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27. De regalos de cumpleaños…

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De regalos de cumpleaños…

DRAKE

22 de agosto de 2016

—¡Mierda! No, no lo arrojes, leí mal la receta —advierte Dawson segundos antes de que vierta a la mezcla un ingrediente equivocado—. Eso es para relleno, no va en la mezcla. ¡Jesús repostero! ¿Por qué no podemos hacer de manera fácil un pastel de cumpleaños?

—Primero, espero que no se te peguen los multifacéticos Jesús de Alaska, y segundo, le haremos un pastel genial de cumpleaños. No quiero nada soso, ella es especial.

—Sí, yo también soy especial y nunca me haces un pastel de cumpleaños.

—Porque cumplimos el mismo día y mamá lo hace. —Me encojo de hombros—. Ahora dime bien cómo va la receta, no podemos arruinarlo.

—No me siento mejor con tu excusa, pero avanzaremos con la receta.

Dawson se queja una vez más antes de continuar diciéndome qué añadir a la mezcla. Hoy es el cumpleaños de Alaska y debido a que me siento mucho mejor, he decidido regalarle un pastel de cumpleaños, no cualquiera, sino uno que parezca salido de una pastelería o programa de televisión, solo que quizá me falte talento para lograrlo. Sin embargo, contra todo pronóstico, logramos hacer un pastel de fresas y chocolate con un decorado de nata perfecto, cortesía de la copia romanticona con un pulso genial. Veo el resultado de nuestro esfuerzo y choco la palma de mi mano con la suya.

—Debo admitir que el resultado visualmente es bueno, esperemos que sepa igual o mejor. —Toma una foto desde su teléfono móvil—. Ahora, ¿ya la felicitaste?

—Un vídeo que le envié y publiqué en mi perfil.

—¡Vaya! Pero si eres uno de esos novios del año —se burla de mí—. ¿Y en persona?

—No. Está pasando la mañana con sus hermanos, sabes que siempre hacen eso en sus cumpleaños. —Me encojo de hombros—. Iré a llevarle parte de su regalo a su casa, quiero que lo vea cuando llegue.

—¿Me dejas tomarte una foto y publicarla junto a una descripción tierna?

—¿Como cuál? —pregunto sonriendo.

—«No es esponjoso, pero es amoroso. No te da flores, pero te da libros. Se baña y huele bien, es mi querido hermano Drake, que…»—Se calla y me invita a que complete la frase que no sabe cómo terminar.

—«Lo sabe mover bien».

—¿Qué carajos? —Estalla en risas—. Eso no me lo esperaba. ¿Alaska sabe que eres un tipo de pensamientos sucios?

Entre Alaska y yo me pregunto quién tiene la mente más sucia. Si su pobre lector o la mente que crea semejantes escenas. Por otra parte, he sido yo quien le ha ido enseñando en la realidad cosas relacionadas con el sexo, aunque aún no hayamos llegado a ese punto y pase más tiempo teniendo conversaciones con mi mano.

—No soy de pensamientos sucios.

—Porque eres todo un ángel, hermano. ¿Cómo se me ocurre ponerlo en duda?

—Lo soy. —Río—. Cuida del pastel, iré a mi habitación por parte del regalo de Aska e iré a casa de los Hans. Hayley hará el almuerzo, así que despiértala.

—Está con el corazón roto.

—Ya, siempre lo está supuestamente, pero sabemos que peor está el pobre esclavo al que dejó y le toca hacer el almuerzo. Despiértala.

—Se cabreará y yo sufriré las consecuencias.

—En ese caso, suerte, hermano —le deseo antes de correr hacia las escaleras.

Al llegar a mi habitación tomo la caja con el lazo de regalo y vuelvo a bajar las escaleras, río escuchando a Hayley gritar cuando supongo que Dawson la está despertando. Salgo de casa y camino lo suficiente para llegar a la casa de los Hans. Jollie no tarda en abrirme la puerta con su característica sonrisa y sosteniendo a la hija de Jack en brazos, la pequeña ya cuenta con un año de edad.

—Hola, cariño. Como debes de saber, Alaska está con sus hermanos.

—Lo sé, pero vine a traerle este regalo, quiero que se lo encuentre al volver.

—Ah, eso es muy dulce de tu parte, pasa, adelante.

—¡Booo! —balbucea Jackie, le sonrío y me acerco a ella besando su mejilla. Ella me sonríe mostrándome sus dos dientes y aplaude.

—También yo estoy contento de verte, Jaqueline. —Beso la mejilla de Jollie también—. Y también estoy contento de verte a ti, Jollie.

—Adulando a la suegra no consigues más puntos, te lo digo por experiencia. —Río ante la declaración de Miranda, la casi ya esposa de Jackson. Ella se acerca y me saluda antes de cargar a su hija—. Pero consigues buenas galletas de ese modo, ¿verdad, Jollie?

—Seguro —se ríe mamá Hans haciéndome entrar—. ¿Dónde quieres dejar eso, cariño?

Me muevo incómodo en mis pies porque una cosa es subir a la habitación de Alaska a escondidas por las noches y otra es decirle a su mamá que quiero subir; ante mi silencio ella enarca una ceja y Miranda esconde su sonrisa besando la frente de la pequeña Jackie.

—Me gustaría, si no te molesta, dejar esto en su habitación. Quiero que lo vea al entrar.

—Hum, su habitación. No sé si a Albert le gustaría eso —dice, y yo también dudo de que al padre de Alaska le guste la idea de imaginarme a mí en la habitación de su hija menor—, pero él no está y sé que eres un buen niño.

Un buen niño que a veces, muchas, tiene sueños calientes con su hija, por no mencionar que la toquetea y es toqueteado por ella de manera no apta para todos los públicos. Le sonrío, pero siento un poco de sonrojo.

—Gracias, será rápido —prometo antes de dirigirme a las escaleras y comenzar a subirlas.

Camino directo a la habitación de Alaska y sonrío cuando al entrar veo algo de ropa arrojada en su cama, supongo que no decidía qué ponerse. Nuestro libro, que debemos retomar ahora que me siento muchísimo mejor, se encuentra en su mesita de noche en la página en la que nos quedamos, nos queda muy poco para terminarlo. Ha sido una experiencia genial leerlo juntos, creo que luego podríamos comenzar otra historia y no tiene que ser necesariamente caliente… Aunque si lo es, tampoco voy a quejarme.

Dejo la caja en el centro de su cama, saco la libreta del bolsillo de mi pantalón y tomo uno de sus lapiceros de colores para dejarle una nota.

Hey, novia. Feliz cumpleaños, te dejo algo para que hagas una de las cosas que más amas y si miras a la ventana encontrarás un dato curioso bien importante…

Lo pego a la caja, voy a devolver su lapicero y su pequeña libreta cae, dentro de ella hay un montón de papeles que recojo, pero veo mi nombre en uno de ellos y no puedo evitar leer:

Querido Drake,

Te dedicaría el cielo, la luna las estrellas y mis bragas.

Te haría sonetos de amor, compondría dulce melodías y también escribiría una escena obscena sobre tu cuerpo.

Me inspiras las más dulces palabras y las más bellas escenas… También me inspiras escenas calientes.

Drake, Drake. Caliente, caliente.

Quiero decirte que tienes bonitos ojos, pero también quiero decirte que tu culo es fogoso.

Tienes un lado muy dulce, pero también quiero conocer tu lado salvaje.

Te daría flores y también te daría mis bragas.

¡Joder! A ti yo te haría una historia +18 con saga incluida.

Es una lástima que no vayas a leer esto, ningún poema mal escrito nunca sonó mejor.

Alaska Hans, febrero de 2014

—Mierda… Qué intenso. —Retrocedo y me dejo caer sentado en su cama.

Releo una vez más lo que definitivamente está escrito de su puño y letra. Alrededor de la hoja hay corazones y pequeñas notas sobre pros y contras de su sucio poema. 2014. Hace dos años estaba escribiendo estas cosas… ¿Culo fogoso? Si apenas tengo carne en mí, que no soy un palo suelto, pero soy más de ser delgado fibroso a un supermúsculos llenito. Leo de nuevo la nota y cuanto más la leo más sonrío, hasta que acabo riendo y sacudiendo mi cabeza. Doblo mi preciado poema y lo guardo en el bolsillo de mi pantalón. Dejo su libreta en donde estaba y salgo de la habitación. Cuando bajo, Jaqueline está gateando hacia las escaleras, Miranda viene detrás de ella, pero me agacho y la cargo. Jackie grita cuando la alzo fingiendo que es un avión y luego babea sobre mi barbilla cuando pretende darme un beso, supongo que ve a sus padres besarse muy a menudo.

—Oye, tu tía se pondrá celosa si nos pilla en medio de un beso como este —le digo, y me sonríe antes de balbucear—. ¿Es cierto que ya caminas?

Para mi sorpresa asiente, pero luego veo detrás de mí y me doy cuenta de que Miranda asiente y ella la imita.

—¿Puedo llevármela a casa? Estoy seguro de que a mis hermanos les encantará verla.

—Seguro, pero lleva pañales, podría hacer sus gracias en el pañal en cualquier momento —advierte—. En realidad serías un amor si te la llevas contigo un ratito, así descanso un poco. La adoro, pero tiene demasiada energía.

—De acuerdo, la raptaré por un rato.

Así que con una bolsa de dibujos de patitos y rellena con cosas de bebé, salgo de casa de los Hans. Cuando llego a casa dejo a Jackie en el suelo, ella mira alrededor antes de ponerse de pie y dar pasos tentativos. Avanza hasta caerse y hace un puchero, la animo a continuar, pero prefiere gatear y adentrarse en la casa.

—¡Ah! —escucho el grito de Dawson antes de oír el llanto de la bebé, así que corro de inmediato.

Entro y lo encuentro con una mano en el pecho mientras Jaqueline llora sentada en el medio de la sala, camino hasta ella y la alzo, esconde su rostro en mi pecho y la mezo.

—La has asustado.

—Ella también me ha asustado —acusa.

—Es una bebé.

—¡Una bebé que no sabía que estaba acá! Casi la piso. ¡Joder! Me he asustado. Ni siquiera avisaste de que habías llegado.

Le ignoro y susurro palabras para calmar a Jaqueline. Sus pestañas están húmedas cuando saca la cabeza de mi pecho y hace un puchero, es preciosa y creo que sabe que es un arma de ternura.

—Discúlpate con Jackie, Dawson.

—¿Y ella se va a disculpar conmigo?

—¡Es una bebé! —recalco una vez más.

—Jackie… Oye, Jackie… No me ignores, bebé. Voy a disculparme. —Ella voltea a verlo—. Lo siento, no sabía que venías y tú también me asustaste. ¿Seguiremos siendo amigos?

Estira sus brazos pidiéndole que vaya con él y tras pensarlo Jackie sonríe y se arroja de mis brazos a los suyos. Mi copia romanticona ríe y gira haciéndola gritar, lo cual me divierte.

—Me alegro de que se hayan reconciliado.

—Ahora somos los mejores amigos, ¿verdad, Jackie? —le pregunta Dawson.

—Boooo.

Río y camino hacia la cocina. Hayley se encuentra cocinando, y cuando beso su mejilla se queja. Lleva su pijama de duelo para los novios que abandona, pero por los que supuestamente sufre.

—¿Cuántos días estarás de duelo?

—No seas insensible, Drake. Me duele.

—Ya, pero tú lo dejaste como a los demás después de comerte su corazón.

—Soy tu hermana.

—Y eres una víbora. —Me gano otro golpe—. ¡Oye! Lo digo con amor.

—Vete, infeliz.

—Ya, la infeliz eres tú, gruñona. Bien sabes que no te duele, haces duelo por compromiso.

—¡Fuera, infeliz!

Salgo riendo de la cocina, paso junto a Dawson y Jaqueline, que ahora son los mejores amigos, subo a mi habitación y verifico que en mi ventana esté la nota de la que le hablé a Alaska:

Feliz cumpleaños, estoy enamorado de ti. Te amo.

Aunque se lo dije hace un par de días, nunca está de más recordárselo. Ahora camino hasta mi escritorio y saco su poema de mi bolsillo, lo leo de nuevo y tomo un bolígrafo junto a una hoja en blanco. Yo también puedo hacerle un poema especial.

—¡Jesús goloso! No tenías por qué hacer esto, Drake.

Río y dejo el pastel sobre la mesa de la cocina, me incorporo y la observo tomar una foto con su teléfono móvil, luego apunta hacia mí la cámara y captura una foto, por la sonrisa que pone y la manera en la que muerde su labio intuyo que se encuentra compartiéndola en sus redes; cuando termina, guarda el teléfono en el bolsillo de su vestido y me sonríe, le devuelvo la sonrisa antes de tomar su mano y tirar de su cuerpo contra el mío. Nuestros torsos colisionan, arrastro mi boca desde la comisura de la suya pasando por su mejilla en suaves roces hasta llegar a su oreja; paso mis brazos alrededor de su cuello y la abrazo.

Oficialmente mi novia tiene dieciocho años y siento como que una línea se ha borrado entre nosotros. No es que ahora vaya a arrancarle la ropa y a empotrarla contra la pared mientras la penetro, pero creo que ambos somos conscientes de que mis palabras sobre «esperar» están flotando entre nosotros.

—Feliz cumpleaños, para la mejor escritora y mi hermosa novia loca —susurro. Con mi nariz acaricio la suya y sonríe mientras cierra sus ojos—. Felices dieciocho años, Alas.

—Gracias, mayor fan. Vi tu nota en la ventana. Me encantó.

—¿Sí? Porque solo fue una nota tonta.

—Una nota tonta que hasta hace pocos meses pensé que nunca leería. No lo entiendes.

—De hecho lo hago, ahora entiendo que fueron años —comento, y me ve con dudas.

—¿Ah, sí? —Enarca una de sus cejas.

—Sí. Tengo otro regalo para ti —declaro antes de morder su labio inferior. Amo esos labios.

—¿Sí? Oh, quiero ver.

Primero le doy un beso profundo muy húmedo. He estado con muchas chicas antes, he practicado sexo y del bueno, pero siento un deseo por Alaska que no puedo controlar, un deseo que cada día crece del mismo modo en el que lo hacen mis sentimientos.

Cuando caigo en la cuenta de que de verdad quiero sorprenderla y que si no pongo fin a ese beso su familia nos pillará en un beso nada tierno, me obligo a alejarme. Lamo mis labios y siento su pintura labial, la misma que está alrededor de su propia boca. Me parece muy sexi, pero me ordeno una vez más concentrarme. Doy dos pasos atrás y saco del bolsillo trasero de mi pantalón una hoja; ella me mira expectante; me aclaro mi garganta.

—Poema de cumpleaños para Alaska Brooke Hans —comienzo, ella sonríe—. «Querida Alaska. Muéstrame tus sonetos de amor».

—¿Eh? —parece desconcertada, evito reír.

—«Dame un poco más de esa información. Si yo te inspiro todo eso, entonces deja que me inspires mis más locas fantasías».

—De acuerdo…

—«Alaska, Alaska, Alaska, nunca supe que querías darme tus bragas».

—¡Drake! ¿Qué es esto? —Ríe de manera nerviosa, yo continúo.

—«Si mi culo te parece fogoso, entonces a mí el tuyo me parece maravilloso». —No puedo evitar sonreír, sus mejillas se sonrojan. Creo que lo va entendiendo—. «¿Quieres conocer mi lado salvaje? Hecho. Solo déjame ver el tuyo».

—¡Jesús en bañador! No puede ser, dime que tú no…

—«¡Joder! Yo sí que te leería esa saga +18. Incluso podemos recrearla si gustas». —Detengo la lectura para alzar la vista y guiñarle un ojo, luego prosigo—. «Es una lástima que solo esté leyendo este poema y un tiempo después… ¿Tienes más?». —Doy un paso hacia ella y bajo la hoja porque me sé de memoria la última línea—. «Psss psss, sorpresa: encontré tu poema, pequeña escritora».

Parpadea varias veces, sus mejillas están muy sonrojadas y su boca un poco abierta. Extiendo mi hoja hacia ella y con lentitud la toma. La veo leerla y se sonroja aún más, cuando acaba me observa.

—Yo… Tú…

—Bonito poema, me inspiró a escribir el mío —informo.

—¡Jesús de caídas en YouTube! Se supone que tú no debías ver eso… ¿Cómo…?

—Cayó de tu libreta esta mañana, vi mi nombre y no me resistí, puesto que yo era el muso, me tomé la molestia de llevarlo conmigo y escribirte una hermosa respuesta. Me sorprende saber que esa cabecita tuya estaba llena de pensamientos perversos por mí desde hace dos años.

»Ahí estaba yo antes, pensando que tus fantasías eran dulces sobre tomarnos de la mano, pero resulta que desde mucho antes estabas babeando por mi supuesto culo fogoso.

—Estoy avergonzada…Y halagada por tu poema. —Suelta una risa nerviosa—. No sé qué decir.

—Pues yo quiero decirte algo… —Avanzo hacia ella y de nuevo acorto la distancia entre nosotros, paso un brazo alrededor de su cuello y beso sus labios—. Te amo por ser quien eres, amo este tipo de locuras tuyas. Por favor, nunca dejes de ser tú, eres increíble, Alaska Hans.

Sus ojos se empañan y luego coloca sus brazos alrededor de mi cuello y tira de mí hacia abajo, abrazándome con fuerza. Sonrío y la abrazo por la cintura, alzándola de manera que rodea con sus piernas mi cintura. Toma mi rostro entre sus manos y me besa. Siempre supe que Alaska era especial para mí, pero hasta ahora no me había dado cuenta de la magnitud de tales sentimientos.

—Tengo más poemas para ti —susurra contra mis labios.

—Y quiero leerlos —le susurro yo—. Tengo otro regalo para ti, pero debes esperar unos pocos días para tenerlo.

—¡Dime!

—No.

Ríe y me vuelve a abrazar. La pequeña escritora no sabe que al cabo de pocos días hablará con la persona de quien me dio miles de spoilers. Espero que Matthew Williams esté preparado para la locura de una fan apasionada de sus libros como Alaska, aunque ni siquiera le advertí. Le deseo suerte.

—¿Drake? —susurra contra mi cuello haciéndome estremecer.

—¿Hum?

—Te haría mil historias +18.

—Y yo las leerías todas, pequeña escritora.

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