de ese pequeño cuartito.

*******

– ¿Cómo está Danna? –Preguntaron al unísono en cuanto salí de la sala de hospital.

–Ella está bien. Cansada, pero bien. –Suspiros de alivio abordaron la sala de espera.

– ¿Y el bebé? –Cuestionó Dave.

–El bebé está en perfectas condiciones. –Dije orgulloso.

–Felicidades, hijo. –Dijo tía Isabella envolviéndome en sus brazos–. Ya eres padre, ahora. – Asentí.

– ¿Qué fue? ¿Niño o niña?

–Fue una hermosa niña. –Gritos de felicidad se escucharon–. Annabelle es hermosa.

–Anna… ¿Annabelle? –Preguntó Isobel perdiendo el equilibrio–. ¿La llamaste Annabelle?

–Como mamá. –Isobel rompió en llanto–. ¿Qué sucede, por qué lloras? ¿Te molesta que usara el nombre de nuestra madre? –Pregunté preocupado tomándola de sus brazos para sentarla en mi regazo.

–Al contrario. –Dijo entre sollozos–. Me hace feliz que mi sobrina lleve el nombre de la mujer que nos dio la vida.

–Gracias. –Dije besando su frente.

– ¿Gracias por qué? –Preguntó con su ceño fruncido.

–Por permitir que la llamase de esa manera. Si no hubieras querido, no sé qué hubiera hecho puesto que, amo el nombre de mamá pero también tu opinión es la más importante.

–Te amo, hermano mayor.

–Yo también te amo, hermanita bebé. –Sonreímos por esos dos acompañamientos que usamos desde que éramos pequeños.

*******

– ¿Estás lista? –Pregunté tomándola de la cintura.

Sempre.

–Te saldrá hermoso.

–Eso espero. Quiero que mamá esté orgullosa de mí.

–Lo está, sé que es así. Eres un ángel bailando.

–Ella lo era.

–Y tú eres su viva imagen.

–Sólo que mi cabello es rubio como el de papá. Tú tienes el cabello de nuestra madre.

–Y tú tienes sus ojos.

–Lo sé, ambos tenemos cosas de nuestros padres mezcladas.

–Ajá. Ahora a prepararse que es tu turno de bailar.

–Gracias por estar aquí, Jamie. –Dijo abrazándome estrechamente por la cintura.

–No me lo perdería por nada del mundo, Isobel. Sabíamos que serías una excelente bailarina y que obtendrías el papel principal para cada presentación, tal como mamá lo hizo.

Estoy orgulloso de ti. –Sonrió con ojos cristalinos.

–Yo estoy orgullosa de ti, también. Y sé que papá estaría enamorado de tu banda musical.

–Lo hago en su honor.

–Y yo en el de ella.

–Entonces ve, y déjalos a todos con la boca abierta.

–Lo haré. –Besó mi mejilla y salió a presentar su rutina de ballet.

 

La miré bailar detenidamente toda su presentación y fue verla a ella, a mamá. Isobel aprendió la coreografía mirando las grabaciones que hizo papá de mamá. Eran como dos gotas de agua. La misma delicadeza, la misma pasión y dedicación, la misma mirada. Lo único que las diferenciaba la una a la otra era, como dijo mi hermana, el color de sus cabellos. El de mamá, negro como el anochecer, y el de Isobel, rubio como el sol. Tal como lo tenía Donald Bouffart, nuestro padre.

 

*Carta de Annabelle hacia su pequeño James*

 

Mi pequeño pedacito de cielo:

 

Sé que ya estarás grande para cuando tus orbecitos celestes lean este papel apodado carta. Puede que ni siquiera sepas la verdad aún, los motivos reales de mi partida y hasta pienses que te he abandonado. Aunque literalmente lo hice.

Me siento una cobarde, una tonta, pero sobre todo, una mala madre.

Decidí terminar con mi dolor antes que hacerme cargo de tu vida. Tu vida, que sin duda, es lo mejor que tengo. El mejor regalo que me dio tu padre, el hombre a quien extraño con demasía y extrema añoranza.

Te escribo estas vacías líneas para que me perdones, para que sepas que te amé desde el día que supe de tu existencia pero, especialmente, para decirte la verdad. La verdad sobre mi rendimiento, la verdad sobre mi dolor, la verdad sobre mi vacío.

Si bien soy joven, tengo una vida por delante, y a ti en ella, el dolor interno jamás me ha dejado vivir. La temprana partida de tu padre solo me hundió más en ese agujero negro en el que llevo sumergida diez años.

Estoy consciente que jamás lograré rehacer mi vida puesto, que el único hombre que me ha amado incondicionalmente y al que he amado con la misma intensidad, acabó con una bala de acero entre sus cejas y bajo sus propias manos. Él te amaba, James, te amaba así como yo te amo. Eras nuestro mundo. Mas nuestro mundo venía cargado de traumas, pesares, dolores y daños irreparables. No quiero que tú formes parte de un mundo como este. Quiero que vivas, que disfrutes de todo lo que la vida pueda darte, quiero que seas alguien. Y más amado aun. Pero sé que nada de eso sucederá si yo estoy incluida en tu existencia.

No estoy dándote excusas, ni nada de eso. Solamente estoy poniendo mis reales e importantes razones para que haya llegado a esta decisión de quitarme la vida. No quiero que seas testigo de mi auto-destrucción. No quiero que te avergüences de la madre que tienes, y eso es lo que harás si me ves al transcurrir el tiempo. Me habrías odiado, aborrecido, incluso hasta habrías deseado que hubiera sido yo quien estuviera muerta en lugar de tu padre. Y eso, mi amor, jamás lo habría podido soportar.

Prefiero que el recuerdo que tengas de mí sea el que te cuentan tus tíos y padrinos; incluso nani puede contarte millones de cosas. Ella era el diario de vida humano de tu padre y yo. Si alguna vez quieres saber algo pregúntaselo. Si quieres incluso muéstrale esta carta y dile que no llore por mí, que estaré bien. Donald estará conmigo y tú estarás a salvo. Esa era la escritura que tenía el Destino para mí. Jamás estuve creada para ser feliz.

Aunque, reconozco que lo fui. Lo fui cuando sus orbes chocaron con las mías. Lo fui cuando sus labios colisionaron con los míos, cuando me dijo te amo por primera vez. Fui feliz cada vez que uníamos nuestros cuerpos, los cuales fueron la causa de tu creación. Fui feliz cuando supe que tú crecías dentro de mi vientre, que eras un pedacito de Donald y mío.

Y más feliz fui al momento de cargarte entre mis brazos por primera vez. Te amé entonces, te amo ahora, y te juro que te amaré siempre. Porque el amor verdadero es eterno, lo comprobé por mí misma.

Me habría gustado tanto haberte dejado algún hermanito o hermanita. Te habría hecho compañía. Sin embargo, si mi corazón está así de lastimado por dejarte a ti en soledad, no puedo imaginar cómo sería al sentirlo doble. Un dolor agonizante seguramente. Aunque te puedo asegurar que el dolor que siento en este instante es de esa magnitud.

Habría dado todo, Jamie, todo porque las cosas fueran distintas. Por ser el ángel de tu vida, la mujer de tu vida. Hubiera invertido el mundo con tal de formarte esa familia con la que tanto soñamos tu padre y yo.

Cuando nos enteramos de tu llegada, fue como si el sol hubiera salido por primera vez.

Hubieras visto su cara cuando lo supo, era el hombre más feliz de la tierra. Siempre decía: “No puedo creer que cree vida con la mujer de mi vida”. Era tan cómico y reconfortante escucharlo hablar así. Corrió a decorar la casa. Nani se reía tanto de él al verlo en el centro comercial tirando de un carrito llenándolo de cosas para bebés. Já, si hasta yo me río de sólo recordar esa época. Pero las cosas no resultaron como las anhelamos, el recuerdo de ese hombre jamás nos abandonó, nunca dejó mi mente.

No sé si mis tíos te hayan hablado de mi primer marido; y si no lo hicieron, ahora estás al tanto. Sí, mi amor, tu papi no fue el único esposo que tuvo mami. No, a mami la obligaron a estar junto a alguien que odiaba y que la dañaba tanto que la tuvo al borde de la muerte. Sus golpes y violaciones acabaron con la inocencia en mí. Era tan solo una niña y a tus abuelos no les importó. Ellos sabían, sabían lo que él me hacía y jamás hicieron algo. Me culpaban a mí, decían que tal vez yo era la que provocaba esas reacciones, con mi poca experiencia, con mi inmadurez. Mis propios padres. Duele tanto, mi pequeño niño, tanto que estoy segura que no se quitará con nada. Y lo detesto en verdad. Por culpa de ello estoy dejándote, estoy perdiéndome la oportunidad de criarte, de disfrutarte, de cuidarte… Mi corazón está dañado, pero a pesar de eso te ama. Esto es un acto de amor, mi bebé. Nunca lo mires de otro modo, por favor.

Además quiero que tú y Danna, la hija de tus tíos Dave y Amy, sean unidos. Dile por favor que la amo, que estoy completamente agradecida de que sus padres la entregaran a tu padre y a mí como ahijada; que tú y ella son nuestro pequeño orgullo y que lamento no podamos estar en cada etapa de sus vidas. Pero te juro, te juro, mi amor, que esté donde esté, yo te seguiré velando los pasos, cuidándote y acompañándote siempre… de la mano del hombre que le dio sentido a mi vida y unió su vida a la mía para crear la tuya.

 

Te amo ahora, entonces, siempre... Annabelle Bouffart.

 

Tu madre.

 

*Carta de inédita Donald*

 

“Espero un abrazo que nunca llegará; mientras la sombra de mi mano sobre el papel no me deja ver lo que escribo. Pero no necesito verlo. Está todo escrito en cada lugar que veo.

Tengo miedo de mí mismo; estando solo es cuando mi mente intenta asesinarme… Algo me hiere y el futuro incierto se hace presente, se ríe en mi cara e invita al pasado que, intento en vano, olvidar; y juntos intentan convencerme de dormir la siesta eterna. Los días pasan mis sonrisas desaparecen junto con la esperanza de que esto termine bien. No hay tiempo para soñar. ¿Por qué hago esto? Todo lo que me salvó alguna vez ya no funciona. Volar es fácil, pero la caída… duele demasiado.

 

Mi amor:

La verdad no sé si dirigirme hacia ti en esta carta; porque conociéndote como lo hago, sé que no serás tú quien la lea. Todo por el miedo a descubrir éstas palabras. Todo para evitar ver la realidad y hacerte más daño.

Sinceramente, esto me cuesta con demasía. Jamás he escrito algo como esto; jamás he llorado tanto mientras escribo algo pero, hoy es un día inusual. Inusual porque me estoy despidiendo de la única mujer que he amado y a la única que podría haber deseado y querido para compartir mi vida (Aunque haya sido por un tiempo específico).

Creo que ya has (han) descubierto que esta es una nota de despedida. Porque eso es lo que hago, me despido; pero no porque no te ame, sino por todo lo contrario. Te dejo porque no podré hacerte feliz y me costó mucho darme cuenta de ello. Creí que yo era suficiente para arrancar el dolor que le produjo (y le sigue provocando) tu pasado a tu corazón; mas no es así. Y si no fui suficiente para ti, mucho menos lo seré para nuestro hijo. “Nuestro hijo”; que palabras más hermosas. Aun no puedo creer que creé vida dentro de ti y que de dos personas imperfectas y rotas, haya nacido alguien tan perfecto; porque eso es lo que Jamie es, un ser perfecto; el más perfecto de todos.

¿Cómo continuar éstas líneas sin parecer hipócrita con lo que te escribo?

 

Creo que eso es algo difícil. Difícil porque diga lo que diga o, escriba lo que escriba, provocaran un daño irreparable en ti. En la mujer que amo y que me hizo feliz.

 

¡Porque me hiciste feliz, Annabelle, muy feliz!

 

Y a pesar de que haya sido una felicidad momentánea; fue suficiente para saber que a eso llegué a este mundo. No vine a ser un músico famoso. Vine a amarte y a dejar mi esencia dentro de ti para que se creara el hombre perfecto. Nuestro Jamie.

 

Bueno, sé que me he desviado del tema pero, ¡tengo miedo! Soy un cobarde y tengo miedo. Cobarde por no quedarme y luchar por ti y por mi hijo. Y miedo de estar haciendo lo equivocado; o peor aún, de quedarme y destruirte.

Por eso prefiero irme, y no basta con armar mis maletas e irme del estado, no. Debo irme definitivamente, separando mi alma de mi cuerpo. Marchitándome. Matándome.

 

¿Me perdonarás algún día?

 

Espero que lo hagas. Y cuando eso suceda apareceré en tus sueños para sonreírte, darte las gracias y recordarte que estoy a tu lado aunque no me veas y que te amo.

 

Te amé en cuanto miré tus ojos negros. Te amo mientras escribo estas desgarradoras líneas. Y te amaré en la eternidad de la muerte.

 

Sé feliz, mi amor. Por mí. Por nuestro pedacito de cielo. Pero principalmente, sé feliz porque te lo mereces.

Vive, Annabelle. Vive como si nunca hubiera existido esa oscuridad en tu vida.

 

PD: Recuérdame como el hombre que te hizo sonreír, te hizo mujer, y creó una vida en tu vientre. Recuérdame como el hombre que murió de amor por ti. De ese amor profundo, obsesivo, con locura. Amor que no lo borra ni el tiempo ni los Dioses.

 

Hasta siempre, mi amor.

 

Tuyo, Donald Bouffart de Polliensky.

Agradecimientos

A Mónica Flores y Claudia Mateo por ayudarme con la publicación de “Darkness”. Gracias, chicas, por presionarme, regañarme y darme esos tirones de cabello cuando me cegaba la inseguridad y ocultaba esta maravilla de historia en la oscuridad. Sin ustedes pisándome los talones, jamás habría podido cumplir este que es mi sueño y el de ustedes dos también.

Gracias por aceptar a Donald y a Annabelle en sus vidas y por enamorarse de Darkness tanto o más que yo.

Son las mejores amigas que una mujer puede pedir. Francas, leales, tiernas, dedicadas y sobre todo… ¡MIS amigas!

 

A Lore, Ivis y Clau por estar ahí, por leerme, apoyarme, meterse en mis historias y aceptar mi locura. Por aceptar el manuscrito de esta historia y darme sus opiniones sinceras.

 

Para las miembros de mi “Imperio”, por dejarse cautivar por mis personajes y quererlos.

 

A mis profesores. A mis familiares, que a pesar de no estar al tanto siempre de todo, están preguntándome: ¿Cómo va tu libro? ¿Has escrito? ¿Cuándo publicas?

 

Y a un millón de personas más… gracias por todo. Os quiero y llevo en el corazón.

 

Sobre la autora

Athenea Vadcke

Nacida en el sur de Chile el 16 de Marzo de 1990, estudiante de la carrera de Traducción en la Universidad de las Américas en Concepción. Comienza desde muy pequeña su pasión por la lectura, lo que finalmente la impulsa a la aventura de escribir sus propias historias.

Disfruta leyendo, escuchando su música favorita y asistiendo a clases de danza, su otra gran pasión Ha dado vida a un sinfín de personajes en sus historias, todas ellas jamás contadas, Darkness es la primera que verá la luz pública y actualmente se encuentra trabajando en dos nuevas obras

 

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