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6. El día de la humillación de Alaska

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El día de la humillación de Alaska

ALASKA

13 de diciembre de 2015

Escucho ruido desde la sala principal, pero no me molesto en salir mientras continúo leyendo mi ardiente romance feudal en donde un terrateniente está cayendo por la hija de un conde ¡Qué escandaloso! Creo que me he vuelto a enamorar de un personaje ficticio, pero nadie puede culparme.

Mi teléfono vibra y sonrío viendo que se trata de un mensaje de Caleb.

Caleb: ¿Sigue en pie vernos esta noche?

Alaska: sí y debo volver temprano a casa

Caleb: ya quiero verte, no dejo de pensar en ti ¿Qué me has hecho?

Alaska: no lo sé, simplemente respiro

Caleb: ¡Pero qué buena manera de respirar!

No puedo evitar reír y tomarme una foto sonriendo que le envío.

Alaska: mírame respirar

Caleb: respiras hermoso

Alaska: eres tan tonto… Pero me gusta.

—Tengo curiosidad de qué es lo que te hace sonreír a tu teléfono.

Alzo la vista para encontrar a Drake recargado del marco de la entrada, viéndome con una sonrisita que durante unos segundos casi me hace devolverle, pero entonces tengo este horrible recuerdo de su boca deslizándose por el cuello de aquella desconocida, aterrizando en su pecho en donde parecía disfrutar de besarla. Es un recuerdo que duele incluso si sé que es tan libre como yo, que no me debe nada, pero ¡joder! Me destroza porque sé que no tendremos nada romántico, pero verlo así no es bonito y también sé que su plan no era estrujarme el corazón, pero no puedo evitar sentirme así.

Todo sería más fácil si mi crush fuera simple y únicamente Harry Styles.

Lo he estado evitando precisamente porque, cuando lo veo, tengo flashbacks del Drake lujurioso y la chica extasiada, sé que no podía hacerlo por siempre, pero esperaba tener un margen de más días antes de tener el corazón reforzado y seguir actuando como siempre a su alrededor.

Él borra su sonrisa cuando se da cuenta de que no se la devuelvo y que de hecho bajo la vista a mi teléfono, respondiéndole el mensaje a Caleb, que consiste en una foto suya enviando un beso.

Alaska: un beso para mí ¡Me encanta!

—Alaska… ¿Qué sucede? —pregunta Drake adentrándose y poco después sentándose sobre la mesita frente al sofá en el que me encuentro.

—A mamá no va a gustarle que te sientes ahí.

—Jollie no lo sabrá —descarta—. Ahora dime: ¿qué sucede? ¿Por qué me has estado evitando y por qué me ves como si te hubiese pateado?

—¿Qué? —Me río o eso trato—. No pasa nada, solo he estado ocupada con tareas, escribiendo, leyendo —alzo mi libro— y…

—¿Y?

—Viendo a alguien.

—Oh.

Oh, ¿qué? ¿Qué significado le doy a ese sonido?

Frunce el ceño mientras me ve y luego parece que intenta relajar su expresión.

—No entiendo.

—¿Qué no entiendes, Drake?

—Este cambio, la forma en la que me evitas, me hablas y me miras. Dime si hice algo mal y lo arreglamos, no me gusta esto, Alaska. No entiendo.

»¿Es por este chico nuevo? ¿Te prohíbe tener amigos?

—Él ni siquiera sabe de ti.

Odio el momento en el que las palabras salen porque suenan bruscas, odiosas y venenosas, yo no soy así y no quiero ser de esta forma, además Drake no ha hecho nada malo, no merece este trato. Tengo que controlarme y dejar de actuar como una estúpida despechada.

—Lo siento —digo después de respirar hondo—. No has hecho nada malo y no quise ser grosera, solo han sido días complicados.

—¿Segura de que no hay algo más?

Sí, te vi manosear y besar a una chica de una manera que nunca lo harás conmigo. Sentí que se me rompía el corazón y no quiero sentirme más así.

—Segura, y sobre Caleb, él no me está prohibiendo amistades, no lo dejaría hacerlo.

—Es un poco mayor.

—Solo es poco más de un año. —Me encojo de hombros—. Tal vez sea que me ves como a una niña.

—Sé que no eres una niña, Alaska, créeme, me doy cuenta de ello.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Nada. —Sonríe y se rasca la parte baja de la nuca—. Entonces… ¿Eres seria con este Caleb?

—No lo sé, todo es nuevo, no es mi novio, pero hemos tenido una cita, tendremos otra hoy.

Se hace un largo silencio en el que nos vemos y soy la primera en desviar la mirada porque tal intensidad comienza a revolverme el estómago.

—¿Puedo decirte algo sincero como amigo?

Asiento y suspira.

—Ten cuidado, no digo que ese sujeto sea malo o tenga malas intenciones, pero ya sabes, a veces hay idiotas y no quiero que te lastimen.

—De acuerdo.

Resopla y creo que lo escucho decir un «¡Dios! Esto es difícil» entre dientes.

—¿Qué leías?

Antes de que pueda reaccionar, toma el libro y ríe cuando ve la portada apasionada de un hombre con la camisa abierta abrazando a una mujer cuyo vestido cae flojo por su cuerpo.

—Tan traviesa, no creo que este sea un libro inocente —dice, poniéndose de pie y leyendo la sinopsis.

—Dámelo.

Me levanto del suelo, dando pequeños saltos para alcanzar el libro cuando lo aleja de mí riendo.

—No seas idiota.

Su respuesta es volver a reír mientras lleva el libro detrás de su espalda y en mi intento de tomarlo de regreso, básicamente me rozo contra él y lo abrazo, cosa de la que ambos nos damos cuenta cuando dejo de moverme.

Trago.

Estamos demasiado cerca, tanto que su aliento me golpea en la sien y mi pecho roza contra su torso.

—Alaska —susurra.

No está pasando nada.

Él vive su vida y yo estoy viendo a Caleb, tendré una cita con Caleb más tarde.

Es uno de los momentos más duros que he tenido con Drake, porque soy quien retrocede incluso si mi corazón y mi cuerpo protestan por ello.

Lo veo dejar ir una lenta respiración y siento mi rostro caliente en tanto los latidos de mi corazón son erráticos. Nos vemos a los ojos durante largos segundos y, una vez más, soy la primera en apartar la mirada.

—Aquí tienes el libro. —Me lo extiende y lo tomo sin verlo—. Tal vez luego podrías prestármelo, ¿eh?

Sonrío y alzo la vista hacia él.

—Pero dudo que otro libro me guste tanto como los que escribes tú, Alas.

Me sonríe de costado, gira y sale del lugar dejándome con una sonrisa, pero también evitando pensar en ese momento hace unos instantes. Es un recuerdo que habrá que dejar atrás.

20 de diciembre de 2015

Me mantengo sentada en mi ventana mientras Romina lee los últimos capítulos de mi novela. Finalmente la he terminado y ella tiene el privilegio de ser la primera en disfrutarlo —sufrirlo— porque es mi mejor amiga.

Mientras ella está leyendo veo a Hayley y a Alice reír en la entrada de la casa de los Harris. Alguien sisea y al alzar la vista me encuentro con Drake. Durante unos largos segundos puedo sentir de nuevo el dolor de hace unos días, cuando lo vi tan cerca de tener sexo.

En este momento me encuentro en una rara etapa irracional que se resume en «vi al chico de mis sueños chupar los pezones de alguien que no era yo y lo odio por eso». Mentira, no odio a Drake, mucho menos puedo hacerlo por disfrutar de su vida y su soltería. No es su culpa que yo fantasee y sueñe con él. Así que en última instancia le sonrío intentando lidiar con mis sentimientos por él como una mujer adulta, además se supone que ya olvidamos esto, de la misma manera en la que ya he olvidado el momento de cercanía que tuvimos cuando tomó mi libro.

—¿Qué pasa? —pregunto viendo cómo reposa su trasero en el marco de la ventana.

—¿En qué te inspiras?

—No comiences a molestar.

Sé que no se dará por vencido, pero una vez más deja pasar mi falta de respuesta. Ladea su cabeza hacia un lado mientras me observa.

—¿Es cierto lo que dicen tus fans? ¿Que vas a hacer un maratón de capítulos hasta llegar al final de la historia? —Parece muy interesado en la respuesta.

—¿Sigues leyéndome?

Es algo que deseo que me confirme, pero de la misma manera que no le doy respuestas sobre mi inspiración, él no me da respuesta a esa pregunta cuando se la planteo.

—Puede ser —es su respuesta esta vez—. ¿Te incomodaría si lo hago?

—No lo sé.

Nos mantenemos en silencio observándonos, escucho algunos murmullos de Romina, que está demasiado enfrascada en la lectura para prestar atención a mi conversación con Drake.

—¿Sabes que suena raro esa expresión que usas de «se sumergió en mi entrada»? ¿Te da miedo usar palabras más concretas?

No le respondo y siento mis mejillas calentarse, me niego a darle el gusto de avergonzarme, así que no bajo la vista. Su sonrisa crece.

—En fin, pasaré la tarde viendo películas. Dawson no sabe aún si va a unirse. ¿Quieres venir? —me invita.

—No puedo, vendrá Caleb.

Enarca una de sus cejas y creo que va a preguntarme al respecto, pero justo entonces Romina se ubica detrás de mí y lo saluda.

—Hola, Romina. —Vuelve su atención a mí—. Mi oferta seguirá en pie, Aska.

Deja sus cortinas abiertas y lo veo salir de su habitación, así que vuelvo mi atención a Romina. Sus ojos están húmedos por las lágrimas contenidas. Ella es extraña, hace un momento estaba sonriendo a Drake y ahora parece que el mundo se le viene encima.

—Lo has matado —me acusa.

—¿A quién?

—A Cody. Maldita bastarda, has matado a mi Cody.

—Oh, eso.

Sí, cedí ante mis sentimientos y lo maté. Créanme, no lo hice morir a mitad de una frase, simplemente sufrió un extraño paro cardíaco en medio de una de sus rutinas de ejercicio. Fue inesperado, rápido y letal. Y más allá de haber surgido de un momento de ira, me encanta el sentido y originalidad que le dio a la historia.

Me entristece dejar a Harper llorando por su amado orgásmico Cody, pero ¡ánimo, chica! Estoy segura de que en un futuro tendrás otra oportunidad para encontrar otro amor.

Bah, me van a odiar muchos lectores, pero estoy conforme con el desenlace y que haya muerte no significa que sea un final triste, porque al fin y al cabo Harper logra crecer profesionalmente y consigue estabilidad, camina hacia sus sueños. Sí, no se queda con el hombre muerto, pero ella está esperanzada de que después del dolor vendrán cosas mejores. Ella tiene fe.

—¡Lo has matado! Lo has matado como acabas de matar mi amor por ti.

—¡Vamos! Tienes que admitir que ha sido un final perfecto.

—Sí, lo es, pe-pero me duele. ¡Me duele!

—Ya, ya, chiquita. —Reposo su cabeza de mi pecho, lo cual es gracioso teniendo en cuenta que soy más baja que ella—. Escribiré otra historia para ti, promesa.

—¿Con final feliz? —Suena esperanzada.

—Bueno…

—¡Alaska Brooke!

—Bueno, bueno, está bien. Escribiré alguna historia con final feliz para ti.

—Gracias, mi amor por ti ha vuelto y tú vas a enloquecer JoinApp porque este es un final de infarto.

—¡Lo sé!

Me arrojo en mi cama y ella lo hace a mi lado, ubicándonos ambas boca abajo para leer los nuevos mensajes que han llegado a mi perfil, Romina ama leerlos.

LoveAlas: «Hola, cariño, de nuevo me la pusiste dura. Cuando leí que ella se la chupaba, imaginé que eras tú quien lo hacía, luego cerré los ojos y me vi embistiendo dentro de ti. Dime, ¿te gusta duro como a tu personaje? Te tendré debajo de mí, te ataré y mientras pides por más, te penetraré con fuerza y profundo para que me sientas siempre…».

No termino de leer, simplemente voy al perfil y lo bloqueo, eliminando cualquier rastro y sintiéndome de alguna manera asqueada y sucia.

—¿Qué carajos fue eso? —susurra Romina en un estado de mortificación muy parecido al mío.

—No lo sé, es asqueroso ¡No quiero recibir mensajes así! El otro día también me escribieron algo así de horrible.

—No queremos lectores así.

—No, no los queremos.

—Esperemos que no vuelva a molestar, ahora leamos los otros mensajes que sí son lindos y geniales. Vamos a borrarnos de la cabeza que alguna vez leímos eso.

Asiento en acuerdo y nos ponemos en ello, bloqueando de nuestra mente el recuerdo del perturbador mensaje recibido.

21 de diciembre de 2015

Señor Caliente: ¡¿Qué demonios?!

El mensaje de Drake me toma por sorpresa, puesto que es seguido por un montón de caritas enojadas. ¿Qué es lo que lo ha molestado tanto? Por un momento hasta llego a pensar que me vio ayer por la noche besar a Caleb debajo de mi ventana, pero no es que a Drake pudiera importarle eso.

Alaska: ¿Qué te hice?

Señor Caliente: Ven a tu ventana ahora mismo.

Alaska: Tú no me das órdenes.

Señor Caliente: No juegues conmigo. Estoy cabreadoooooo.

Alaska: ¿Y?

Señor Caliente: Por favor, Alaska. Ven a la ventana.

Demasiado intrigada por la causa de su molestia y porque me lo pidió «por favor» bajo de mi cama y abro mis cortinas junto a la ventana. Me estremezco ante el frío, él ya está ahí, apoyando su trasero en el marco como siempre.

—¿Qué sucede? ¿Por qué me miras así? —cuestiono sentándome en el marco de mi ventana.

—Porque así miro a los asesinos.

—¿Qué?

Estoy sorprendida por su declaración. ¿Qué le sucede?

—¡Eso te digo yo a ti! ¡Lo mataste! Hiciste creer que todo iba hacia un final feliz y acabaste matándolo en medio de su rutina de ejercicio. ¿Dónde demonios está tu corazón?

—Ah, eso —suelto una risa. Su ceño se frunce.

—Algo está mal contigo si te ríes de su muerte y el sufrimiento ajeno.

—¿Estás sufriendo la muerte de Cody? Entonces sí seguías leyéndome.

—Ni siquiera le diste sexo de despedida.

—La gente no se despide con sexo antes de morir. —Pongo los ojos en blanco—. Murió, esas cosas a veces pasan.

—Quiero estrangularte.

—Ponte en la larga fila, muchos lectores quieren matarme.

Permanecemos unos pocos minutos en silencio, comienzo a tener mucho frío, por lo que me inquieto. ¿Cuánto tiempo estaremos hablando a través de la ventana? ¿Por qué simplemente no viene a casa?

—Fue un final brillante, sin embargo. Te felicito.

—Gracias. No puedo creer que me leyeras, es vergonzoso.

—Ha sido divertido —se ríe—. Jamás hubiese sabido que tales pensamientos estaban en esa cabecita tuya. —Y luego añade—: Ahora entra, no quiero que te enfermes, hace mucho frío.

—Vale, buenas noches, Drake.

—Igualmente y…, Alas…

—¿Cómo me has llamado?

—Alas. —Sonríe—. Espero mi final feliz en la próxima historia, ¿eh?

No puedo evitar devolverle la sonrisa antes de cerrar mi venta junto a mis cortinas. Algún día superaré mi enamoramiento por él.

27 de diciembre de 2015

Estoy en el lateral de mi casa, debajo de la ventana de mi habitación, con la espalda recargada a la pared y Caleb presionándose contra mi cuerpo. Me gusta esta situación y a él también, no pensé que de esta manera terminaría nuestra cita, pero no estoy en contra de ello.

—Me gustas muchísimo, Alaska —susurra Caleb muy cerca de mis labios.

En estos momentos mi boca se encuentra muy familiarizada con la suya. Sus manos se deslizan por mis costados y, aunque estoy nerviosa, también siento demasiada curiosidad cuando ellas pasan por mis caderas y terminan sobre mi trasero, acercándome mucho más a su cuerpo.

Siento su dureza contra mi cadera. Caleb parece estar muy emocionado sobre este acercamiento. También él quiere hacer algo más que besos, pero… ¿estoy dispuesta a ello?

Estoy confundida sobre si hemos estado saliendo o no, porque nunca lo hemos hablado, pero me visita varias veces a la semana, tenemos citas en donde nos besamos y hablamos mucho por WhatsApp. Con un movimiento consigue que mi espalda se apoye en la pared que hay debajo de mi ventana. Es de noche y en casa todos están en su mundo.

Mi familia no sabe que después de recibir un mensaje suyo, bajé de casa para encontrarme con él y aquí estamos. Sus manos sobre mi trasero, mi cadera sintiendo su erección y su boca muy cerca de la mía.

Su mano sube lentamente, se desliza por la parte delantera de mi cuerpo y hay un nudo de expectación en mi estómago. Es como «mierda, estoy asustada», pero también es un «mierda, esto está pasando». Así que espero expectante mientras su mano se desliza hasta estar debajo de uno de mis pechos y luego sube y presiona su mano. Inspiro hondo.

Bien, no me hace sentir mal. No me asusta y no lo siento como una invasión. Él sonríe antes de besarme mientras sus dedos aprietan mi pecho y lo masajean de una manera que me hace gemir contra sus labios. Me hace sentir muy bien.

Su tocamiento no se queda en un simple apretón de mi pecho. Siento que mientras nos besamos sus manos están por todas partes, una tocando mi pecho y otra en una de mis nalgas, presionándome contra él. He escrito mucho sobre este tipo de escenas, pero es muy diferente vivirla. Y también es muy diferente vivirla con alguien con quien no la recreaste en tu mente.

«Fuera, Drake, fuera. Es mi momento».

Las cosas se ponen un poco intensas y en un primer momento tengo curiosidad por la erección que siento contra mi cintura. No puedo creer que de verdad estoy haciendo esto y que él está excitado mientras nos toqueteamos. Siento esto en parte como un experimento, es decir, sí lo estoy disfrutando un montón y está calentándome, pero también lo veo como la oportunidad de descubrir sensaciones nuevas y cosas de las que escribo.

Los besos de Caleb bajan por mi cuello y mi mano presiona contra el bulto en su pantalón, él gime y esa reacción me gusta. También me gusta tocarlo. Una de sus manos se cuela debajo de mi camisa e incluso debajo de mi sujetador y me estremezco cuando su pulgar acaricia la cima de mi pecho haciendo que se endurezca y clame por más. Es una noche fría de diciembre, pero sin duda alguna siento calor.

Lo acaricio con más fuerza, no esperaba que esto me gustara tanto y gimo otro poco más cuando pellizca la cima de mi pecho, haciéndome que quiera fricción de su pierna que ahora se encuentra entre las mías, cuando él la presiona tengo una sensación increíble. Es la primera vez que hacemos más que besarnos y me está gustando, tal vez no sea aún año nuevo, pero si me sigue tocando así, podría explotar como fuegos artificiales.

Continuamos tocándonos, presionando y provocándonos hasta que él me hace retroceder unos pasos y se desabrocha el pantalón. Observo cómo lo baja un poco y luego estoy anonadada cuando baja su bóxer revelando su erección en vivo y en directo.

De acuerdo, he visto porno, sé cómo lucen los penes, pero no controlo mi sorpresa inicial de ver uno a poca distancia. Caleb se encuentra muy excitado por mis toques inexpertos. Para mí él está bien dotado, no es que tenga experiencia sobre esto, pero me gusta lo que veo.

Caleb me sonríe.

—¿Quieres probarlo? —me pregunta con voz enronquecida.

Nunca esperé que alguien me invitara a practicar sexo oral como si me ofreciera una paleta de helado y tampoco esperé que de hecho mi respuesta inmediata quisiera ser un sí más que un no.

Quiero intentarlo y si no me gusta, puedo parar. Así que con una gran curiosidad me acerco a él y me agacho hasta dejarme caer sobre mis rodillas. Estoy un poco intimidada y muy nerviosa cuando, guiándolo con su mano, presiona la punta sobre mis labios, en un primer momento mi boca parece negada a abrirse, pero cuando lo hace con lentitud, él gime en respuesta y lo desliza sin tacto.

Tal vez él se deja llevar por la emoción porque mientras que los primeros tres deslizamientos son bruscos, pero estocadas poco profundas, a la cuarta va directo a mi garganta haciendo que me tense de inmediato y que pellizque su cadera porque siento que me ahogo, además de sentirme muy incómoda. Mis ojos lloriquean y toso alejando mi rostro cuando finalmente se aleja.

¿Es que acaso pretende matarme? Pensé que él sabía cómo hacer esto. Toso alejando mi rostro cuando finalmente se aleja

Estoy enojada porque eso me hace saber que, quizá, es un amante egoísta y no solidario, no podía ser perfecto. Abro mi boca para decirle algunas palabras, pero antes de que pueda hacerlo algo inesperado sucede.

—Será mejor que te guardes la maldita polla y que tú, Alaska Brooke Hans, te pongas de pie.

¿Por qué? ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?

Caleb rápidamente se guarda al presunto asesino en sus pantalones mientras yo estoy demasiado impactada y avergonzada para hacer algo tan sencillo como levantarme. Siento sus manos debajo de mis axilas para levantarme y no me atrevo a darme la vuelta para verlo. Mis ojos aún lloriquean después de haber sido prácticamente sometida a una muerte por asfixia.

No puedo moverme, estoy paralizada en un mar de vergüenza.

—Nosotros… —comienza Caleb.

—Vete. Hazlo antes de que pierda mi paciencia —advierte el espectador de lo que fue un momento muy vergonzoso.

Siento que me embarga un sentimiento de decepción hacia Caleb porque esperaba que se resistiera y dijera algo como «esto no es de tu incumbencia» o «no voy a dejar a Alaska contigo» porque él ni siquiera sabe si nos ha interrumpido un simple loco que ahora podría violarme. Caleb solo asiente, me da una mirada de disculpa y se larga.

Él se marcha y siento un aguijonazo latente de dolor porque me gustaba, todo había ido bien durante semanas y hoy él me había mostrado una faceta desconsiderada de su personalidad. Siento que no le importo, que no se preocupó por mí lo suficiente.

Siento que mi nuevo problema me rodea para quedar frente a mí y cierro los ojos con fuerza. Si no lo veo, no es real.

—No voy a desaparecer porque cierres los ojos, Alaska.

—No eres real.

Pasan unos dos minutos de silencio en los que me mantengo firme. ¿Ya desapareció? Respiro aliviada y abro lentamente los ojos, pero ¡maldita sea! Drake es muy real. Ese Drake con expresión muy seria que está frente a mí es superreal.

—Decido cerrar la ventana de mi habitación y ¡sorpresa! Mi vecina está dando un espectáculo gratis.

Me suena familiar la historia, solo que el protagonista del acto era otro. Frunzo el ceño hacia él, será mejor aferrarme al enojo que a la vergüenza y humillación.

—Bueno, podías haberte quedado en tu habitación y no mirar. Yo hice eso.

—¿Qué?

—Sí, parece que no soy la única que da espectáculos gratis. —Intento pasar a su lado para alejarme, pero me toma del brazo.

—Tú no eres así.

—Eso ha sido lo más ridículo que has podido decir. —Me libero de su agarre—. Todas las personas tienen sexo y sus derivados, es absolutamente normal. ¿Qué significa «tú no eres así»? ¿Que soy asexual? Porque soy como cualquier chica y puedo calentarme o toquetearme con un chico si quiero.

»¿Con cuántas chicas estuviste a mi edad? —Presiono mi dedo en su pecho y lo hago retroceder mientras avanzo—. Perdóname por dejarme llevar con un chico que me gusta y al que le gusto. No sabía que tenía un contrato contigo para llegar casta hasta el matrimonio y que tenía prohibido explorar sobre mi sexualidad para descubrir qué es lo que me gusta.

—No cambies de…

—¡Cállate! Igualmente antes de que espantaras a ese cobarde, ya iba a insultarlo. Mi único error fue intentar experimentar algo con alguien que iba a matarme de asfixia por ser un incompetente y un egoísta. —Me cubro el rostro con mis manos—. ¡Dios! Solo olvídalo, estoy muy molesta y avergonzada.

»Solo quería hacer algo por curiosidad, experimentar con un chico que me gustaba y a cambio él se transformó en un egoísta que me abandonó con alguien que él ni siquiera sabe que conozco. —Para volver esto más vergonzoso siento mis palmas humedecerse porque comienzo a llorar y Drake lo nota.

Me envuelve en sus brazos y por alguna razón eso me hace llorar más. Dejé que Caleb me tocara los pechos, lo acaricié sobre el pantalón, me froté contra su pierna y le di mi boca por pocos segundos y luego me abandonó. Estoy demasiado decepcionada, estaba ilusionada sobre nosotros.

—Lo siento, tienes razón. Es estúpido decir «tú no eres así», solo es raro… No es cómodo toparte con una imagen así y… Él era un idiota, tú no eres el problema.

—¡Claro que no soy el problema! Él es el estúpido que iba a atragantarme. ¿Quién demonios hace eso? Ni siquiera yo cuando escribo. —Lo siento reírse y golpeo su espalda antes de abrazarlo—. No te burles.

—Lo siento, pero es que sí me da risa.

—Pero antes estabas enojado.

—Y aún lo estoy, pero trato de ignorarlo porque no tengo derecho a estarlo.

Analizo sus palabras y hay un aleteo en mi estómago. Como si una mariposa estuviese lista para dejar de ser un capullo y volar. Comparación extraña, pero sirve. Alzo mi rostro para verlo. Me devuelve la mirada, seguramente mis mejillas están más sonrojadas de lo normal y mi nariz parece la del reno de Santa Claus, pero es en lo último que pienso mientras nos observamos aún abrazados. Veo la magia pasar en cámara lenta cuando el rostro de Drake cada vez parece más cerca, pero para lograr que esta sea la peor noche de mi vida, hablo:

—No. Tuve el miembro de un chico en la boca, fueron segundos, pero estuvo ahí.

Y Drake se paraliza, sacude la cabeza y luego ríe mientras me abraza. Al menos no se extraña de mis ocurrencias ni me agobia sobre ello, esa es una de las cosas que hace difícil que saque a Drake de mis expectativas.

Nos mantenemos abrazados y él hace comentarios al azar para distraerme de lo sucedido hace unos minutos. Espero no recordar nunca en mi vida esta noche tan horrible, que puedo bautizar como «el día de la humillación de Alaska».

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